El corregimiento de las diecisiete villas

IGNACIO DE LA ROSA FERRER

HISTORIA DEL CORREGIMIENTO DE SAN CLEMENTE

EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA
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lunes, 6 de marzo de 2017

Escudos familiares del Sur de la provincia de Cuenca

Esta es una entrada abierta, que se irá renovando en la medida de lo posible con aportaciones futuras. Abierta también a las rectificaciones, pues soy lego en materia de heráldica, y a aquellos que quieran aportar imágenes. Se trata de despertar la curiosidad por esos blasones que aparecen en las calles de los pueblos del sur de Cuenca y, de paso, por su historia.


                                                                           
Pacheco (RAH)

                                                                      
Pacheco (RAH)


Pacheco (Marqués de Villena). Entrada Castillo Belmonte (Foto, Laura Mainar)
Melgarejo. RAH
Melgarejo. RAH
López Cantero. Página web Ayuntamiento Iniesta
Espinosa. Página web Ayuntamiento Iniesta
Clemente Aróstegui. Calle Alfonso VIII, Cuenca
Piquinoti (Ejecutoria de hidalguía de Pedro González Galindo)
                                                           
Piquinoti (González Galindo). Palacio Piquirroti de San Clemente

Valdeguerrero (Alcaraz). RAH

Herreros. RAH
Herreros, La Iglesia 3, San Clemente (Foto Laura Mainar)

                                                 

Rosillo
Ojeda. RAH
Luján. RAH


Pacheco de Minaya. Palacio familiar

Buenavista Cerro. Palacio Belmonte (Foto. Laura Mainar)
                                                   
San Clemente, sin identificar (Foto, Laura Mainar)

San Clemente, sin identificar (Foto, Laura Mainar)

San Clemente, sin identificar (Foto, Laura Mainar). El escudo se encuentra en la calle Cruz Cerrada 11; la casa, propiedad de los Manzanares en el siglo XVIII, fue morada anterior del regidor don Pedro Pacheco Guzmán y su mujer doña Isabel de Resa. Creemos que el escudo de armas puede corresponder a su mujer y a la familia de la misma, los Resa. ... y aunque este testigo no se acuerda de conocer a Doña Isabel de Resa, sabe muy bien de cierto fue mujer legítima de Don Pedro Pacheco y que cuando se casaron la dieron en parte de dote la casa de Resa, en término de dicha villa, a mano izquierda del camino de Santiago...  y vivió en la Calle Cruz Cerrada en las casas que poseen Pedro de Manzanares y Francisco Escobar (BNE, Ms. 13092. Genealogía de los Pacheco de Minaya)




San Clemente, sin identificar (Foto, Laura Mainar)

Castillo, rama familiar de Belmonte (casa natal de San Juan del Castillo)


                                       
Castillo de Santa María del Campo (RAH)


                                                             
Baíllo de Belmonte


Escudo de Alarcón, sin definir (Foto, Laura Mainar)

                                                             
Escudo de Alarcón, sin definir (Foto, Laura Mainar)

                                                       
Calatayud, señores de El Provencio (http://elprovenciounlugardelamancha.blogspot.com.es/)
Escudo de los Melgarejo en Pinarejo (Foto, Paco Arenas)
                                                                 
Escudos de las familias portuguesas de Sotomayor, a la izquierda, y Pacheco, a la derecha, ambas ligadas a la historia de San Clemente. Imagen obtenida en la Sala dos Brasöes  del Palacio Nacional de Sintra, Portugal (Foto, Laura Mainar)





Descripciones de escudos:

Perona: Miguel López de Perona y Rosillo rregidor desta villa digo que como a v. m. es notorio mi padre y agüelo e visabuelo e rrevisabuelo fueron nobles hijosdalgo de sangre, decedientes de Alonso López de Perona, natural de Francia de la ciudad de Perona que vino a estos Reynos de Castilla en seruiçio de la Reyna doña Blanca que cassó con el Rey don Pedro y se quedó a vivir y morar en estos Reynos y siempre él y sus hijos fueron avidos y tenidos por caballeros hijosdalgo nobles de sangre, los quales siempre tuvieron armas conocidas como tales que fueron dos flores de lises y un peral en medio en campo blanco e mis pasados en rraçón que a los tales caballeros hijosdalgo no se les daban los oficios de alcaldes y rregidores no eran admitidos a ellos por lo qual se descuydaron y tácitamente acetaron oficios de alcaydías e rregimientos y se a ido continuando asta oy

Herreros: En la dicha villa en el dicho día mes y año fecha la dilijencia de arriba por decir los testigos que en esta iglesia mayor está la capilla de San Antón de quién es patrón por derecho de sangre y línea recta de barón don Alonso de los Herreros hermano mayor del pretendiente la qual dicha capilla y patronato fundaron Miguel Sánchez de los Herreros y Teresa López Macacho su mujer como parece de los papeles, fuimos a la dicha capilla que es la primera a mano derecha entrando por la puerta que llaman de Santiago y bista y reconocida tiene un retablo de escultura sobre dorado y en el nicho principal una Ymagen de San Antón, y en frente de la entrada en la pared están dos nichos de entierros con sus tumbas de madera y en cada una de ellas su escudo de armas grande de piedra con su orla y las armas de todos tres escudos son tres barras atrabesadas de color carmesí en campo de oro y encima una caldera con dos leones uno a cada lado en pie que la tienen con las manos, y en la primera tumba está escrito un rótulo de letra blanca que dice así= aquí están sepultados los güesos del licenciado don Francisco de los Herreros calificado por la general inquisición para officio mayor murió a 30 de setiembre y lo demás del año y que se sigue está borrado y no se puede leer...

Chavarrieta: Y en la primer foja (de la ejecutoria de hidalguía) las armas de los dichos que son un escudo con su zelada y en él en campo azul un árbol y al pie dél en campo berde dos lobos con dos corderos en las bocas ensangrentadas y seis leones por orla en campo leonado

Clemente Aróstegui: ... pasaron a las casas de la hauitación de don Joseph Clemente de Aróstegui vezino de esta dicha villa que están sitas en la calle mayor de ella y habiéndole encontrado le hizimos sauer nuestra comisión y preguntamos por el escudo de armas que tiene en su casa y en las capillas que posehe en la Yglesia del Combento de nuestro Señor San Francisco de esta villa que acredita su nobleza  a que respondió estaba prompto y nos conduxo a el zaguán de dicha casa y encima de su puerta se halla un escudo pintado en lienzo al parezer de pintura antigua que contiene por quarteles en el de la derecha un pino en campo de oro, dos perros al tronco y dos ardas (ardillas) encima, a el lado izquierdo dos estrellas vaxo una pera que divide una esquadra en campo de plata y encima un morrión ... y él usaba en las capillas propias que tiene en la dicha Yglesia de San Francisco ... pasamos a la Yglesia del citado combento y reconozimos barios escudos con las mismas insignias en las dos capillas del crucero de dicha Yglesia puestas en los frontales bordados en candeleros de plata y demás ornamentos de altares las quales capillas declaró ser de los bínculos y Mayorazgos de sus ascendientes y que oy posehía en nombre de don Pedro Clemente de Aróstegui, obispo de Osma, su hermano mayor (Villanueva de la Jara, 17 de febrero de 1758)

viernes, 9 de diciembre de 2016

Los Perona de San Clemente, una familia de origen francés


                            Mi agradecimiento a Don Valentín Casco y Fernández, descendiente directo de la familia Perona y de los protagonistas aquí presentados, por los documentos que me ha aportado*




Por mí y mi hijo Miguel López de Perona
Miguel López de Perona Rosillo era regidor del ayuntamiento de San Clemente, oficio que compartía con su hijo Juan de Perona Montoya; un catorce de febrero de 1620 había acudido, como tantas otras veces, a la carnicería pública a comprar un trozo de carne. Provisto de una cédula pidió al cortador Alonso Navarro se le hiciese refacción de la sisa de la carne, es decir, se tuviese a bien no cobrarle la imposición que cargaba la venta de este producto para el pago del impuesto de millones. Pero el cortador no quiso admitir dicha cédula, pues no venía refrendada por el ayuntamiento de la villa. Igual rechazo sufrió cuando acudió a la tienda de pescado; el tendero Cristóbal García de Barchín se negó a rebajar cantidad alguna en sendas libras de pescado y sardinas que don Miguel López de Perona, pretendía llevarse. La cuestión no era baladí y el regidor lo sabía, por eso, para dar testimonio de los hechos se había hecho acompañar del escribano Bartolomé de Celada.

En San Clemente, a diferencia de otras villas,  no había padrones diferenciados de hijosdalgo y pecheros. La hidalguía había que ganársela en interminables pleitos ante la Chancillería de Granada con un ayuntamiento hostil a aceptar nuevos hidalgos. Sin embargo, algo había cambiado en los albores de la segunda década del seiscientos. Los Ortega no sólo habían afianzado su presencia en el ayuntamiento, sino que además desde 1609 habían conseguido ejecutoria de hidalguía. Otros, como Francisco de Astudillo lo habían intentado en vano, por desempeñar, tanto él como su padre, el oficio vil de escribanos. Pero el hecho fundamental es que en 1620 había desaparecido el alférez mayor de la villa, don Juan Pacheco Guzmán, con quien los Perona habían tenido profundas diferencias y conflictos en torno a la primera instancia de la villa y la jurisdicción de la aldea de Perona. Posiblemente ese apego de Miguel de Perona a la independencia judicial de la villa de San Clemente frente al corregidor o al alférez mayor desaparecido, juntamente con un patrimonio centrado en la posesión de ganados lanares, en un  momento que el desarrollo ganadero encontraba sus limitaciones, eran las principales cortapisas a su reconocimiento social.

