El corregimiento de las diecisiete villas

IGNACIO DE LA ROSA FERRER

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EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA
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domingo, 8 de abril de 2018

Sobre los Haro y la presencia del marqués de Villena en la villa de San Clemente



Los Haro se habían establecido en San Clemente con Francisco de Haro, al que los mayores vecinos de ochenta años recordaban vagamente, como persona llegada desde Ocaña con su mujer Leonor del Trigo; se le suponía hidalgo, pero no había constancia particular de este hecho, aunque a la familia se le reconocía tener mucho favor de don Juan Pacheco, maestre de Santiago y I marqués de Villena. Es en el San Clemente, señorío de Juan Pacheco, en el que se asientan los Haro y bajo cuya protección consolidan una importante hacienda de bienes raíces. A pesar, de testimonios exculpatorios de hidalgos como Alonso de Palacios, que decía que los hidalgos de San Clemente no habían participado en la guerra del Marquesado, resulta poco creíble que los Haro se hubieran mantenido al margen de la guerra. Otra cosa sería dudar de su fidelidad al marqués.

Pero con los Haro ocurre lo mismo que con otros hidalgos que llegan a la llanura manchega en el siglo XV, se desconoce todo de ellos. Quizás llegados fruto de la necesidad o de la oportunidad, siempre ocultaron sus orígenes. El caso de Francisco de Haro es paradigmático. Se desconocía tanto de él, que algún testigo incongruentemente decía que había fallecido hacía 110 años, es decir poco después de 1420, antes de nacer su hijo Diego de Haro.

El sojuzgamiento de San Clemente bajo los Pacheco no era mal recordada por los ancianos o el recuerdo que había dejado en sus herederos al menos no era rechazable. En aquella época se establecieron hidalgos al servicio del marqués (que en la pechera San Clemente debieron renunciar a su hidalguía). Junto a los Haro, lo hicieron los Origuela, Ludeñas o Pachecos de Minaya. La llegada de esta élite fue acompañada de personas de todas partes en búsqueda de oportunidades. Nos han quedado algunos de sus nombres: Pedro, venido de Palomares, aldea de Huete, Juan López de Palomera, llegado desde Cañada del Hoyo, Alonso de Esteban López o los hermanos Ángel y Alonso Crespo. El caso de Alonso García es paradigmático de estos hombres errantes en busca de trabajo. Llegado hacia 1473 a la villa de San Clemente desde la Alberca, distante dos leguas, se había empleado como muchos otros a jornal en el campo. Alternando la residencia entre San Clemente y la Alberca, terminada la guerra se casó para volverse a la Alberca, pero tras un primer intento, regresó definitivamente a San Clemente en el cambio de siglo para establecerse como pastor. Como pastor estuvo al servicio de Hernán Vázquez de Haro y del suegro de éste, Miguel Sánchez de los Herreros. Hernán Vázquez de Haro, a diferencia de su padre Diego, que tenía heredad en Villar de Cantos, se había decidido por las ovejas para incrementar su hacienda familiar. Diego era un militar al servicio de los Pacheco, recompensado con tierras; Hernán era un hacendado ocupado de sus negocios. El oficio militar de Diego de Haro nos los recuerda el pastor Alonso García
que en tienpo de Diego de Haro la villa fue del marqués de Villena que hera maestre de Santyago que se dezía don Juan Pacheco que con el dicho maestre lo vyo venir a guerras que se ofresçían en el Rreyno e yva con quatro o çinco escuderos como cavallero prinçipal porque entonçes byvía con el dicho marqués de Villena hijo del maestre  de Santiago que no sabe sy llevaba acostamiento del que lo seguía como a señor en lo que le mandava
Este carácter trashumante de Alonso García nos muestra las propias vicisitudes y evolución de la villa de San Clemente en su reafirmación como pueblo en un contexto de dificultades bélicas. El pueblo, que apenas contaba con 130 casas, cuando pasa en 1445 a manos de Juan Pacheco, vivió una época, bajo su sojuzgamiento, de desarrollo y crecimiento demográfico, pero la peste que se desató en la villa y la guerra inmediatamente posterior (a pesar de que el enfrentamiento no fue tan enconado como en Villanueva o Iniesta) dejaron a la villa exhausta. La época de yugo de los Pacheco fue de desarrollo hasta la guerra, pero es de temer que de conflictos y tensiones. Ya desde 1445 la villa se guardó de excluir a los hidalgos, criados del marqués, del gobierno de la villa, pero tuvo que ver como los criados del de Villena, se asentaban en la villa: Origüelas, Castillos, Haros o Pachecos fueron recibidos con el recelo que se puede esperar hacia unos extranjeros. Una nueva élite que se superponía a la república de labriegos que para entonces era la villa. Hubo que esperar a la década de los noventa para la recuperación, interrumpida brevemente por la crisis alimentaria y pestífera a la muerte de la Reina Isabel. Solo entonces llegaría el despegue definitivo. De la vida de Alonso García se deduce que el impulso prmigenio de San Clemente vino de los pastores, que ocuparon el espacio dejado por unos campos arruinados por la guerra. El empujón definitivo lo daría la elección y predilección de las viñas como cultivo agrario.

Pocos testimonios nos ayudan a conocer la villa de San Clemente en la segunda mitad del siglo XV como el de Isabel la Rubia. Esta anciana de 85 años, había nacido hacia 1445 en Osa de la Vega. Con doce o trece años se había desplazado a San Clemente o, más bien como ella narraba la trajeron allí al servicio de la marquesa de Villena
que es natural de la Osa a nueve leguas e syendo de hedad de doze o treze años la truxeron a San Clemente en poder e casa de la marquesa de Villena con quien bivió por tienpo de nueve años e la casó después que fue de hedad de veynte años e después que la truxeron unos rregidores de la Osa a casa de la marquesa syendo de la dicha hedad de los dichos doze o treze años hasta agora a la contynua a sydo vezina y estado casada e bivda e moça en poder de la dicha marquesa en la dicha vylla de San Clemente... eçebto que andando en serviçio de la dicha marquesa fue al Castillo de Garçimuñoz e a otros lugares de la comarca pero la más rresydía en San Clemente
Así, María Portocarrero, mujer de Juan Pacheco, marqués de Villena y maestre de Santiago, tomó por residencia habitual la villa de San Clemente. Alejada de Belmonte prefería una villa abierta y de labradores. Solo de este modo se entiende la fijación de su morada en la villa de San Clemente de numerosas personas, hidalgas y pecheras, desde mediados de siglo. El hecho no es baladí, pues estamos ante la razón histórica por la que San Clemente alcanzó el prestigio que le permitiera décadas después ser la principal villa de la región. Por la casa de María Portocarrero se dejaba ver Francisco de Haro, aunque su residencia era Ocaña, y junto a la casa de María Portocarrero estableció su propia morada el hijo de Francisco, Diego de Haro. Así lo contaba Isabel la Rubia:

ARCHIVO DE LA CHANCILLERÍA DE GRANADA. Pleito de hidalguía de Hernán Vázquez de Haro. 1531-1532. (Signatura antigua: 303- 381-15) Imagen 981

que al tienpo esta testiga fue criada de la marquesa de Vyllena e la dicha marquesa byvía çerca de las casas del dicho Diego de Haro y que esta testigo traya en los braços a don Juan Pacheco que después fue  marqués de Vyllena  e se yba con él por las calles e parava por la calle del dicho Diego de Haro e a vezes entrava en su casa
 Es evidente que Isabel la Rubia difícilmente podía llevar en sus brazos al maestre de Santiago, Juan Pacheco, que por entonces era un hombre hecho y derecho, pero tal vez estemos en un lapsus en la memoria de la anciana, que en sus años de mocedad a quien realmente llevara en brazos era a don Diego López Pacheco, II marqués de Villena. Si es así, podríamos aseverar que el nacimiento del II marqués de Villena, objeto de divergencias entre historiadores, sería en la segunda mitad de la década de 1450, una vez canonizado el matrimonio entre sus padres. La impericia de Diego López Pacheco, un adolescente a la muerte de su padre Juan Pacheco en 1474, explicaría muchas de sus desafortunadas acciones en unos momentos claves de la Historia de España.

