El corregimiento de las diecisiete villas

IGNACIO DE LA ROSA FERRER

Imagen del poder municipal

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EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA
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domingo, 20 de agosto de 2017

Vara de Rey, tierra de caballeros cuantiosos e hidalgos

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Vara de Rey
Era un nueve de mayo de 1478, la guerra del Marquesado entraba en su última fase, pero San Clemente y su aldea de Vara de Rey parecían ajenas al conflicto, que se desarrollaba con más virulencia en otros pueblos como Iniesta o Villanueva de la Jara. O eso parecía, porque el esfuerzo de la guerra exigía esfuerzos de todo el mundo; también de Fernando de Peralta, hidalgo de la aldea de Vara de Rey, que desde el mes de marzo era conminado a pagar los pechos reales y concejiles y al que se le requisó una mula valorada en siete mil maravedíes. No parece que se sacara utilidad a la bestia para la guerra, pues sería vendida en almoneda pública por el concejo vareño a un vecino llamado Mateo el Collado. Más que las necesidades militares acuciaba la misérrima situación que por aquel entonces presentaba Vara de Rey, conçejo e universidad donde auía biudas e huérfanos e menores e otras miserables personas; la aldea se quejaba de los desmanes del Marqués de Villena durante la guerra que la había dejado postrada en estado de necesidad, recibiendo munchos daños e rrouos e males e estauan muy ocupados en la guerra.

Esfuerzos pero también compromisos. Y si hay que hablar de comprometidos en la guerra del Marquesado, esos eran algunos hidalgos, o que se tenían por tales, de Vara del Rey, que se habían declarado enemigos del Marqués de Villena. Entre ellos destacaban tres. Juan López Rosillo, tal vez con solar en Pozoamargo, que levantó a la villa de San Clemente a favor de la Corona, y dos hidalgos vareños: Juan Alfonso de Palacios y Fernando Peralta. Juan Alfonso Palacios también había sido obligado a pechar y se le habían tomado prendas por valor de 1200 maravedíes. Defendiendo su hidalguía y su exención a todo pecho acudirá ante el Consejo Real, el 15 de junio de 1478, obteniendo ejecutoria de hidalguía dos años después. Parece, por las noticias vagas que tenemos de unos descendientes de la familia en Málaga, que Juan Rosillo actuó igual y obtuvo carta ejecutoria similar
Capilla de Santa Ana o de los Rosillo. Iglesia San Clemente
Juan Rosillo que vino de San Clemente, este fue nieto de Juan López Rosillo, llamado el Restaurador del Marquesado de Villena, por lo que los Reyes Católicos le dieron varios heredamientos, con privilegio executoriado, sobrecartando su nobleza en Segovia a 9 de mayo de 1503, y la de sus descendientes legítimos, declarándolos a todos por hijosdalgo de sangre de los de vengar 500 sueldos áureos a fuero de España, como dicho Juan López lo era, y que como a tales les guardasen sus preeminencias en todas partes donde hicieren asiento y morada, por lo que el dicho Juan Rosillo y sus descendientes ganaron su executoria de confirmación, de Felipe II en 9 de marzo de 1575 y 16 de abril de 1581. Son descendientes suyos como venidos de la villa de San Clemente a Málaga sus mayores, los Medina Rosillo (GARCÍA DE LA LEÑA, Cecilio: Conversaciones históricas malagueñas. Parte II. Málaga moderna. Imprenta Luis de Carreras. 1792)