Cuando los alcaldes ordinarios de la villa de San Clemente, Diego de Agüero y Gonzalo Ángel, hicieron dejación el treinta de septiembre de 1603 de las varas de justicia, que como tales alcaldes poseían, en manos del corregidor Diego López de Mendoza, el alférez mayor de la villa, don Juan Pacheco de Guzmán se apresuró a ofrecer dichas varas al corregidor, proclamando que se daban por consumidos estos oficios para siempre jamás. El gesto simbólico suponía la eliminación del oficio de alcaldes y la renuncia de la villa a impartir justicia por sí misma, dejando la primera instancia en manos del corregidor. Era lo normal en todas las villas y ciudades donde había corregidores, pero no lo veía igual una parte del patriciado sanclementino de más rancio abolengo. Por eso, en el mismo ayuntamiento, y haciendo frente al alférez mayor de la villa, alzó su voz un Perona, el regidor Alonso Martínez de Perona. El regidor Alonso no estaba solo, su posición sería mantenida años después por otros regidores con intereses ganaderos en la villa, como Miguel de Ortega, Bernardo de Oropesa o Diego Montoya.

Los intereses ganaderos de los Perona, de la mano de Miguel, están constatados, se nos ha conservado carta de pago del servicio y montazgo satisfecho por sus ganados. En 1594, llevó a invernar al término de Tobarra mil ochocientas cincuenta ovejas, pagando los derechos correspondientes en la ciudad de Chinchilla; cinco años antes, había pasado con un hato menor de trescientas ovejas a pastar en los términos de la ciudad de Alcaraz. Ahora, en 1620, el futuro era adverso a los intereses ganaderos de los Perona, pero la tradición estaba de su parte. Era una familia sin tacha en la villa, que desde antiguo había ocupado los principales oficios de la villa, para lo cual, como era menester, habían renunciado a su hidalguía. Quizás llevados por el enojo que les producía la llegada de tanto advenedizo a la condición noble, lucharán por el reconocimiento de su hidalguía, tanto como por denunciar a aquéllos como los Ortega o Astudillo, que con mejor predisposición de la fortuna, se encaramaban al poder económico y político de la villa. Su recelo era natural, durante decenios habían participado del poder local de San Clemente: Miguel López de Perona era uno de los regidores presentes el año de 1445, cuando el marqués de Villena tomó posesión de la villa, un Alonso López de Perona era regidor de la villa en 1511 y un Francisco de Perona, alguacil en 1530. Las venta de regidurías perpetuas de 1543 apartaron a los Perona del poder local. Miguel López de Perona lideraría la oposición municipal al establecimiento de los oficios de regidores perpetuos frente a los beneficiarios de estos oficios, como los Herreros, defendiendo el gobierno tradicional de la villa. Los años posteriores a la Guerra de Granada y el florecimiento económico que vivió la villa entre 1580 y 1630, a pesar del amargo periodo del cambio de siglo, colocarían a los Perona de nuevo en los oficios concejiles durante los años del seiscientos.

Francisco Martínez de Perona
En la década de los veinte y los treinta los Perona ocupan un lugar central en la vida política de la villa de San Clemente, con dos ramas familiares poseyendo en propiedad regimientos. Por un lado, Miguel López de Perona y su hijo Juan; por otro, Francisco Martínez de Perona. Francisco parece representar, frente a los ganaderos López de Perona, la rama familiar más apegada a los intereses de la tierra; por una carta de poder, sabemos que, además de unas casas en la calle Mayor, junto al convento de clarisas de la Asunción y las casas del también regidor García de Haro Andújar, poseía alrededor de mil trecientos almudes de tierras de cereales y más de diez mil vides y mil  olivos. Las tierras de cereal repartidas por el término de la villa; las vides próximas al término de El Provencio y camino de Santa María del Campo.

Con la riqueza material llegaron las ambiciones de reconocimiento social. Los López de Perona con el desempeño de oficios públicos, como el nieto de Miguel, el licenciado Miguel de Perona Montoya, abogado de los Reales Consejos; los Martínez de Perona, ocupando cargos eclesiásticos, como el beneficiado Francisco Martínez de Perona. Pero el reconocimiento social lo buscarán con la aceptación de su condición noble entre sus vecinos. Para los sanclementinos la condición hidalga se hacía visible en la elección de alcalde de la hermandad que todos los años se celebraba para el 29 de septiembre en la capilla de Tristán Pallarés de la iglesia de Santiago. Los Perona estaban marginados  de los cuatro votos de electores que se renovaban cada año, pero supieron tejer una red de alianzas familiares con los Rosillo o los Montoya, que sí tenían presencia en esa minoría de elegidos. Ya hemos hablado de cómo Miguel López de Perona intento obtener cédula de refacción  para obtener rebaja de las sisas de los cuatro géneros gravados para el pago del servicio de millones. No bastaba. Así los Perona presentaron ante sus compañeros de regimiento una genealogía que nada tenía que envidiar al resto de regidores, sobre los que pesaban sospechas de judaísmo, en unos casos, bastardía, en otros, o simplemente haber ganado su nobleza como criados del Marqués de Villena.

Miguel López de Perona se presentó ante el ayuntamiento de San Clemente como descendiente de un hidalgo francés llegado a España en época de Pedro I de Castilla, llamado el Cruel. La verosimilitud de su relato tenía su apoyo histórico, pues la nobleza de la Reconquista por estas fechas se hallaba extinguida por falta de líneas rectas varoniles o simple falta de descendencia. Con los Trastámara, una nueva nobleza aparecía, ocupando los más altos escalones de las principales familias, pero también de la baja nobleza. Ni qué decir tiene que la pretensión de Miguel López de Perona Rosillo de ser aceptado como hidalgo de la villa de San Clemente en el pleno del ayuntamiento de la villa, como era habitual en estos casos, fue rechazada y que su deslumbrante origen no hizo cambiar el parecer de los regidores. Aún así, don Miguel López de Perona presentó con arrogancia su petición para ser admitido como hidalgo

Miguel López de Perona y Rosillo rregidor desta villa digo que como a v. m. es notorio mi padre y agüelo e visabuelo e rrevisabuelo fueron nobles hijosdalgo de sangre, decedientes de Alonso López de Perona, natural de Francia de la ciudad de Perona que vino a estos Reynos de Castilla en seruiçio de la Reyna doña Blanca que cassó con el Rey don Pedro y se quedó a vivir y morar en estos Reynos y siempre él y sus hijos fueron avidos y tenidos por caballeros hijosdalgo nobles de sangre, los quales siempre tuvieron armas conocidas como tales que fueron dos flores de lises y un peral en medio en campo blanco e mis pasados en rraçón que a los tales caballeros hijosdalgo no se les daban los oficios de alcaldes y rregidores no eran admitidos a ellos por lo qual se descuydaron y tácitamente acetaron oficios de alcaydías e rregimientos y se a ido continuando asta oy

Los regidores sanclementinos contestaron a don Miguel López de Perona**, que nadie dudaba de su linaje ilustre y principal, pero el mejor modo de demostrarlo era acudir a la Chancillería de Granada, como ya habían hecho algunos de ellos. Hasta allí, a defender su causa, mandaría don Miguel a su hijo Juan de Perona Montoya, regidor perpetuo también de la villa. El proceso se extendería durante largos cinco años hasta que los Perona solicitaron que se emplazara al ayuntamiento de San Clemente a ver reconocida su hidalguía o alegar en contra. Así se hizo en marzo de 1624, pero el proceso seguía inconcluso un año y medio después.

La descendencia de un hidalgo venido con la reina doña Blanca, quizás no era la mejor carta de presentación, pues la corta existencia de la reina Blanca en Castilla estuvo marcada por el infortunio. O quizás sí, pues el infortunio de su marido acabaría siendo igual o mayor y, en cualquier caso víctima de la propaganda política de su hermano, el rey Enrique II. Blanca llegaría a Castilla en 1353, fue rechazada por su marido Pedro el Cruel dos días después de su boda, según los románticos por ser su auténtico amor doña María de Padilla y según parece, con más certeza, por impago de la dote matrimonial. En 1361 sería asesinada por su propio marido. Por lo que a nosotros nos atañe, la llegada de Alonso López de Perona tiene su razón de ser en aquel clima de rivalidades fratricidas por el trono de Castilla y la participación en la lucha de numerosos mercenarios extranjeros.