Pedro Palomares el viejo trabajaba como jornalero para Diego de Haro. Había llegado a San Clemente hacia 1460, procedente de Palomares, aldea de Huete. Por esas mismas fechas había llegado a San Clemente Diego de Haro, donde había vivido hasta su muerte entre 1480 y 1485, con sesenta años. Juan Diente se acordaba de haber cavado su sepultura. La razón de su llegada era su matrimonio con Urraca Ludueña, procedente de Chinchilla, que cuando casó con Diego era viuda del comendador Juan de la Panda (que algún testigo decía haber sido muerto). Diego de Haro tenía dos hermanas: Una de nombre desconocido, que casó con caballero de la Alberca, un tal Villoria, que se tenía por pariente del maestre Juan Pacheco, y otra de nombre Blanca. Un tal Juan de Haro, que era señor de Villar del Saz y luego fue corregidor de Alcaraz, era primo hermano de Diego de Haro. Diego de Haro formaba parte de la baja nobleza al servicio del Marqués de Villena, don Juan Pacheco. Fue su capitán, asistente o guarda suyo en la villa de Castillo de Garcimuñoz .A decir de Alvar Ruiz del Castillo, escribano de la villa de San Clemente desde 1490,
conosçió al dicho Diego de Haro çinco o seys años asy viéndolo en el Castillo de Garcimuñoz  syendo guarda del Castillo de Garcimuñoz que hera cargo más que alcaide que hera sobre todos los que en él estaban
Diego de Haro, que pasaba gran parte de sus días, en su residencia de Villar de Cantos (donde tenía sus propiedades, tal como nos recordaba Alonso de Rebe, o el Robe, que cavaba sus viñas y sembraba sus panes), acudía a los llamamientos del maestre de Santiago con sus escuderos, participando en guerras como las de Fuenterrabía. Conocemos el nombre de algunos de estos escuderos: Martín de Parada, Pedro Tercero, Pedro de Games y Alonso Álvarez de Rebe. Durante las guerras del Marquesado tuvo una participación muy activa al servicio del marqués de Villena
que quando la vylla hera del marqués Vyllena contra el señor Rrey los hidalgos que en la dicha vylla avya  yvan a llamamiento del dicho marqués de Vyllena y entre ellos yva e fue el dicho Diego de Haro y el tienpo que el dicho Diego de Haro byvió el dicho marqués le dio cargos de corregidor en su tierra e le trató como a su criado e persona favoresçida
Una de las personas que mejor podía dar fe de la hidalguía de Diego de Haro era Juan Rosillo, el hijo de Juan López Rosillo, el libertador del Marquesado de Villena, enemigo declarado del marqués de Villena. Juan López Rosillo había fallecido hacia 1510 con ochenta años de edad. Era un contemporáneo de Juan Pacheco. Era una generación que sabía valorar las cualidades de sus enemigos. Francisco de Haro era considerado como un gran caballero e persona de mucha estyma e valor en Ocaña. En esta villa había nacido Diego de Haro, hacia la década de los treinta del cuatrocientos, de la generación de Juan Pacheco y de Juan López Rosillo.

Nos queda la duda, por la imprecisión de los testimonios, pero creemos que Diego de Haro mutó su fidelidad a favor de la Corona, una vez muerto el marqués de Villena y participó a favor de Isabel en la batalla de Toro durante la guerra de sucesión castellana. No solo él, los vecinos de San Clemente lucharon en Toro a favor de la reina Isabel
vydo como el señor don Enrrique de gloriosa memoria (quiere decir Isabel) tratava e trata guerras en este Rreyno con el Rrey de Portugal e quando fue la guerra de Toro los hidalgos e algunos labradores de la dicha villa de San Clemente fueron a la dicha guerra por llamamiento del dicho señor don Enrrique y este testigo los vydo yr a ella saliendo como salieron de la dicha villa con sus armas e cavallos y entre ellos vydo que heran Diego de Haro e quatro de a cavallo con él que heran sus escuderos que se dezían Martín de Parada e Juan de Vuedo (?) e Pedro Terçero e Pedro de Games y después los vyo venir de allá
Diego tuvo dos hijos: Hernán Vázquez de Haro y Francisco de Haro, que ya había fallecido en 1531, dejando un hijo llamado Pedro, vecino de Alcaraz. Hernán Vázquez de Haro había cumplido con sus obligaciones militares como hidalgo, en el cerco de Salses, atacada en 1503 por los franceses. Aunque Hernán, a diferencia de otros hidalgos de la villa, había excusado sus deberes, mandando a un  sustituto
dixo que puede aver veynte ocho años poco más o menos que este testigo vydo que los fidalgos que ovo en la dicha villa de San Clemente fueron llamados por mandamyento de los Rreyes Católicos para yr a la guerra de Salsas que entonçes tenía çercada el Rey de Françia e de los pecheros fueron muchos peones que tanbién fueron los escuderos de acostamiento que ay en la dicha villa
Hernán, de niño había huido de la villa de San Clemente, azotada por la peste, tal como contaba Alonso de Palacios, hidalgo de Vara de Rey. Estaríamos hablando de los años anteriores a la guerra del Marquesado, en torno al primer quinquenio de la década de los setenta
que de antes rresidió en Vala de Rrey donde conoció al dicho Hernán Vázquez de Haro e en otros lugares de la comarca syendo niño andando su padre fuyendo de la pestilençia de San Clemente 
A Vara de Rey, y a casa de un clérigo llamado Martín López Palacios,  volvería Hernán Vázquez de Haro a aprender a leer (el estudio de gramática de San Clemente es de 1495). Hacia  1490, quando no hera ganada Granada, Hernán, que contaba por entonces con una veintena de años, había casado con María, una de las hijas de los hombres más ricos de San Clemente: Miguel Sánchez de los Herreros. Del matrimonio nacieron tres hijas. Una de ellas se casó con el señor de Minaya y las otras dos con caballeros, entre ellos, un hidalgo de Campillo de Altobuey, llamado Pedro de Jaraba. El hermano de Diego de Haro, Pedro, con una tal Urraca de Alcaraz, tenida por una de las mujeres más ricas de esta ciudad. Pero el reconocimiento de la riqueza no venía acompañada de la hidalguía en la pechera San Clemente. Por eso, Hernán al igual que otros hidalgos habían tenido que acudir a la Chancillería de Granada para demostrar su naturaleza noble, al no disponer de ejecutorias, ante una villa que les había exigido en 1531, que exhibieran esos títulos. Hasta entonces los hidalgos se habían dotado de otros títulos o actos positivos de dudoso valor para el concejo sanclementino: la creación de un ayuntamiento de cuatro electores para el nombramiento en la iglesia de Santiago de alcalde de la hermandad; la confección de un padrón propio donde se anotaban los hidalgos para un reparto diferenciado del cobro de la alcabala, y la expedición de albalaes para la reducción del precio de la carne y pescado, libre de impuestos. El repartimiento de la alcabala se había convertido en todo un símbolo político. Impuesto universal que debían pagar todos, pero los hidalgos se negaban a inscribirse con los padrones de los pecheros. En un principio, los nombres de los pecheros eran leídos en los repartimientos de la Iglesia de Santiago Apóstol. En el primer tercio del siglo XVI, con la construcción de un edificio civil para las reuniones del concejo, dos representantes de los hidalgos se reunían en una sala del ayuntamiento con los cogedores de alcabalas donde elaboraban una lista propia para el reparto diferenciado de la alcabala. Mediado el siglo, los padrones incluían a unos y otros. San Clemente no quería tener padrones de hidalgos.