Así el favor prestado a la Corona por estos enemigos del Marqués de Villena tuvo su contraprestación en el reconocimiento de su hidalguía. La duda nos quedará sobre si su hidalguía fue fruto del oportunismo o heredada de esos hidalgos de 500 sueldos, obligados a acudir al llamado del Rey para la guerra. Sobre la hidalguía de estos caballeros vareños se nos plantean muchas dudas. En algunos momentos se reconoce su obligación de poseer armas y caballo, al igual que los caballeros de cuantía, pero a la hora de presentarse en los pleitos lo suelen hacer como hidalgos en posesión, por tal se entendían aquellos hidalgos que gozaban los privilegios y preeminencias de tales, aunque no hubiera padrones de hidalgos (caso de esta zona), en esta posesión podía seguir durante generaciones mientras no se les molestase. Cosa que parece empezó ocurrir desde el mismo momento de la incorporación de Vara de Rey a San Clemente. Pero los hidalgos de Vara del rey también se llaman a sí mismos como hidalgos notorios de solar conocido de devengar 500 sueldos a fuero de España, tal consideración se ha entendido de forma diferente desde quienes quieren ver en los 500 sueldos la cantidad estimada para vengar sus injurias a otros que ven en los 500 sueldos la cantidad devengada por los hidalgos cuando iban a la guerra. En este sentido, ya se conocen algunas regulaciones desde la época de Alfonso X el Sabio, que marcan la evolución desde los caballeros villanos a estos nuevos hidalgos de soldada.

Entre los enemigos del alcaide de Alarcón ocupaba un lugar destacado Fernando de Peralta. Quizás porque en una tierra de hidalgos, como era Vara de Rey, resultaba muy difícil romper las fidelidades y lazos familiares con el marqués de Villena. ¿O quizás era más fácil? Pues los hidalgos de Vara de Rey se reivindicaban como una nobleza independiente del Marqués y sus criados y anterior en el tiempo. Creemos que, aunque estaríamos tentados de pensar en sus orígenes en tiempo de la Reconquista de Alarcón, es más plausible la hipótesis de su surgimiento en tiempo de los Trastámara. El caso es que los Pacheco intentaron ganarse la fidelidad de los hidalgos de Vara de Rey, con sueldos y dineros (y también con alguna alianza matrimonial, caso de los Montoya), pero las obligaciones de los caballeros de Vara de Rey eran anteriores a la presencia de Juan Pacheco en la zona. Los caballeros de cuantía de Vara de Rey (o tal vez hidalgos de devengar 500 sueldos según fuero de Castilla) tenían obligación de poseer armas y caballos, y tal como reconocía uno de ellos, Gómez García de la Serna, mantenían un trato diferenciado respecto al resto de vecinos, juntándose en ayuntamientos propios
que sienpre auía visto al dicho Fernando de Peralta e al dicho su padre e cada uno dellos en su tienpo ayuntarse con los otros homes fijosdalgo del dicho logar sus vezinos e en sus ayuntamientos así como fijosdalgo e que así oyeron deçir que se ayuntaua su ahuelo del dicho Fernando de Peralta e que sienpre los viera a todos hellos e en el dicho tienpo que los conoçiera andar y estar como homes fijosdalgo e en áuitos de homes fijosdalgo teniendo cauallos e armas

Fernando de Peralta era hijo de Fernán Sánchez, Caballero, y Elvira Sánchez, y nieto de Fernán Sánchez Calanzo, todos moradores de Vara de Rey. Fernán Sánchez Calanzo tenía tres hijos: Fernán, García y Juan. Fernando de Peralta había nacido dos años después de que su padre se casara en 1433, el cual había nacido hacia 1409 y el abuelo, en fecha indeterminada del último cuarto del siglo XIV. Pero todos los testigos los señalaban como naturales y vecinos de Vara de Rey. Incluso el abuelo era conocido por algún testigo anciano por ser hijo de Simón García, vecino del dicho lugar.