Del proceso de los Perona por ver reconocida su hidalguía, destacamos las pocas resistencias que encontró en el ayuntamiento de San Clemente. Más que oposición frontal de los regidores, hay que hablar de un dejar pasar el tiempo con la intención de dejar en suspenso el proceso de ennoblecimiento. Las rivalidades sin duda existían en el ayuntamiento de San Clemente, pero el principal enemigo de los Perona, el alférez mayor de la villa, don Juan de Pacheco Guzmán había fallecido y su hijo Rodrigo, casado en Guadalajara con una Mendoza y alejado de la villa, ejercía el cargo de alférez mayor a través de un teniente. Para la familia Perona, además de la confrontación de intereses económicos, siempre se debió ver como un agravio que los Pacheco pretendieran la jurisdicción de la aldea de Perona, que a sus ojos era, con mayor o menor razón, su casa solar. Las rencillas con el resto de las familias aparecían muy mitigadas por dos razones. En primer lugar, los Perona estaban emparentados con familias principales de la villa como los Rosillo o los Montoya. Además, el resto de familias de la villa reconocían al linaje de los Perona cierto pedigrí como una de las familias más antiguas, respetadas de la villa  e indudablemente cristiana vieja. Esa situación de preponderancia moral y respetabilidad sobre otras familias la usaría el nieto de Miguel López de Perona en los ataques furibundos que dirigió contra el tesorero Francisco de Astudillo Villamediana, cuando en 1641 intentó obtener el hábito de la orden de Santiago.

http://valentincasco.blogspot.com.es/

**El ayuntamiento de aquel año 1620 lo formaban el corregidor don Gutierre Pantoja, el doctor Mendiola, que como teniente representaba al alférez mayor de la villa don Rodrigo Pacheco de Guzmán, y los regidores don Miguel de Ortega, Miguel de Perona, su hijo Juan de Perona, don Pedro Pacheco, don Francisco Serrano, Bautista de Montoya Herreros, Melchor de Tébar, Bautista García Monteagudo, Miguel Sevillano, Cristóbal Merchante, Diego López de Iranzo, García de Haro, Pedro de Tébar Llanos, Felipe Ruiz de Arce y el licenciado Miguel de los Herreros


ARCHIVO DE LA CHANCILLERÍA DE GRANADA (AChGr). 01RACH/ CAJA 5151, PIEZA 54. Miguel López de Perona Rosillo. 1624.

Imágenes: firmas de los regidores Miguel López de Perona y Francisco Martínez de Perona. (AMSC. AYUNTAMIENTO. Leg. 50/6. Obligación de los regidores de San Clemente para el pago de bancos de nogal. 1629)

sábado, 5 de noviembre de 2016

De los Echevarrieta de El Peral a los Lucas de La Motilla del Palancar (1639)

Cuando el Consejo de Órdenes decide un 30 de mayo de 1639 despachar el hábito de Calatrava a Manuel Fernando de Ojeda Echevarrieta (o Chavarrieta) debió sopesar de forma diferente las distintas líneas que conformaban su linaje. Echevarrieta o Lucas eran familias que habían adquirido notoriedad en sus respectivas villas de El Peral y La Motilla, recompensadas con oficios concejiles y familiaturas del Santo Oficio, pero a distancia abismal del apellido Ojeda. No obstante la hidalguía de los Echevarrieta era incontestable, el abuelo del pretendiente Pedro López de Echevarrieta aseguraba que sus antepasados tenían solar conocido en la casa de Elejalde y él mismo había ganado ejecutoria de hidalguía el 17 de septiembre de 1604. Su hijo Julián y su nieto Pedro acaparaban los títulos de alcaldes ordinarios, regidores y alcaldes de la hermandad en la villa de El Peral, por contra el hijo menor Juan Echevarrieta y Elejalde se había casado en La Motilla con María de Ojeda. Tan pomposos apellidos, Echevarrietas y Ojedas, escondían alianzas familiares tejidas por otros linajes, quizás no de tanta notoriedad pero de mayor tradición y antigüedad en la comarca. Nos referimos a los Lucas, Navarros o Ruipérez, que de la mano de los apellidos citados, Ojedas y Echevarrietas, buscarán el ennoblecimiento.

Manuel Fernando había sido bautizado el 15 de marzo de 1614 en la iglesia parroquial de Motilla por el cura licenciado Mateo Fernández de Bobadilla, que durante tres décadas será cura de la villa y cuyas aspiraciones hacia 1620 de ocupar el puesto de notario del Tribunal de la Inquisición de Cuenca fueron respondidas con graves acusaciones de sangre judía.

El abuelo materno de Manuel Fernando de Ojeda era el capitán Manuel Alonso de Ojeda, natural de La Montaña, en la merindad de la Bureba, llegado a Motilla hacia finales del quinientos, se había avecindado en el pueblo, casándose con una vecina principal de la familia de los Lucas, de nombre Elvira de Tébar. Manuel Alonso de Ojeda era hermano de Juan Bautista de Ojeda, cuya descendencia ocupaba cargos en los Consejos de la Monarquía y el Santo Oficio. Manuel Alonso, como segundón de la familia, se había dedicado a la carrera militar, pero su apellido era todo un reclamo para el arribismo de familias de la Manchuela, como los Lucas que ansiaban su ennoblecimiento. El matrimonio de Elvira de Tébar, hija de Pedro de Lucas, con el capitán Manuel Alonso de Ojeda vino a colmar las ambiciones de una familia que venía buscando el reconocimiento social en la ocupación de cargos eclesiásticos e inquisitoriales.

por ser pedro lucas de tébar padre de la dicha eluira y francisco lucas su hermano familiares del santo oficio y hermano del dicho pedro lucas que se llamó el licenciado francisco lucas cura desta villa fue comisario del santo oficio y don francisco lucas prior que fue de la villa de belmonte en la colegial fue comisario del santo oficio fue tío de la dicha elvira

El poder de los Lucas en Motilla era parejo a la posesión de regidurías, aunque como vimos en otro lugar su poder en la villa fue contestado en la elección de oficios de 1608 (Elección de oficios en Motilla del Palancar en 1608), quizás porque se recelaba del matrimonio de María de Ojeda (cuyo apellido se anteponía al de Lucas, destacando su carácter noble) con un hidalgo recién ejecutoriado de El Peral, Juan Pérez de Echevarrieta o como nos es presentado ahora, destacando sus orígenes hidalgos, Juan Echevarrieta y Elejalde. Eran pues los Echevarrieta, cuyos orígenes vascos y llegada a esta tierra desconocemos, vecinos principales de la villa de El Peral, pueblo pequeño, donde todos se conocían, donde las disputas estaban al orden del día y donde había una diferencia rígida de cara al interior entre pecheros e hidalgos, que sabían sin embargo enterrar sus diferencias cuando se trataba de cerrar el paso a advenedizos en el pueblo como los Simarro. De ello, damos debida cuenta en los sucesos de 1630. El Peral y Juan Simarro hacia 1630

El caso es que hacia finales del quinientos los Echevarrieta habían entroncado con viejas familias en la comarca con el matrimonio de Pedro López Echevarrieta con Catalina Navarro. Ésta era hija de Felipe Ruipérez. Su tío Antón de la Jara fue familiar del Santo Oficio y su primo Gaspar Navarro, cura de Pareja y comisario del Santo Oficio

a la catalina navarro la tiene por tal (por hidalga) por ser de los ruipérez y de los nabarros que en esta tierra goçan de los hijosdalgo

Los Echevarrieta tenían una figura señera en la familia: el doctor Andrés de Alarcón, tío de Pedro López de Echevarrieta,obispo de Calatayud e inquisidor de Zaragoza, chantre de León y confesor de la reina Isabel. Cuando el hijo de Pedro, Juan Echevarrieta, se casa en Motilla con Ana de Ojeda, lo está haciendo en realidad con una Lucas. Los intereses de las familias escapan del espacio local de las villas y se establecen alianzas regionales en un contexto de crisis. Paralelas a las uniones matrimoniales van las fusiones de patrimonios, que como las primeras escapan del estrecho marco local. El auge de Motilla, aunque en una fase de decadencia global, iba parejo al afianzamiento de los Lucas en la comarca y en la corte. La capilla que poseen en la iglesia de la villa de Motilla era una pequeña muestra del poder de una familia que lo hará extensivo a la Corte o al mundo universitario como patrones del colegio de los Manchegos de la Universidad de Alcalá.