La lista de los que se pretendían hidalgos en 1531 era larga: Hernán Vázquez de Haro, el bachiller Francisco de Resa, Francisco de Hermosa, Diego y Felipe, hijos de Diego de Valera, Jerónimo de Montoya, Baltasar Granero, mosén Cifre, Alonso de la Serna, Hernando de Melgar, Juan Hernández de Pareja, Diego de Resa, Alberto de las Muelas, Juan de Ybarbuena vizcaíno, Pedro de Arta vizcaíno, Pedro de Oma vizcaíno, Pedro Gómez Hidalgo, Martín Ruiz y Juan Ruiz, hijos de Machín vizcaíno. Muchos de los citados eran canteros vascos; otros hidalgos en su lugar de origen, pero que no se habían preocupado de obtener ejecutoria de hidalguía en su lugar de residencia. Gracias a este macroproceso hoy tenemos varios pleitos que nos ayudan a conocer un poco más de la historia de San Clemente.

Hernán Vázquez de Haro obtendría sentencia favorable, declarando su hidalguía, de la Chancillería de Granada el 22 de abril de 1532.



Relación de testigos presentados por Hernán Vázquez de Haro

Pedro Palomares el viejo, pechero, 85 años
Juan Diente, sepulturero de 80 años
Alonso de Chinchilla, hombre pechero, 65 años
Francisco Rosillo, hombre pechero, 67 años, procurador síndico de la villa en años anteriores y alcalde de la hermandad por los pecheros (junto a Hernán Vázquez de Haro por los pecheros)
Juan López de Palomera, hombre pechero, 70 años o más. Llegado a San Clemente desde Cañada del Hoyo, con dos años y medio de edad.
Alonso de Palacios, hombre hijodalgo, 72 años, vecino de San Clemente desde hace 44 años, antes morador de Vala de Rey. Conoce a Diego de Haro y Hernán, cuando este era un niño y huía de la pestilencia que azotó a San Clemente (antes de las guerras del Marquesado)
Alonso de Esteban López, vecino pechero, 66 o 67 años.
Alonso García de la Alberca, el pastor, 73 o 74 años
Alvar Ruiz del Castillo, hombre pechero, escribano, natural de Castillo de Garcimuñoz y vecino de San Clemente (ca. 1490). 75 años
Cecilia López, mujer de Gil Hernández de Alfaro, alcalde ordinario que fue, difunto, mujer pechera, 66 años
Teresa de Bonjorna, mujer que fue de García de Bonjorne, mujer pechera, 75 años, natural de Santa María del Campo Rus, vecina de San Clemente desde 1570, donde había llegado en compañía de sus padres
Urraca Méndez de Ludueña, mujer hijodalga que fue de Antón Granero, hidalgo; 60 años, prima hermana de Urraca Ludueña, mujer de Diego de Haro, e hija de Sancho de Ludueña, comendador de la Mota. Natural y vecina de San Clemente, estuvo ausente de San Clemente y residió con su marido en Alarcón durante 17 o 18 años. Un hijo del matrimonio fue alcalde de la hermandad por los hidalgos en San Clemente
Mencía López de Mendoza, mujer de Sebastián Navarro, hijadalgo que se dijo ser, de 70 años. Nieta de Diego Montoya
Mari López, viuda, mujer que fue de Antón Sánchez de la Fuente, 70 años
Elvira de Córdoba, mujer que fue de Suero Pallarés, hijadalgo que dijo ser y mujer de tal, 65 años
Isabel la Rubia, pechera, viuda de Juan Chinchilla, 85 años, criada de María Portocarrero, marquesa de Villena
García Martínez Ángel, alcalde ordinario de San Clemente, pechero, 65 años, hijo de Cristóbal Ángel, regidor y alcalde
Juan Rosillo, hijodalgo, 70 años, primo hermano de Hernán Vázquez de Haro, natural de San Clemente. Con diecinueve años se había casado en Chinchilla, donde se había ido a vivir, hasta que con poco más de treinta años se volvió a San Clemente
Alonso López de Rebe, trabajador, pechero, 84 años

Vecinos de Castillo de Garcimuñoz y Vara de Rey

Pero López, alcalde ordinario de Vara de Rey
Diego de Arnedo, hidalgo de Vara de Rey, de 85 a 90 años, natural de Honrubia, llegado con cuarenta años a casarse en Vara de Rey
Juan de Peralta, alcalde ordinario de Castillo de Garcimuñoz
Ortega del Castillo, libre de pechos, hidalgo de 74 años, tiene casada una hija con Sancho López de los Herreros en San Clemente
Álvaro de Villanueva, vecino de Alarcón y natural de Vara de Rey, 65 años, con catorce o quince años se pone al servicio de Diego del Castillo, alcaide de Alarcón. Es sobrino de Diego y Alonso de Montoya, vecinos de Vara de Rey
Tristán de Molina, vecino del Castillo de Garcimuñoz, comendador de la Orden de Santiago, 80 años



ARCHIVO DE LA CHANCILLERÍA DE GRANADA. Pleito de hidalguía de Hernán Vázquez de Haro. 1531-1532. (Signatura antigua: 303- 381-15)


viernes, 9 de febrero de 2018

El mayorazgo de los Haro y los Ferrer de Plegamans

Casa de los Haro. San Clemente



Mayorazgo de don José de Haro: Relación de los bienes que componían el mayorazgo de Haro en aquella villa y en Villanueva de la Jara (Cuenca), y de los que componían el mayorazgo de Ferrer en la villa de Alarcón (Cuenca).

Don Joseph de Haro posee el maiorazgo que fundó don Juan de Ludeña y Haro que se compone de:

La torre de Haro, heredad término de Chinchilla de una legua de largo y media de ancho, término cerrado con monte alto y vajo, la dehesa y guarda para probeer caza y corta de leña. Tiene allí una buena casa para la auitación, tres casas para los labradores, venta para los pasageros, porque está en el camino real de Alicante, hermita y capellán cada día dice misa por el fundador.
Junto a esta heredad tiene otras dos sembraduras que llaman Peña Cárcel y Casa de la Peña.
La heredad de Mercadillos, término de Chinchilla.
Casablanca, media legua de Chinchilla.
Un censo de 10.000 ducados de plata contra Chinchilla.
Quatro oficios de rexidor y fiel executor de la ciudad.
La escriuanía del ayuntamiento de ella.
El patronato del convento de Santo Domingo de Chinchilla.

En Villanueva de la Jara, casas principales en la calle maior; capilla en la Iglesia al lado del evangelio. Dos oficios, uno de rexidor y otro de depositario general, con voz y voto.

La heredad llamada Pies de Asnos*, términos de Tarazona, Villagarcía y Madrigueras, en que ai sesenta almudes de tierra nueva y un carrascal coto cerrado

El oficio de almotazén y corredor de Tarazona, renta mil reales.

En la Atalaia la heredad de la Moraleja, con casa y quinientos almudes de tierra, en Cañadajuncosa otra heredad de 500 almudes

En Alarcón por el apellido Ferrer (de Plegamans) diez güertas, un molino harinero 1500 almudes de tierra, todo en la Olmedilla.

En Tévar, una legua de Alarcón, 500 almudes.

En Alarcón dos capillas: una al lado del evangelio y otra al de la epístola.

En Valhermoso, 800 almudes de tierra. 

