El corregimiento de las diecisiete villas

IGNACIO DE LA ROSA FERRER

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EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA
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sábado, 2 de diciembre de 2017

Disputas entre Villanueva de la Jara y Alonso Pacheco por los molinos llamados Los Nuevos

Convento de las Petras, en el solar se levantaba el antiguo
convento, donde ingresó como monja Leonor de Guzmán
Jerónimo de Montoya era un vecino de Vara de Rey de treinta y cinco años, en 1530 recordaba cómo catorce años antes, su tío Alonso Montoya, otro paisano llamado Pedro Pintor, la madre de éste, Marina, y Alonso Pacheco, hijo segundón del señor de Minaya, se habían puesto de acuerdo para hacer llegar a doña Leonor de Guzmán y a su sobrina Catalina Carrillo hasta  La Parrilla. Leonor era hermana de Alonso Pacheco; Catalina, su hija. Por aquel entonces, La Parrilla, villa del señorío de Diego Hurtado de Mendoza, señor de Cañete, no era sino un punto intermedio que desde la Mancha de Montearagón conducía a la ciudad de Cuenca. Ese era el destino de tía y sobrina, que se disponían a ingresar como monjas en el convento de la Purificación de Nuestra Señora de la orden de San Pedro, las petras. Su vocación religiosa era nula; el ingreso en el convento tenía mucho más de coerción para ambas mujeres. Pero a los ojos de quien realmente había tomado la decisión, don Alonso Pacheco, vecino de San Clemente, tal medida era necesaria para preservar el patrimonio familiar, eso sí, en beneficio propio, evitando su disgregación. Allí fueron recibidas por el doctor Muñoz, patrón de dicho monasterio. Hombre poco fiable, pues después de recibir a las dos mujeres como novicias, no sin antes de asegurarse el compromiso de recibir la dote de setenta y seis mil maravedíes, concertó con representantes de la villa de Villanueva de la Jara la venta de tres ruedas de los molinos llamados Nuevos, propiedad de la mencionada Leonor de Guzmán. Los cien ducados, fruto de la operación, acabaron en manos del convento, que hizo una operación redonda. Por supuesto, esta última operación se hizo a espaldas de Alonso Pacheco, que al entregar al convento los setenta y seis mil maravedíes pretendía que hermana e hija renunciarán a cualquier derecho sobre los bienes familiares y cuyo único fin era desprenderse de su hermana y su hija para quedarse con el patrimonio familiar en su integridad. La dote de Leonor de Guzmán se haría efectiva, la de doña Catalina Carrillo, no, pues aparte de la cama de ropa, don Alonos Pacheco nunca aportó los treinta y ocho mil maravedíes,correspondientes a su hija.

Las dos mujeres emprendieron el camino hacia el convento de la Purificación de Cuenca con cama de ropa y una dote aportada por Alonso del Castillo de setenta y seis mil maravedíes. Leonor de Guzmán acabaría allí sus días entre rezos y maldiciones a su hermano Alonso, que se había quedado con los frutos de su patrimonio. Catalina Carrillo saldría del monasterio de Cuenca, pues su padre fue incapaz de pagar la dote conventual, aunque para acabar en el de Santo Domingo de Moya, es de suponer que más asequible. Pero si doña Leonor no pasaba del papel de monja intrigante engañada por su hermano, el concejo de Villanueva de la Jara no olvidaba los cien ducados pagados al doctor Muñoz, que le otorgaban una parte de las ruedas de los molinos llamados Nuevos de la ribera del Júcar y sobre los cuales ya se arrastraba litispendencia desde comienzos de siglo.

Pero, ¿quiénes eran estos personajes? Alonso Pacheco era el hijo segundo de don Juan Pacheco, señor de Minaya, que había dejado una prolífica descendencia en sus dos matrimonios. Del primer matrimonio con Leonor de Guzmán (la desgraciada mujer murió en su último parto), además de Alonso Pacheco, tuvo otros cinco hijos: Rodrigo Pacheco que heredó el mayorazgo y señorío de Minaya, Francisco Pacheco, Pedro Pacheco, Juan de Guzmán y Leonor Guzmán; del segundo matrimonio con doña María Ajofrín tuvo otros tres hijos y dos hijas (Luis, Gonzalo, Tristán, Juana e Isabel). Alonso de Pacheco es figura nodal para el devenir de la historia de San Clemente, casado con Juana de Toledo, la nieta del alcaide de Alarcón, Hernando del Castillo, por parte de su segundo hijo Alonso, daría lugar al linaje de los Pacheco en la villa de San Clemente y a sus tres ramas familares, procedentes de los tres vástagos que tuvo el segundo hijo de Alonso Pacheco, Diego, casado con Isabel de los Herreros.

A la pericia de Alonso Pacheco, y a los avatares de la vida, se debe que un segundón como él fuera capaz de legar uno de los mayores patrimonios de la zona a sus herederos, los futuros marqueses de Valera y los señores de Santiago de la Torre, Valdosma y Tejada. Los avatares de la vida apartaron del patrimonio familiar a los hermanos de Alonso, Pedro y Francisco, que murieron; la pericia de Alonso mandó a la vida espiritual  a su hermana Leonor, que renunció nada más pasar al convento a toda pretensión a los bienes paternos. Con su hija Catalina quizás la cosa fue más fácil, dispuesta a renunciar a la legítima con tal de evitar la entrada en cualquier convento. Los treinta y ocho mil maravedíes que hacia 1500 Alonso Pacheco ofreció de dote conventual por su hermana era una cantidad inferior a la comúnmente exigida a otras profesas, que iba de los cuarenta y cinco mil a cincuenta mil maravedíes, pero era ante todo claramente inferior al valor de los bienes renunciados por doña Leonor. La ambición de Alonso no se detuvo con sus hermanos de madre, sino que su avaricia el llevó a quedarse con la quinta parte que correspondía a los herederos de la segunda mujer de su padre, doña María de Ajofrín.

El doctor Muñoz, patrón del convento de las petras, no parecía muy dispuesto a dejarse embaucar por los tratos de Alonso Pacheco, que tildaba de engaños, ni tampoco reconocía valor alguno a la carta de renunciación de bienes de doña Leonor, simple escrito de monjas sin licencia del provisor o del propio patrón. El convento de las petras de Cuenca se había fundado en 1509 por legado testamentario del canónigo de la catedral Alfonso Ruiz. En su última voluntad, dejaba por patronos de dicho convento al maestro Martín Navarro, ya fallecido en 1530, y al doctor Eustaquio Muñoz. El doctor Muñoz de hecho era quien controlaba el convento y todas las transacciones ligadas al ingreso de las monjas, pero en el caso de Leonor de Guzmán intencionadamente se había ausentado en el momento de la firma de la carta a la renuncia de bienes y había evitado todo trato con don Alonso Pacheco, sabedor de las disputas por la herencia del señor de Minaya.

Don Juan Pacheco, señor de Minaya, al morir repartió sus bienes entre los herederos de sus dos mujeres. Para los hijos de doña Leonor quedaron las tres cuartas partes de los bienes, para los hijos de doña María el cuarto restante. o un quinto, según otros testigos. El señorío y mayorazgo de Minaya quedó en manos del primogénito, pero quedaba en disputa la herencia de los bienes que a la familia habían llegado por la falta de herencia de Hernán González del Castillo, el de la Torre Vieja de San Clemente, principalmente en esa villa de San Clemente y los molinos y dehesa de Galapagar en la ribera del Júcar. A los hijos de la segunda mujer le corresponderían un heredamiento, dehesa y molinos en Rus, término de San Clemente, un heredamiento y dos ruedas de molinos en Bolinches, en Jorquera.

Entre los bienes legados por Juan Pacheco a los hijos del primer matrimonio figuraban los molinos harineros Nuevos de la ribera del Júcar, constituidos por dos casas, una de ellas en el término de San Clemente con seis ruedas y otra casa de tres ruedas en la margen izquierda del río, término de Alarcón. La partición hecha efectiva en 1507 de los molinos Nuevos por legado testamentario de Juan Pacheco fue salomónica, no contentando a nadie: rueda y media para cada uno de los seis hermanos, que recibieron de su padre, además, cincuenta y cuatro mil maravedíes por cabeza. La partición de bienes se hizo ante dos escribanos, Diego de Arnedo, de Minaya, y Alvar Ruiz, de San Clemente, y ante el licenciado León, de Belmonte. Pero la equidad de la distribución estaba condenada desde el momento que cuatro de los seis hermanos, salvo Rodrigo y Alonso, eran menores de edad. La más desgraciada fue la hermana, Leonor de Guzmán, cuya curaduría se arrogó Alonso, más preocupado por su patrimonio que por su bienestar. Igual suerte corrió Francisco, que fue enviado como fraile franciscano a Salamanca, mientras en un principio legaba sus bienes, con la condición de casamiento, a su hermana Leonor de Guzmán, o Leonorica como era conocida en la familia. Tal decisión provocó las envidias y disputas de los hermanos. Rodrigo y su mujer Mencía ya pensaban en un buen casamiento para la Leonorica, pero la decisión de Alonso de meterla a monja desbarató sus planes. El despechado fraile Francisco viendo tales intrigas decidió dejar sus bienes a los pobres, pero se encontró con la oposición de su hermano Alonso que le espetó a la cara aquello de ¡más pobre que yo!, a lo que el acobardado monje solo supo responder: pues tomaoslos vos. A su muerte, con apenas veintiún años, el resto de bienes pasaron a su hermana Leonor, es decir de hecho a Alonso, curador de su hermana. Los infortunios se iban sucediendo entre los hermanos, un buen día, hacia 1513 o 1514, Pedro Pacheco se fue de su tierra con dieciocho años y desapareció, se dijo que estaba cautivo en África, en manos de los moros, según unos; como soldado en Nápoles, según otros. Se le dio por muerto, y ávido, como siempre, Alonso se apoderó de los bienes del hermano desaparecido y dado por muerto. Hacia 1520 poseía gran parte de herencia paterna y, entre ella, las seis ruedas de los molinos Nuevos de la casa de San Clemente y una rueda de dichos molinos de la casa de Villanueva de la Jara, en término de Alarcón.