En ese reconocimiento en el poder central no debió ser ajeno la fortuna del azaroso matrimonio de doña Elvira Lucas de Tébar con el capitán Ojeda. Su hermano era Juan Bautista de Ojeda, cuyos herederos se asentarían en Málaga y que adquirirían una notable posición en la Corte

y conoció al dicho capitán Manuel Alonso de Ojeda, natural de la Montaña, el qual vivió y asistió en Málaga y fue hermano de padre y madre de Juan Baptista de Ojeda, padre de Fernando de Ojeda, oidor del consejo de Hacienda y consultor del Santo Oficio el qual tiene dos hijos que fueron caualleros del háuito de San Juan de Justicia y aora lo son de Alcántara y Santiago y familiares del Santo Oficio y doña Ysabel de Ojeda su hermana tiene título para monja de Santi Spiritus de Alcántara

                                                                          ***

Escudo de armas de los Echevarrieta

Y en la primer foja (de la ejecutoria de hidalguía) las armas de los dichos que son un escudo con su zelada y en él en campo azul un árbol y al pie dél en campo berde dos lobos con dos corderos en las bocas ensangrentadas y seis leones por orla en campo leonado

Genealogía de Manuel Fernando de Ojeda Chavarrieta

1.- Padres:
Juan de Echevarrieta y Elejalde, caballero hijodalgo notorio ejecutoriado en posesión y propiedad y doña María de Ojeda, hijodalga notoria, vecinos y naturales de Motilla

2.- Abuelos Paternos
Pedro López de Echevarrieta y Elejalde y Catalina Navarro, vecinos y naturales de la villa del Peral, media legua de la dicha villa de Motilla

3.- Abuelos maternos
El capitán Manuel Alonso de Ojeda, familiar del Santo Oficio y natural del lugar de Ojeda en La Montaña y doña Elvira de Tébar, natural y vecina de la Motilla

Testigos favorables al pretendiente en Motilla:

licenciado Mateo Fernández Bobadilla, cura de Motilla, 56 años
Juan González Bordallo, escribano, 86 años,
Martín González, 50 años
Alonso de Olivas Parreño, 42 años
Diego García de Valverde, 57 años
Licenciado Miguel de Gabaldón, clérigo y cura de Bonete y Corral Rubio, 71 años
Benito García de Bonilla, 73 años.
Bartolomé de Jaén Mesía, clérigo, 68 años
Juan de Toledo Parrilla, presbítero, notario del santo oficio, 41 años
JUan de Zarzuela, 75 años
Jorge Pérez de Zornoza, 64 años,
Esteban de Portillo, familiar del Santo Oficio, 65 años,
Benito Parreño, familiar del Santo Oficio, 65 años,
Cristóbal de Toledo, 67 años.
Fernando López, 70 años
Licenciado Julián de Alarcón, notario del santo oficio, 39 años
Licenciado Diego García Bonilla, abogado y regidor perpetuo, 39 años.
Pedro Sánchez Mondéjar, regidor perpetuo, 67 años
Martín López Valverde, 71 años
Juan López Peral, 55 años
Don Francisco Fernández de Bobadilla, 60 años
Sebastián García de Valverde, regidor perpetuo, 62 años
Licenciado Juan de Zarzuela, clérigo, 48 años
Melchor de León, escribano del ayuntamiento, 74 años

Testigos favorables al pretendiente en El Peral:

Álvaro Monedero, alcalde ordinario, 70 años
Francisco Leal, 80 años
Alonso de Beleña, 70 años
Andrés Monedero, regidor perpetuo, 70 años
Gil de Alarcón de Albiz, 73 años
Sebastián del Castillejo, 64 años
Francisco Lázaro, escribano, 60 años
Gil de Mesias, 64 años, analfabeto
Gabriel de Lujan Frias, alcalde por el estado de los hijosdalgo, 50 años
Antón López, 70 años
Andrés García Sancho, alguacil mayor de la villa, 54 años
Jorge de Navalón, 80 años



Archivo Histórico Nacional, OM. RELIGIOSOS CALATRAVA, Exp. 173, Ojeda Echevarrieta, Manuel de (1639)

domingo, 12 de junio de 2016

Partida de Bautismo de Rodrigo de Ortega y Ortega, III señor de Villar de Cantos

Presentamos la partida de bautismo de don Rodrigo de Ortega y Ortega (o Monteagudo), III señor de Villar de Cantos y Vara de Rey, que casaría con Catalina Guerrero y Cárcamo (hermana del I Marqués de Valdeguerrero). De este matrimonio nacería don Gabriel Ortega y Guerrero, II Marqués de Valdeguerrero y IV señor de Villar de Cantos y Vara de Rey, con quien continuaría la línea sucesoria.

Acompañamos una genealogía de los ascendientes del III señor de Villar de Cantos para una mejor comprensión del linaje.


Partida de Bautismo

En la villa de San Clemente a diez y seis días del mes de junio de mil y seiscientos catorce años yo el doctor Christóbal de Tebar cura propio de esta dicha villa bauticé a un niño hijo de don Rodrigo Ortega y de doña Inés Ortega, púsele por nombre Rodrigo nació a tres de mayo fue su compadre de pila Christobal García Monteagudo declarósele el parentesco fueron testigos Pedro Díaz y Esteban Sánchez y lo firme= el doctor Tébar=

(Es traslado de la partida original sacado el 27 de abril de 1641 por Francisco de Iranzo, presbítero y teniente mayor de cura de la Iglesia de Santiago de San Clemente)


AHN. ÓRDENES MILITARES. CABALLEROS DE SANTIAGO. Exp. 6008. Don Rodrigo de Ortega y Monteagudo. 1641, fol. 196 rº







Genealogía de don Rodrigo de Ortega y Ortega, III señor de Villar de Cantos

Padres

Don Rodrigo de Ortega y doña Ynés de Ortega, vecinos y naturales de la dicha villa de San Clemente

Abuelos paternos

Don Rodrigo de Ortega y doña Ana Rosillo*, vecinos y naturales de la dicha villa de San Clemente

Abuelos maternos

Bautista García Monteagudo y doña Catalina de Ortega**, vecinos y naturales de la villa de San Clemente

En Madrid, a diez y ocho de enero de hebrero de mill y seiscientos y quarenta y uno

Gregorio de Tapia (rúbrica)

*En realidad, es natural de Vara de Rey
**En realidad, natural de la villa de Cañavate


AHN. ÓRDENES MILITARES. CABALLEROS DE SANTIAGO. Exp. 6008. Don Rodrigo de Ortega y Monteagudo. 1641, fol. 5 rº

sábado, 11 de junio de 2016

Los orígenes medievales de los Ortega (II): los detractores

Don Francisco de Alarcón Fajardo procuraba enemistad a la familia del pretendiente al hábito de la orden de Santiago, don Diego Ortega Guerrero. Este hidalgo de 44 años debía mantener rencillas con el padre del pretendiente don Diego. Igual que reconocía diversos actos positivos a la familia de los señores de Villar de Cantos, primos de los Diego, padre e hijo, se los negaba a estos dos y al abuelo Miguel, a los que decía nunca había visto ejercer como alcaldes ordinarios o de la hermandad por el estado noble en la villa de San Clemente y cuya familiatura del Santo Oficio se había obtenido de forma sospechosa tras tres o cuatro pruebas. Ya no solo acusó de descender a los Ortega de la línea bastarda de los Avileses Güerta sino que se atrevió a insinuar que doña María Rosillo Mendoza, natural de San Clemente y abuela paterna del pretendiente descendía de un morisco llamado Hernando de Sanclemente, condenado por el Santo Oficio y cuyo sambenito colgaba de la Iglesia de Santiago. Hablaba de oídas, pero procuraba implicar a otros testigos contra el pretendiente don Diego. Ninguno de los testigos aportados corroboró sus afirmaciones, ni don Pedro de Tébar ni Gonzalo del Pozo y tampoco don Alonso de Valenzuela. Otros dos testigos aportados en Santa María del Campo, Miguel López de Alarcón y Rodrigo de Ortega, declararían a favor del pretendiente . El último de los testigos, el que debía ser principal acusador, Don Francisco del Castillo e Inestrosa, ya hablamos de su ausencia intencionada de la villa, aunque finalmente sería hallado en Blanca, donde tenía sus ganados, no atreviéndose a ratificar la impureza de los Ortega Guerrero. Sin embargo, las mismas insinuaciones contribuyeron a un extenso interrogatorio que nos aporta una amplia numeración de los vecinos del San Clemente de 1639 y una exhaustiva infirmación sobre la familia Ortega. Especialmente, la aportada por los Pacheco.

Las acusaciones contra el pretendiente no dejaban de ser endebles. No haber sido alcalde de la hermandad poco significaba, pues los cuatro cargos de electores estaban en manos de unas pocas familias que a decir de los testigos, monopolizaban el cargo. Es más, el caso conocido de nombramiento como elector de Francisco de Astudillo Villamediana en 1640 para alcalde de la Santa Hermandad constituía un caso de intromisión en el cabildo de electores de un extraño y respondía al soborno de uno de los electores: Pedro de Tébar. Tampoco era demérito no haber sido alcalde ordinario por el estado noble, pues el cargo había estado muy devaluado (cuando no suprimido), durante el primer tercio del siglo XVII, en el contexto de la disputas por su eliminación entre el alférez mayor, Juan de Pacheco Guzmán y el resto del concejo. Ahora bien más peligrosos parecían los documentos que Francisco del Castillo e Inestrosa había sacado de casa del difunto comisario Pedro de Cuenca, conteniendo las pruebas para acceso al cargo de familiar del Santo Oficio del padre del pretendiente, Diego de Ortega. Que entre Francisco del Castillo y el dicho Diego de Ortega había un odio visceral no cabe duda. La enemistad venía por una relación recíproca de acusador y acusado. Francisco del Castillo Inestrosa había provocado con sus injurias o verdades la paralización del expediente de la familiatura del Santo Oficio de Diego de Ortega, y este no debía andar muy lejos en el proceso inquisitorial que sufrió Francisco del Castillo hacia 1613 del que salió airoso*. Algún día quizás conozcamos algo más de este singular personaje, regidor del ayuntamiento de San Clemente, estante en Roma los años previos a su proceso y con contactos peligrosos, por llamarles de algún modo, con conversos portugueses y jesuitas. Mantenía una enemistad con varias familias principales de San Clemente, entre las que se encontraban, además de los Ortega, los Pacheco. No en vano, se jactaba en público de sus ascendientes judíos y debía conocer tanto sus progenitores hebreos como los de otras familias, tal es el caso de los Pacheco, cuya reciente genealogía, originaria de los montes de Asturias pasaba por inventada en la rumorología popular. Es creíble que un hombre así tuviera pocos amigos en el pueblo, Ginés del Campillo Juera decía de él:

el qual es tenido por un gran vellaco i de poca verdad i que se iacta de ser vellaco i maldiciente