El problema era si los mencionados que se tenían por hidalgos, eran tales o caballeros de cuantía. El padre, Fernán Sánchez, que aparece intitulado como caballero, había participado en las guerras de Granada en tiempo de Juan II. Podemos seguir el itinerario de Juan II a través de las descripciones de Pedro Carrillo de Huete el Halconero (1). La participación en la guerra de Granada debió acaecer en junio o julio de 1431 con motivo de la presencia real en la vega de Granada y la aventura de Ariza la podemos datar a comienzos de agosto de 1429. Parece que se casó con Elvira Sánchez entre ambas aventuras militares según los testigos, aunque la fecha aportada por los mismos, 1433, nos indica que el matrimonio fue posterior. Su propio hijo lo haría en las mismas guerras de Granada en tiempo de Enrique II.
e que fuera el dicho Ferrán Sánchez a la dicha guerra en la conpañía de Martín de Alarcón e de otros fidalgos de aquella tierra
que el dicho Fernán Sánchez cauallero padre del dicho Fernando de Peralta que fuera en seruiçio del señor rrey don Juan nro. padre a la gerra de harriza a seruir por fijodalgo así como fijodalgo e dixo que lo sauía porque este testigo (Miguel Sánchez Temprado) lo viera yr a la dicha guerra e seruir en ella a su costa e misión como home fijodalgo por quanto este testigo estaua a la sazón en la dicha guerra con García Rruyz de Alarcón su amo
Escudo de los Peralta. En el segundo cuartel puede verse el haz de quince lanzas sobre la acequia
http://bdh-rd.bne.es/
Pero quien nos da especial detalle de estos hechos es un vecino de San Clemente, Rodrigo Martínez de Villar de Cantos, que había acompañado en las guerras a Fernán Sánchez de sobrenombre Caballero, narrándonos como el joven había sido nombrado caballero por el propio Juan II en las guerras de Granada, tras una gesta. El padre de Fernando Peralta, que es de imaginar que al igual que el abuelo, tenía la obligación como caballero de cuantía a acudir con su caballo y armas a las guerras (del texto se constata que luchaba a caballo y de otros textos, la obligación militar de costearse estos recursos), fue armado caballero, saltándose todo el cursus honorum que tal hecho implicaba
que este testigo uiera al dicho Fernán Sánchez cauallero padre del dicho Fernando de Peralta yr por el llamamiento del señor rrey don Juan a la vega de Granada e que allí biera este testigo como el dicho Fernán Sánchez fuera harmado cauallero porque el dicho Fernán Sánchez e otros fasta de ochenta honbres de armas entrando un día en la guarda del dicho señor rrey don Juan que los moros fiçieran una açequia e estauan en una viña más de mill e quinientos dellos e puesta paliçada e que los vallos desos dichos moros les tirauan e enclabauan los cauallos fasta tant que se apeaban los dichos honbres de armas del dicho señor rrey don Juan e asimismo el dicho Fernán Sánchez cauallero e asy apeados que juntaron fasta quinze lanzas de armas e las ataran juntas con tocas e las atravesaran en la dicha açequia e pasaron por ellas como por puente para conbatir a los dichos moros fasta que los dichos moros se acoxieran e mataran a munchos de los dichos moros los dichos homes de armas e que por aquello que fiçieron que el dicho señor rrey don Juan los armara caualleros por les dar más honra entre los quales armara asimismo al dicho Fernán Sánchez porque fue él uno de ellos e que asymismo sabía que el dicho Fernán Sánchez cauallero que fuera en seruiçio del señor rrey don Juan a la guerra de hariza e que a entramas las dichas guerras fue a servir como fijodalgo 

Tanto en la guerra de Ariza como de Granada había una obligación de acudir a los llamamientos del Rey. Ahora bien, también denunciaban los pecheros y concejo del lugar de Vara de Rey que el abuelo y el padre de Fernando de Peralta siempre habían pechado y que nunca habían cumplido con los requisitos de cualquier caballero cuantioso, que el dicho Fernán Sánchez sienpre pechara e contribuyera fasta que diz que fuera armado cauallero por el señor rrey don Juan e dende en adelante se escusara llamándose cauallero como quier que no tenía armas ni cauallo ni las otras cosas que deuía según ni cómo ni de la quantía que la ley manda. Se trataba de demostrar que el hecho incidental de la vega de Granada no otorgaba las libertades y franquezas de los fijosdalgo al hijo. De hecho, se acusaba a Fernán Sánchez el caballero de imponer su hidalguía por la violencia, negándose a empadronarse en los libros de pecheros. Se denunciaba que Fernán, junto a los Ruiz de Alarcón y el alcaide de la fortaleza, llamado Juan Villodre, formaban banderiza y habían hecho apalear a un regidor del lugar de Vara de Rey, que intentó empadronarlo para pagar pechos. Tal vez en el estado de necesidad de las guerras del Marquesado, Fernando de Peralta se viera imposibilitado para mantener el coste de un caballo y unas armas y los gastos de cualquier aventura militar. El hecho de que el conflicto viniera por el embargo de una mula de arada, hasta qué punto dependía el hidalgo de la explotación de su hacienda.