Alonso Pacheco había heredado de su padre una ambición desmedida. La casa de Juan Pacheco, padre de Alonso, debía parte de su fortuna al medio millón de maravedíes que aportó al matrimonio su mujer Leonor de Guzmán, pero, poco antes de su muerte por parto, a Leonor solo se le reconocían por bienes un paño francés colgado en la pared de su casa y una ropa de terciopelo que legó a la iglesia de Minaya. O eso decían interesadamente los testigos, pues la herencia familiar se había infravalorado conscientemente. Según el convento de la Purificación la fortuna heredada por Leonor, la hija, ascendía a 400.000 maravedíes, tal vez, una evaluación excesiva, pero creíble si pensamos que cada rueda de molino ascendía a 100.000 maravedíes, y Leonor por legado propio y el de su hermano Francisco poseía tres. Los Pacheco era una familia de caballeros, en el sentido medieval del término, personas que por su mismo estado no debían ejercer oficios viles o mecánicos. El caso es que el padre, Juan, se movió en su última voluntad entre el deseo de preservar el mayorazgo familiar, que acabó en manos del primogénito, y el no dejar en la indigencia al resto de los diez hijos. A los cinco hijos de la primera mujer les dejó los molinos y una renta de 54.000 maravedíes, a los otros cinco hijos de la segunda mujer sendos molinos en Jorquera y Rus. Las rentas de los 54.000 maravedíes se acabaron pronto en manos del hermano mayor y de unos desaprensivos curadores. Para los testigos de la época era gente pobre y con harta necesidad. Por eso, Francisco o Leonor escogieron el camino de la Iglesia y Pedro la senda de la guerra. Pero, el hijo segundo, Alonso ya era mayor y con buen casamiento, Juana de Toledo, la hija de Alonso de Castillo, el hombre más poderoso de la villa de San Clemente por la época. Alonso Pacheco, hombre de pocos principios éticos, jugó con la necesidad de sus hermanos, para quedarse con los derechos de su hacienda, hasta construirse con un emporio económico, centrado en los molinos de la ribera del Júcar y los heredamientos de Rus, herencia de sus hermanastros, que también acabó en su poder. Alonso Pacheco, hombre de su tiempo supo ver el despegue agrario de las villas de realengo del Marquesado de Villena, y en concreto, la revolución agraria de Villanueva y sus aldeas, para sacar sustanciosos beneficios de las carretadas de grano que los agricultores llevaban hasta los molinos de la ribera del Júcar.

La joya de la herencia familiar era los molinos Nuevos, con nueve ruedas divididas a parte iguales entre los hermanos; pero los molinos fueron también un quebradero de cabeza para la familia después que una avenida del río Júcar por el año 1510 se llevase las dos casas de molinos. Los hermanos, encabezados por Rodrigo y Alonso, pues el resto de hermanos menores eran simples comparsas en el asunto, se concertaron con el concejo de Villanueva de la Jara para hacer frente a los costes de reedificación de las casas. Los costes fueron repartidos por mitades, pero Villanueva exigió la perpetuidad de los beneficios de la futuras moliendas a partes iguales; es decir, el monopolio del concejo jareño por la explotación de los molinos sitos en su ribera; un nuevo concierto, supondría la cesión de una de las seis ruedas a los Pacheco. La reconstrucción de los molinos fue aprovechada para sumar cuatro ruedas más, de modo, que siete ruedas quedarían del lado de San Clemente y seis del lado de Villanueva de la Jara. Un nuevo concierto, recogido en sentencia arbitral firmada en Minaya, supondría la cesión de una de las seis ruedas a los hermanos Pacheco, cuyos derechos eran tutelados por el mayor Rodrigo. Pero poco después en marzo de 1511, el concejo de Villanueva se haría con esa rueda tras haber prestado a don Rodrigo Pacheco 42.000 maravedíes a devolver en cuatro años, a cambio de hipotecar esa rueda. Lo que para Rodrigo Pacheco era empeño, se trataba de venta para el concejo de Villanueva de la Jara. Operación que no reconocería Alonso Pacheco por considerar la rueda de molino propiedad de los hermanos menores, y suya, como cesionario de los derechos de sus hermanos menores, al morir hacia mediados de la década de los veinte el primogénito Rodrigo. Claro que los derechos que se arrogaba Alonso Pacheco eran tan confusos como su supuesta ignorancia en el mencionado préstamo o robra de los 42.000 maravedíes, pues no faltaban testigos que lo vieron contado encima de un madero de la casa de los molinos Nuevos cada uno de los maravedíes recibidos, que lógicamente acabaron en su faltriquera. Este sería el origen del pleito entre Alonso Pacheco y el concejo de Villanueva de la Jara. Desde 1511, el concejo de Villanueva poseía por la vía de los hechos las seis ruedas de la casa de su ribera, gastándose ciento cincuenta mil maravedíes en su aderezo y mejora en los años catorce, diecisiete y veinte, pero a la muerte de Rodrigo Pacheco, su hermano Alonso decidió llevar en 1525 sus pretendidos derechos a la Chancillería de Granada. Estas enrevesadas operaciones entre Rodrigo Pacheco y el concejo jareño, lo que nos muestra es la falta de liquidez de los Pacheco, ejemplo de la nobleza regional, arruinada y sin liquidez a comienzos del quinientos. Realmente no era mucho mejor la situación del concejo jareño, pero jugaba con una ventaja: los ahorros de unos agricultores en plena expansión y la disposición directa de la recaudación real de las alcabalas, utilizadas temporalmente en beneficio del propio concejo para sus obligaciones (así se hizo para pagar a Rodrigo Pacheco) y cuyo anticipo era resarcido una vez recogida la cosecha. Por supuesto que una parte de esa baja nobleza vio la oportunidad de captar una parte del excedente agrario de los agricultores de la Manchuela con la maquila obtenida en las moliendas. Rodrigo Pacheco, propietario de los molinos del Batanejo, Alonso Castillo, de los de la Losa, Alonso Pacheco, de los Nuevos, o Diego Castillo, poseedor de los molinos de la Noguera, vieron en los molinos de la ribera del Júcar la oportunidad para resarcirse de la pérdida de otras rentas feudales. Los beneficios obtenidos fueron vistos por las villas de realengo como una vuelta a las extorsiones feudales, pero esas villas pronto impusieron su fuerza y participaron del excedente agrario con la construcción de sus propios molinos. El paisaje urbano de las villas de realengo vio cómo se erigían edificios religiosos, civiles y las primeras casas palacio.

Por otra parte, el incremento de ruedas venía a reconocer la insuficiencia de las instalaciones existentes por el fuerte desarrollo agrario de la zona. Recordemos que, en 1514, San Clemente también construirá los molinos llamados del Concejo (construcción que se prolongará todavía en 1525) a cargo del cantero vasco Pedro de Oma, que fue el autor unos años antes de la reconstrucción de los molinos Nuevos, como el mismo reconocía en su declaración:
este testigo hizo las dichas dos paradas de molinos y sabe que la una parada está a la parte de Villanueva de la Xara tiene seys rruedas
La labor constructora de Pedro de Oma fue frenética, interviniendo también en los molinos del Batanejo, propiedad de Rodrigo Pacheco
estando este testigo haziéndoles una casa (a Rodrigo Pacheco y su mujer Mencía) una casa de cantería en el Batanejo 
Claro que Pedro de Oma, analfabeto, pues no sabía firmar, sigue siendo una incógnita, y como ya adelantamos en alguna otra ocasión, su participación en la construcción de los edificios religiosos o civiles de la comarca es una apuesta segura, tal como él nos reconoce en su declaración:
dixo este testigo oyo dezir a los alcaldes y rregidores de la villa de Villanueva de la Xara estando este testigo obrando en la torre de la dicha villa que los dichos molinos rrentaban en cada un año más de seys çientas hanegas
Ayuntamiento de Villanueva de la Jara
A la izquierda, Torre del Reloj
Así, vemos  al cantero vasco edificando la Torre del Reloj que hoy flanquea por uno de sus lados al edificio renacentista del ayuntamiento. Con un basamento tal vez de una época anterior, la sobriedad de la torre quizás choca con el purismo del ayuntamiento civil, pero en la sencillez de las líneas y su tosquedad le acompaña sin desentonar. Es arriesgado adelantar el Renacimiento en estas tierras a comienzos de siglo y por supuesto erróneo intentar implicar a los vascos, muy apegados a lo antiguo, en estas nuevas formas arquitectónicas, pero que la Mancha de Montearagón vivió en los comienzos de siglo una renovación edilicia, anterior a esa otra constatada de mediados de siglo, nos es cada vez más evidente, y que los autores, aparte de autores vascos como los Oma, está por descubrir.

Alonso Pacheco contra el concejo de Villanueva
Tras la reedificación de los molinos Nuevos, a partir de 1616, las siete ruedas de la casa de la parte de San Clemente quedaron en propiedad de los pachecos; de las seis ruedas de la parte de Villanueva de la Jara, este concejo se quedó con la propiedad de cinco ruedas y la restante quedó en manos de la familia de los pachecos, aunque Alonso la consideró como suya propia en exclusividad, por la muerte de sus hermanos, la tutela sobre su hermana Leonor y la venta que en su favor había hecho el hermano menor Juan de Guzmán. Hoy este juego de reparto de ruedas de molino nos puede parecer curioso, pero no olvidemos que para los contemporáneos cada rueda de molino significaba unos derechos de maquila anuales que fácilmente pasaban de ciento cincuenta fanegas de trigo. No siempre era así, los años malos o de esterilidad reducían los derechos de maquila, que solían ser un quinto del trigo molido, a cuatrocientas o quinientas fanegas para las seis ruedas, es decir, unas noventa fanegas de trigo por rueda.Dicho de otro modo, Alonso Pacheco, que disfrutó en el período que va de 1500 a 1529 las tres ruedas de molino que correspondían a su hermana Leonor (las suyas y las heredadas de Francisco), obtuvo unas rentas de más de 10.000 fanegas de trigo. A añadir por supuesto a los frutos y ganancias mucho mayores de las ruedas que poseía en las casas del término de San Clemente. Y sin olvidar que algunos años los derechos de maquila impuestos habían sido superiores. No es extraño que el valor de una rueda de molino se hubiera duplicado en apenas un cuarto de siglo, tal es el caso de una rueda vendida en los molinos de los Carrascos, dos leguas río abajo de los molinos Nuevos: el valor de su venta hacia 1500 fue de 50.000 maravedíes, veinte años después su valor ascendía a los 100.000 maravedíes. Por esa cantidad sería por la que Rodrigo Pacheco compraría cada una de las ruedas de los molinos del Batanejo a un vecino de Villanueva de la Jara llamado Julián González.