En Valberdejo, jurisdicción de Alarcón: la heredad de los Castañedas y en su yglesia entierro en el presbiterio

Cien fanegas de trigo de renta sobre los molinos de Valdespinar en Júcar, término de Alarcón.

En las monjas franciscas de San Clemente de la advocación de la Asumpción provee de diez en diez años una plaza como sea de los apellidos Haro, Castañeda, Buedo y Montoya



Genealogía de don José López de Haro, caballero de Montesa, familiar del Santo Oficio y regidor de Chinchilla

Padres

Don Antonio López de Haro, natural de Chinchilla, y doña Ana Isidora Ferrer y Rosillo, natural de Villanueva de la Jara

Abuelos maternos

Don Juan Ferrer Plegamans, familiar del Santo Oficio de Villanueva de la Jara, y doña Francisca Rosillo y Alarcón, natural de Palomares


Genealogía de doña Catalina Antonia de Oma, natural de Vara de Rey, y mujer de José López de Haro

Padres

Don Eugenio de Oma y Pedraza, caballero de Santiago, regidor y natural de San Clemente, y doña Ana Antonia de Haro y Buedo

Abuelos paternos

Don Pedro de Oma y Arteaga, familiar del Santo Oficio y regidor de San Clemente, y doña María de Pedraza


Genealogía de los Haro (aportación de Valentín Casco Fernández)

1.- Diego López de Haro, señor del Busto, quien casa con Ginebra de Acuña. Padres de....
2.- Juan Alonso de Haro, casa con Aldonza Carrillo de Mendoza. Padres de...
3.- Juan Alonso de Haro, casa en Alcaraz con Catalina Aguado. Padres de ...
4.- Francisco López de Haro, casa en Ocaña con Leonor Bázquez. Padres de...
5.- Diego López de Haro, alcaide de los castillos de Chinchilla y Garcimuñoz, casa con Urraca de Ludeña. Padres de ...
6.- Fernán Bázquez de Haro, casa con María López de Herreros, obtiene carta de hidalguía de Granada para San Clemente, con fecha 22 de abril de 1532. Padres ...
7.- Juan de Ludeña y Haro, casa con Francisca Castañeda en Alarcón (ella aporta su carta de hidalguía). Padres de ...
8.- Antonio López de Haro, casa con Guiomar Buedo. Obtiene la segunda carta de hidalguía de Granada para Chinchilla, sobrecarta de la que obtuviera su abuelo para San Clemente. Padres de ...
9.- Diego López de Haro y Buedo, casa con María Castañeda. A él llega el mayorazgo al no tener descendencia su hermano mayor Juan de Ludeña y Haro con Mª Reina. Padres de ...
10.- Antonio de Haro y Castañeda, casa con Ana Isidora Ferrer de Plegamans,el 21 de octubre de 1653 (ella aporta carta de hidalguía). Padres de ...
11.- José de Haro y Ferrer, casa con Catalina de Oma y Haro (ella aporta su carta de hidalguía). José de Haro es el primer miembro de la casa que conocemos tomando el Hábito de Montesa, año 1700. Padres de...
12.- Antonio de Haro y Oma, mayorazgo por fallecimiento de su hermano Diego Julián, casa con Antonia Galiano. Padres de ...
13.- Joseph de Haro, n. 1747, casa con Juana de Oma. Padres de...
14.- Ramón López de Haro y Oma, n. 17 de julio de 1777, m. 21 de mayo de 1812, casa con Ana Núñez Robres, sus cuatro hijos quedan huérfanos siendo menores de edad. Padres de...
15.- Pedro López de Haro y Núñez de Robres casa con su prima Patrocinio Núñez de Robres, hija del marqués de Montartal. Padres de ...
16.- Federico López de Haro y Núñez de Robres, casa con Consuelo Maza de Lizana y Rovira. Padres de ...
17.- Pedro López de Haro y Maza de Lizana, casa con Enriqueta López de Haro, en 1899, Padres de Consuelo Y Gloria





*La aldea de Casa de Ferrer. Según Julia Toledo, perteneció a los López de Tébar

Real Academia de la Historia — Signatura: 9/309, fº 61 v. — Signatura antigua: D-34, fº 61 vº. Costados de Diego Julián López de Haro y Osma, Ferrer y Haro, vecino de Chinchilla (Albacete), nacido en 1695. [Manuscrito] Índice de la Colección Salazar y Castro, 27562Pertenece a la Colección Salazar y Castro de la RAH

Genealogía de los Haro de San Clemente hasta el siglo XVI

El primero que tenemos noticia desta casa, se llamó Francisco de Haro, que por memorias antiguas parece fue natural de Ocaña, casó con doña Leonor cuyo sobrenombre no ha llegado a mi noticia (Vázquez), fueron sus hijos Diego de Haro y doña Blanca de Haro, que casó en Ocaña con Iuan Heruás del Trigo, de quien ay sucessión.

Diego de Haro casó en San Clemente con doña Vrraca de Ludeña, de quien tuuo quatro hijos, que fueron Fernán Vázquez de Haro, Francisco de Haro que casó en San Clemente y  fue su hijo de Pedro de Haro. Doña Leonor de Haro y Dáualos que casó en Ocaña con Gonçalo Téllez Girón. Doña Ysabel de Haro. 

Fernán Vázquez de Haro casó en San Clemente con doña María de los Herreros, fueron sus hijos Diego López de Haro, Hernán Vázquez de Haro, Francisco de Ludeña Haro, Juan Ludeña de Haro (funda el mayorazgo arriba referido) , Miguel Vázquez de Haro, Antonio de Haro, doña Vrraca, doña Leonor de Haro, de los quales ay mucha sucessión en San Clemente, y otras partes que por no tener bien ajustada su descendencia no hago aquí memoria de ellos como lo haré auissándome en la segunda impressión**

LÓPEZ DE HARO, Alonso: Genealógico de los Reyes y Títulos de España. Luis Sánchez impresor real. 1622, pág. 426

** La genealogía de los Haro se complica más en San Clemente por el segundo casamiento de García Pallarés en segundas nupcias con María de Haro

Yten dejo por mis hijos y legítimos herederos e sucesores a Velasco de Pallarés y a Dª Catalina de Pallares y a Dª Ysabel de Monroy mis hijos e de mi primera muger Doña María de Sotomaior y a mis hijos Diego López de Haro y a Dª María de Pallarés y a Dª Urraca i a Dª Beatriz hijos ansimismos de mi segunda muger Dª María de Haro, los que les quiero y es mi voluntad que ayan y hereden mis bienes, así como legítimos herederos y sucesores

RAH, Colección Salazar y Castro, M-171, fol. 1-3. Testamento otorgado por García de Pallarés, alcaide de Chinchilla. 12 de junio de 1521

domingo, 27 de agosto de 2017

Notas sobre la capilla de San José o de Pallarés de la Iglesia parroquial de Santiago en San Clemente

La capilla de Pallarés ocupa la parte suroeste de la iglesia parroquial de Santiago de San Clemente. Es una capilla que, en su arquitectura, rompe la traza gótica de la Iglesia. Al igual que la sacristía, y una de las capillas con bóveda casetonada, es un irrupción brusca, y marginal, del Renacimiento en el edificio. Artísticamente símbolo de novedades renacentistas de cubrición de la iglesia, mal aceptadas por unos canteros vascos que, en continuidad con tradiciones tardogóticas, preferían las bóvedas de nervaduras, menos costosas para un concejo que soñaba con grandes proyectos y no podía. Ni quería. La sesión del concejo de 3 de noviembre de 1554 es esclarecedora. A los problemas de costes se unían las preocupaciones relativas a que la prolongación de la iglesia rompiera el espacio urbano de la Plaza Mayor. Las quejas de los regidores eran interesadas, caso de Rodrigo Pacheco que puso voz a las protestas y al que el plan de Vandelvira afectaba notoriamente (hasta el punto de que la capilla de los Pacheco se debió levantar de nueva planta en 1573), pero sus quejas tienen asimismo un sesgo de modernidad en la defensa de un espacio urbano, la Plaza Mayor, al que amenazaba con comerse el macroproyecto de Vandelvira. Que el proçeder de la obra, que está traçada e començada a edificar . no se deve proçeder della. por ser en perjuyçio de la plaça pública desta villa, porque se a tomado mucha cantidad de la dha plaça (1). En nuestra opinión, las quejas de Rodrigo Pacheco difícilmente se entienden sin la existencia previa de un edificio ya levantado del ayuntamiento, dando carácter y uniformidad al espacio urbanístico. El patriciado urbano sanclementino impuso la primacía de unos espacios públicos que condenó a la Iglesia a cerrarse en su lado norte en lo que hoy vemos: un muro que asemeja un palacio renacentista en algunos de sus detalles. Pero un muro que en su interior encierra un templo que niega el Renacimiento y solo lo admite marginalmente. El dinero de la Iglesia fue a la reforma del ayuntamiento por Zalbide.