Se denunciaba asimismo que Fernando de Peralta no había participado a favor de la Corona en las guerras contra el Marqués de Villena. Fernando de Peralta reconocía dicha inacción por el control que ejercían los Pacheco. Sabemos que en dicha decisión pudo pesar mucho más el miedo y los favores debidos. En el juicio de Hernando del Castillo, alcaide de Alarcón y hombre de confianza de los Pacheco, éste reconocía que Fernando de Peralta había obrado como un traidor con el Marqués de Villena por no servirle en las guerras, habiendo recibido sueldos y dineros de los Pacheco, que habían tratado de ganarse su lealtad. Es justamente la falta de esta lealtad la que había llevado al alcaide de Alarcón, Hernando del Castillo, a tomarle y prenderle los bienes. Además los hidalgos de Vara de Rey estaban divididos en la guerra del Marquesado. Pedro de Montoya, otro hidalgo de Vara de Rey, era fiel a los Pacheco. Estaba casado con una sobrina de Hernando del Castillo, alcaide de Alarcón. Fernando de Peralta acusó a esta mujer de judía. Su marido, Pedro de Montoya, respondió hiriendo en el brazo a Fernando de Peralta y dejándole manco (2).

Si San Clemente era villa de pecheros, que no admitía hidalgos, en Vara de Rey, el reparto de poder entre hidalgos y pecheros estaba más definido. En la aldea había una dehesa, la explotación de cuyas rentas iban a medias entre pecheros e hidalgos. Este reparto a partes iguales de la renta parecía remontarse a veintiocho años atrás, es decir, poco después de la incorporación de Vara de Rey como aldea de San Clemente
que auía una dehesa de yerua en el término del dicho logar, la qual dicha dehesa e la rrenta della dijo que era la mitad de los homes fijosdalgo del dicho logar e la otra mitad de los homes buenos pecheros e de ueynte e ocho años poco más o menos aquella parte e entonzes que los homes fijosdalgo del dicho logar auían leuantado e leuantauan la mitad de la dicha rrenta
Los alcaldes de los hijosdalgo darían la razón, y carta ejecutoria de hidalguía a Fernando de Peralta, obligando al concejo de Vara de Rey a devolverle las prendas tomadas y obligando a pagar unas costas judiciales que ascendía a 14456 maravedíes. Vara de Rey fue incapaz de cumplir la sentencia, por lo que se mandó ejecutor que embargó el horno de pan cocer de la villa y varias reses de ganado ovejuno y cabruno. Tras apelación, lo único que se consiguió fue aumentar las costas en 6820 maravedíes más. Fernando de Peralta obtendría carta de ejecutoria de hidalguía el 24 de noviembre de 1480. La derrota del concejo de Vara de Rey frente a sus hidalgos era total. Juan Alfonso de Palacios que también en 1478 iniciaba pleitos contra el concejo de Vara de Rey, obtendría sentencia favorable en 1494. Ambos vieron reconocida su hidalguía de padre y abuelo e devengar 500 sueldos.


Aunque quien realmente salió derrotada era la villa de San Clemente, que había ayudado a su lugar de Vara de Rey económicamente para llevar los pleitos. Cerrado su gobierno a los hidalgos desde 1445, vio como su aldea de Vara de Rey se convertía en caballo de Troya para romper esta norma: las hijas de los pecheros de San Clemente se casaban con los hidalgos de Vara de Rey, sus descendientes exigían su nueva condición hidalga y su exención tributaria (3). Así, los Castillo y Pacheco, criados del Marqués de Villena, y únicos hidalgos (discutidos en el primer caso) de la villa sanclementina, veían reforzado su núcleo nobiliario con los nuevos integrantes de Vara de Rey. pronto el grupo se reforzaría con hidalgos que, como Martín Ruiz de Villamediana, procedente de Tierra de Campos, venían de lejanas tierras. En el año de 1512, exigirían sus derechos ante la Chancillería de Granada. Pero el concejo de San Clemente no era tan débil como el de su aldea de Vara de Rey y resistiría veinticinco años para que dichos derechos se vieran reconocidos.



