El corregimiento de las diecisiete villas

IGNACIO DE LA ROSA FERRER

HISTORIA DEL CORREGIMIENTO DE SAN CLEMENTE

EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA

jueves, 24 de noviembre de 2016

Las Comunidades de Castilla y la rebelión antiseñorial de El Provencio (1520)

                                         La dicha villa  (de El Provencio) se puso debaxo de la proteçión rreal sin obedeçer lo que el dicho don alonso de calatayud querría mandar e fazer en la dicha villa e fizo comunidad según que otras villas del dicho marquesado lo han hecho

Esta pequeña declaración inserta en un memorial que la temerosa comunidad de El Provencio elevó a la Junta de Tordesillas nos aporta un poco de luz sobre el hecho histórico de las comunidades de Castilla en las tierras conquenses del Marquesado de Villena y su naturaleza de conflicto social; auténtica rebelión antiseñorial en las tierras bajo dominio de la nobleza.

El conflicto de las Comunidades de Castilla, estudiado para el caso de Cuenca por Máximo DIAGO HERNANDO (1), se ha centrado últimamente en el estudio de las rivalidades entre las oligarquías locales y su oposición a la corona real, olvidando los estudios que, iniciados por GUTIÉRREZ NIETO (2), veían en las Comunidades de Castilla un movimiento social, y que para el caso de Cuenca se plasmaron en el trabajo de SARA T. NALLE (3) sobre el Marquesado de Moya.

Durante el mes de agosto de 1520 se produce una auténtica subversión social de los vecinos de El Provencio contra su señor Alonso de Calatayud. Además de ser expulsado del pueblo, será sometido a un juicio popular de unos lugareños que han formado comunidad, en el que decenas de vecinos denunciarán públicamente ante los alcaldes ordinarios de la villa los desafueros y opresiones de su señor. Este pequeño pueblo manchego no permanecerá aislado de los sucesos revolucionarios que iniciados en abril en Toledo se extienden por todo el Reino y alcanzan su cénit en el verano de 1520, Por unos meses soñará obtener lo que habían conseguido los pueblos vecinos casi medio siglo antes en las guerras del Marquesado: ser reducido a la corona real y escapar del dominio señorial.

Los Calatayud eran señores de El Provencio desde 1372, cuando recibieron en señorío esta villa por donación de Alfonso de Aragón. Hacia 1520 era señor de El Provencio don Alonso de Calatayud. Su gobierno fue muy conflictivo para la villa y quedó en la memoria colectiva como símbolo de opresión señorial. Las tensiones afloraron tanto en el interior de la sociedad provenciana como en las relaciones con los pueblos vecinos, especialmente San Clemente. Ya en 1500 se produjo un enfrentamiento entre ambas villas por la delimitación de términos. La intervención parcial de gobernador del Marquesado de Villena a favor de San Clemente provocó la reacción airada de El Provencio y su señor Alonso de Calatayud. Al arresto del alguacil mayor del Marquesado de Villena y de algunos vecinos de San Clemente por don Alonso de Calatayud, siguió la ocupación del pueblo de El Provencio por los habitantes de San Clemente, encabezados por el gobernador. El consejo real determinaría por carta receptoría de 12 de octubre de 1500, que el corregidor de Alcaraz pasará a El Provencio a recoger en información de testigos los descargos de los vecinos y señor de El Provencio. Consecuencia de su actuación fue la condena al destierro de don Alonso de Calatayud; destierro que no sería levantado hasta el 3 de octubre de 1501.

La muerte de Isabel la Católica en 1504 supuso un incremento de la presión señorial sobre los vecinos de El Provencio, sometidos a todo tipo de exacciones y abusos, e imposibilitados de salir de las tierras de señorío para ir a vivir a otros lugares, especialmente San Clemente. Los agravios sucesivos fueron el caldo de cultivo que forjaría la rebelión antiseñorial de agosto de 1520, al calor del clima de subversión social y política que se vivía en todo el Reino con los acontecimientos del movimiento revolucionario de las Comunidades de Castilla. El Provencio no fue ajeno a este movimiento y en un memorable concejo abierto de 17 de agosto de 1520, los vecinos del pueblo con sus autoridades al frente deciden formar comunidad y retirar su obediencia a su señor, poniéndose bajo el amparo de la corona real, y, yendo más allá, someter a su señor al juicio acusador de los vecinos, que uno tras otro denuncian los desafueros de don Alonso de Calatayud

En la villa del Provençio a diez e siete días del mes de agosto año del nasçimiento de nuestro salvador ihesuchristo de mill e quinientos e veynte años este día ante los honrrados pero sánchez carniçero e fernán sánchez de don climente alcaldes hordinarios en la dicha villa pasaron y presentes los honrrados hernán martínez de villamayor e juan martínez pastor e juan del moral e antón climente rregidores de la dicha villa e pero sánchez carniçero el viejo e sancho fernández de titos e juan martínez escribano julián de grimaldo syndicos de la comunidad della e estevan lópez e alonso martínez de la parra e alonso ximénez de haro e pedro catalán e françisco valençiano e gil lópez rromero e juan lópez de mateo lópez diputados de la dicha comunidad e pedro de viniegra comunero e otros muchos veçinos de la dicha villa e comunidad que estavan presentes todos juntamente y de una voluntad dixeron que por quanto esta villa se avía alçado por sus çesárea e católicas magestades por los muchos y grandes y manifiestos e notorios agrauios que el señor don alonso de calatayud señor della avía hecho a los veçinos e moradores de la dicha villa e para los manifestar e yntimar  a sus magestades e a los señores visorrey e los del su muy alto consejo pedían e rrequerían a los dichos alcaldes rreçibiesen juramento en forma de derecho de todos los veçinos e personas de la dicha villa so cargo del qual les preguntasen las estorsyones e agravios e molestias quel dicho señor don alonso les avía fecho e ellos dél avían rreçibido e cuándo y cómo e de la calidad que los hizo ca lo que asy cada uno dixere e dyspusiere en pública forma sygnado en manera que hiziese fee se lo mandasen dar para guarda e conservaçión del derecho de la dicha villa e comunidad e para que sus magestades sepan la causa e rrazón que la dicha villa e comunidad tuvo para se mover a hazer lo susodicho e de como lo podían e rrquerían dixeron e pedían a mí fabián garçía escriuano público en la dicha villa que estaua presente se lo diese asy por testigos