Paraje de los molinos Nuevos en la actualidad


El pleito entre Alonso Pacheco y el concejo de Villanueva de la Jara era un juego de intereses, donde las necesidades de una villa agraria en expansión chocaban con las propias ambiciones del sanclementino, al fin y al cabo, un segundón de la familia de los señores de Minaya, pero que con la corta herencia recibida de sus padres, una rueda de molino y 54.000 maravedíes, y una certera alianza matrimonial con Juana de Toledo, nieta del alcaide de Alarcón, había sabido maniobrar para construirse una fortuna que rivalizaba con la de su suegro, Alonso del Castillo. Así, Alonso de Pacheco y Alonso del Castillo se habían convertido en los dos sanclementinos más ricos y también, por sus ínfulas señoriales, más odiados. Muestra del poder de Alonso de Pacheco son los testigos que presentó en su pleito contra Vilanueva, a los que el concejo tildaba de simples criados de baja condición molineros y trabajadores a su servicio, o, caso de Lope de Mendoza, simples familiares con intereses comunes. No obstante, Alonso Pacheco se había ganado enemistades entre sus vecino de San Clemente. Alguno era un viejo aliado en las pretensiones nobiliarias como Antón García, otros miembros de viejas familias, como los López de Perona, y el resto eran recién llegados al poder local como la familia Simón. Por ellos sabemos las redes clientelares que Alonso Pacheco, y su suegro Alonso Castillo, se habían creado en la sociedad sanclementina. Pedro Molinero, con apellido del mismo oficio, o el también molinero Pedro Cardoso se hacían cargo de las moliendas; ganancias que eran exacciones del quinto del trigo aportado por los labradores, pero que en alguna ocasión superaba esa proporción, por los conciertos, en sus molinos de la Losa y los Nuevos, a los que llegaron los dos Alonsos, suegro y yerno. Otras veces, las alianzas eran familiares, casos de Lope de Mendoza, hermano de Mencía, cuñada de Alonso, o Diego de Alarcón, primo hermano de la susodicha. Para Alonso Pacheco era de tanto valor la palabra de sus familiares caballeros como de sus criados molineros. Sabemos ya por el padre del Lazarillo de Tormes de la poca confianza que en aquella época merecían los molineros: viva imagen de los robos que para los labradores escondía la maquila. Pero la figura más que el personaje rahez, cretino o borracho que se nos quiere hacer ver en el expediente que estudiamos era el símbolo del juego de intereses de una época despiadada: el pobre molinero era poco lo que obtenía de las moliendas pero ante sus ojos pasaban los tratos más sucios y engaños más execrables a costa de los agricultores que con su grano llegaban a la ribera del Júcar.

Vista del paraje molinero de Los Nuevos
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El concejo de Villanueva obtuvo ejecutoria favorable en un primer momento del pleito, obligando a Alonso Pacheco a devolver la rueda de molino que poseía en la parte del río de Villanueva de la Jara y las rentas obtenidas con el disfrute de dicha rueda. Pero la ejecutoria obtenida en un primer momento no fue aceptada por Alonso Pacheco que prosiguió el pleito. Para 1530, el litigio se había complicado sobremanera, pues el concejo jareño había buscado la complicidad del convento de la Purificación de Cuenca, donde había profesado hasta su muerte como monja la hermana de Alonso, Leonor de Guzmán, y en cuyo nombre el convento invocaba su participación en la herencia de los molinos Nuevos. A decir del patrón del convento, el doctor Muñoz, la carta de renuncia de bienes de doña Leonor a favor de su hermano Alonso era nula y fraudulenta, por hacerse engañosamente y sin licencia de los superiores y patrones del convento. Para esa fecha de 1530, las partes dejaban entrever cierto cansancio, en especial, en lo que atañe a Alonso Pacheco, que veía consumida su hacienda en un pleito interminable. Para que lo represente en el litigio había dado poder el año anterior a su mayordomo, Martín López de Perona, vecino de la Roda. La carta de poder es significativa por las amplias atribuciones concedidas al mayordomo para disponer de los diversos negocios del señor con sus censatarios, renteros, molineros y pastores y para la compra, venta o cualquier transacción de bienes. Ahora, Alonso Pacheco busca entre sus viejos rivales sus testigos de apoyo, tal como Pedro Monteagudo, hermano de un regidor jareño, o el rico sanclementino Antón García, a quien cinco años tenía por enemigo. Pero las ansias de conciliación de Alonso Pacheco no eran correspondidas por la villa de Villanueva de la Jara, que no olvidaba una larga lista de pleitos perdidos con su contendiente. El concejo jareño intrigaba ahora con el doctor Muñoz y las petras, buscando una victoria plena en la posesión de las ruedas sitas en la parte de su término



ANEXOS

Relación de testigos presentados por Alonso Pacheco (1530):

Alonso de Montoya, 60 años, vecino de la Parrilla, tío de Jerónimo Montoya
Pedro de Monteagudo, 43 años, vecino de Villanueva de la Jara
Jerónimo de Montoya, 35 años, vecino de Vara de Rey
Sebastián Navarro, 55 años
Pedro Martínez Pintor, 65 años, vecino de Vara de Rey
Marina Martínez, su madre, 80 años, mujer de Juan Alcocer, vecina de Vara de Rey
Benito Cuartero, 48 años, vecino de Villanueva de la Jara
Pedro García el Viejo, 52 años, morador de Quintanar del Marquesado
Hernán Martínez Rubio, 73 años,vecino de la Roda
Juan Bonillo, 70 años, vecino de Minaya
Juan García Aljofín, 70 años, vecino de Minaya
Alonso Roldán, 70 años, vecino de Minaya
Andrés Martínez Bonillo, 60 años, vecino de Minaya
Antón García,vecino de San Clemente, 60 años

Relación de testigos presentados por Villanueva de la Jara (1530)

El doctor Muñoz, 50 años, patrón del convento de la Purificación de Cuenca
Juan de la Osa, vecino de Villanueva y procurador de la villa
Don García de Villarreal, chantre y canónigo de la catedral de Cuenca, 60 años.
Estefanía de Villarreal, mujer de Luis Carrillo Hurtado de Mendoza, 22 o 23 años
Pedro de Madrid, clérigo de 60 años de Cuenca
Juana Ruiz, abadesa de 60 años del convento de la Purificación de Cuenca
Marina Ruiz, vicaria de 50 años del convento de la Purificación de Cuenca
Juana de Lizama, monja de 30 años del convento de la Purificación de Cuenca, provisora
Pedro del Castillo, 63 años, capellán del convento de la Purificación de Cuenca
Juan del Pozo, canónigo de Cuenca, 70 años
María López, mujer de Juan Gasco, 60 años, vecina de Villanueva de la Jara
Alvar Ruiz, 75 años, vecino de Villanueva de la Jara
Juan López de Vicen López, 60 años, vecino de Villanueva de la Jara
Miguel Sánchez de Tresjuncos, 70 años, vecino de Minaya
Andrés Bonillo, 60 años, vecino de Minaya
Pedro de Medrano, vecino de Minaya, setenta años
Juan Sánchez de Jábaga, 60 años, vecino de Minaya
Diego de Alarcón, vecino de Minaya, 50 años
Miguel González, vecino de Minaya, 65 años
Pedro Chamocho (o Chamodio), vecino de la villa de San Clemente, 60 años
Juan González, alcalde ordinario. Tío de los Ruipérez, propietario de ruedas de molino en el Batanejo, que vende a los Pacheco
Pedro López de Tébar, alcalde ordinario
Juan de Monteagudo, Pascual García y Ruipérez, regidores de Villanueva de la Jara
Pascual Sánchez de Pozoseco, regidor de Villanueva de la Jara
Juan Tabernero, regidor de Villanueva de la Jara
Juan de la Osa, procurador de Villanueva de la Jara

Otros testigos

Hernán González Reillo, 50 años
Esteban de la Casa, molinero en los molinos Nuevos, 33 años
Hernán Rosillo, escribano de San Clemente en 1530
Francisco Hernández, escribano del número de San Clemente

Testigos en las probanzas de julio 1525, presentados por Alonso Pacheco

Declaraciones tomadas en las casas del término de San Clemente de los molinos Nuevos

  • Pedro Molinero
  • Pedro de Oma, cantero, vecino de San Clemente, 57 años antes más que menos
  • Pedro Camacho, vecino de Vara de Rey
  • Juan Cardoso, vecino de Alarcón

Declaraciones tomadas en las casas del término de San Clemente de los molinos del Batanejo

  • Andrés de Cuéllar, morador en Tarazona
  • Juan Camacho, vecino de Minaya
Declaraciones tomadas en Villanueva de la Jara
  • Juan González
  • Martín López el Viejo
  • Diego López
Otros testigos
  • Lope de Mendoza, 63 años, caballero, vecino de San Clemente, hermano de Mencía de Mendoza, mujer de Rodrigo Pacheco, señor de Minaya
  • Diego de Alarcón, vecino de Minaya, 45 años, primo hermano de Mencía de Mendoza
  • Simón Visiedo, 60 años
  • Hernán Martínez Rubio, 65 años
  • Pedro Chamodio, 55 años, molinero
  • Juan Cardoso, vecino de Alarcón, 55 años, molinero
  • Andrés Cuéllar, 50 años
  • Juan Chamodio, 
Testigos en la probanza de 1525, presentados por Alonso García, en nombre del concejo de Villanueva de la Jara

Antón García, vecino de San Clemente, más de 60 años
Alonso López de Perona, vecino de San Clemente, 60 años
Pedro de Albelda, vecino de San Clemente, 50 años
Martín del Campo, vecino de San Clemente, 60 años
Diego Simón, vecino de San Clemente, 60 años
Juan del Castillo, 55 años
Vasco Saiz Carretero, vecino de San Clemente, 55 años
Pedro de Alarcón, vecino de San Clemente, 37 años
Miguel Sánchez de Tresjuncos, vecino de Minaya, 60 años
Juan Catalán, vecino de Minaya, 60 años
Alejo Martínez, 50 años
Julián González, vecino de la Roda, 38 años
Simón Visiedo, vecino de la Roda, 60 años
Esteban de la Casa, vecino de Villanueva, 33 años
Pedro Chamocho, vecino de San Clemente
Hernán de la Peña


Concejo de Villanueva de la Jara de 4 de octubre de 1525

Martín García de Villanueva, alcalde; Martín López, Aparcio Talaya, Alonso Ruipérez, regidores, Juan de Monteagudo, diputado; Andrés Navarro, alguacil; y Francisco Navarro, escribano.