Testigos de Vara de Rey a favor de Fernando de Peralta en 1478

Juan López de Perona, morador de Vara de Rey, presenta los testigos
Pedro de Barriga, morador de Vara de Rey, presenta los testigos
Juan García Moreno, morador de Vara de Rey, hijo de Fernán García que Dios haya, alrededor de 63 años. Se llama asimismo hidalgo.
Gómez García de la Serna, morador de Vara de Rey, hijo de Juan Gómez de Cañada Juncosa. Se llama asimismo hijodalgo
Aparicio Sánchez, morador de Vara de Rey, hijo de Martín Sánchez de Meza
Martín García, morador de Vara de Rey, hijo de Martín García
Gonzalo Rodríguez, morador de Vara de Rey, hijo de Pedro Rodríguez; pechero
Miguel Sánchez Temprado, vecino de San Clemente, hijo de Miguel Sánchez Temprado; pechero de 90 años
Juan Sánchez de Albelda, vecino de San Clemente, hijo de Hernán Sánchez de Albelda
Rodrigo Martínez del Azoguejo, vecino de San Clemente, hijo de Lope Martínez del Azoguejo
Pascual García del Campillo, vecino de San Clemente, hijo de Juan García del Campillo
Rodrigo Martínez de Villar de Cantos, vecino de San Clemente, hijo de Pedro Rodríguez de Villar de Cantos; pechero de 67 años, había nacido y vivido hasta los treinta años en Vara de Rey, momento en que se pasa a vivir en San Clemente
Ruy López de Cañada Yncosa, vecino de Cañavate, hijo de Ruy López de Cañada Yncosa

Testigos presentados en segunda probanza por Fernando de Peralta

Miguel Martínez de Buenache, vecino de El Provencio
Miguel López de Perona, hijo de Juan López de Perona, vecino de Minaya
Alfonso de Montoya, hijo de Fernán Álvarez de Montoya, vecino de San Clemente
Alfonso López, hijo de Alfonso López de Garcilópez, vecino de San Clemente
Pedro Barriga, hijo de Martín Sánchez Barriga, morador de Vara de Rey
Gil Sánchez de Jávaga, hijo de Juan Sánchez de Jávaga, morador de Vara de Rey
Alfonso López Carrelero, vecino de Cañavate
Andrés Martínez de la Atalaya, vecino de Alarcón

Testigos presentados por el concejo de Vara de Rey, contra la hidalguía de Fernando Peralta

Pedro Sánchez de Enguidantes, hijo de Martín Sánchez de Herrera, vecino de Villanueva de la Jara
Pedro López, hijo de Alvar López, morador de Vara de Rey
Juan Martínez Collado, hijo de Juan Martínez Collado, morador de Vara de Rey
Juan de Sevilla, regidor y morador de Vara de Rey
Juan Sánchez Collado, hijo de Fernán Sánchez de Mateo Sánchez, morador de Vara de Rey
Antón López, hijo de Pedro López, morador de Vara de Rey
Pedro López de Huete, hijo de Pedro López, morador de Vara de Rey
Juan Gómez, hijo de Benito López, morador de Vara de Rey
Gil Sánchez de Jávaga, hijo de Juan Sánchez de Jávaga, morador de Vara de Rey

(1) CAÑAS GÁLVEZ, Francisco de Paula: El itinerario de la Corte de Juan II de Castilla (1418-1454). Silex. Madrid. 2007. pp. 245-246 y 264-265
(2) GARCIA MORATALLA, José Joaquín: La tierra de Alarcón en el señorío de Villena (siglos XIII-XV) IEA Don Juan Manuel. Albacete, 2003, p. 217
(3) dis que tyenen las dichas fidalguías en algunas personas syngulares de vos el dicho conçejo tenéys parte en el rregimiento e governaçión de la dicha villa e que tenéys casadas vuestras hijas e nietas con hijos e hermanos de las personas que tyenen las dichas fidalguías 
(Archivo General de Simancas, RGS, LEG, 148003, 248)
BNE. Mss. 11670. Hidalguía de Fernando de Peralta. Traslado de 1488
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viernes, 18 de agosto de 2017