Hasta ochenta vecinos del pueblo se atrevieron a declarar contra don Alonso de Calatayud. El Provencio era un pueblo de agricultores estratificado en tres capas: los agricultores ricos, dedicados al cultivo de viñas principalmente, que constituían una minoría, una importante capa de propietarios pequeños de tierras con lo suficiente para subsistir y en el escalón más bajo los jornaleros y pobres de necesidad. Junto a ellos un grupo de menestrales u oficiales varios. Aunque este grupo era minoritario, las dos capas de pequeños propietarios y jornaleros engrosaban este sector temporalmente con sus trabajos, como única forma de mejorar sus ingresos. Aquí es donde radicaba el problema, pues las sociedades de la villa de la comarca estaban cambiando aceleradamente hacia una economía monetarizada con precios y salarios al alza.

La revuelta no se nos presenta como una algarada campesina. Los campesinos de El Provencio pagaban un diezmo a don Alonso de Calatayud, pero es de creer que aún así disfrutaban de cierto margen para obtener excedentes. Sin duda que la crisis de 1504 a 1508, años de carestía y pestilencias (y también de desgobierno y revancha señorial tras la muerte de la Reina Isabel), mermaron los excedentes agrarios, pero no tanto como cabría suponer en una villa dedicada al cultivo de viñas. Aún así, estos años, que tendrían sus secuelas en los siguientes, eran recordados como los años malos. Las transacciones y servicios pagados en dinero fueron sustituidas por el trueque y por los pagos en trabajo forzoso. El control que don Alonso de Calatayud ejercía sobre las actividades de la villa, que giraban en torno a su palacio y fortaleza, se tradujo en estos años en un renacer de los malos usos señoriales: a los trabajos forzados se unió la aplicación caprichosa de la justicia y las penas y castigos arbitrarios. Los grupos más perjudicados fueron aquellos que se movían dentro del sector terciario, y cuya actividad se desarrollaba en torno al palacio del señor, bien como criados, oficiales, mayordomos o proveedores de diferentes bienes y servicios para don Alonso de Calatayud. Estos menestrales y servidores vieron limitada además su libertad de movimientos hacia las villas de realengo, aunque las huidas estaban a la orden del día. El algún caso, podemos ver una solidaridad de estos poderes feudales en la ayuda prestada por don Bernardino Castillo Portocarrero, señor de Santa María del Campo y Santiago de la Torre, a don Alonso de Calatayud. Símbolo de este renacido poder feudal son las sernas que se imponen a los vecinos por las carretadas de leñas que han de llevar a su señor, la apropiación de tributos reales como el portazgo, el uso señorial del molino o casos más llamativos, como la apropiación indebida por el señor de bienes de los vecinos, que van de telas a simples gallinas, y, sobre todo, la intervención de don Alonso en los casamientos. Los comerciantes extranjeros que se adentraban en el pueblo también sufrían todo tipo de exacciones. Dicho de otro modo, el poder absoluto y feudal de don Alonso de Calatayud era un obstáculo para el desarrollo del pueblo.
 Todos estos agravios se recogieron en la relación de testimonios de los ochenta provencianos que declararon contra su señor a partir del 17 de agosto. Ese día el pueblo se constituye en comunidad de la mano de sus justicias y oficiales, aunque la presencia del comunero Pedro de Viniegra delata cierta intervención extranjera. La revuelta se intenta dotar de cierto legalismo tanto por el proceso judicial que se inicia contra don Alonso de Calatayud como por la elevación de las quejas al poder constituido, el virrey de Tortosa y al Consejo Real.

Señalamos el legalismo de la revuelta porque en la misma hubo mucho de queja contra un señor que impedía al pueblo de El Provencio participar del espectacular desarrollo que experimentaba la comarca y poco de ruptura revolucionaria o institucional. La representación que el concejo de El Provencio otorga a sus apoderados Julián de Grimaldo y Francisco Valenciano el veintidós de septiembre es un poder delegado por un concejo abierto oficiales y vecinos principales constituido en comunidad* y va dirigida a Adriano de Utrecht y al Consejo Real. Sin embargo quien responderá será la Santa Junta de Tordesillas. Se puede considerar la petición de la villa de El Provencio como memorial de agravios, pero sin olvidar que la principal ambición de la villa no es la abolición de los malos usos señoriales sino acabar definitivamente con el poder señorial, liberarse del yugo de don Alonso de Calatayud y reducirse a la Corona real. Este es el hecho verdaderamente revolucionario de la villa de El Provencio, emulando al resto de villas del Marquesado, que lo hicieron medio siglo antes, se alza contra su señor y pide el amparo y sometimiento a la jurisdicción real. Así se reconoce en el poder dado a los procuradores