Concejo de Villanueva de la Jara de 17 de febrero de 1525

Pedro López de Tébar y Juan de la Osa, alcaldes ordinarios; Juan Tabernero, Pedro López Peinado, regidores; Diego Martínez Remielle, alguacil; Diego López y Juan Sanz de la Talaya, diputados.

Concejo de Villanueva de la Jara de 12 de noviembre de 1530

Pedro López de Tébar, alcalde ordinario; Pascual García y Juan de Monteagudo, regidores; Pascual Rabadán, alguacil; Hernán Martínez y Francisco García, diputados; Juan de la Osa, procurador de la villa. Otros: bachiller Clemente.

Testigos de la villa de San Clemente en las cartas de poder de Alonso Pacheco y probanzas de testigos de 1525

Juancho Vizcaíno, Juan Sánchez de Laredo, Miguel García, Francisco Hernández, escribano, Sancho Rodríguez, escribano, y su hijo Francisco Rodríguez, Baltasar Cabeza de Vaca, Hernán Rosillo, escribano, Gonzalo de Origüela, Estudillo, Francisco de Ávila, Juan de Oma, Pedro Gallego, Alonso Yubero,  Hernán González Pacheco, Juan Fraile, Pedro Barriga, escribano, Diego de Sandóval, Pedro Rosillo, Gonzalo Chacón, Martín de Tébar, Miguel López de Perona, Juan de Alarcón, Hernando de Origüela,

Testigos de la villa de Villanueva de la Jara en las probanzas de 1525

Juan de Mondéjar, morador Tarazona, Pedro Simarro, morador Tarazona, Antón Monedero, Pedro Armero, Alonso Simarro, Lope de Araque, Aparicio, Saiz del Atalaya, regidor, Alonso de Ruipérez, regidor



ARCHIVO DE LA CHANCILLERÍA DE GRANADA (AChGr). 01RACH/ CAJA 5390, PIEZA 5. Pleito entre Alonso Pacheco y la villa de Villanueva de la Jara por la propiedad de la rueda de un molino en los Nuevos. 1525-1530

martes, 7 de marzo de 2017

Las capillas de San Antón y de San Antonio de la Iglesia de Santiago Apóstol de San Clemente

Puerta de Santiago de la Iglesia parroquial de San Clemente
Accediendo a la Iglesia parroquial de Santiago Apóstol de la villa de San Clemente por la gótica puerta de Santiago nos encontramos a mano derecha con dos de las principales capillas de la mencionada iglesia: la de San Antón y la de San Antonio. El nombre de ambas capillas ya se confundía en el siglo XVII y los nombres de una y otra se usaban indistintamente para llamarlas.

Imagen (http://sanclemente.webcindario.com)
La capilla más alejada a la derecha de la puerta de Santiago, es la de San Antonio, donde se muestra en un panel una representación de la ciudad de Zaragoza y en otro la aparición  de la Virgen al apóstol Santiago, símbolo de su advocación a la Virgen del Pilar, poca muestras nos da de su pasado. Esta capilla fue fundada por Hernán González de Avilés o del Castillo, el que levantó la Torre Vieja. Aquí estaba enterrado, junto a su padre y su mujer Mencía López de Mendoza, y también Mencía de Mendoza, que casará con Rodrigo Pacheco,  y que era hija de Francisco de Mendoza y Catalina de Bustos, ésta era a su vez sobrina de Hernán González de Avilés. La capilla será lugar de enterramiento de los Pacheco, que procedentes del linaje de los señores de Minaya, se asentarían en San Clemente, dando lugar a tres troncos familiares. El nombre de San Antonio se fue olvidando para llamar a esta capilla, que empezó a denominarse de los Pacheco, pero también del Santo Cristo.

Capilla de San Antonio o de los Pacheco
Foto: Jorge Montero Moya
La capilla de San Antonio había sido mandada edificar y dotada con una capellanía por Hernán González del Castillo (o Avilés) y su mujer Mencía López de Mendoza (1), pero tras la reforma de la Iglesia a mediados del quinientos, la capilla fue edificada de nueva planta el año de 1573. Es posible que en estos años se construyeran de nueva planta o remodelaran diferentes capillas de la pared sur en torno a la puerta de Santiago. En 1574, el clérigo Tristán Pallarés está remodelando su capilla del mismo nombre. Hasta finales del siglo XVII la capilla de San Antonio estaba coronada por un escudo con el mote de Pachecos, pero la condesa de Fontanar lo mandó retirar y poner otro escudo con dos leyendas, en la parte superior, capilla de la Señora de Minaya, y en la inferior, capilla de San Antonio.

Capilla de los Herreros o de San Antón
La capilla más cercana a mano derecha, según se entra por la puerta de Santiago es la de San Antón. Fundada por los Herreros, concretamente en torno al 1500 por Miguel Sánchez de los Herreros y su mujer Teresa Macacho. La herencia familiar recaería en su hijo Antonio de los Herreros, cofrade de la orden de San Juan, casado con Ana López de Monteagudo. A falta de varón, tuvieron cuatro hijas: Teresa López de los Herreros, casada con Antonio Ruiz de Villamediana, Ana, de la que poco sabemos, y otras dos, llamadas Isabel y María. Isabel de los Herreros, casaría con Diego Pacheco (dando origen a los señores de Valera y de Valdosma y Tejada), y María de los Herreros con Hernán González Pacheco (con el tiempo sus descendientes acabarían diluidos en los Haro). Sería María, quien en su testamento de 30 de septiembre de 1543, fundara una capellanía en dicha capilla, dotada con tres hazas cebadales para pago de las misas comprometidas por la salvación de su alma. Los Pacheco, herederos de María, y los Herreros, descendientes de otros hijos varones de primero de los Herreros (Miguel Sánchez de los Herreros) se disputaron el patronazgo de esta familia. Así el nombre de San Antón pronto se confundió con el nombre de la capilla aneja de San Antonio. Al fin y al cabo, ambas denominaciones correspondían al mismo Santo. Sobre el aspecto de la capilla en 1666 tenemos un testimonio de primera mano con motivo de las pruebas para obtención del hábito de Santiago por uno de los Herreros

La capilla de San Antón en la Iglesia de Santiago: escudo de armas y enterramientos de los Herreros

Visita de la capilla de San Antón

En la dicha villa en el dicho día mes y año fecha la dilijencia de arriba por decir los testigos que en esta iglesia mayor está la capilla de San Antón de quién es patrón por derecho de sangre y línea recta de barón don Alonso de los Herreros hermano mayor del pretendiente la qual dicha capilla y patronato fundaron Miguel Sánchez de los Herreros y Teresa López Macacho su mujer como parece de los papeles, fuimos a la dicha capilla que es la primera a mano derecha entrando por la puerta que llaman de Santiago y bista y reconocida tiene un retablo de escultura sobre dorado y en el nicho principal una Ymagen de San Antón, y en frente de la entrada en la pared están dos nichos de entierros con sus tumbas de madera y en cada una de ellas su escudo de armas grande de piedra con su orla y las armas de todos tres escudos son tres barras atrabesadas de color carmesí en campo de oro y encima una caldera con dos leones uno a cada lado en pie que la tienen con las manos, y en la primera tumba está escrito un rótulo de letra blanca que dice así= aquí están sepultados los güesos del licenciado don Francisco de los Herreros calificado por la general inquisición para officio mayor murió a 30 de setiembre y lo demás del año y que se sigue está borrado y no se puede leer... (AHN. CONSEJO DE ÓRDENES. CABALLEROS DE SANTIAGO. Exp. 3917 bis, fol. 2, Documentos probatorios en la villa de Madrid a favor de la hidalguía de Alonso de los Herreros y López. 1666. )
                                                               
Altar mayor; al fondo a la derecha, la capilla de San Antonio o de los Pachecos
Hoy es difícil ver la historia que guardan ambas capillas. La de San Antonio, panteón familiar de los Pacheco es una capilla desnuda. La capilla de San Antón aún mantiene el escudo de los Herreros: sobre las tres barras, dos leones sujetando un caldero; pero en el olvido ha quedado que era lugar donde las familias nobles se reunían para elegir alcalde de la hermandad por los hijosdalgo. La imponente Cruz Cerrada nos hace olvidar que a sus pies hubo un tiempo en que reposaban los huesos del linaje de los Herreros. Destacar que tanto en el escudo de los Herreros como en la clave de la bóveda de la capilla aparece la letra Tau, la razón es que tal letra es el símbolo de San Antón (o San Antonio Abad), pues se asociaba a su bastón. La letra Tau se asociará asimismo a los caballeros hospitalarios o de la orden antoniana y a la orden del Temple. De ahí, las relaciones que se ha querido ver entre la iglesia de Santiago y la orden del los templarios, olvidando la simbología de la letra Tau, asociada al patrón de la capilla.
 
San Antón o San Antonio Abad de Lodi. Museo del Prado.
                                                                           
Detalle del bastón de la pintura anterior
Planta de la Iglesia (http://www.bab-arquitectos.com/proyectos/sanclemente.htm)



                                                             
Alzado norte de la Iglesia (http://www.bab-arquitectos.com/proyectos/sanclemente.htm)
                             
Sección longitudinal (http://www.bab-arquitectos.com/proyectos/sanclemente.htm)



(1) Sobre la fundación de dicha capilla de San Antonio: No se pone suçesión de este cauallero (Hernán González del Castillo) porque no la tuvo, aunque fue casado con Mençía López de Mendoça, señora de mucha calidad y christiandad y viuieron en la uilla de de San Clemente en la Mancha donde edificaron unas casas muy prinçipales con una torre, que llaman torre vieja, tuuieron muchos heredamientos, bienes y haçienda y fundaron una capilla en la yglesia maior de San Clemente la más prinçipal que ay en ella de la aduocaçión del señor San Antonio en la qual se mandó enterrar en su testamento el dicho Hernán González y que metiesen consigo los huesos de su padre, el patrón de la capilla es don Françisco Pacheco señor de Minaya, dexó ansimismo una memoria y dotación en la cofradía de Nuestra Señora de los Coronados de la dicha uilla, donde él y su mujer fueron cofadres, como parece por la tabla de memorias que se an de haçer y deçir en aquella yglesia por los cofadres della donde el primero capítulo diçe desta manera: primeramente por Hernán González del Castillo y por su dueña se a de deçir una uigilia de seis liçiones cada año y el mismo capítulo está en el libro de las memorias que la dicha yglesia tiene (BNE. Mss. 3251, p. 310)

BNE. Genealogía de los Pacheco señores de Minaya. Mss. 13092

http://www.bab-arquitectos.com/

martes, 20 de septiembre de 2016

Capilla de San Antonio o de los Pachecos de la Iglesia Mayor de Santiago de San Clemente

La capilla de los Pacheco, de San Antonio o del Santo Cristo, era la capilla que poseían los Pacheco en la Iglesia Mayor de San Clemente. El patronato correspondía al señor de Minaya. En San Clemente tuvieron notoriedad tres ramas de los Pacheco. Los descendientes de Juan Pacheco y Guzmán, alférez de la villa, señores de Valera, los descendientes de su hermano Francisco, señores de Valdosma y Tejada y Santiago de la Torre (ambos eran nietos de Alonso Pacheco, hermano del señor de Minaya hacia 1500), y, por último, otra rama procedente de los señores de Minaya, descendientes del matrimonio de Fernán González Pacheco, primo hermano de los anteriores, y María de los Herreros, en cuyos sucesores recaería el mayorazgo de Santiago de la Torre hacia finales de siglo XVII.