Los Rosillo de Santa María del Campo

María Rosillo, era natural de Santa María del Campo, estaba casada con don Miguel de Ortega, vecino de San Clemente. Era mujer de carácter, pero su vida en San Clemente no fue fácil. Su marido estaba enfrentado, más bien habría que decir, enemistad visceral, con Francisco del Castillo e Inestrosa, y estas diferencias las sufriría la propia María Rosillo, cuyos ancestros eran originarios de San Clemente y su aldea de Vara del Rey. Así, la descendiente de Juan Rosillo, el reductor del Marquesado de Villena, sería acusada de tener sangre mora. Se le relacionaba con Hernando Sanclemente, un regidor sanclementino de comienzos de siglo que había sido quemado por moro y apóstata y de otro moro conocido por Macacho.

Sin embargo, doña María era hija de hijodalgo, don Cristóbal Rosillo, que había sido alcalde de la villa por este estado, y podía exhibir muchos actos positivos, entre ellos que un primo hermano suyo, el doctor Pedro García de Campos, era colegial mayor en la Universidad de Alcalá, donde estaban vigentes los estatutos de limpieza de sangre (otros, estaban obligados a estudiar en Salamanca, donde no tenían que responder por su sangre judía o pasado converso). Además tenía otros dos primos hermanos familiares de la Inquisición, Miguel Galindo de Campos, en Santa María del Campo, y Juan de Mena Ortiz, en Las Pedroñeras. La misma María Rosillo había pasado por dos pruebas de limpieza de sangre, como mujer y madre de Miguel y Diego de Ortega, que aspiraban a una familiatura del Santo Oficio. Ambos se investirían con el título de familia, a pesar de las trabas para empatar el proceso de Francisco del Castillo, que trajo a colación algunos matrimonios no muy limpios y cuando los Ortega andaban de críos a pedradas con los oficiales de la Inquisición.

No obstante, la acusación más grave contra María Rosillo es que su hijo Diego de Ortega había mudado de bisabuela para obtener el título de familiar. Es decir, la abuela de doña María Rosillo había sido permutada por otra. Quien traía a colación estas acusaciones era don Francisco de Alarcón Fajardo, vecino de San Clemente, aunque la acusación venía de treinta años atrás, con motivo del expediente de limpieza de sangre del mencionado Diego de Ortega. Los acusados eran Diego del Castillo e Inestrosa, Pedro González de Tébar y Pablo Cuenca. Pero los papeles acusatorios que estaban en el oficio de este último se habían perdido o, pasados ya treinta años, nadie quería saber nada de ellos. Pero la acusación era muy grave, pues el sambenito de Hernando Sanclemente, quemado en 1517, colgaba en la iglesia parroquial de San Clemente.

María Rosillo de Mendoza era hija de Cristóbal Rosillo, alcalde de los hijosdalgo en varias ocasiones en Santa María del Campo. Del papel protagonista de los Rosillo, como defensores de la causa real, en los tumultos de la década de los ochenta del siglo anterior ya se ha hablado.



ANEXO I: Testigos a favor de la limpieza de sangre de María Rosillo en Santa María del Campo Rus en 1641