podades en nombre de nos el dicho conçejo notificar e hazer saber como esta villa del provençio con los veçinos della se an alçado por sus magestades e por su corona rreal de cavsa e por rrazón que don alonso de calatayud señor que se dezía de la dicha villa a hecho y hazía a la dicha villa e veçinos della e a otros de fuera della que a la dicha villa venían a tratar e pregonar e vender sus mercaderías grandes agravios y estorsiones e violençias tuertos yntolerables

y así también se reconoce en el memorial que esos procuradores llevan consigo. El memorial es unos pocos días posterior a la representación que reciben los procuradores. Pero su destinatario es ya la Santa Junta, que se ha trasladado de Ávila a Tordesillas y que está a punto de asumir el gobierno del Reino. Esto indica que los provencianos eran perfectamente conscientes del desarrollo de los acontecimientos, tomando partido por la Junta, a quien reconoce como autoridad legítima del Reino, y abandonando la causa de Carlos V

se puso debaxo de la proteçión e anparo de v. al. e corona real sin obedeçer lo que el dicho don alonso de calatayud querría mandare fazer en la dicha villa e fizo comunidad según que otras villas del dicho marquesado lo han fecho... e que si algún derecho pretende tener (don Alonso de Calatayud) contra la dicha villa lo pida ante v. al. en esta santa junta en su nonbre... mande por su provisión rreçibirnos so su proteçión e anparo

El memorial sería presentado ante la Junta de Tordesillas el primero de octubre, pues desde el 26 de septiembre asumió las funciones de gobierno del Consejo Real y el 30 de septiembre había arrestado a sus miembros. Ese mismo día, uno de octubre, la Junta emitió un decreto concediendo la petición de la villa de El Provencio, poniéndola bajo su amparo y protección, es decir liberándola del poder señorial y dando por nulas cualesquier provisiones de Adriano de Utrecht y del Consejo Real

que se dé una provisión por la qual manda a don alonso de calatayud que no proçeda de hecho contra los veçinos de la villa del provençio veçinos y moradores della ni contra sus bienes e que sy algún derecho tyene contra ellos lo pida en esta santa junta e le hará justiçia e que toma so su guarda y anparo a los dichos veçinos de la dicha villa e sus bienes e que sy alguna provisión tyene don alonso del cardenal de tortosa (Adriano de Utrecht) e de los que heran del consejo que no la obedescan ni cunplan

El decreto de uno de octubre recogía todas las peticiones de la villa, surgidas del acto de rebelión y del temor a la represalias de don Alonso de Calatayud, que andaba reuniendo desde el mismo momento de la rebelión de 17 de agosto gente armada entre fieles, parientes y amigos para tomar la villa.

Los provencianos se tomaron el proceso judicial contra don Alonso de Calatayud con todo rigor, en la esperanza de obtener por la vía legal su incorporación a la Corona real. Declararon en rebeldía a don Alonso y le compelieron a presentar el título de la jurisdicción de la villa, acusándole abiertamente de usurpación. La real provisión de seis de octubre de 1520 colmaba las aspiraciones de los insurrectos provencianos que veían aceptadas todas sus exigencias, incluidas fuertes reparaciones económicas y la exención de la jurisdicción señorial de don Alonso de Calatayud.

mandando vos que prouéis e rrestituyáis a la dicha villa e veçinos della el dicho un cuento de mrs. salva nuestra judiçial tasación privando vos de la jurediçión de de la dicha villa e castigando vos por todo rrigor de derecho e como la nuestra merçed fuese

La provisión sería notificada a don Alonso de Calatayud, que se encontraba en la villa de Las Mesas, el dieciséis de octubre. Poco dispuesto a acatarla pidió traslado de la misma. Sería declarado en rebeldía por la Junta de Tordesillas el cinco de noviembre, después que los procuradores de El Provencio pidieran la ejecución de la provisión real. No obstante, los acontecimientos posteriores, de sobra conocidos, harían imposibles los sueños de emancipación de la villa de El Provencio. Nos queda por conocer la reacción de don Alonso de Calatayud, que sin duda sería muy dura.



Archivo General de Simancas, PTR, LEG, 6, DOC. 7.   Información hecha por la villa del Provencio. 1520








* El concejo abierto de 22 de septiembre se celebró en la iglesia parroquial de Santa María Magdalena. A él asistieron Julián de Grimaldo, alcalde mayor, los alcaldes ordinarios Pedro Sánchez Carnicero y Hernán Sánchez de don Clemente, el alguacil Juan Cabronero, los regidores Juan Martínez Pastor, Fernando de Villamayor, Juan Martínez del Moral y Antón Clemente, los síndicos Sancho Fernández de Titos, Pedro Sánchez Carnicero y Juan Martínez Escribano, los diputados Esteban López, Antón Martínez de la Parra, Alonso Jiménez de Haro, Miguel Romero, Pedro Catalán y Gil López Romero,  el comunero Miguel Sánchez de Ortega y como capitán actuaba Juan Martínez Bonillo, así como un número indeterminado de vecinos.


(1) HERNANDO DIAGO, Máximo: "El conflicto de las comunidades en Cuenca (1520-1522)". Chrónica Nova. 29. 2002, pp. 27-62
(2) GUTIÉRREZ NIETO, Juan Ignacio: Las comunidades como movimiento antiseñorial. Planeta, Barcelona, 1973. El estudio que afecta a El Provencio, Santa María del Campo y otras poblaciones del Marquesado de Villena en págs. 204 y ss.
(3) NALLE, Sara T.:”Moya busca nuevo señor: Aspectos de la rebelión comunera en el Marquesado de Moya” Discurso leído ante la Sociey for Spanisch and Portuguese Historical Studies. Chicago, abril de 1994. Moya. Estudios y documentos I. Págs. 93-102. Grupo de Investigación de Moya. Excma. Diput. Provincial de Cuenca. 1996.