Tan comprometedor o más eran las dudas sobre el origen del apellido Avilés y la presencia del apellido Sanclemente entre los de la abuela del pretendiente, María Rosillo, pues en la Iglesia mayor de Santiago colgaba el sambenito de un Hernando de Sanclemente. Un hombre de 69 años llamado Esteban Vara de Rey salió en favor del pretendiente alegando que ninguno de los dos hermanos Avileses Güertas existentes a la sazón, Jerónimo de Avilés Güerta y Juan González Güerta, tenían parentesco alguno con los Ortega; añadía además que el expediente de la familiatura de Diego de Ortega y Rosillo, había estado detenido por la grande maldad i vellaquería de algunos, sin decir quiénes. También declaró a favor de los Ortega, el escribano y regidor Miguel Sevillano, a pesar de la enemistad que reconocía tenerles un hermano suyo. Debió pesar el testimonio favorable de Francisco de Ávalos Redondo por asentar su testimonio en la tradición oral de dos fallecidos, su padre Diego de Ávalos y Hernán Vázquez de Haro, hombres nacidos hacia la década de 1530. Hasta Diego del Castillo, hijo de Francisco, testificó a favor y dio pistas sobre su padre que estaba en Blanca, cuidando de su hacienda. Otros testimonios de peso fueron el regidor Diego López Iranzo o el capitán de la milicia don Andrés de los Herreros, que contaba 32 años. Especialmente fue significativo su declaración por acusar con nombres a los enemigos del pretendiente y plantear desde su pretendida defensa los argumentos de los detractores:

sabe que el padre y el abuelo del pretendiente fueron familiares del Santo Oficio; que sin envargo de lo dicho que tiene por cierto i verdadero i a oido decir a don Francisco del Castillo (a quien tiene este testigo por su enemigo y hombre temerario i arrojado) de los padres i abuelos del pretendiente que la familiatura de don Diego de Ortega padre del pretendiente que salía de gracia porque de iusticia no podía porque él le auía puesto impedimento verdadero por donde no saliese i asimesmo a oído decir a don Francisco de Montoya Caballón vecino de esta villa que el licenciado Diego de Montoya i Pedro de Montoya padre del dicho don Francisco le pusieron i trocaron una abuela, las cuales palabras a dicho muchas i diuersas veces i asimismo tiene al dicho don Francisco de Montoya por enemigo de los dichos padre i abuelo del pretendiente: i lo que oió decir a don Francisco del Castillo fue decir que le tenía por auilés güerta i que se trataba don Miguel por pariente de Pedro de Güerta vecino de esta villa (folio 46 vº)

Tanto don Miguel de Ortega, abuelo del pretendiente, como Rodrigo de Ortega, I señor de Villar de Cantos, tenían fama de jactarse de estar emparentados con los Pacheco de Minaya, compartir sus linajes el mismo apellido Avilés desde hacía más de doscientos años y despreciar públicamente en la villa de San Clemente a esos otros Avileses Güertas con fama poco limpia. Los Pachecos eran claves en su declaración apoyando o negando esta aseveración. El primero que declaró fue Fernando Pacheco, vecino de San Clemente y primo del señor de Minaya. En ese sentido parecía que debía ir el testimonio de los Pacheco, hasta que llegó el testimonio de Juan Pacheco y Guzmán, de treinta y seis años, señor de Valdosma y Tejada y también de la villa de Santiago de la Torre,que cuatro años antes había obtenido el hábito de Alcántara. Sus palabras, mezclando nombres, lugares y genealogías fue devastador; hasta se atrevió a acusar a los Ortega de inventarse una ascendencia originaria del fundador de San Clemente, Clemén Pérez de Rus, del que se reconocía una descendiente en el pueblo de apellido Calcerrada. Es curiosa la presentación que nos hace de la plaza mayor de San Clemente como un hervidero de rumores y polémicas; allí se presentaban los diferentes bandos con sus libelos que leían en voz alta para acusar públicamente a sus enemigos con el objeto declarado de destruirlos:

... i dixo que en quanto a la limpieza de los dichos no sabe más que lo que a oído decir a diferentes personas que una de ellas es don Francisco de Montoya  Cauallón familiar del Santo Oficio i don Andrés de los Herreros capitán de la milicia de esta villa que para que saliese la familiatura que tubo detenida don Diego de Ortega padre del pretendiente tubo necesidad de trocarse una abuela o bisabuela que no a entendido que apellido tenía la que se quitó pero a entendido que la que se puso se llamaba fulana de la Calcerrada que era descendiente de Fernán (sic) Pérez de Rus, fundador de este lugar, i la que se supuso era limpia= y que para que se halle más claridad de la verdad me remito a un papel que el comisario del Santo Oficio de esta villa Pedro de Cuenca dexó hecho de la descendencia de los dichos por quien es preguntado i se le dexó a don Francisco del Castillo i sabe esya verdad i lo cita i a don Pablo de Cuenca hermano del dicho comisario vecino de esta uilla:i asimismo cito a don Andrés de los Herreros, a don Miguel de Perona, a don Diego de Alarcón Faxardo vecinos de ella i a don Francisco, i al licenciado Miguel López de Alarcón notario del Santo Oficio, i repreguntado que no obstante lo que dice que a oído a los dichos que qué crédito les a dado i que concepto a hecho el dicho testigo de la calidad de los dichos por quien es preguntado y si a oído a otros hablar en abono o tiene otras raçones o fundamento en pro u en contra de la calidad i limpieza del pretendiente padre o abuelo paterno= dixo que a lo que tiene dicho tiene dado crédito por ser personas principales a quien lo ha oído decir= i que asimismo oi martes veintidós de este mismo mes (noviembre), estando con don Francisco Montoya Cavallón me dixo que él auía aiudado al pretendiente en lo que auía podido i que si él quisiera decir o dixera lo que sabía podía destruirlos i asimismo me a dicho esta mañana el licenciado don Miguel de Perona, abogado de esta villa, como vio un papel que sacó don Francisco de Alarcón Faxardo a la plaça i lo leyó en presencia de ocho o diez personas, que don Miguel de Perona dirá quien si que el dicho papel contenía algunas faltas en la calidad en la limpieza y tócale una descendencia de un moro Macacho al pretendiente i a su familia que se remite a quien lo oyó porque no tiene más fundamento de lo que dice pero a entendido ser cierto por decírselo quien se lo dixo que el dicho papel i el que este testigo a citado en poder de don Francisco del Castillo es todo uno= i asimismo dixo que ablando con el comisario Juan de Villanueva en casa misma del pretendiente i sus abuelos me dixo tiene entendido en quanto a la limpieza no auía en que topar a lo que él entendía i lo tengo por hombre de verdad i que si supiera otra cosa lo dixera: i asimismo me dixo el comisario en esta conversación que en quanto a la nobleça no sabía que la tubiesen antes tenía entendido eran hidalgos de huida que en empadronándolos en un sitio se iban a otro i que de esta manera se andubieron sin litigar en ninguno= i dixo más que a entendido de diferentes personas que el padre Christóval de Ortega tío del pretendiente anda mostrando en la plaça una carta que don Gaspar Pacheco señor de Minaya a escrito a don Rodrigo de Ortega diciéndole en ella que si fueren allá dirá que los auilés que tiene el dicho Miguel de Ortega i el de su casa es todo uno i que el dirá esto i que este testigo sabe esto es a fin de hacerle buena obra al pretendiente por no tocar el dicho auilés de la casa de Minaya i que si les tocase ninguno lo podía saber mexor que este testigo por ser el descendiente de Rodrigo Rodríguez de Auilés i por ser su hacienda i tener todos los papeles de la descendencia i por saber este testigo asimismo que Rodrigo Rodríguez de Auilés casó con doña Beatriz Pacheco hija de Joan Fernández Pacheco señor de Belmonte los quales tubieron por hijos a Joan  Ortega de Auilés lo mataron en la guerra moço de diez i ocho años sin auer dexado sucesión por lo qual se casó Rodrigo Pacheco su hermano menor de quien descendemos todos los Pachecos de la Mancha i que asimismo e oído siempre ser auileses los Ortegas del pretendiente de los Güertas Villamayores de este lugar i que Alonso Güerta iba i benía a las colmenas i hacienda de don Diego de Ortega i se trataba i comunicaba con él por pariente al qual se remite i a Diego de Aualos Güerta su hermano i a los de este apellido i que no sabe por donde le toca el apellido Áuiles que lo dirán ellos a quien se remite i que no a oído no entendido ni sabe más de las calidades del pretendiente padre i abuelo (fols. 52 y 53)