Sonia Jiménez Hortelano nos mostró cómo el proyecto de Vandelvira tuvo que claudicar ante los canteros vascos. El proyecto de una iglesia más prolongada en sus dos últimos tramos, rematada la capilla mayor por una cúpula oval con casetones, se olvidó en favor de una iglesia de tipo salón con bóvedas de crucería, que permitía alcanzar una mayor elevación pero con menor coste. Sí se encuentran reflejos de las trazas del arquitecto alcaraceño marginalmente en la bóveda oval de  la capilla de Pallarés, que fue un pequeño ensayo del proyecto de cúpula oval de la capilla mayor y que en nuestra opinión tiene similitudes con la bóveda oval que cubre la escalera del Hospital de Santiago de la ciudad jiennense de Úbeda. Creemos que la semejanza entre ambas bóvedas, a pesar de la mayor complejidad de la bóveda ubetense, es más evidente que las similitudes que se han buscado con otros proyectos de Jerónimo Quijano como la cúpula ovalada de Santa María del Salvador de Chinchilla, obra, por otra parte, realizada por Esteban Jamete, próximo a Vandelvira. En cualquier caso la proximidad estilística entre las tres obras es innegable. Nos faltan fuentes documentales sobre la construcción de la capilla de Pallarés, pareja en sus inicios a la construcción de la antigua iglesia. Pero la capilla con su cubrición renacentista corresponde a un proyecto posterior que, al igual, que otras capillas, caso de la capilla de los Pachecos, se levantaron de nueva planta sobre el solar de las originarias o se reformaron. Para el caso de la capilla de Pallarés sabemos que en 1565 estaba en obras (2).




Cúpula sobre la escalera del Hospital de Santiago de Úbeda


Colegiata de Belmonte. Cúpula de capilla de la Purificación atribuida a Jamete
                 
Cúpula de la capilla de Pallarés de la Iglesia de Santiago Apóstol de San Clemente (Foto. JL Brox)
http://broxfotos.blogspot.com.es


                         
Iglesia Santa María del Salvador en Chinchilla

Monumento funerario de García Pallarés, fallecido el 17 de diciembre de 1523

Históricamente la capilla de Pallarés no se entiende sin conocer la figura de García Pallares y su mujer. María de Sotomayor, casada con García de Pallarés, era hija de Diego de Sotomayor de la baja nobleza de Alcaraz, y Catalina Monroy, posiblemente pariente de Alfonso de Monroy, maestre de la orden de Alcántara. Las propiedades aportadas al matrimonio, a partes iguales, estaban situadas en Lezuza y la actual Villarrobledo, así como propiedades urbanas en Alcaraz (3). La muerte temprana de su mujer, llevó a García Pallarés esta vez a casarse con la sanclementina María de Haro. La doble alianza matrimonial del alcaide de Chinchilla tendría sus consecuencias en los litigios de ambas ramas familiares por la capilla de San José.

García de Pallarés era alcalde de la fortaleza de Chinchilla, su servicio al Marqués de Villena no le impidió mantener una actitud templada en el conflicto, que abonó el terreno para su integración acabada la guerra. Lo vemos entre los personajes principales que aparecen en la recepción junto al puente del Arrabal a los Reyes Católicos un 8 de agosto de 1488. Su vinculación a los Haro la conocemos en un primer momento por el matrimonio de su hija Catalina con un miembro de la nobleza regional, un Coello. Los Haros aparecen como testigos del evento y García Pallarés como vecino de San Clemente. La muerte temprana de su mujer María de Sotomayor, el llevó a un segundo matrimonio con María de Haro. Con las dos mujeres tuvo descendencia, El mayorazgo fundado por García Pallarés recayó en Velasco Pallarés, alejado de San Clemente. Los intereses de la familia en la villa de San Clemente quedaban en mano de los Haro, pero la memoria de García y Pallarés y su mujer María de Sotomayor la conservó su hija Isabel de Monroy. Por eso hoy la capilla de Pallarés ( y también la fachada exterior) aparece presidida por los escudos heráldicos de la familia alcaraceña de los Sotomayor,

Isabel de Monroy, parece que se constituyó en albacea testamentaria para cumplir con la última voluntad de su padre. Pero la cumplió a medias, pues su padre aunque enterrado en San Clemente, no lo fue en el convento de Nuestra Señora de Gracia, sino en una capilla propia en la Iglesia de Santiago bajo la advocación de San José, pegada y con acceso al cementerio anejo a la iglesia. Los conflictos entre las ramas familiares por el patronazgo de la capilla surgirían pronto y ya para 1553 vemos litigando a Hernán Vázquez de Haro. El apellido se mantuvo en la villa de San Clemente, ligado a una de las ramas de los Pacheco, pero sobre todo en las figuras de Tristán Pallares el viejo y su sobrino Tristán Pallarés el mozo, ambos clérigos. El primero teniente de cura de la iglesia de Santiago hacia 1553, y el segundo un presbítero más apegado a los intereses mundanos.Nos queda la duda cuál de los dos es el Tristán Pallarés que funda un patronato de legos en la capilla para cumplimiento de las obligaciones religiosas. Aunque en alguna ocasión hemos apostado por Tristán Pallarés el joven, también se podría tratar de Tristán el viejo, que ya nos aparece en 1523, firmando como testigo en el codicilo que modifica el testamento de García Pallarés. Para fines de siglo, las que aparecen litigando por el patronato de legos vinculado a la capilla son las hijas de Hernán Vázquez de Haro como herederas del patronazgo de su padre, que sabemos es hermano del joven Tristán Pallarés. Esta vez el nuevo opositor al patronazgo del vínculo es un Rosillo de nombre Alonso.

Hoy la capilla de Pallarés es la más bella de todas las capillas de la parroquia de Santiago Apóstol. Un refugio de clasicismo ajeno al espíritu religioso del resto del templo. Un espacio, a la medida del hombre, que nos invita a hacer un receso para recordar la memoria del alcaide de Chinchilla García Pallarés, muerto el 17 de diciembre de 1523 (4). Un hombre que simbolizaba el espíritu de los sanclementinos de comienzos de siglo, orgullosos de sus logros que, antes que a Dios, se amaban a sí mismos



Testamento de García Pallarés (Es un traslado del siglo XVIII). 