Anexo: los testimonios de los vecinos de El Provencio contra su señor don Alonso de Calatayud

  • Alonso García acusaba a don Alonso de Calatayud de tomarle una mula hacía diez años para llevar unos paños a Toledo, junto a una cruz y un cáliz de la iglesia para arreglarlos y se la mató de hambre por el camino. El valor de la mula era de seis ducados. También le acusaba de llevarle varias carretadas de leña y costales de trigo al molino sin que se le pagara
  • El herrero Pedro Naranjo le acusaba de no pagarle las herramientas; calculaba las deudas en 2.000 mrs. y una vez que intentó cobrarlas su señor le amenazó con un puñal. En otra ocasión, diez años antes, le ató la pierna con una cadena de hierro hasta que le acabó un arado, que tampoco le pagó
  • A Pedro Fernández de la Mota le quitó en 1507 seis fanegas de trigo y otras seis de centeno sin pagárselas. La fanega de trigo valía a 400 mrs. Su oficio era escribano, pero don Alonso de Calatayud no le pagaba por sus testimonios; es más, en 1503 arremetió contra él en la iglesia con una daga
  • A Antón Ramón, carpintero, lo tuvo preso arbitrariamente tres días después de detenerlo una noche y amenazar con prender fuego su casa. En otra ocasión, siendo alguacil, don Alonso le hizo llegar hasta las carnicerías, donde fue recibido con una bofetada.
  • Alonso Quintanilla actuaba como veredero de su señor. Contaba que en viajes de encargo a las Mesas o a Valencia apenas si recibía salario alguno.
  • Francisco Herrero el mozo acusaba a su señor de tacaño. Durante un viaje en que le acompañó a Toledo tuvo que pagarse la comida; las quejas de Francisco le costaron sesenta días de cárcel. En otra ocasión lo persiguió con una ballesta a caballo hasta apresarlo por una desavenencia en la mujer que había de prender . Francisco acabó de nuevo preso, pero esta vez forzada a fabricar herrajes y herramientas para don Alonso. En realidad, Francisco actuaba como guarda o alguacil de don Alonso, pero con tan mala fortuna que el que acababa encarcelado o malherido era él; así en una ocasión recibió una lanzada de su señor por supuestamente defender a Diego Díaz, marido de la mujer arriba referida, y que no parecía muy dispuesto a cederla a don Alonso.
  • El sastre Pedro Bonillo se quejaba de que nunca se le pagó en los seis años que cosió trajes para la casa de los Calatayud.
  • Juan Clemente el viejo se quejaba de que nunca se le pagó una deuda de cuatro fanegas de trigo, de cómo fue obligado a ir a Toledo a por unas carretadas de harina, recibiendo en las veintidós leguas un misérrimo salario de dos reales y de cómo una noche su señor despechado destrozó las puertas de su casa.
  • Alonso Ballestero trabajaba como molinero para don Alonso. En cierta ocasión que el río se llevó un palo de la presa del río, fue castigado con quince días de cárcel y pasear atado a un asno con una cadena al pie por la plaza del pueblo para vergüenza y escarnio público.
  • Andrés Esteban se quejaba de habérsele expropiado un corral.
  • Juan Ronco riñó con un convecino llamado Rosales, aunque huyó, fue prendido por un alguacil y llevado a la fortaleza que don Alonso de Calatayud poseía en El Provencio. El infortunado al ser detenido no se le ocurrió otra cosa que decir sino Viva el Rey. Tal proclama no fue del gusto del señor que le echó una soga al cuello, dispuesto a colgarlo de una almena. La intercesión de los vecinos le evitó la horca pero no acabar en una mazmorra y la cárcel, de donde saldría para servir en condiciones de esclavitud durante cuatro meses a su señor
  • Hernando del Ronco era un sirviente más de don Alonso, del que no recibía pago alguno ni siquiera en los frecuentes viajes a Toledo que hacía su amo, al que también acompañaba cuando don Alonso iba a visitar a una manceba en La Guardia. 
  • Otras veces los desmanes, tal como contaba María Ortega, no venían del señor sino de las compañías de soldados que pasaban por el pueblo. En cierta ocasión, de estos inicios de siglo, pasó por El Provencio una compañía de 800 soldados, camino de Cartagena, con destino a Orán. Uno de los campesinos murió al intentar evitar que un soldado le robara unas cebollas. El castigo por la muerte acabaría recayendo en el marido de María Ortega. Un hijo suyo padecería por partida doble los abusos señoriales, sufriendo primero la prisión en Santiago de la Torre por parte de don Bernardino Portocarrero y luego del señor del Provencio. Claro que la enemistad del señor Calatayud con la familia de Mari Ortega debía ser grande, pues en cierta ocasión que la susodicha se entrometió en una pelea de la que su hermana era víctima, acusando al agresor que los hombres peleaban con otros hombres y no con gallinas, acabó presa y con una fuerte multa de cuatro ducados.
  • El zapatero Cristóbal de Yáñez acusaba de no habérsele pagado dos pares de zapatos.