Miguel de Perona, abogado de 36 años, corroboraría las acusaciones de Juan Pacheco. Contrasta el respeto que mantenía hacia don Rodrigo de Ortega, I señor de Villar de Cantos, con el desprecio que manifestaba por la rama Ortega Guerrero del pretendiente. Según él, la familiatura del Santo Oficio de Diego, padre del pretendiente, había estado suspendida cuatro años por haber falsificado los papeles trocando su abuela natural por la mencionada descendiente del primer fundador de San Clemente. Además establecía relación parental directa entre los Ortega y los Güerta. Un tal Pedro de Güerta el viejo, que había sido alcalde ordinario pechero y alguacil mayor, era primo del abuelo Miguel de Ortega, quien le había ayudado a obtener esos oficios. El hijo de Pedro, Alonso Güerta Villamayor seguía manteniendo un trato de primo con el padre de Diego de Ortega Guerrero. Nos presentaba, por último, a Juan Pacheco y Guzmán aislado y enemistado con la familia Pacheco, en especial el señor de Minaya, y con todos los Ortega.

que el dicho señor de Minaya si dice esta conformidad (estar emparentado con los Ortega) será por acer bien i por un disgusto que tubo con don Juan Pacheco, señor de la villa de Santiago y cavallero del  háuito de Alcántara con quien los dichos Ortegas tienen enemistad grande y el dicho don Juan con los dichos Ortegas (fol. 55 rº)

Pero el resto de testigos se echaron atrás en las acusaciones. La polémica ahora andaba en torno a los papeles acusatorios contra los Ortega, existentes a la muerte del comisario Pedro de Cuenca en su oficio. Estos papeles trataban de genealogías y ascendencias y eran bastantes comprometedores para algunas familias del pueblo. Según Francisco Alarcón Fajardo, dichos papeles habían sido sacados del oficio del comisario por el regidor Pedro González de Tébar, un Origüela, que los había destruido. Éste último negaba la destrucción, pero implicaba a don Rodrigo de Ortega, señor de Villar de Cantos, denunciando su presencia en el momento de sacar los papeles del difunto Pedro de Cuenca, y de nuevo salía a colación el nombre de don Francisco del Castillo de Inestrosa. Por supuesto don Rodrigo de Ortega, al que se tomó declaración un veinticuatro de noviembre de 1639, no aportó nada nuevo, salvo su ejecutoria de hidalguía, de la que desgraciadamente no se sacó traslado, y mencionar una ascendencia común con el pretendiente que llegaba vía paterna a los bisabuelos Diego y Francisco.

Tres miembros de la familia Güerta, en declaraciones calcadas una de otra, no reconocieron parentesco con la familia Ortega y un tal Jerónimo de Avilés, que mantenía dicho apellido, reconoció no tener ningún parentesco con los Ortega a los que reconocía lazos con el Señor de Minaya y el marqués de los Vélez de Murcia, que según decía se había alojado en casa de los Ortega en sus visitas a San Clemente. Los comisarios del Consejo de Órdenes habían concluido sus interrogatorios en San Clemente sin pruebas concluyentes contra el pretendiente, así que decidieron ir a Blanca en busca del que todos decían que podía ser el testigo clave: Don Francisco del Castillo e Inestrosa. Antes se pasaron por Alcaraz y Caravaca para hacer informaciones de la ascendencia materna del pretendiente. Sería en esta última localidad donde toparían con un testimonio no buscado, pero de enorme valor, el padre de la Compañía de Jesús Francisco Romero.

El padre Francisco Romero, jesuita y rector del Colegio de Caravaca, había residido años antes en el Colegio de la Compañía de Jesús de San Clemente. Había asistido en el momento de su muerte, hacia 1625, a don Miguel de Ortega, abuelo del pretendiente, y a petición de éste había intentado una reconciliación de última hora, en aras de favorecer la salvación de su alma, con sus enemigos, concretamente con uno de ellos, don Francisco del Castillo e Inestrosa, que había despreciado la reconciliación. Del testimonio del jesuita se refleja el odio entre ambos personajes, presentándonos a un Francisco del Castillo, que además era clérigo, obstinado en incumplir con su obligación cristiana de aceptar el perdón de su enemigo moribundo:

dicho día el padre Francisco Romero de la Compañía de Jesús retor que a sido de este Collegio de Carauaca juró de que lo que diría era la verdad= y fue el caso al dicho padre Francisco Romero que vivía en el Collegio de San Clemente le llamaron para disponer i andar a bien morir a don Miguel de Ortega el dicho padre lo hiço i saliendo de confesarle varias personas le admitieron que dicho don Miguel tenía algunos enemigos en la dicha villa en especial don Francisco del Castillo con el qual auía tenido grandes pesadumbres i que sería bien traerlos i en especial al dicho Francisco para reconciliarlos i acerlos amigos i quitar la nota i escándalo grande que auía en la dicha villa de San Clemente el padre Francisco Romero lo hiço i buscó a don Francisco del Castillo i le dio el siguiente recado de parte de don Miguel de Ortega= como se estaba muriendo i deseaba asegurar su salvación de todas maneras i perdonar a sus enemigos i que bien sabía que auía tenido enemistades capitales que hiciese merced de venirle a uer para perdonarle y pedirle perdón i el dicho don Francisco del Castillo nunca se quiso dexar persuadir con las raçones diuinas y humanas que el dicho padre le alegó para irle a uer como de hecho no quiso ir i el dicho padre le respondió= señor don Miguel de Ortega a cumplido con la obligación de cristiano i io con la de mi oficio como no quiere cumplir con la suia a Dios dará la cuenta i con eso lo dexo (folio 94 rº y vº)


Pero la obstinación de Francisco del Castillo de unos años antes había desaparecido cuando los comisarios del Consejo de Órdenes le encuentran en Blanca un doce de diciembre. Ahora es un anciano de 65 años, refugiado en el cuidado de sus ganados, y que, aunque se presenta a sí mismo como el mayor enemigo que an tenido padre y abuelo del pretendiente, quiere olvidar las afrentas pasadas. Reconocía que la familiatura de Diego de Ortega había estado empatada varios años tras la denuncia de un tal Juan de Gemio ante el comisario del Santo Oficio Pedro de Cuenca, que emparentaba a los Ortega con los Avileses Güertas, conocidos en el pueblo como judíos notorios, pero lo atribuía a una invención de los enemigos de los Ortega sin darle veracidad a este papel como tampoco se la daba a lo que el llamaba el truco de la abuela. Su declaración dejaba el camino libre para la obtención del hábito de Santiago a don Diego de Ortega y Guerrero. A continuación todos los Pachecos de la comarca saldrían en su apoyo, recordando el glorioso pasado común de la familia de asentadas raíces en los años de la Reconquista.


*La información de dicho proceso nos la da el profesor Vincent Parelló. Según su estudio de los Castillo y, en concreto, el expediente 5416 del legajo 381 del Archivo Diocesano de Cuenca, nos refiere a don Francisco del Castillo e Inestrosa como descendiente de Violante González, cuyos huesos fueron quemados en la plaza Mayor de Cuenca en 1497. En 1613 Francisco del Castillo que era regidor de San Clemente y miembro de la compañía de Jesús sufrió un proceso inquisitorial por criptojudaísmo y blasfemia. Ya entonces considerado como notorio descendiente de judíos (de lo cual él no se arrepentía: boto a Dios que sé mui bien que soi judío de señal o descendiente de judíos de señal) y hombre desvergonzado y bellaco, cuyas opiniones heréticas eran propias de un arriero. Sus blasfemias iban contra Dios, la Virgen o los Evangelios, negando por ejemplo la resurrección de Lázaro. De San francisco decía que tocándole a la honra perdía la paciencia. Aunque más peligrosas eran sus amistades: mantenía relaciones con Simón Rodríguez y la comunidad portuguesa, que ya hemos estudiado, y había estado en Roma al servicio del marqués de Villena, lo que al parecer había aprovechado para visitar la sinagoga de esta ciudad.