Don Fernando Ruiz de Alarcón, caballero del hábito de Santiago y señor de la villa, 63 años.
Licenciado Francisco de Mendiola, cura de la villa reservativo, 87 años.
Miguel López de Alarcón, notario del Santo Oficio, 51 años
Don Rodrigo de Ortega, 40 años.
Jerónimo Rubio, 64 años
Jerónimo de Toro Ramírez, 70 años
Juan de Mendiola Ramírez, 61 años
Licenciado Pedro Sánchez de Villamayor, 57 años
Licenciado Juan de Toro Ramírez, 66 años
Licenciado Fernando Gallego Patiño, 71 años
Juan García, 65 años
Juan Ruiz de la Fuente, 66 años
Juan Rubio Carralero, 65 años
Francisco Rubio, 74 años
Jerónimo Galindo, 61 años
Francisco de Chaves, alguacil mayor de la villa, 65 años
Juan Herranz Fromista, 58 años
Jerónimo Patiño, 51 años
Nicolás Martínez Patiño, 72 años
Esteban Rubio, escribano, 51 años
Licenciado Gil García de Campos, 63 años
Francisco de la Solana, 70 años
Pedro Rubio Carralero, 61 años
Miguel Ruiz, 54 años
Martín López de la Torre, 60 años
Domingo Sánchez de Rus, 78 años
Juan de Castro, 75 años
Blas Martínez Bermejo, 81 años
Martín Blanco Muñoz, escribano del ayuntamiento, 56 años
Antonio de Villagarcía y Salas, 70 años
Pedro Pérez, 65 años
Andrés de Vieco, 50 años
Juan de Castro, 64 años
Bachiller Blas Martínez, prebítero, 58 años
Diego Esteban Rubiales, 70 años
Pedro Cano, 70 años
Alejo Martínez, 70 años
Miguel Saiz Jareño, 77 años
Juan Herrainz Patiño, 56 años
Alonso de la Casa, 60 años
Jerónimo de Toro el mozo, 50 años
Juan Rubio Agraz, 58 años
Miguel Redondo Marzo, 67 años
Juan de Requena Galindo, 37 años
Juan de Alarcón, 66 años
Alonso Nieto, 64 años
Pedro Esteban, 66 años
Juan de Castro Gómez, 58 años
Tomé de Vita, 75 años
Licenciado García González de Arrieta, médico, 65 años


Archivo Histórico Nacional, OM-CABALLEROS_SANTIAGO, Exp. 6009.  Ortega Guerrero, Diego de. 1640

sábado, 7 de enero de 2017

Altercados, tumultos y luchas banderizas en Santa María del Campo Rus (1580-1586)-IV

Imagen. http://www.ayuntamiento.org/santa-maria-del-campo-rus.htm
Los sucesos de San Mateo de 1582, en los que el alcalde ordinario Martín de la Solana se había enfrentado a la Justicia del Marquesado, representada por el alcalde mayor licenciado Jaramillo, provocaron el apartamiento del poder local del mencionado alcalde. Aún así, las elecciones de primero de enero de 1583, los Gallegos habían conseguido poner un próximo, Francisco Galindo, para compartir el poder con los Rosillos, que, poniendo a Alonso Rosillo como alcalde ordinario por el estado de los hijosdalgo, fueron los principales beneficiados del ostracismo en que cayeron la mayoría de los oficiales del concejo de Santa María del Campo . La revuelta de San Mateo de los vecinos santamarieños contra el gobernador Mosén Rubí de Bracamonte, que había seguido a esa otra del día de Santa Ana, y en la que el pueblo había hecho piña en torno a su alcalde Martín de la Solana, había dejado a la autoridad del Marquesado huérfana de apoyos en la villa de Santa María del Campo. Apoyarse en los Rosillo era demasiado arriesgado, pues los Rosillo eran muy ambiciosos y despertaban muchos odios en la villa. Así, con la elección como alcalde de Francisco Galindo se procuraba un frágil equilibrio de poderes. Pero Francisco Galindo era una figura lo suficientemente débil como para que los Gallego y Ortega no usarán su oficio en favor de sus intereses. Y los Rosillo eran demasiado impetuosos como para no avivar los conflictos. A finales de septiembre de 1582, el alcalde ordinario Alonso Rosillo intentó apresar al licenciado González y a Hernando Gallego Rubio con la excusa de que estaban quebrantando el destierro al que estaban condenados. La respuesta fue que el licenciado González espada en mano hirió a Alonso Rosillo en su intento de apresarle. Ante la pusilanimidad del otro alcalde Francisco Galindo, Alonso Rosillo intentó llevar la causa a San Clemente ante el alcalde mayor, sin duda escarmentado de los recientes sucesos de San Mateo. A hacer las averiguaciones a Santa María del Campo fue enviado el escribano Francisco de Astudillo, que sin duda conocedor del clima alterado de la villa, pasaría de puntillas en su comisión pero fiel a su oficio y amistad con el licenciado Jaramillo reunió cuanta información inculpatoria pudo. Así el licenciado Jaramillo rescantando el caso del alcalde de cañadas y el quebrantamiento de destierro dictaría sentencias ejemplarizantes en diciembre de 1583. La sentencia a cuatro años de galeras contra Hernando Gallego Rubio ya la conocemos, el licenciado González será condenado a dos años de destierro y el alcalde Francisco Galindo a un año de suspensión de oficio y dos de destierro. El problema es que el alcalde mayor, que fue recusado por el licenciado González, se veía impotente para imponer estas condenas, pues no había alguacil que osara pisar la villa de Santa María del Campo para ejecutarlas.