  • Juan Triguero y su mujer se habían visto obligados a criar en su casa y a su costa a un hijo bastardo de don Alonso llamado Guzmán sin recompensa alguna. A su decir, esto ocurrió en los años malos, sin duda refiriéndose a la crisis de subsistencias desencadenada en 1504. Sus servicios nunca fueron recompensados ni cuando fue enviado a Ávila ni en su estancia de un mes en Minaya. Sus quejas fueron respondidas con golpes y una prisión de la que solo se salvaría por los ruegos de la señora, doña Leonor. Peor parado saldría Juan Triguero, cuando una noche, haciendo partición de bienes con sus hermanos, don Alonso decidió intervenir en el reparto y quedarse con la casa. Seis años tuvo que pasar expulsado fuera de su casa; cuando la intentó volver a ocupar, recibió un lanzazo del que quedó tuerto, además de ser multado con cuatro ducados.
  • Juan López fue echado de su casa con la excusa de darla a un maestro de primeras letras, aunque quien se trasladó a vivir allí durante siete meses fue Alonso de Calatayud con su mujer. 
  • Miguel Escribano mantenía un pleito con Juan Grimaldo por la ocupación de una viña. Don Alonso de Calatayud evitaría que los alcaldes dictarán sentencia contra Juan Grimaldo. La razón era que don Alonso estaba amancebado con su hermana. No contento con ello, don Alonso le quitaría para su uso un rocín a Miguel Escribano. Otras veces se presentaba en su casa para comer o le mandaba a diversos negocios en Granada, dejando sola a su mujer con dos criaturas, aunque, al menos y a diferencia de otros, recibía en compensación algo de trigo.
  • Aparicio Lozano relataba un viaje a Granada de cuarenta días, por el que recibió solamente una fanega y un real. Medio real recibiría por ir a Ocaña y dos ducados por su servicio como criado en un periodo de dos meses, o simplemente le dejaba de pagar, como cuando durante dos días estuvo haciendo leña.
  • A Juan Rodríguez se le expropió un corral, transportaba carretadas de piedras para el molino y se pasó dieciséis años cosiendo ropas para la familia de su señor
  • El padre de Francisco Molino entregó sin pago alguno una cordera y un costal e incluso prestó cinco reales a su señor sin recibir compensación alguna
  • Pedro Hurtado sastre cosía, como otros, ropas para el señor sin pago alguno. En cierta ocasión fue castigado a golpes por no acudir desde Santiago de la Torre con la suficiente celeridad a la llamada de su señor
  • Juan Martínez Parra siendo regidor tuvo que mantener preso en su propia casa a Francisco Valenciano y actuar como carcelero, bajo las amenazas de don Alonso de Calatayud que prometía sacarle el corazón por las espaldas si se escapaba
  • Alonso de Medina veía como le eran arrebatados sin más explicación veinticuatro reales del cobro del portazgo de la villa. La arbitrariedad llegaba a la aplicación de las ordenanzas: en cierta ocasión que cortó un matacán de una viña fue condenado a seiscientos maravedíes de multa y prisión de ocho días; nada que ver con los sesenta maravedíes que marcaban las ordenanzas. Otra vez fue condenado a veinticinco días de prisión por quejarse del embargo, más bien robo, de catorce fanegas de trigo y de una palanca de hierro que valía un castellano. Siendo tendero en la villa veía como don Alonso no pagaba el aceite ni el pescado que se llevaba. El año de 1520 tenía a su cargo la carnicería y no parecía dispuesto a repetir los casos pasados, oponiéndose a dar carne fiada a don Alonso que mando a un hijo suyo que se dize Amador que le diese de bofetadas. Su negativa a darle una asadura la pagó con la cárcel y todas las reses de la carnicería muertas.
  • Alonso de Haro, también carnicero, evaluaba las deudas de su señor en mil doscientos maravedíes. A él también le degollaron,cuatro criados de don Alonso de Calatayud, varias reses sin necesidad alguna y eso a pesar de que para evitarlo se había ofrecido  a darle una gallina y dos palominos. Sus protestas las pagó con la prisión en la fortaleza del señor, atado a una cadena.
  • Hernando de Haro era un alguacil al servicio de don Alonso. Además era una buena persona, reconocía haberse visto obligado a embargar a sus vecinos veinticinco carretadas de leña y unas cuantas gallinas. Por remordimientos acaba indemnizando a los vecinos de su propio bolsillo. Solía tener en su casa a los presos, aunque con bastante benignidad. En cierta ocasión que los presos jugaban a las cartas, entró el señor, clavando su puñal encima de la mesa y confiscando todo el dinero que se estaban jugando. Hernando de Haro acabó en la mazmorra de la fortaleza. Además era mal pagado en sus funciones de veredero y pregonero o, simplemente, no veía una blanca.
  • Clemente Sánchez se atrevió a denunciar ante un clérigo llegado de Cuenca el amancebamiento del señor con una vecina llamada Felipa. Estuvo cuatro días preso y, cuando fue libre, se le obligó a ir a Santa Cruz de Mudela con su carro y mulas, como se le mandó para San Juan a por una carretada de leña al monte. Pero Clemente se negó, y aunque fue castigado de nuevo a tres días de cárcel, en su caso, el señor siempre medía los castigos. 
  • Antonio Jiménez tuvo que atender negocios dieciocho días en Cuenca y Beteta sin salario alguno. Lo mismo ocurrió por un viaje de ocho días a Getafe. Otras veces era obligado a cazar o ir por leña al monte para su señor.
  • A Miguel Romero, le debían 33 varas de lienzo a 37 maravedíes la vara. Era una pequeña muestra de una larga lista de deudas: una ballesta, cuatro varas de bretaña, otras cuatro de lienzo, un puerco valorado en 1.000 mrs., pescado y aceite por valor de 195 mrs. Don Alonso de Calatayud, para el que trabajaba como mayordomo, en un gesto de tacañería le quitó las llaves de la cámara del pan y de la bodega por gastar demasiado. Acabaría siendo herido por una estocada de un criado del señor.