A la altura de mediados del siglo XVII, los Pacheco habían hecho olvidar las acusaciones de judaísmo que un siglo antes pesaban sobre el linaje, pasando en San Clemente por la familia más antigua y principal. La Torre Vieja* era el símbolo de su abolengo y de su descendencia directa del fundador de San Clemente a través de Hernán González del Castillo (al que intencionadamente se empezará a suplantar el apellido Castillo por el de Avilés), a decir de uno de los testigos,  por ser unos caualleros que así en esta villa como en su tierra no abrá otros en su calidad y antigüedad, pues no ay en esta villa posesión, casa principal que no lo manifieste y aunque no tubiera otra antigualla que la torre biexa que poseen era bastante para prueba de su grande antigüedad, pues el escudo de sus armas que está en dicha torre apenas se reconoze. Los Pacheco habían heredado de Hernán González de Avilés la capilla de San Antonio, donde Hernán había fijado el lugar de su enterramiento. Torre Vieja y capilla de San Antonio eran las dos señas de identidad de su calidad y antigüedad en la villa de San Clemente, que les permitiría dejar en el olvido los papeles acusadores que la Inquisición conservaba en su cámara del secreto.

                                                                     ***

(Juan Pacheco de Mendoza) declaro que yo y Don Francisco Pacheco de Mendoza mi hermano y el Conde de Fontanar, señor de la villa de Minaya, tenemos una capilla en la Yglesia Mayor del señor Santiago de esta villa de San Clemente, que en lo antiguo llamaron San Antonio y al presente se llama del Santo Christo y de los Pachecos, de la qual es patrono el dicho Conde y tenemos parte en la propiedad de ella el dicho mi hermano y yo, por auer sido de Doña Mencía de Mendoza, muxer de Don Rodrigo Pacheco, señores de Minaya, mis quartos abuelos los quales tubieron por hixos lexítimos al señor Don Francisco Pacheco el cojo, señor de Minaya, de quien desciende dicho Conde de Fontanar y al señor Fernán González Pacheco, marido de la señora Doña María de los Herreros, mis terceros abuelos y estos tubieron por su hijo lexítimo al señor Don Fernando Pacheco y Abilés, que casó con la señora doña Ysabel de Obregón, mis bisabuelos quienes tubieron por hijo lexítimo a Don Pedro Pacheco de Guzmán, marido de la señora Doña Ysabel de Resa, mis bisabuelos (quiere decir abuelos), los quales tubieron por su hixo lexítimo al señor don Fernando Pacheco de Mendoza, marido de la señora doña Cathalina de Teuar, mis padres, de cuyo matrimonio con otros hixos que tubieron solo emos quedado yo y el dicho Don Francisco Pacheco mi hermano segundo= Y respecto de que el dicho señor Fernán González Pacheco mi tercero abuelo zedió al dicho señor don Francisco Pacheco, señor de Minaya, el patronato de dicha capilla solo nos quedó la propiedad, y para que coste deste derecho a mi hixo, nietos y demás descendientes y que no tengan pleitos con el señor que es o fuere de dicha villa de Minaya, lo declaro para el descargo de mi conciencia que el dicho Conde tiene dicho patronato y propiedad y yo y dicho mi hermano tenemos también propiedad en dicha capilla

(Testamento de Juan Pacheco de Mendoza, 5 de febrero de 1704, fol. 113)

                                                             ***

Si sauen que el dicho don Juan Pacheco de Mendoza, su padre, abuelo y demás ascendientes, siempre an sido auidos, thenidos y reputados por de la familia de los Pachecos, señores de Minaya sin auerse sauido ni entendido jamás cosa en contrario y que como tales parientes an siso nombrados y obtenido y gozado las capellanías fundadas por los señores de Minaya sin auerse sauido ni entendido jamás cosa en contrario, y que como tales parientes an sido nombrados y an obtenido y gozado las dichas capellanías fundadas por los señores de Minaya, cuyos capellanes espresarán y asimismo todos los ascendientes del ducho Don Juan Pacheco de Mendoza se an enterrado en la capilla propia de esta familia que antiguamente se llamaba de San Antonio y ahora se llama del Santo Christo de la Parroquial de Santiago de San Clemente y en el entierro de los señores de Minaya en aquella villa sin que otro de diuersa familia se aya enterrado jamás en dichos entierros si no es en la Capilla del Santo Christo de la Parroquial de Santiago, con licencia de los señores de Minaya o de dicho Don Juan Pacheco, su padre y abuelos como señores de dicha capilla juntamente con los de Minaya, por lo qual unos y otros an estado haciendo y azen siempre los gastos y reparos de dicha capilla por mitad, lo qual saben por el mucho conocimiento que an tenido y tienen de esta familia (fols. 133 vº y 134 rº)




AHN. INQUISICIÓN, 1391, Exp.5. Informaciones genealógicas de Andrés Cerdán de Landa, natural de Cuenca, pretendiente a oficial del Santo Oficio, y de su mujer, Rosa María Portillo Pacheco y Mendoza, natural de Picazo (Cuenca). 1709





*Sobre la Torre Vieja, construida por Hernán González del Castillo y su sucesión en los Pacheco de Minaya

Casa de Hernán González del Castillo, hermano del doctor Pedro Gonçález del Castillo, hijo de Lope Martínez y de Teresa Martínez su mujer. De este cauallero hace mención la corónica del Rey don Juan el segundo en el capítulo 155 del año de 29 donde dice que viendo el maestre de Santiago don Álvaro de Luna que el castillo de Montánchez que estaua por el Ynfamte don Henrique no se podía sin largo tiempo tomar dejo ende un cauallero de su casa que se decía Hernán Gonçález del Castillo, hermano del doctor Pedro Gonçález del Castillo con harta gente de armas y uallesteros para que no diesen lugar que los del castillo robasen como solían ni pudiesen tener más mantenimientos del que tenían, en el capº 27 del año 42 dicela dicha corónica que el rey entregó la llaue de la torre al corregidor que entonces en Ábila tenía que se decía Hernán Gonçález del Castillo, hermano del doctor Pedro Gonçález del Castillo del conxejo del Rey.
No se pone la sucesión de este cauallero porque no la tuuo aunque fue casado con Mencia López de Mendoza señora de mucha calidad y christiandad y viuieron en la Clemente en la Mancha donde edificaron unas casas muy principales con una torre que llaman la torre uieja, tuuieron muchos heredamientos, bienes y haciendas y fundaron una capilla en la iglesia maior de San Clemente la más principal que ay en ella de la aduocación del señor San Antonio en la qual se mando enterrar en su testamento el dicho Hernán Gonçalez y que metiesen consigo los güesos de su padre el patrón de la capellanía es don Francisco Pacheco señor de Minaia, dexó ansimismo una memoria y dotación en la cofradía de Nuestra Señora de los Coronados de la dicha villa donde él y su mujer fueron cofadres como parece por la tabla de las memorias que se an de hacer y decir en aquella iglesia por los cofadres dellas donde el primero capítulo dice desta manera: primeramente por Hernán Gonçález del Castillo y por su dueña se a de decir una uigilia de seis liciones cada año e el mismo capítulo está en el libro de las memorias que la dicha iglesia tiene. (BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA, Mss. 3251, Linajes de España, fols 304-312)


Y como no tuvieron hixos de su matrimonio los dichos Hernán Gonçález y su mujer Mencia López acordaron de criar en su casa un sobrino de la muxer que se llamó Francisco de Mendoça y una sobrina del marido que se llamó doña Catalina de Bustos, hixa de doña Ysabel Mejía y de García de Bustos y nieta de doña Ysabel Martínez del Castillo hermana del dicho Hernán Gonçález a los quales los sobrinos prohijaron y los casaron por horden de Gonçalo Chacón de quien arriua hemos tratado que fue sobrino del dicho Hernán Gómez, hijo de su hermana Ynés Martínez. La carta de prohijamiento está en poder de don Francisco Pacheco, señor de Minaya, porque goça del patronazgo y uienes que quedaron del dicho Hernán Gonçález del Castillo y su mujer como descendiente de Mencia López y de don Francisco Mendoça y doña Catalina de Bustos su mujer, la qual descendencia es desta manera ... Francisco de Mendoça y doña Catalina de Bustos su muger tubieron de su matrimonio dos hixas que se llamaron doña Mencía de Mendoça y doña Juana de Mendoça. Doña Mencía de Mendoça casó con don Rodrigo de Pacheco señor de MInaya del qual matrimonio procrearon a don Francisco Pacheco señor de Minaya
BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA, Mss. 3251, Linajes de España, fols 304-312.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Los oscuros orígenes de los Pacheco de San Clemente y de los señores de Minaya

*El encumbramiento de algunas familias nobiliarias era paralelo a sus intenciones de borrar cualquier huella que comprometiera su hidalguía o limpieza de sangre de cristianos viejos. No solía ocurrir con los troncos principales de las familias, pero el afán de ennoblecimiento de personas pertenecientes a las ramas laterales de una familia chocaba con el desempolvamiento de informaciones contrarias que se daban por olvidadas o destruidas, pero que seguían permaneciendo en las cámaras secretas del Santo Oficio. Tal ocurrió a Lorenzo Padilla, regidor de Antequera, en 1612, o a Jerónimo Pacheco, vecino de Solana, en 1658. Sus informaciones fueron reprobadas por lo tocante al apellido Pacheco. Los actos negativos que manchaban tal apellido se conservaban en los archivos inquisitoriales. Se evitó que salieran a la luz los registros del Tribunal de Granada, pero no los de Murcia ni los del Tribunal de Cuenca que en el llamado libro de genealogías refería lo siguiente de los Pachecos:

De las dichas informaciones consta que los dichos Pachecos trahen su origen y descendencia de Rodrigo Rodríguez de Avilés, natural de Quintanar de la Orden, y de su mujer Beatriz Hernández alias la Pachequita, hija de Juan Hernández y Beatriz Sánchez, ama que crió de leche a doña María Pacheco, hija de Juan Sánchez Pacheco y de doña Inés Téllez de Meneses, señores de la villa de Velmonte, y porque la dicha Beatriz Hernández se criaua y estaua también con la dicha ama su madre en casa de los dichos señores la llamaban la Pachequita, la qual tubo del dicho Rodrigo Rodríguez Avilés su marido entre otros hijos a Rodrigo que después de muerto el dicho su padre se llamo Rodrigo Pacheco, tronco y origen de los dichos pachecos de la villa de San Clemente y otras partes y el primero que uso este apellido, y alguno de sus descendientes usaron juntamente el de Avilés, y parece que el dicho Rodrigo Rodríguez de Avilés fue comberso de judíos y hombre que andaua con arrendamiento de rentas y el dicho Rodrigo, el primero Pacheco, y doña Cathalina de Alarcón su muger tubieron por hijos entre otros a Juan y Diego Pacheco, alcayde de Velmonte, que casó con doña María del Castillo, hija de Hernando del Castillo, que llamaron el sauio alcayde de Alarcón, penitenciado por judaísmo en este Santo Oficio año de 1498. el qual fue hixo de Violante González relaxada por judía año de 1491. que fue muger de Alonso de Luz, vezino del Castillo de Garci Muñoz: y asímismo fueron penitenciados por este Santo Oficio, Diego del Castillo, hijo de Hernando del Castillo, y hermano de la dicha doña María del Castillo en el año 1519= Christoual Pacheco año de 1529= Rodrigo Pacheco en el dicho año de 1529= Fernán González Pacheco año de 1556= Don Francisco Pacheco año de 1561= Don Alonso Pacheco año de 1562= Don Juan Pacheco señor de Minaya año de 1544= y otro don Francisco Pacheco año de 1582; todos los quales Pacheco descienden del dicho Rodrigo, el primero que vio este apellido

En el proceso inquisitorial de 1529 contra Rodrigo y Cristóbal Pacheco por palabras heréticas, dos jurados conversos de Belmonte, Pedro de León y Alonso de Montoya, reconocían su parentesco con los anteriores. En el proceso de 1562 contra el regidor sanclementino Alonso Pacheco de Guzmán, las acusaciones procedían de su enemigo el regidor Sancho López de los Herreros, de cuarenta años, que le acusaba que de parte de madre es confeso y de parte de padre hay opiniones en ello. Entre los acusadores también estaba el regidor Francisco García (que ratificaba las afirmaciones del otro regidor) y  Juan de Robres, escribano y antiguo alcalde de San Clemente, que decía descender él mismo de un tal Pedro Rodríguez, descendiente a su vez de Rodrigo Rodríguez de Avilés y vecino de Quintanar de la Orden hacia 1492, condenado por judaísmo. Aunque la Inquisición absolvió a Alonso Pacheco de las acusaciones que pesaban sobre él (observar los preceptos de la ley mosaica, comer carne los viernes y no levantarse durante la lectura de los Evangelios), el oprobio del proceso le obligó a abandonar San Clemente con destino Toledo, donde era regidor perpetuo. No olvidaría la villa de San Clemente y, para defender el recuerdo familiar, recuperó para el linaje Santiago de la Torre, que el antecesor Rodrigo Rodríguez de Avilés se había visto a obligado a vender para pagar su rescate a los moros, que lo habían apresado. El vacío que dejó en la villa, junto con la muerte de su esposa María del Castillo, sería ocupado por su hermano Juan Pacheco Guzmán y su cuñada Elvira Cimbrón.

Tales antecedentes en nada favorables para la familia Pacheco fueron sacados a la luz en 1709 con motivo de las informaciones de testigos de Rosa María Portillo Pacheco y Mendoza para el oficio que de la Inquisición pretendía su marido. Aunque la mujer del pretendiente ocupaba un lugar lateral en la línea troncal de los Pacheco, la retahíla y recordatorio de procesos inquisitoriales contra los Pacheco eran preocupantes. Más lo era la desmitificación del origen del linaje que los señores de Minaya y sus parientes de San Clemente, Belmonte y el Pedernoso habían creado en torno a Rodrigo Rodríguez de Avilés, a su decir, hidalgo bajado de las montañas asturianas, no lejos del sagrado santuario de Covadonga, y descendiente de Juan de Ortega Avilés que ya había acompañado a Alfonso VIII en la conquista de las tierras de Cuenca. Ahora, a la luz de los papeles inquisitoriales, el antecesor, Rodrigo Rodríguez de Avilés, resultaba ser un converso, natural de Quintanar de la Orden y administrador de rentas, al servicio del señor de Belmonte, casado con la hija de la nodriza que amamantaba a María Pacheco, la hija legítima del señor de Belmonte Juan Fernández Pacheco. La nodriza llamada Beatriz Sánchez, casada con un tal Juan Hernández había tenido una hija, Beatriz, origen de la saga familiar. Se rompía así la ligazón de los Rodríguez Avilés con los Pacheco, que radicaba en la reivindicación por los señores de Minaya de una vástaga bastarda, cuyo hecho no se quería reconocer públicamente, pero tampoco se quería olvidar. Por eso a falta de conquistador bajado de las Asturias, siempre quedarían las dudas si Beatriz era hija bastarda del primer Pacheco, pues al fin y al cabo el mote de Pachequita podía bien corresponder a la amistad de la niña con la hija legítima, María Pacheco (la futura madre de Juan Pacheco, I Marqués de Villena) o bien a su parecido con su padre natural, como hija del señor de Belmonte y la nodriza. En cualquier caso, Rodrigo Rodríguez de Avilés debía ser lo bastante rico para poder comprar Santiago el Quebrado o al menos para pagar su pérdida a cambio de su libertad, si realmente estuvo preso a causa de su gesta de conquistar un castillo cerca de Lorca; hecho heroico que casa mal con un recaudador converso.

Por supuesto la genealogía que prevaleció fue la elaborada por los Pacheco y sus orígenes asturianos, reivindicando el apellido Avilés incluso frente al de Pacheco. Dicho de otro modo, la hidalguía asturiana, ocultando su verdadera procedencia de Quintanar de la Orden, del primer apellido frente a las dudas de bastardía del segundo. En la defensa de la línea oficial estaba la nobleza regional del sur de Cuenca, pero también otros emparentados con los Pacheco, por lo que les tocaba del apellido Avilés; tales eran los Adelantados de Murcia o los Ortega de San Clemente, futuros marqueses de Valdeguerrero.


AHN. INQUISICIÓN, 1391, Exp.5. Informaciones genealógicas de Andrés Cerdán de Landa, natural de Cuenca, pretendiente a oficial del Santo Oficio, y de su mujer, Rosa María Portillo Pacheco y Mendoza, natural de Picazo (Cuenca). 1709


*  Mi agradecimiento a Juana de Toledo Algarra, por facilitarme  el conocimiento de este documento

domingo, 28 de agosto de 2016

Genealogía de los Pacheco de San Clemente durante los siglos XVI y XVII

Escudos de las familias portuguesas de Sotomayor, a la izquierda, y Pacheco, a la derecha, ambas ligadas a la historia de San Clemente. Imagen obtenida en la Sala dos Brasöes  del Palacio Nacional de Sintra, Portugal



Los antecesores de la familia


1.- Rodrigo Rodríguez de Avilés, señor de Santiago de la Torre (la vende en 1407 para pagar su rescate al ser preso por los moros al doctor Pedro González del Castillo, señor de Santa María del Campo) y Minaya, casó con doña Beatriz Pacheco (hija bastarda de Juan Fernández Pacheco, abuelo del I marqués de Villena)

    2.- Rodrigo Pacheco, señor de Minaya, casó con doña Catalina de Alarcón
    2.- Lope Rodríguez de Avilés, sin sucesión


La línea de los señores de Minaya

1.-  Rodrigo Pacheco, señor de Minaya, casó con doña Catalina de Ruiz de Alarcón, hija del señor de Valverde

     2.- Juan Pacheco, señor de Minaya, casó con doña Leonor de Guzmán

               3.- Rodrigo Pacheco, señor de Minaya, casó con doña Mencía de Mendoza ( continúa línea de señores de Minaya)
                          4.- Juan Pacheco, señor de Minaya, sin sucesión, sigue la línea su hermano Francisco, llamado el cojo
                          4.- Hernán González Pacheco y Avilés casó con María de los Herreros (es la tercera línea de los Pacheco de San Clemente)
                                   5.- Fernando Pacheco casó con Isabel de Obregón
                                               6.- Don Pedro Pacheco, regidor, casó con Isabel de Resa

               3.- Alonso Pacheco casó con doña Juana de Toledo, hija de Hernando del Castillo, alcaide Alarcón (línea de los Pacheco de San Clemente)

     2.- Diego Pacheco, alcaide de Belmonte, casó con María de Toledo, hija de Hernando del Castillo, alcaide de Alarcón (línea de los Pacheco de Belmonte y el Pedernoso)

Línea de los Pacheco de San Clemente

1.- Alonso Pacheco casó con doña Juana de Toledo, hija de Hernando del Castillo, alcaide de Alarcón
   
     2.- Don Diego Pacheco de Guzmán casó con Isabel de los Herreros

               3.- Don Juan Pacheco, alférez mayor de la villa de San Clemente hacia 1580-1620, casó con doña Elvira Cimbrón, hija de Francisco del Castillo y biznieta del alcaide de Alarcón, Hernando del Castillo

                         4.- Don Rodrigo de Pacheco casó con doña María Mendoza de Guadalajara (dará lugar a la línea de los señores de la Losa y Valera)

               3.- Don Alonso Pacheco, fundó el mayorazgo de Santiago de la Torre en 1603, que había vuelto a recuperar para la familia, junto a su esposa Leonor de Armenta

                         4.- Don Rodrigo Pacheco, sin sucesión

                         4.- Doña Beatriz Pacheco, casará con su primo Juan Pacheco de Guzmán, caballero de Alcántara y señor de Valdeosma y Tejada, que heredará el mayorazgo de Santiago de la Torre