La información sobre Francisco del Castillo y la persecución inquisitorial que sufrió la familia se puede ver en el magnífico trabajo del profesor Vincent Parelló:


Vincent Parello, «Los Castillos ante el tribunal de la Inquisición de Cuenca (siglos xv-xvii)», Les Cahiers de Framespa [En ligne], 18 | 2015, mis en ligne le 26 juin 2015, consulté le 11 juin 2016. URL: http://framespa.revues.org/3220 ; DOI : 10.4000/framespa.3220


Anexo: fe de bautismo de don Diego de Ortega Guerrero

En la villa de San Clemente a veinte i siete días del mes de mayo de mil i seiscientos i veinte i tres años yo don Juan de Cavallón teniente mayor del beneficiado bapticé a Diego hijo de don Diego de Ortega y de doña Beatriz Guerrero su legítima muger nació a primero de mes de abril de dicho año fue su compadre de pila el moço declarósele la obligación i parentescofueron testigos Esteban Sánchez y Bartolomé López y lo firmé Juan de Caballón i a la margen de la dicha partida dice don Diego Ortega i Guerrero (fol. 57 vº)



AHN. ÓRDENES MILITARES. CABALLEROS DE SANTIAGO. Exp. 6009. Don Diego de Ortega Guerrero, 1639, folio 21 rº y vº.

martes, 3 de mayo de 2016

Cómo los Garnica entroncaron con la Grandeza de España (1593): El calvario de Gaspar de Garnica


En la uilla de San Clemente en veinte y nuebe días del mes de nobiembre de mill e qinientos e noventa e tres años, el señor don Juan de Venavides y Mendoça corregidor e justicia mayor deste partido por su magestad dixo que mandaba e mando se notifique a doña Juana de Balderrama, viuda de Fernando de Avilés, en cuya casa y poder está doña María de Avilés su hija, de oy en adelante no consienta que don Jorje de Mendoça entre ni esté en su casa ni de noche ni de día ni le rreciba en ella y al dicho don Jorje se le notifique lo mismo para que no entre y estando en la dicha casa se salga luego della y así lo cumplan cada uno por su parte so pena de cada mill ducados para la cámara de su magestad y que procederá contra el que no lo cumpliere conforme a derecho y fírmolo don Juan de Venavides y Mendoça, ante mí Francisco Rodríguez

De esta guisa rezaba el auto de veintinueve de noviembre del corregidor Benavides. Dispuesto a hacer cumplir su mandato, envío a notificarlo a casa de Juana Valderrama al escribano, acompañado del alguacil Gonzalo Sánchez de Maguilla, encargado de sacar de dicha casa al infortunado Jorge de Mendoza. Doña Juana de Valderrama no se arredraría y protestaría el auto

v. m. do debe dar lugar que se perturben los matrimonios, apartando y que no estén juntos haciendo vida maridable marido y mujer ... 

...que se cumpla

contestaría secamente el corregidor. El dos de diciembre el que protestaba ante el Consejo Real, apoderando a Francisco de la Fuente Comeño, era el propio don Jorge de Mendoza y Aragón. Pero quien llevaba las riendas del pleito era doña Juana Valderrama, por eso, enseguida el procurador de don Jorge delegara sus poderes en favor del procurador de aquélla, Francisco Enrique de Paz, que representaría a toda la familia hasta el final del proceso. Eso sí, don Jorge Mendoza escribiría una carta de su puño y letra dirigida a la Corte, quejándose del corregidor Benavides, cuya acción de gobierno se guiaba por el odio a su persona y tendente a perturbar su vida maridable. Dicha carta acompañaría a una nueva petición de quince de diciembre al Consejo Real para que don Jorge pudiera entrar en casa de su suegra.

Las dudas, que el Consejo Real mantenía, impedían una rápida resolución del conflicto. Es más el pleito se envenenaba con otras desavenencias marginales. En la segunda fase de su arresto, unos pocos días, don Jorge Mendoza había estado confinado en el ayuntamiento de la villa y custodiado por el alguacil Juan Ruiz; el corregidor pedía que los Garnica, responsables solidarios de don Jorge (que para esto si tenía valor legal el matrimonio), pagaran las costas y salarios del alguacil. En total Juan de Benavides pedía a los Garnica cuatrocientos reales, comenzando a sacar prendas  como garantía de una futura ejecución de bienes. Además la situación de Gaspar de Garnica, que para finales de diciembre llevaba ya ochenta días preso, acusado de ser testigo en el desposorio, estaba enconando los ánimos, al verse la prisión como acto arbitrario y pasional del corregidor

y caso que ubiera alguna culpa se debe tener ya por bien satisfecha y purgada con tantas días y tan larga prisión

Tras sucesivas peticiones, solo el 23 de diciembre el Consejo Real determinará su libertad condicional por un periodo de cuarenta días, tras satisfacer fianzas y pago de costas del juicio. Esta libertad provisional se ejecutaría por la Pascua de Navidad, pero pasados los cuarenta días Gaspar de Garnica volvería a la cárcel. La situación empantanada intentaría ser desbloqueada por la personación en la causa del otro testigo del matrimonio. Desde Belmonte, el tres de enero de 1594, Antonio de Oma Zapata dará su poder a procuradores para personarse ante el Consejo Real como víctima de la ´persecución del corregidor de San Clemente. Y es que Juan de Benavides había enviado varias cartas requisitorias a la justicia de Belmonte (jurisdicción señorial del marqués de Villena) para prender a Antonio de Oma. Por supuesto al amparo de la jurisdicción señorial las cartas no habían tenido ningún efecto ni parece que se llegase a un conflicto de competencias entre la jurisdicción señorial y real, pero ahora Antonio de Oma planteaba el caso ante la Corte, sin duda en apoyo de su sobrino Gaspar de Garnica y quizás viendo la posibilidad de verse libre de unos cargos, una vez conseguida la medida benevolente de la libertad provisional de su pariente. Y lo consiguió, pues el Consejo de Real determinó la conclusión de las actuaciones contra Antonio de Oma, lo que no dejaba de ser una contradicción, tal como se reconocía en una nota marginal, con la situación de acusado y preso en que quedaba Gaspar de Garnica.

Pero tal contradicción no era tan evidente para el corregidor, que, iniciado el mes de febrero y acabada la cuarentena de gracia, metió en la cárcel nuevamente a Gaspar de Garnica. Se le exigía ahora que presentara testigos que dieran fe de su inocencia, pero dado el rigor de la justicia contra el preso pocos se atrevían a testificar. Juana de Valderrama implorará al Consejo Real por su hijo a mediados de febrero. Para entonces el pleito sobre el casamiento está concluso y los novios llevan vida maridable en casa de la madre y suegra. Nuevo auto del Consejo Real que determina, una vez pagadas nuevas fianzas, la soltura, esta vez por treinta días, del preso. Solamente el 31 de marzo de 1594 por auto del doctor Núñez Morquecho se decidirá la libertad definitiva de Gaspar Garnica; tendrá que pagar nuevas fianzas. Como muestra de las resistencias que debió provocar su libertad, baste decir que el auto de libertad viene precedido por otro tachado e ilegible, que no debía ser tan favorable.



AGS. CRC, 434, 7.  El corregidor de San Clemente, Juan de Benavides y Mendoza, contra Jorge de Mendoza, hijo de Iñigo López de Mendoza, y María Garnica Avilés, porque se casaron sin amonestaciones. 1593





lunes, 2 de mayo de 2016

Cómo los Garnica entroncaron con la Grandeza de España (1593): el buen nombre de la familia

El Consejo Real tendría conocimiento del desposorio de San Clemente con fecha de veinte octubre, ordenando al corregidor que iniciara una serie de pesquisas tendentes  a averiguar lo sucedido. Las informaciones de testigos se desarrollaron a lo largo del día 31 de octubre de 1593; el corregidor elegiría personas próximas y de confianza, pero con influencia y poder en la villa, pues con sus testimonios se trataba de demostrar la poca calidad y nobleza de los Garnica.

El primero de los testigos llamados sería Martín Alfonso de Buedo, tesorero de rentas reales de Marquesado de Villena. Avecindado en San Clemente, este hombre contaba  con treinta y tres años. Doce años después, en 1605, moriría. Su repentina muerte, dejaría a su viuda Catalina de Buedo incapaz de defender los derechos a la tesorería de su hijo menor Martín, frente a su tío. Le seguiría en las declaraciones el licenciado Alonso Ruiz de Villamediana, de 62 años, de familia cristiana vieja y con fama de limpia y noble en la villa, y cerrarían los testimonios dos Ortega. Francisco de Ortega, el padre, de 64 años, ya había cedido el testigo familiar a su hijo Rodrigo, el futuro señor de Villar de Cantos, y fundador del mayorazgo familiar junto a su esposa Ana Rosillo años después. Rodrigo de Ortega era regidor perpetuo de la villa y contaba entonces con 32 años.

Las declaraciones de estos testigos obviaron las acusaciones contra el cura Tébar, para centrarse en las calidades de los Garnica. No es extraño, pues Francisco de Ortega estaba casado con una Tébar de nombre Jimena. En la declaración de otros como Martín Alfonso de Buedo debió pesar más su proximidad al poder público ostentado por el corregidor, pues él también desempeñaba un cargo público. Es más dudosa la declaración de Alonso Ruiz de Villamediana y el interés que podía tener en declarar contra los Garnica, pero fue la declaración que más detalles aportó. Por el licenciado Ruiz de Villamediana, sabemos que el día del matrimonio, cinco de octubre, fue martes y que en el pueblo no se supo nada del mismo hasta el domingo 10 de octubre, cuando el matrimonio fue denunciado en la Iglesia Mayor de Santiago

este testigo no supo del dicho desposorio hasta o quatro o cinco días después de hecho porque dicen que fue secreto e sin amonestaciones y que el probisor deste obispado de Quenca había dado licencia para que se desposasen de presente syn denuciación alguna y que después de desposados se hiciesen, e ansí después una fiesta oyó este testigo denunciarlos en la yglesia desta uilla

la denuncia debió venir desde el púlpito, pero ¿quién hizo la acusación en ausencia del excomulgado doctor Tébar? No lo sabemos. Pero las acusaciones pusieron en acción al corregidor Benavides que veía en este enredo matrimonial la sombra de dos clérigos, el propio doctor Tébar y Tristán Pallarés. Pero si en el primer caso, hasta el sacristán puso su pequeña parte en la acusación, nadie se atrevió (a excepción del corregidor) a acusar a Tristán Pallarés. Este clérigo, que había nacido en la época en que murió su antecesor García Pallarés, vivía el final de su vida por estos años y heredará de su antecesor la memoria de aquel noble hombre de clara estirpe para cuantos viajeros pasen ante su epitafio, en la capilla de su nombre; pero al igual que el doctor Tébar era un hombre de su tiempo, ya su tío Tristán Pallarés el viejo estuvo implicado en los sucesos de julio de 1553, ya narrados, y el sobrino andará metido en otros más mundanos, que narraremos, como sus amoríos con la viuda de uno de los Herreros, allá por 1566.