  • Juan Bonillo también actúo como mayordomo, lejos de recibir salario, se le debían 400 mrs. Los altercados con los criados de su señor se sucedían: uno de ellos lo descalabró por no fiarle un pedazo de carne, el mismo señor le hirió con un puñal por no darle un paño de cabeza y lo encerró en una mazmorra, como hizo con su hija de ocho años. 
  • Francisco de Perea, que había tenido un pendencia en Almagro, sería arrestado a su vuelta al pueblo y condenado a una multa de 600 mrs. En otra ocasión, fue tras Felipa, la manceba del señor, hasta Toledo.
  • Con Diego Carrasco se acumulaban las deudas por varios miles de maravedíes-
  • Elvira de Medina, viuda, fue sorprendida en la cama con un hombre. paseada a lomos de un burro para vergüenza y escarnio público y desterrada a perpetuidad del pueblo
  • Juan Clemente el mozo, con su carro y mulas, iba a hacer encargos de un lado para otro de modo continuo, debiendo recibir regularmente pagos por sus servicios. En su caso se quejaba, que aunque pagado por su señor, lo hacía en escasa cuantía. Sus viajes iban desde los pueblos comarcanos de Osa de la Vega y Villaescusa de Haro, donde se proveía de madera, hasta Valencia
  • A Mingo Tostado le expropió un moral, comiendo moras a su costa durante cuatro años.
  • A Pascual Sánchez le segaba para sí el trigo de una haza que previamente le vendió, rasgando la escritura. En otra ocasión, por una discusión por qué calles del pueblo se había de correr un toro, lo tuvo velando toda la noche las calles por donde se iba a desarrollar el encierro.
  • La viuda Isabel de Vera tenía una posición desahogada como poseedora de una tienda en el pueblo, con criados y obreros a su cargo. De las ventas de zapatos y borceguíes que hizo al señor no recibió cantidad alguna. Las deudas ascendían a cuatro mil maravedíes. Otras veces, su casa era allanada o sufría la prisión de su obrero Córdoba, a quien acusaba de estar amancebado con la mujer, y de su hijo.
  • A Mingo López le arrebató una haza para dársela a Alonso Gómez y se le debía quince capachos de vendimia. 
  • La mujer de Andrés Bermejo pasó doce días en la cárcel por los caprichos de la señora doña Leonor. Habiendo sido encontrada una criatura expósita en el pueblo no se le ocurrió mejor cosa a la señora que pasar revista a las doncellas del pueblo para ver quien como recién parturienta tenía los pechos henchidos de leche. Las quejas de la mujer le costaron la cárcel.
  • De Juan Clemente el viejo hacía uso del macho que poseía.
  • Juan Zapata, alguacil, tenía a su cargo proveer de pollos y gallinas a su señor; incapaz de robarlos a los aldeanos, los pagaba de su bolsillo. Para complementar sus ingresos vendía pescado, aunque don Alonso de Calatayud nunca le pagaba como tampoco las peonadas que para el hacía. 
  • Andrés García se quejaba de los derechos que el señor llevaba en la molienda del grano.
  • Miguel Martínez se quejaba de la crueldad de cómo don Alonso había intervenido en una riña de niñas, en la que estaba implicada su hija de cinco años. Echando a las niñas presas con hierros durante quince días. aparte de una multa de cinco reales.
  • Pedro Escudero se lamentaba de haber recibido como pago de un viaje a Granada de veintinueve días únicamente veinte fanegas de trigo y un real. Por protestar fue arrojado a las mazmorras no sin antes rogar que su señor no dirigiera su espada desenvainada con él. No le fue mejor por la pérdida de un galgo camino de la Solana ni los constantes viajes mal pagados a los molinos de Santa María.
  • De Diego Marín le hacía uso de sus bueyes, le pagaba quince arrobas de vino hechas vinagre a real la arroba y pagaba con la cárcel, en casa de un alguacil, sus protestas.
  • Pedro Medina acogió al alcaide de Santiago de la Torre sin permiso de don Alonso de Calatayud. El señor indignado intentó llevarlo preso, pero no estaba presente, por lo que arremetió violentamente contra su mujer preñada y dejó un guarda a la espera de Pedro Medina. Como éste no volvió a su casa, la pagó con el guarda al que echó una soga al cuello dispuesto a ahorcarlo de una viga, cosa que hubiera hecho de no mediar otra persona presente. Embargó los bienes de Pedro Medina hasta que consiguió apresarle a él y a su mujer y retenerlos dos meses en la fortaleza. El señor le adeudaba varias ventas de pescado, sardinas, aceite y tocino. Además tenía especial enojo al clérigo  Diego de Medina, hermano de Pedro, que se había atrevido espetarle a don Alonso un "viva el Rey", que casi le costó la vida. En otra ocasión le interrumpió la misa. Don Alonso dudaba del carácter cristiano de Diego; de hecho, un Domingo de Ramos se atrevió a interrumpir la procesión y proferir en la cara del cura las palabras injuriosas de bellaco judío. La relación con la madre no era mejor, la tenía presa por una discusión con otras mujeres en el horno, no queriendo aceptar los mil mrs. de la condena del alcalde mayor bachiller Cuenca para su libertad. A otro hermano, llamado Juan Medina lo desterró a Santiago de la Torre, pero envidioso de que trabajara para don Bernardino del Castillo, lo mandó traer a su fortaleza en El Provencio, donde le dio 100 azotes. Su padre depositaría 3.000 mrs. para liberarlo. La inquina del señor llegó hasta el hijo de Juan, que accidentalmente había herido a un hombre en el pozo que se hacía para el suegro de Juan Medina; el incidente le costó un castellano.