     2.- Don Juan Pacheco de Guzmán casó con doña María de Haro y Pallarés

               3.- Don Francisco Pacheco de Guzmán casó con doña Ana Pacheco y Figueroa (continúa la línea de los Pacheco en San Clemente)

     2.- Don Francisco Pacheco

Continúa la línea de los Pacheco de San Clemente, descendientes de Francisco Pacheco de Guzmán

1.- Don Francisco Pacheco de Guzmán, regidor de San Clemente hasta su renuncia en 1604, casó con doña Ana Pacheco y Figueroa, hija de Francisco Pacheco y de doña María Mendoza, natural de Toledo y señora de Valdeosma

     2.- Don Juan Pacheco de Guzmán, señor de Valdeosma y Tejada y caballero de la orden de Alcántara y regidor de San Clemente hacia 1640 (con la viuda Catalina García Román tuvo como bastardo a don Francisco Pacheco) y casó con Beatriz Pacheco, que llevó al matrimonio el mayorazgo de Santiago de la Torre

               3.- Doña Ana María Pacheco de Guzmán, señora de Santiago de la Torre, casó con don Diego Pacheco Treviño. Tras su muerte se inicia pleito por la sucesión del mayorazgo de Santiago de la Torre

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Real Academia de la Historia — Signatura: 9/302, fº 58 v. — Signatura antigua: D-27, fº 58 v. Tabla genealógica de la familia Pacheco, vecina de San Clemente. [Manuscrito]

Real Academia de la Historia — Signatura: 9/305, fº 30 v. — Signatura antigua: D-30, fº 30 v. Tabla genealógica de la familia Pacheco, señores de la villa de Santiago de la Torre. [Manuscrito]

jueves, 14 de julio de 2016

Los Castillo en el siglo XVII (III)

Este artículo es recopilación de otros anteriores. Pretendemos dar continuidad a las sucesivas generaciones de esta familia.



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Nuestra protagonista es doña Elvira Castillo e Inestrosa y Cimbrón, aunque lo normal es que siempre nos aparezca como doña Elvira Cimbrón sin más, olvidando el apellido de Castillo, quizás como una imposición propia o de su marido Juan Pacheco y Guzmán, que no quería resucitar las viejas polémicas inquisitoriales sobre su origen converso que los hermanos Hernando, Francisco y Alonso Castillo habían sido víctimas a mediados del quinientos con motivo de su pleito de hidalguía en la Chancillería de Granada.

De Hernando del Castillo y su descendencia poco sabemos y su protagonismo desaparece de la vida de San Clemente después de su omnipresencia en los años que giran hacia 1550. En vida será señor de Valera de Abajo, pero no tenemos constancia de sucesión a quién transmitiera el título. Si podemos dar continuidad a los otros dos hermanos, que heredarán los bienes vinculados familiares y por azares matrimoniales trasladarán la herencia a los Pacheco. Alonso del Castillo e Inestrosa casará con Juana de Mendoza, de cuya unión nacerá Francisco de Mendoza, regidor perpetuo de San Clemente, y que fallecerá en 1598; casado con doña Juana Guedeja y Peralta, procedente de una familia que dará funcionarios del más alto rango en la Corte y los Consejos, después que el licenciado Agustín de Guedeja abandone la casa familiar en San Clemente para ocupar un bien remunerado oficio de relator en el Consejo y Cámara de su Majestad.

Francisco del Castillo e Inestrosa casará con una Cimbrón de Ávila. Supo acertadamente establecer alianzas matrimoniales de sus dos hijas con los Pacheco de San Clemente. María casó con el regidor de San Clemente, Alonso Pacheco. Pero la fortuna hará que toda la herencia familiar recaiga en Elvira. Al incremento del patrimonio de doña Elvira Cimbrón, contribuyó en gran medida el legado de su primo hermano Francisco de Mendoza y Castillo. Cuando Francisco de Mendoza muere en Madrid deja como principal beneficiaria de su testamento, escriturado en Madrid el 13 de octubre de 1598, a su prima Elvira. Ésta que ya poseía la mitad del término de Perona, agregará la otra mitad cedida por su primo. Con el término de Perona heredaría el pleito con la villa de San Clemente sobre la jurisdicción de este lugar

mando la mitad que tengo y poseo con los términos y casas con lo demás anejo y con la jurisdicción del dicho lugar que trato pleyto con la villa de San Clemente, con la jurisdicción de la mi prima y sus herederos lo ayan y tengan y posean juntamente con la otra mitad del dicho lugar que es de la dicha doña Elvira Zimbrén, sin que en ningún tiempo se puedan diuidir ni enajenar sino siempre suzeda en todo el dicho lugar los nombrados por la dicha señora Elvira Zimbrón en su mitad pues con el fauor de Dios serán los propios que yo nombrare por ser como somos hijos de dos hermanos

El testamento nombraba como albacea a doña Elvira, y la posesión de Perona se supeditaba a algunas cargas, entre las que figuraban la obligatoriedad de algunas misas, por el alma de Francisco Mendoza, en la capilla que los abuelos, Alonso del Castillo y María de Inestrosa, habían fundado para la familia en el Monasterio de Nuestra Señora de Gracia de San Francisco: la misa mayor del domingo, por su memoria, la misa del sábado por su madre Juana de Mendoza y una misa los viernes por su hermano mayor el licenciado don Ginés del Castillo y Mendoza. La cesión de bienes a doña Elvira tenía como reserva la condición que seguiría disponiendo de ellos, como usufructuaria y mientras viviera, la viuda de Francisco Mendoza, doña Juana de Guedeja y Peralta (su muerte debió acaecer en 1608).

Como albacea testamentaria, doña Elvira adquiría el ya citado compromiso de fundar un convento de monjas carmelitas descalzas, en la villa de San Clemente, al que cedía sus casas principales y un juro de 150.000 maravedíes de renta anual, con condición de que dos monjas profesas fueran necesariamente de la familia y se reservara una capilla para el enterramiento de su los patrones familiares de dicha fundación. En caso de que no pudiera llevarse tal fundación, los bienes se agregarían a las clarisas.

El traspaso efectivo de la memoria para la fundación conventual no se haría efectivo hasta 1627, hasta entonces, disfrutaría de ellos, casas principales de morada en el pueblo y renta de 150.000 maravedíes, doña Elvira Cimbrón y su marido el alférez mayor Juan Pacheco y Guzmán. En la persona de la mujer, se acumulaban los títulos, aunque con unos derechos jurisdiccionales negados y pleiteados por la villa de San Clemente, de señora de las villas de Valera de Abajo y de la Losa y de los heredamientos de los lugares de Perona y Sotuélamos. De la primera herencia recibida de su padre indirectamente por la muerte de su hermana María, doña Elvira recibía la mitad de Perona restante.

Además de las dos hijas mencionadas, Francisco Castillo e Inestrosa y Ana Cimbrón, tuvieron un hijo, llamado Hernando, como el abuelo, que casaría con Jerónima de Albelda. Este matrimonio tendría dos hijas, María y Catalina, monjas, y un hijo, Francisco Castillo e Inestrosa, que, aunque también en la carrera eclesiástica como miembro de la compañía de Jesús, llevaría una vida más mundana e integrada en la política de su tiempo. Era regidor de la villa de San Clemente y mantuvo airados pleitos con los Ortega, especialmente con Miguel, familiar del Santo Oficio. De él ya hemos hablado con anterioridad, aunque es mucho lo que esconde este personaje. Añadir que cohabitaba con una concubina, Isabel del Amo, con la que tuvo un hijo de nombre Diego.

Así el apellido Castillo diluido en la familia Pacheco y de la mano de don Juan Pacheco y Guzmán, alcanzará de facto el poder en la villa desde los años finales del siglo XVI hasta 1620. No por ello desaparecería el apellido Castillo en San Clemente mantenido por el jesuita Francisco Castillo e Inestrosa y su hijo bastardo Diego.


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Parello Vincent. Une famille converse au service du marquis de Villena : les Castillo de Cuenca (XVe-XVIIe siècles). In: Bulletin Hispanique, tome 102, n°1, 2000. pp. 15-36

AGS. CONTADURIA DE MERCEDES (CME). 273, 47. Juro a favor de don Francisco de Mendoza

viernes, 1 de julio de 2016

Los orígenes medievales de los Ortega (III): la línea oficial

En defensa del joven Diego de Ortega Guerrero para la obtención del hábito de Santiago acudió don Gaspar de Pacheco, señor de Minaya, que a través del tío del pretendiente, el padre Cristóbal de Ortega, hizo llegar una carta defendiendo la procedencia de un tronco común de Pachecos y Ortegas. Los Pacheco tenían ya una genealogía asentada que era similar a la presentada en un pleito que la Marquesa de Villena litigó con el Marqués de Bedmar en 1777 y que, aunque extensa, reproducimos:

Descendencia y Genealogía de la Casa y Mayorazgo  de la villa de Minaya que es en la Mancha que diçen de Aragón. El solar de los Abileses es en las Asturias de Obiedo a la ribera de la mar cerca de la villa de Gijón y Villabiçiosa y no lejos de nuestra señora de Cobadonga, así que lo que se alla de linaje de los caualleros hijosdalgo de Abilés es que aunque ay muchos en muchas partes como en Murçia, Málaga, Velmonte y Alcaraz en fin, la caueza de todos es oy la casa de Minaya, que es en la Mancha que diçen de Aragón= Juan de Ortega de Abilés fue el primero que entró con los Reyes de Castilla conquistando el obispado de Cuenca, el qual pobló el Rey Don Alfonso el nono dejó allí los caualleros Jarabas, diçiendo poblada el lugar de los mejores caualleros que pudo hauer hijosdalgo, este cauallero vino viudo diçen casó con doña Theresa de Castro, Rodrigo Rodríguez de Abilés hijo mayor fue adelantado del Reyno de Murçia hasta que su Magestad probeyó el ofiçio en fulano de Ribera, en este término vinieron los moros de Granada a zerrar un castillo y fortaleza que está abajo de Lorca junto a un aldea y su Magestad mandó a Rodrigo Rodríguez de Abilés socorriese al dicho Adelantado Ribera y hauiéndolo hecho y socorrido el Castillo y sustentádolo sesenta días por falta de vastimentos se dieron al capitán moro que lo tenía cercado con tres mill hombres y entre los demás cautibos lo llebaron  a él cauallero con grande veneración como a hombre tan principal auiendo estado muchos días preso por no poder el rey rescatallo vendió para ello a Santiago el Quebrado y a Martín de Veco y otros lugares que heran suyos, se casó con Doña María de Peralta hermana del señor de la Puebla de Almenara que entonces hera, tubieron por hijo a Don Rodrigo Rodríguez de Abilés que llaman el mozo, casó con doña Beatriz Fernández Pacheco primero señor de Velmonte tubieron por hijos a Juan de Ortega de Abilés que fue el maior murió sin hijos, Rodrigo Rodríguez de Abilés hijo segundo mas como los maestres sus primos le tomaron y criaron en la corte e hiçieron mayordomo del Prinçipe de Asturias que se llamó después Enrique quarto Rey de Castilla lo llamaron Pacheco que fue en la casa de Minaya el primer señor y Pacheco el susodicho Rodrigo Rodríguez Pacheco que con este apellido continuaremos la descendencia de esta casa, casó con doña Cathalina Ruiz de Alarcón, hija del señor de Valberde, tubieron por hijos a Juan Pacheco que casó con doña Leonor de Guzmán de los buenos de Toledo cuyo Mayorazgo tiene oy en su casa el conde de Alba de Liste tubieron por hijo a don Rodrigo Pacheco, señor de Minaya de Mendoza nietta del Marqués de Mondéjar tubieron por hijos a Juan Pacheco que casó con doña Juana de Alarcón murió sin hijos, hereda la casa don Françisco Pacheco hijo segundo casó con doña Juana de Alarcón y murió sin hijos hereda la casa don Françisco Pacheco hijo segundo casó con doña María de Alarcón, siruió este cauallero a la Magestad Cathólica del emperador Carlos Quinto en todas las guerras de Alemania e Italia y se halló en su coronación en Volonia, siruiendo de capitán de los entretenidos cerca de la persona real y después fue siruindo en la jornada de Argel a su costa en que consumió y gastó la mayor parte de su hazienda y en otras muchas partes y ocasiones tubo un hermano en la Osa de Velmonte del háuito de Calatraua tubieron por hijo a don Rodrigo Pacheco que casó con Doña María Ramírez hermana de Don Seuastián Ramírez del háuito de Calatraba en Villaescusa de Haro, sobrina de don Diego Ramírez obispo que fue de Cuenca, tubieron por hijo a don Juan Pacheco del áuito de Santiago señor de Minaya, Jentil hombre de la casa y corte del rey Phelipe Segundo embiólo con otros seis caualleros a sentarlos caualleros de quantía del Andalucía fue corregidor de Segobia y de Granada y Mayordomo de la Reyna casó con doña Theresa Jaraba, hija única del lizençiado don Gaspar de Jaraba que fue del Consejo y Cámara de su Magestad e vistó los Consejos y la Universidad de Salamanca fue albaçea de la Magestad del Emperador Carlos quinto y últimamente presidente y virrey de Méjico en comisión particular contra los hijos de Cortés y su mujer tuvieron por sus hijos a don Rodrigo Antonio Pacheco del háuito de Santiago fue a la jornada de Yngalterra y siruió en otras ocasiones fue capitán de Ynfantería española y conserbador del Patrimonio real en Sicilia casó con doña Marina de Córdoba y Carrillo hija de don Gerónimo de Valenzuela y Córdoua alcayde que fue de la real fortaleza de Baeza tuvieron por hija única y heredera en la casa y mayorazgo de Minaya que oy posee a doña Josepha Pacheco y Córdoua señora de Minaya como pareçe y consta todo lo referido del dicho árbol que volví a entregar a dicho don Françisco Antonio de Lityo (?) a que me refiero y para que conste doy el presente en la villa de Minaya a treinta y un días del mes de diciembre de mill seisçientos y nouenta y siete años
(AHN. CONSEJOS, Legs. 37776, 37621, 37678, 37783. Pleito entre el Marqués de Bedmar y la Marquesa de Villena y Aguilar, Duquesa de Escalona sobre la sucesión en propiedad de los estados y mayorazgo de Belmonte, Villena, Escalona y otros. 1771)

La genealogía no dejaba de tener alguna incongruencia. La principal era el salto en el tiempo entre el capitán Juan Ortega de Avilés, que había bajado a la conquista de la Mancha en tiempos de Alfonso nono (VIII de Castilla), y su pretendido hijo Rodrigo Rodríguez de Avilés, que las propias genealogías de los Pacheco situaban en tiempos de Juan II, es decir, más de 250 años después. Además estas genealogías reconocían que el que había venido de Asturias era este último. En cualquier caso, don Gaspar Pacheco reconocía una ascendencia común de Ortegas y Pachecos, procedente del capitán Juan Ortega de Avilés, que había tenido dos hijos: de Rodrigo Rodríguez de Avilés procedían los Pacheco y de Gonzalo Rodríguez de Avilés procedían los Ortega. También es notoria la reivindicación por los Pacheco del apellido Avilés frente al familiar que les podía emparentar con los marqueses de Villena. La razón de primar el apellido Avilés sobre el apellido Pacheco residía en la bastardía de la procedencia del segundo apellido.

El debate sobre la procedencia de Ortegas y Pachecos de un tronco común lo inició don Juan Pacheco y Guzmán, caballero de la orden de Alcántara, con motivo de su segunda declaración en el expediente para la obtención del hábito de Santiago de don Diego Pacheco y Guerrero. A juicio de don Juan Pacheco y Guzmán la genealogía que pretendían los Ortega era una falsificación que había contado con la complicidad de don Gaspar Pacheco, señor de Minaya. La razón era que los señores de Minaya habían ocupado el término limítrofe de San Clemente más de legua y media, con el apoyo tácito de los Ortega que políticamente dominaban el ayuntamiento.

Esa ascendencia común con los Pacheco había sido divulgada por el padre Cristóbal de Ortega, que, a decir de Juan Pacheco y Guzmán

a dado a entender en el lugar que desciende de un hermano de Rodrigo Rodríguez de Avilés, que se llamó Gonzalo Rodríguez de Avilés, i sabe el dicho testigo Rodrigo Rodríguez de Avilés, caballero asturiano vino de Asturias, en tiempo del Rey don Joan el segundo, a el qual por los seruicios que hiço se le dio la villa de Santiago que posee este testigo i sabe de cierto que don Rodrigo Rodríguez de Avilés no descienden los dichos Ortegas ni de hermano suyo tampoco porque vino solo de Asturias sin ningún hermano ni hermana, i que de la venida del dicho Rodrigo Rodríguez de Avilés i de lo demás sucedido en su persona asta cautivarle en el castillo de Artal junto a Lorca se hallará raçon en la Estoria del Rey don Joan el segundo de títulos colorados que es la que su magestad tiene en el Escurial i es euidente que como ay raçón de todo esto la hubiera si hubiera venido algún hermano

En su crítica, don Juan Pacheco centraba el debate  del origen común de ambas familias en la época de Juan segundo, desmitificando ese capitán llamado Juan de Avilés Ortega, que había participado en la conquista de Cuenca en tiempos de Alfonso VIII, y que sí que aparecía en la ejecutoria que ganaron en 1609 don Rodrigo de Ortega y su padre Francisco. Tras esta acusación, Don Diego de Ortega Guerrero buscará el apoyo de todos los Pachecos, que testificarán a su favor.

Cuando los informantes del Consejo de Órdenes volvieron de Blanca, donde habían entrevistado a Francisco del Castillo e Inestrosa, se pasaron por Minaya, donde pretendían obtener el testimonio del señor de esta villa, don Gaspar Pacheco. Éste declaró a favor del pretendiente considerándole a él y a sus ancestros como parientes de los señores de Minaya

i saue que le toca el apellido de Auilés al dicho don Miguel por descender de Gonçalo Rodríguez de Avilés i hijo que fue del capitán don Joan de Ortega Auilés i el dicho testigo (Gaspar de Pacheco) desciende de don Rodrigo Rodríguez de Avilés hijo del dicho capitán don Joan de Ortega y Auilés

El testimonio de Gaspar de Pacheco sería corroborado por otros Pacheco. Así don Fernando Pacheco y don Jerónimo Pacheco, vecino de Villarrobledo; en el Pedernoso, testificaría don Lope Pacheco, natural de Belmonte, y don Diego Pacheco de Solís, Milán y Aragón, y don Jerónimo Pacheco. Aunque las imprecisiones eran la nota dominante, siendo los testigos incapaces de determinar si Gonzalo Rodríguez de Avilés era hermano de Rodrigo o del capitán Juan de Ortega, los primeros en llegar a la Mancha, o de los descendientes de doña Beatriz Fernández Pacheco. Además se daba la razón a don Juan Pacheco, que establecía el origen del tronco familiar en la época de Juan II. Pero el testimonio del señor de Minaya y la carta que había entregado a Rodrigo de Ortega, II señor de Villar de Cantos, reconociendo el parentesco de ambas familias tenía el suficiente peso por su misma procedencia como para ser discutida.

No solo los Pacheco le dieron su favor, otros personajes principales también lo hicieron como Pedro de Oma o Fernando de Araque Montoya, que aprovechó para defender esa otra rama de los Avileses Güertas, pues Gaspar Garnica y Avilés, canónigo de Santiago y calificador de la Inquisisción de Cuenca procedía de esa rama (y de los Origüela, añadimos nosotros). Tambien lo hizo Juan Gregorio Santos, cura propio de la villa, colegial mayor del Colegio de Oviedo de la Universidad de Salamanca y consultor del Santo Oficio, que unos años antes había sido provisor y gobernador del obispado de Cuenca y en calidad de tal había intervenido como juez en un pleito entre Francisco Castillo Inestrosa y Miguel de Ortega, abuelo del pretendiente, que era la causa de la enemistad entre ambos. También declararía a su favor don Fernando Ruiz de Alarcón, señor de Santa María de Campo.

Además, el apoyo de los Pacheco a favor de los Ortega fue unánime; contradiciendo a su pariente don Juan, el caballero de Alcántara. Las declaraciones de don Rodrigo Pacheco, señor de Valera, y de su hijo don Iñigo Pacheco, teniente general de las galeras de España y que había heredado de su abuelo Juan el titulo de alférez mayor de la villa de San Clemente, fueron decisivas para reafirmar la limpieza del apellido Ortega.


AHN. ÓRDENES MILITARES. CABALLEROS DE SANTIAGO. Exp. 6009. Don Diego de Ortega Guerrero, 1639.


Enlaces


Los orígenes medievales de los Ortega (I)


Los orígenes medievales de los Ortega (II)