In Dei nomine amen, sepan quantos esta carta de testamento vieren como yo García de Pallarés, alcaide que fue de la cibdad de Chinchilla, estando sano i libre de las enfermedades corporales que a los hombres suelen venir, con voluntad después de y aparejada para el seruicio de mi señor Jesu Christo temiendo el último y postrimero día de mi vida, ni me tome ocupado mi juicio para la dicha ación de mi conciencia, no siendo forzado ni costrinido sino estando con mi libertad, teniendo ante mis ojos a Dios todopoderoso, ordeno este mi testamento i última voluntad, el qual quiero que vala i otro no, tanto quanto de derecho testamentario puede baler y si valiere por testamento vala por codecillo y mi última voluntad y revoco todos los otros testamentos i codecillos que antes deste ya aya fecho así cerrados como abiertos de palabra i en escrito los quales derogo i anulo no embargante la cláusula o cláusulas que en ellos se fallaren derogatorias, porque es mi voluntad que este vala y otro no, el qual yo agora fago escribir que quiero que vala para agora y para siempre jamás como si yo mismo con mi propia mano lo escriviese salvo si en él se pusiere cláusula derogatoria, que se derogue este porque es mi voluntad agora ni en otro tiempo no facer otro testamento ni codecillo salvo éste, en el qual suplico a mi Dios me dé gracia que le sirva si más en esta vida viviere porque en él último día de mi vida mi ánima sea por su santíssima piedad colocada en su santíssima gloria e así suplico a la gloriosa Virgen Santa María Madre de Dios y Señora Nuestra con todos los Santos de la Corte del Cielo me sean abogados y intercesores ante el acatamiento de Dios todopoderoso

Primeramente mando que si muriere en Sant Clemente que mi cuerpo sea sepultado en el Monasterio de Sant Francisco donde mis fijos quisieren tomar sepultura y si muriere en este lugar Lezuza do agora vivo ruego a mi fija doña Isabel me haga tanto placer si posible fuere me mande llebar a la dicha villa de Sant Clemente y entierre como dicho es 

Yten mando que el día de mi enterramiento me sean dichos unos oficios de finado complidos i las misas que se pudieren decir

Yten mando que me digan mi nobena y que me sea lebado un añal complido sobre mi sepoltura i que lo llebe mi fija doña Isabel por mi ánima do fuera su voluntad 

Yten mando que entre el año de mi finamiento dos pares de misas reveladas por mi ánima y de mis mugeres que ayan santa gloria

Yten mando que sean dichas por mi ánima y de las dichas mis mugeres veinte misas de la cruz

Yten mando me sea dicho un treintenario abierto

Yten mando que en cabo del año de mi finamiento me sean dichos otros oficios complidos y que todo esto sea complido de pan i vino i cera 

Yten dejo por mis hijos y legítimos herederos e sucesores a Velasco de Pallarés y a Dª Catalina de Pallares y a Dª Ysabel de Monroy mis hijos e de mi primera muger Doña María de Sotomaior y a mis hijos Diego López de Haro y a Dª María de Pallarés y a Dª Urraca i a Dª Beatriz hijos ansimismos de mi segunda muger Dª María de Haro, los que les quiero y es mi voluntad que ayan y hereden mis bienes, así como legítimos herederos y sucesores

Yten mando a mi hija Dª Isabel las tercia parte de mis bienes y quiero y mando que sea mejorada en quinta parte de los dichos mis bienes, a la qual mando so pena de mi maldición que en tanto que las dichas mis fijas Dª Urraca y Dª Beatriz estubieren doncellas sin casar y ellas quisieren estar en su compañía, que las tenga y ampare y les dé lo necesario y que si ansí no lo hiciere la dicha manda y mejora sea en sí ninguna, salvo que sea repartida entre las dichas Dª Urraca y Dª Beatriz

Yten mando que esta mejora y manda que a la dicha mi hija Dª Isabel hago, que le sea dado en la parte que yo en el molino de Enmedio tengo, y esto por los buenos y leales servicios  que me ha fecho

Yten mando que le sea dado a mi fija a Violantica que la a criado y a Dª Beatriz mi hija mando que le sea dada Anita, la qual está está en poder de Dª Catalina mi hija

Yten aclaro que tiene recivido la dicha Dª Catalina mi hija ochenta mil mrs. para en parte de su legítima

Yten aclaro que debo a los herederos de Miguel Sánchez de los Herreros quinze mil mrs., mando que le sean pagados de mis bienes

Yten mando que qualquier otra debda que se fallare por buena berdad que yo deba, que sea pagada de los dichos mis bienes 

Y dejo por mis albaceas testamentarios a Francisco de Hermosa mi hijo y Dª Isabel y Dª Urraca mis hijas a los quales y a cada uno de ellos in solidum doi otorgo todo mi poder complido para que sin licencia de ningún juez eclesiástico ni seglar puedan entrar y entren por todos mis bienes muebles y raizes y facia dellos todo aquello que cumpliere para complimiento de mi testamento. Y esta es mi voluntad y quiero que vala por mi testamento según dicho es. Y pido a qualquier juez o juezes eclesiásticos o seglares ante quien este mi testigo fuere presentado, que lo reciva por tal testamento y lo mande cumplir, esecutar i guardar según que en él es contenido, el qual yo dejo firmado de mi nombre cosido y cerrado y sellado con el sello de Juan Martínez escriuano de este lugar de Lezuza ante quien me obligo de lo tener por firme, rato y grato y valedero para que agora y par siempre jamás. Fecho en Lezuza en 12 días del mes de junio de 1521 años. Pallarés.

Se añade un codicilo de 12 de septiembre de 1523, por el cual se vincula un palomar y una huerta al mayorazgo que hereda el hijo mayor Velasco. Hasta la muerte del García Pallarés estos bienes van a sostener a sus hijas Isabel y Urraca. Firmando el codicilo aparece un tal Tristán Pallarés como testigo (5).


(1) TORRENTE PÉREZ, Diego: Documentos para la Historia de San Clemente Tomo I, 1975, p. 371

(2) Sobre el proyecto de Vandelvira y su modificación u olvido en la construcción de la Iglesia se puede ver:
JIMÉNEZ HORTELANO, Sonia: "La iglesia parroquial de San Clemente Cuenca. Nuevos datos para su estudio" en Ars Longa,nº 22, 2013, pp. 119-129
HERRERA MALDONADO, Enrique; ZAPATA ALARCÓN,Juan. “Andrés de Vandelvira en la Mancha”. En PRETEL MARÍN, Aurelio (coord.). Andrés de Vandelvira. V Centenario.  Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”, 2005, pp. 47-69

(3) María Sotomayor recibiría en herencia de su padre Diego: un ajuar de 40.000 maravedíes, 20.000 maravedíes en dineros, viñas, tierras y  las casas y molinos de Lezuza, valorados en 90.000 maravedíes (AYLLÓN GUTIÉRREZ CARLOS: "Lectura de caballerías y usos familiares en el siglo XV" en Miscelánea Medieval Murciana. XXIX-XXX. 2005-2006, pp. 39-56

(4)
 Inscripción de García Pallares, fallecido el 17 de diciembre de 1523: Esta urna, aunque pequeña, la que estás viendo, caminante, guarda los huesos de un varón conocido por su nobleza, llamado Pallarés, de familia ilustre, a quien la virtud le concedió abandonar el reino de Nápoles (?). Murió en Lezuza , el día 17 de diciembre, año del nacimiento de Cristo de 1523 (Transcripción de Diego Torrente Pérez). Este epitafio también ha sido estudiado por José Manuel Cañas Reillo, en la Revista Lope de Barrientos. Nº 12
Imagen: http://sanclemente.webcindario.com

(5) RAH, Colección Salazar y Castro, M-171, fol. 1-3. Testamento otorgado por García de Pallarés, alcaide de Chinchilla. 12 de junio de 1521

jueves, 17 de noviembre de 2016

Tristán Pallarés y Catalina García

Paseo de Rus, lugar de encuentro de Tristán Pallarés y Catalina
Los amores del cura Tristán Pallarés con la viuda Catalina García era la comidilla de cada día en la villa de San Clemente allá por 1566: motivo de escándalo y murmuración entre todos los vecinos. El asunto, divertimento diario para los sanclementinos, era tema de oprobio público para los familiares del marido difunto, Miguel de los Herreros.