  • Francisco de Medina, el viejo, intento mediar entre don Alonso y Juan Bonillo, objeto de las iras del señor, pero su intento de mediación le supuso ocho días de prisión, atado a una cadena. Otra vez, estando enfermo, le obligó a ir a Toledo, teniendo que pagar a un sustituto para evitarse el viaje. Don Alonso estaba omnipresente en cualquier negocio; así intervino en el reparto de las casas del padre entre Francisco y sus hermanos, decidiendo don Alonso el reparto y amenazando a Francisco con pelar su la cabeza en la mazmorra.
  • A Alonso Fernández, mayordomo de la iglesia le adeudaba tres ducados.
  • Juan de Haro contaba que el concejo de la villa, en lo que era una costumbre, le había dado un solar para edificar su casa. Después de llevar treinta peonadas en la construcción, don Alonso le paralizó la obra.
  • A Gonzalo de Albalate le hizo ir con sus bueyes a Cuenca, por un almud de pan candeal, cuyo valor era de apenas real y medio
  • Diego de Ocaña, aficionado a la vihuela, no debió agradar con su tañer  al señor que le rompió dicho instrumento musical.
  • A Alonso Martínez, vecino de Almansa, le intentó robar un carro de naranjas.
  • A Alonso Campillo le debía tres fanegas de trigo. Nunca le pagó una carretada de trigo al molino, que estaba a siete leguas, ni otras sendas carretadas de leña y cal.
  • Juan Martínez pastor, que vivía con sus nietos, vio expropiada su casa para disfrute de un escudero del señor. Una mula de silla que tenía la aprovechó para un viaje a Barcelona. Como ya se ha mencionado, un huerto que tenía plantado con cebollas fue arrasado por los soldados, aparte de la muerte de Pedro Tostado el conflicto se saldó con veintidós días de cárcel de Juan Martínez. En otra ocasión le prestó a don Alonso un paño para pago de un cáliz que había tomado de la iglesia; finalmente doña Leonor se compadeció y le pagó con cuatro arrobas de lana.
  • Después de trece años de servicio, a Juan López le adeudaban 3.500 mrs. El señor hacía uso de sus bueyes y sus mulas para las tareas domésticas o algún viaje a Madrid que le ocupó cincuenta días; como siempre el pago fue con alguna fanega de cereal que dejó insatisfecho a Juan López. Para el caso del viaje a Madrid, dos fanegas de trigo. Las protestas fueron respondidas con amenaza de cien azotes.
  • Francisco de Hungría había llegado de Odón para casarse en el Provencio y trabajar de herrero. Por hacer unos trabajos de herrería para el molino, valorados en 750 maravedíes no cobro nada. Por herrar las bestias del señor tampoco se le pagaron los trescientos maravedíes del trabajo. Curiosa es la historia de una jaca que poseía Francisco de Hungría y que el señor se apropiaba para sus viajes a Belmonte y Villaescusa. Desgraciadamente para Francisco un día que venía con su jaca de darle agua, se topó con el señor Alonso de Calatayud que montaba la suya propia. En un roce de los animales la jaca de Francisco le dio una coz a la del señor. La respuesta de don Alonso fue atravesar con una lanza a la jaca. Francisco de Hungría también era tendero, pero don Alonso no solo no le pagaba el aceite sino que se pasaba por su tienda a las tantas de la noche para servirse pescado. Francisco de Hungría es de los que estando jugando a las cartas en casa del alguacil Hernando de Haro había sido sorprendido por don Alonso y visto requisados sus dineros, antes de acabar en la cárcel. En otra ocasión, don Alonso enredó a Francisco para que se jugase el dinero con un buldero que portaba unas escribanías, que don Alonso codiciaba; el resultado fue que el buldero ganó el juego, el dinero de Francisco, que tuvo que pagar de su propio bolsillo las escribanías para complacer a su señor. Otras veces tenía que aguantar la ira de su señor, sencillamente por estar en el momento más inadecuado, como cuando venía un día de las viñas y fue insultado y vejado en la plaza del pueblo.
  • Gonzalo Zapata nunca vio recompensados sus trabajos, ni por un viaje a Toledo de cuarenta días, ni por el transporte de cal ni por podar las viñas del señor. don Alonso concebía la caza como un derecho señorial, por eso la caza de una liebre le costó a Gonzalo dos ducados de multa y nueve días de cárcel. Aportaba también los capones con los que recompensar al maestro que enseñaba a leer al hijo de don Alonso. Hubo una época en que don Alonso estaba excomulgado, a pesar de ello entró en la iglesia e interrumpió la misa del clérigo. Hallábase presente también en la iglesia el canónigo de la catedral de Cuenca Juan del Pozo, que era asimismo vicario del Provencio, su mediación valió de muy poco.
  • A Juan de Molina se le apresó un hijo sin causa y le confiscó un rocín para un viaje a Granada, devolviéndolo muerto.
  • A Pascual Mateo también le embargó ciertos bienes, entre ellos, varias gallinas.