La actuación del corregidor, tras la denuncia, fue inmediata, ordenando el arresto domiciliario de Juana de Valderrama y su hija María y la reclusión de don Jorge en su propia casa. Pero fue especialmente apasionado, tal como denunciará la familia Garnica, en el proceder contra Gaspar Garnica, que sin duda sabedor de lo que se le venía encima había huido a Motilla del Palancar, donde fue apresado y trasladado a la cárcel de San Clemente, para iniciar allí un auténtico calvario. Más suerte debió tener Antonio de Oma Zapata, alejado en Belmonte, bajo el amparo de la jurisdicción privada del marqués de Villena.

Posteriormente vendría la información de los testigos arriba referidos, donde el corregidor Benavides obviaría los temas más escabrosos de las detenciones, para centrarse en la poca calidad del difunto Hernando de Avilés, hombre llano y pechero, y minusvalorar la hidalguía de Juana de Valderrama, por los cuatro costados, pues era gente humilde. Las acusaciones continuarían contra los testigos del matrimonio Antonio de Oma y Gaspar Garnica, cuyo valor de testigos debía ser puesto en entredicho, pues eran deudos de la contrayente. La información sería remitida al Consejo Real por el corregidor Benavides.

Pero los Garnica no estaban dispuestos a jugar el papel de espectadores y víctimas de las diligencias del corregidor. Doña Juana de Valderrama, desde su arresto domiciliario, apoderaría a Diego de Palomares para que se encargara de presentar testigos que defendieran la limpieza, nobleza y calidad de su familia*. Además pidió, en lo que sin duda era un menosprecio a la competencia jurisdiccional del corregidor, que sus testigos fueran examinadas por el alcalde ordinario de la villa de San Clemente, el licenciado Alonso Muñoz. La defensa del honor familiar, en una familia que como pocas en el pueblo podía presumir de nobleza, se intentaba extender a la defensa del buen nombre del difunto Hernando de Avilés, que era un miembro del clan de los Origüela, pero a decir de sus defensores

fue ombre muy principal y onrrado y rregidor perpetuo desta villa de San Clemente hasta que murió muy emparentado con toda la gente más onrrada y noble y principal del pueblo y su comarca y él y sus padres e agüelos e antepasados ostentaron siempre mucha honrra e autoridad y buen punto e como los más delanteros desta tierra e como personas que siempre an podido y valido mucho, tiniendo de ordinario los oficios de alcaldes e rregidores desta villa e de presente es rregidor  perpetuo della Gaspar de Gárnica e Avilés hijo del dicho Hernando de Avilés

Destacamos intencionadamente ese an podido y valido mucho, en lo que tiene de voluntad de anteponer una nobleza fundada más en el mérito y el valor personal, que conduce a la primacía social, por encima de una nobleza de la sangre. Los testigos ratificarían el poder de la familia Avilés-Garnica en la vida municipal sanclementina, pero también la exhibición de ese poder y riqueza con los aderezos propios de su condición hidalga. El primer espaldarazo a los Garnica vino de los Pacheco, en concreto de Francisco Pacheco de Guzmán, que, a sus sesenta años de edad, era propietario de una de las regidurías perpetuas del ayuntamiento. Su testimonio tenía el valor que le daba su propio apellido y fue parco. Pero sería ratificado por el siguiente testigo, Alonso de la Fuente Zapata, aportando los detalles de un hombre mayor de sesenta años que conocía a la familia

conosció a Fortuno de Garnica, padre de la dicha doña Juana, hombre hijodalgo, christiano viejo e muy principal e a Mari Pérez de Oma su madre, hija de Pedro de Oma, hijodalgo executoriado y al dicho Hernando de Avilés su marido... hombre principal y tener casa e criados como tal e aderezos de casa y plata que ningún cavallero de toda la tierra le hazía ventaja... con mucha autoridad e con mucha ventaja en el tratamiento de sus personas como de criados e muy bastecidas e muy regalada la dicha su casa de todo lo necesario y de manera que se tenía particular quenta en esta villa de buen término y buen tratamiento que en la dicha su casa avía

Doña Juana de Valederrama, en palabras de otro testigo, el regidor Llanos de Tébar, a la sazón de 53 años, había procurado que su hija María apareciera como mujer principal de cara a sus vecinos

llevándola siempre delante bien aderezada y vestida con escudero e criadas como hija de padres tan onrrados y principales

Otros testigos, personas principales y mayores de la villa, y en algún caso también deudos, defenderían la hidalguía de los Garnica. Entre ellos, Antón Dávalos Jiménez, de sesenta años, que no había sido precisamente amigo de los Garnica en su juventud, y un deudo, anciano de 73 años, Juan Ángel.

Mientras en la Corte, los derechos de los Garnica estaban representados por el procurador Baltasar Romero, que haría llegar al Consejo Real las informaciones hechas en San Clemente. Conseguirá real provisión para la familia el ocho de noviembre, ordenando la puesta en libertad de los Garnica en el plazo de ocho días. La motivación era que el juez ordinario eclesiástico podía, tal como permitía el concilio tridentino, dispensar de las amonestaciones a su libre albedrío. Con esta provisión, llevada a San Clemente, por Diego Palomares, fue requerido el corregidor Benavides el once de noviembre. Eran testigos Francisco de Astudillo y Alonso de Valenzuela. El corregidor, conocedor sin duda del dicho castellano obedézcase pero no se cumpla, atrasó el cumplimiento de la real provisión a que el Consejo Real se pronunciara sobre las informaciones que él mismo había remitido.

Baltasar Romero pediría el 16 de noviembre se diera nueva sobrecarta para la soltura de sus partes. Se unía a la petición, la querella que, contra el corregidor, presentaba ante el Consejo Real el propio don Jorge Mendoza, que se quejaba de su prisión, que ahora, en condiciones menos benignas, se había trasladado a la casa del ayuntamiento bajo custodia de un alguacil. El Consejo Real decidirá la libertad de los detenidos el 18 de noviembre. Esta vez el corregidor Juan de Benavides cumplirá la orden. A la casa de Juana de Valderrama, acudirá el joven Jorge de Mendoza en busca de la compañía de su esposa María. Poco les duró la felicidad a la pareja, pues hasta allí mandó el corregidor un alguacil para sacar a don Jorge, pues el auto del Consejo Real en modo alguno toleraba la cohabitación de los recién casados sin amonestaciones ni él corregidor estaba dispuesto a permitir tal escándalo público.

Además, el auto del Consejo Real excluía de la libertad a Gaspar de Garnica. Sin duda lo comprometido que había estado el joven en el matrimonio, trayendo a San Clemente a don Jorge de Mendoza, pesaba en su contra; aunque creemos que no tanto como su actitud díscola ante el corregidor, que le profesaba especial inquina, poco dispuesto a tolerar los desacatos de un regidor por joven e inexperto que fuera. Don Juan de Benavides lo tenía, en palabras de su madre,

entre galeotes, haciéndole otras muchas molestias, costas y vejaciones

En la cárcel pública de San Clemente permanecería seis meses Gaspar de Garnica, víctima de la enemistad y obcecación de Juan de Benavides y Mendoza. Y cuatro meses más, contados desde el uno de diciembre, mantendrían su pleito los Garnica.




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*Se puede ver una genealogía bastante acertada de los Oma y Garnica en el blog que abajo detallamos sobre el apellido Granero, aunque ponemos en duda algunas fechas, es destacable la presencia de familias vascas como los Oma en relación con la construcción de edificios religiosos y civiles en la zona.
http://apellidogranero.blogspot.com.es/2011_11_24_archive.HTML



(Imagen): Luis de SALAZAR: Árboles de costados de gran parte de las primeras casas de estos reynos, cuyos dueños vivían el año de 1683. Imprenta de Antonio Cruzado. 1795. Universidad de Laussane, pág. 171. (Donde aparece el apellido Osma, se corresponde con Oma)














AGS. CRC, 434, 7.  El corregidor de San Clemente, Juan de Benavides y Mendoza, contra Jorge de Mendoza, hijo de Iñigo López de Mendoza, y María Garnica Avilés, porque se casaron sin amonestaciones. 1593