Para censurar la vergonzosa conducta de la mujer y la no menos impropia de un servidor eclesiástico, los Herreros, habían hecho circular cierto libelo, que pasó de mano en mano con motivo de la misa dominical en la iglesia mayor de Santiago. Catalina García no se resignó a aceptar esta afrenta pública y  acudió ante el Consejo Real con una información de testigos, tomada por el alcalde ordinario Sebastián Cantero, para defender su honra y para denunciar los turbios manejos del doctor Alonso y su hermano Miguel Sánchez de los Herreros, primos hermanos del marido difunto.

Pero los Herreros estaban dispuestos a defender la memoria de Miguel de los Herreros, el marido difunto, y de paso lanzar sus dardos contra uno de sus enemigos: el clérigo Tristán Pallarés. Aparte de su privilegiada posición eclesiástica, Tristán era el hermano de Hernán Vázquez de Haro. Por su parte, Catalina García era sobrina del regidor Francisco García, muy activo en la política local de mediados del quinientos y mal avenido en el gobierno local con la familia de los Herreros. Tenemos sospechas que Francisco García no tuvo sucesión masculina, únicamente dos hijas, María y Elvira. Posiblemente su riqueza acabara en manos de los Haro, por el matrimonio de Elvira con Hernán Vázquez de Haro.

Así que los Herreros presentaron testigos próximos y deudos para declarar ante el alcalde ordinario Antón de Montoya. Los testigos, diciendo la verdad o haciéndose eco de las habladurías del pueblo, no ahorraron detalle de tan escandalosa relación. Precisamente por eso, porque se temía lo que los testigos pudieran decir y ante quien lo pudieran decir, importaba el alcalde ante quien declarasen los testigos. Más sabiendo que los alcaldes, cargos añales, eran simples testaferros de los bandos del pueblo. Catalina García pedía que cualquier declaración se tomara ante el alcalde Sebastián Cantero y su escribano Francisco González; Ginés Sánchez de Garnica, procurador del doctor Herreros, prefería al alcalde Antón Montoya. Sería este el elegido para la toma de declaraciones, pero para garantizar la limpieza del proceso estaría acompañado por Alonso Rosillo, alcalde de la hermandad, y un nuevo escribano; Francisco Hernández, conocido por nosotros por ser el antecesor de la familia Astudillo.

Así pudieron empezar las declaraciones un dieciséis de octubre de 1566. Previamente alcaldes y escribanos juraron mantener el secreto a que les obligaba su cargo. Los testigos eran personas de reconocida aceptación en la villa de San Clemente: Juan de Robles, Bartolomé de Llanos y el bachiller Alonso de Villamediana. Otros quizás algo menos, o simplemente más indiscretos, como Rodrigo de Soto, Juan Fresneda, Gregorio Guerra, Pascual Mancheño o Diego Simón Rosillo. Todos, incluida María de Montoya, mujer de Francisco de los Herreros, deudos y parientes de esta familia en mayor o menor grado.

Rodrigo del Soto fue el primero en declarar, sin reparar mucho en las consecuencias de sus palabras. Nos presentaba al clérigo Tristán Pallarés como un enamoradizo llevado de su pasión irrefrenable hacia Catalina García: entraba a todas horas en casa de su amada, se veía junta a la pareja por los parajes de la ermita de Rus y, a veces, alejándose un poco más, se encontraban en la ribera del Záncara, donde Catalina García poseía unos molinos. Relación propia de quien tiene muy grande y estrecha amistad, añadía intencionadamente el testigo, y si no ¿a qué venía tanta conversación? El testigo se hacía eco de ciertas noticias que corrían por el pueblo de cómo doña Elvira, mujer de Hernán Vázquez de Haro, había afeado a su cuñado Tristán Pallarés su indecorosa conducta con doña Catalina. También el bachiller Villamediana había recriminado su conducta al clérigo. Claro que el testigo no siempre se hacía eco de los rumores, en ocasiones iba en busca de ellos y de las personas más indicadas para divulgarlos, los criados de Catalina

estando la dicha Catalina Garzía en la cama desnuda que entrava el dicho Tristán de Pallarés e se asentava en una sylla y se estava allí dos o tres oras cabo ella asentado

Las andanzas del clérigo habían llegado a oídos del obispado. El provisor de Cuenca, juez eclesiástico, había mandado dos receptores a la villa de San Clemente a recoger información sobre el caso y mandado al clérigo personarse en Cuenca para ser reconvenido por su conducta, ordenándole que no se juntase baxo texado con la dicha Catalina Garzía

El testigo Juan Fresneda iba más allá, acusando al clérigo Tristán Pallarés de dirigir los negocios de doña Catalina y concertar los peones que iban a trabajar a sus heredades. Bartolomé de Llanos aseveraba que los habían visto juntos, sentados a la lumbre. El joven Gregorio Guerra, de veintiún años, apostillaba que los encuentros nocturnos eran facilitados por una criada.

Otros testimonios tenían más peso, por la significación de los personajes. Así Juan Robles, de setenta años, que había sido alcalde de la villa. Juan Robles, era primo segundo de los Herreros, incluido el difunto, a quienes debía seguramente en años pasados la alcaldía. Juan de Robles se movió dentro de la corrección; poco tenía que aportar a lo que ya habían inquirido los receptores enviados por el provisor de Cuenca. Pero fue firme en la defensa del honor de la familia de los Herreros, de los que eran depositarios los hijos del marido muerto, acordándose en especial de la hija, Inés de Alarcón, doncella en edad de casar, aunque con pocas posibilidades dadas las referencias maternas. A pesar de su recato, Juan de Robles no ahorraba palabras para relatar la trifulca ocurrida entre Catalina García y su tío el regidor Francisco García, hermano de su madre, que había amonestado a su sobrina por su relación con Pallarés. En la riña, Catalina, que debía ser una mujer de armas tomar, no se arredró lo más mínimo y respondió a su tío (que pedía a la sobrina que al menos pensara en el daño que le hacía a su madre),  tirándole unos chapines. Recalcaba Juan de Robles, la humillación y pesadumbre que tenía que soportar la familia Herreros, a los que citaba uno por uno, dándonos a conocer los componentes del linaje por esta época

Miguel Sánchez de los Herreros el viejo, y a los demás de su apellido que son el dotor (Alonso) Herreros y Françisco de los Herreros y Christóval López de los Herreros, y al bachiller Villamediana y a los demás deudos del dicho Miguel de los Herreros difunto, marido de la dicha Catalina Garzía y ansimismo al dicho Diego de Alarcón, hermano de la madre del dicho Miguel de los Herreros difunto les a pesado mucho que en esta villa oviese avido las murmuraçiones y escándalos

El bachiller Alonso Ruiz de Villamediana estaba emparentado con las dos partes. Los Herreros eran primos hermanos de su madre, así como Catalina, que también era prima segunda. Tristán Pallarés también era familia suya. Él mismo estaba casado con Isabel de los Herreros. Y es que los Villamediana era una familia de renombre en el pueblo y cristiana vieja. De treinta y cuatro años, Alonso era descendiente de Martín Ruiz de Villamediana, que en 1523 había cedido una casa para que se establecieran las monjas clarisas. Si tiene algún valor la declaración del bachiller es por la prolijidad de personas principales de la villa que aparecen, cuyas relaciones de amistad u odio están guiadas más por los intereses del momento que por sus lazos de sangre.