  • Julián de Grimaldo, tuvo que soportar la intromisión de don Alonso, en su intento de evitar el casamiento de su sobrina. Era tal enemistad que le tenía don Alonso, que un día en compañía de su hijo Tello Guzmán intentó derribar la puerta de su casa para matarle. Una mula de silla le fue embargada tras prometerle entregar tres mil maravedíes, cosa que nunca hizo.
  • A Antón Montoya, carnicero, no le pagaba la carne ni el calzado que solía traer de Socuéllamos. En total le debía 3.000 mrs. En otra ocasión, quizás para congraciarse con los Inquisidores que andaban por San Clemente, don Alonso organizó una capea y mandó a Montoya que trajera los toros. Nunca le pagó los dieciocho reales de traerlos. 
  • Juan López Moreno había acompañado a su señor a Granada en estancias que a veces duraban treinta días; las pagas eran nimias y en cierto viaje que enfermó lo dejó abandonado.
  • A Andrés Morales le arrebató una arroba de aceite y otra de lana blanca. A las quejas se unían el uso indebido de su carro y mulas y la apropiación de leña y gallinas.
  • A Alonso de Escobar le adeudaba ocho peonadas de traer leña y trabajar en el caz.
  • La mujer de Lope Sánchez de la Torre había criado y alimentado un hijo bastardo del señor. Por los siete años de sus cuidados apenas recibió una fanega de trigo y seis reales. Su hijo entró a soldada de don Alonso por un año; gracias a eso, sabemos cuál era el salario anual de un criado de don Alonso de Calatayud: treinta reales y una arroba de lana. No se le pagó nada.
  • A Diego de Arjona, persona necesitada, se le debía seis jornales de retejar. También García López era persona necesitada y no se le pagó nada de un viaje a Toledo.
  • Miguel Sánchez de Ortega tenía tienda de pescado y aceite. Las cantidades que se le adeudaban ascendían a seiscientos maravedíes. A estas deudas se unían las del mayordomo del señor, Pedro Martínez de Portugal: tres reales, gallinas y pollos. Los años de carestía de 1504 a1508, fueron acompañados de la peste, Miguel tenía a su cargo la guarda de las puertas de la villa. En aquellas circunstancias pagó su labor con las mazmorras. Por jugar a los naipes debió pagar un cabrito. El derecho de portazgo que se cobraba en El Provencio iba por mitades; una parte para el Rey, que cobraba don Alonso por medio de Francisco Valenciano, y una parte para la Orden de Santiago, que cobraba Miguel Sánchez de Ortega. Ni que decir que don Alonso no aceptó nunca estas cuentas por mitades. Como arrendador de la alcabala del viento, nunca cobró nada de don Alonso.
  • Pedro Catalán, carnicero, estaba obligado a comprar un toro para ser corrido el día de San Juan. Para su desgracia, el toro no estuvo en la fecha indicada. Don Alonso no quiso hacer uso de ese toro y compró por su cuenta otro en Jarama. Ahora bien, se lo cobró de una arquilla de dineros, que tomó de casa de Pedro, alrededor de 2.000 maravedíes. Como mayordomo que fue de su amo, se le debían 3.000 maravedíes y como tendero, otros mil. Además fue condenado a una multa de nueve reales por vender sardinas a un forastero, usando una romana propia y no el peso de la villa.
  • Pedro Sánchez, siendo regidor, no quiso prestar una jaca del concejo a don Alonso. Lo pagó con sesenta y cuatro días de cárcel. Como carnicero le adeudaba tres mil maravedíes. Como todos los provencianos estaba obligado a pagar a su amo el diezmo; en su caso, treinta reses. Pedro Sánchez se comprometió a pagarle 2.500 maravedíes, pero el pago no gustó a don Alonso que le embargó todas las reses y lo encerró con una cadena en la fortaleza hasta que le pagó las treinta reses, esta vez por un valor de 4.000 maravedíes. 
  • Juan Martínez Escribano fue mayordomo de don Alonso los años 1512 y 1513; se le quedó a deber 390 maravedíes.
  • A Juan Llorente sin mediar palabra le quito de su bolsa cuarenta y cinco maravedíes.
  • Sancho Fernández tuvo que soportar prisión por no atender una petición de una carretada de leña y por tener la desgracia de toparse una noche, que iba acompañado de otras dos personas, con don Alonso. El incidente acabó con insultos de borracho y con Sancho Llorente arrojado a la mazmorra. Sancho Fernández había comprometido a un hijo suyo con una hija de Felipa Grimaldo, manceba del señor, pero don  Alonso no dio el plácet.
  • Pascual de Vieco, tras una discusión con don Alonso, construyendo el andamio para la fiesta de la villa, acabó en la mazmorra, que era un pozo donde los presos eran bajados con una soga. Pascual de Vieco, envalentonado dijo que no necesitaba la soga, por lo que don Alonso de Calatayud le pinchó con un puñal hasta que saltó. Además crío durante diez meses a uno de los hijos del señor, Fernando Guzmán, sin recibir pago alguno.
  • Hernán López. mesonero, lo tuvo seis meses de viaje por Toledo y Segovia. Otras veces, don Alonso provocaba a Hernán y a otros para que revolvieran cuestiones en el pueblo y así poder imponer penas posteriormente.
  • A Pedro López Izquierdo, don Alonso de Calatayud le mandaba a Granada durante el tiempo de la siega. Sin motivo, lo detuvo una vez estando en las viñas y lo encerró en la mazmorra, de donde escapó para permanecer quince meses huido.

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