Alonso Ruiz de Villamediana era amigo de Tristán Pallarés, como lo era también de su hermano Hernán Vázquez de Haro, y al igual que éste, era consciente que se debía poner fin a los devaneos de Tristán y sus entradas y salidas de la casa de Catalina. Y qué mejor momento para reconvenir sus actitudes indecorosas que en tiempo de Cuaresma. Como amigo y como pariente le rogó que acabara con las repetitivas conversaciones con Catalina, causa de escándalo público y murmuraciones en la villa. Tristán se defendió asegurando que no había malas intenciones con la mujer y que actuaba con toda limpieza. Pero Alonso le aseguraba que no bastaba la buena conciencia ni actuar conforme a la ley de Dios, pues aunque Tristán Pallarés fuera un San Gerónimo y ella Santa Catalina, no vivían solos en el mundo y la opinión y fama que sus vecinos tenían de ellos importaba. Incluso el bachiller acudió a dos amigos de Tristán, Luis de Alarcón y Pedro Alonso, para que acabara su relación con Catalina. También intercedió para que el cura de la villa, Francisco de Valdés, y el general de la orden de San Francisco, fray Francisco de Zamora, intentarán convencer a Catalina García, y para que Tristán Pallarés el viejo, tío de nuestro protagonista, hablara con Elvira García, la madre de Catalina. Pero el clérigo no se dejaba enmendar y seguía con sus visitas a Catalina.

Las primeras denuncias de tan escandalosa relación surgieron del círculo más intimo de Tristán Pallarés, concretamente de su cuñada Elvira García, hija del regidor Francisco García y mujer de Hernán Vázquez de Haro o Pallarés. que se lo había comunicado a Isabel de los Herreros, la mujer de Alonso Ruiz de Villamediana. Enseguida se sumaron otras denuncias como la de Diego Simón, hermano de Alonso Rosillo, que contó la riña ya citada entre Catalina García y su tío el regidor Francisco García. Por su testimonio sabemos, que aparte de tirarle Catalina los chapines al tío, éste se había desquitado dándole un bofetón a Inés de Alarcón, la hija de Catalina. Poco a poco el escándalo se convertía en el primer tema de conversación de la villa: los vecinos veían a los amantes en cualquier parte por apartada que estuviera, ya fuese en las eras del pueblo, en los molinos del Záncara o en la ermita de Rus. Incluso las murmuraciones llegaban de Belmonte, donde Tristán Pallarés había acompañado a Catalina a un pleito sobre los mencionados molinos. A decir de un testigo

el dicho Tristán de Pallarés avía ydo a un pleyto que la susodicha traya en Belomonte sobre unos molinos e que que l'avían entrado a ynformar de su justiçia al cabildo de Santo Andrés e que todos los de Belmonte les avía pareçido mal que el dicho Tristán de Pallarés syendo clérigo y moço fuese acompañando y soliçitando a la dicha Catalina Garzía syendo la susodicha bibda y de tan buena graçia como es

Hasta que se decidió denunciar el caso al obispado. Claro que uno de los receptores enviado por el provisor de Cuenca para esclarecer el caso, un tal Zabala ( el otro era Cristóbal Merchante, clérigo de San Clemente), no tuvo otra ocurrencia que comenzar sus diligencias en la plaza del pueblo y un domingo de Resurreción. Tristán Pallarés fue llamado por el provisor de Cuenca a esta ciudad. Al escándalo  con Catalina se sumaba un extraño asunto ocurrido en la capilla de los Herreros de la Iglesia de Santiago, donde intencionadamente se había roto un cancel de madera y un espaldar o asiento y de cuyos hechos se imputaba a Tristán Pallarés. Cancel y espaldar habían sido preparados para la boda de Inés de Alarcón, hija de Catalina, con un licenciado llamado Ramírez.

El provisor de Cuenca prohibió a Tristán de Pallarés verse con Catalina so pena de excomunión. Pero nos quedará la duda de la veracidad de las declaraciones de los testigos, pues en el proceso nos falta la parte de Tristán Pallarés y Catalina García. Ambos, por las escasas noticias que tenemos, se presentaron como víctimas de los infundios propagados por los Herreros a través de cierto libelo en la iglesia parroquial de Santiago. Es evidente que algún tipo de relación había entre Tristán y Catalina, aunque ninguno de los dos era un jovenzuelo para dejarse llevar por hechizos enamoradizos. De la lectura del expediente se deduce que a Tristán y Catalina les unían ciertos intereses comunes; la principal acusación de sus enemigos era que el clérigo se ocupaba en demasía de los intereses de Catalina, que administraba su hacienda y sus peones directamente y, hemos de suponer, que se veía con cierto temor que los bienes de la viuda y del marido difunto acabaran en manos del clérigo. La intromisión de los Herreros hay que verla tal como fue presentada por ellos mismos: no eran ellos quienes denunciaron los encuentros del presbítero y la viuda, sino sus propios familiares. Ahora bien, la familia de los Herreros siempre demostraron preocupación por el destino de los bienes de la viuda y su difunto marido, ejerciendo como tuteladores de sus sobrinos huérfanos.

Hoy no podemos desvelar que pasó con la fortuna del regidor Francisco García, pero no cabe duda, que sus hijas y su sobrina gozaban de posiciones económicas y sociales privilegiadas en la villa. Hemos visto la alianza matrimonial de Elvira con Hernán Vázquez de Haro, pero es más significativo que Hernán por esta época, al igual que su hermano Tristán, prefería el apellido Pallarés. Este apellido les ligaba con la figura de García Pallarés, antiguo alcaide de Chinchilla con el Marqués de Villena y, cambiando su lealtad, hombre de confianza de Isabel la Católica. Además, otra familia principal de la villa, los Pacheco, también llevaba con orgullo el apellido Pallarés. Solo hay que fijarse en la capilla de San José de la iglesia de Santiago para evidenciar la significación del apellido Pallarés en la villa de San Clemente. Frente a ella, las capillas de los Herreros o de los Pachecos nunca alcanzaron tal brillantez.

Cuando nuestro protagonista, Tristán Pallarés, muere hacia mediados de los noventa funda una memoria de obras pías en esa capilla. Quizás porque Tristán ha salido escarmentado de sus reprimendas de las instituciones eclesiásticas o quizás más sencillamente porque en el clérigo siempre pudieron más los intereses mundanos, la fórmula elegida por Tristán para la fundación de la memoria sea la de un patronato de legos. Hernán Vázquez de Haro defenderá el patronato de esa memoria para sus hijas frente a un Rosillo de nombre Alonso, en un pleito, que iniciado en el obispado de Cuenca, será reclamado por el Consejo Real, reivindicando el carácter laico de una memoria fundada por un religioso. Y es que cuando uno entra en la capilla de Pallarés y lee su epitafio latino comprende que la exaltación es de un hombre, García Pallarés, y la memoria de su fama y que hay cierto olvido de Dios.


AGS, CRC, 333, 23. Información hecha por Miguel de Herreros, vecino de San Clemente, sobre difamación y calumnias hechas contra él y su familia. Miguel Sanz de Herreros, el viejo, vecino de la villa de San Clemente, contra Catalina García, viuda de Miguel de Herreros, su primo, y Tristán de Pallarés, clérigo, a los que ha acusado de convivencia y que lo han demandado por difamación y calumnia. 1566

lunes, 2 de noviembre de 2015

Linajes de San Clemente: Haro

Descendencia de los Haros de San Clemente

Del primero que tenemos noticia desta casa, se llamó Francisco de Haro, que por memorias antiguas parece fue natural de Ocaña, casó con doña Leonor, cuyo sobrenombre no ha llegado a mi noticia, fueron sus hijos Diego de Haro y doña Blanca de Haro que casó en Ocaña con Juan Eruás del Trigo, de quien ay sucesión.