Sin embargo, lo que enturbió especialmente el conflicto fue un acto infortunado de los Rosillo. El bachiller Alejo Rosillo de Mendoza era abogado de la villa de Santa María del Campo, en una información de testigos a pedimento de Catalina de Araque había incluido en el interrogatorio una maliciosa pregunta que insinuaba la ascendencia mora de Gallegos y Ortegas. La acusación de ascendencia mora de Gallegos y Ortegas será una acusación recurrente de los enemigos de estas familias. La descendencia de un moro llamado Macacho volverá a reaparecer en la información de testigos efectuada con motivo de la obtención del hábito de Santiago de Diego de Ortega Guerrero en 1648. Claro que para entonces Ortegas y Rosillos ya habían emparentado y sus dos ramas familiares en San Clemente y Santa María del Campo, haciendo causa común frente  a la acusación vertida contra el padre de don Diego de Ortega; acusación que andaba en los chascarrillos populares, a saber, que había trocado una abuela morisca por otra cristiana vieja. Del mismo modo los Rosillo de Santa María del Campo se habían librado de su pariente Hernando de Sanclemente, morisco cuyo sambenito colgaba de la iglesia mayor de Santiago de San Clemente, al que todos tenían por ascendiente de la familia. Y es que a la altura de mediados del siglo XVII todo el mundo quería olvidar aquel cambiante siglo XVI, donde las alianzas matrimoniales miraban más al dinero que a la limpieza de la sangre; ahora, en el seiscientos, todos preferían olvidar el pasado no deseado propio y el ajeno. Por aquel entonces, el tan manido y actual tema de la memoria histórica era dejar enterrados en el olvido los antepasados con alguna gota de sangre judía o mora, o simplemente cortar las ramas de los árboles genealógicos y en su lugar implantar nuevos injertos.  Pero en 1580, la acusación de ascendencia mora debió doler a Gallegos y Ortegas tanto o más que ver el poder local arrebatado en manos de los Rosillo. A pesar de los expedientes judiciales y condenas sufridas, estas dos familias tenían suficientes influencias y relaciones familiares en toda la comarca como para aceptar un sino adverso.

Los Gallego de acusados tomarían la iniciativa para ser acusadores. Se había mancillado su honra con graves acusaciones de ascendencia mora. Ante el Consejo Real, en el mes de octubre de 1583, se querellaron los regidores Hernando Gallego Patiño, Pedro Gallego Patiño, el licenciado Hernando González Gallego y el alférez mayor Pedro Ortega Montoya, así como sus esposas y hermanas (Elvira Gallego o Posadas estaba casada con el licenciado González y Jerónima Gallego con el alférez mayor Pedro de Ortega), pero también el señor de Montalbo, Pedro Coello Carrillo, casado con Catalina González, y el licenciado Pedro de la Jara, vecino de Cañavate y casado con Ana Gallego, hija a su vez del licenciado González. La idea era que se comisionara al gobernador del Marquesado, como así se hizo, para que entendiera en las injurias de los Rosillo. Pero ni el Mosén Rubí de Bracamonte parecía tener prisa en su cometido ni los Gallego tiempo que perder, así que aprovecharon la presencia de un deudo como alcalde, Francisco Galindo, para meter en la cárcel de la villa, esta vez bien guardada, al bachiller Rosillo. No obstante, saldría pronto de ella por la puerta y bajo el amparo legal de un auto dado por el otro alcalde ordinario, Alonso de Rosillo, y la protección del regidor Cristóbal Rosillo, hermano del alcalde. Los Gallego acudirían de nuevo al Consejo Real, ahora acusando a los tres Rosillos, consiguiendo prisión del bachiller Alejo Rosillo, sobrino de Alonso y Cristóbal e hijo de una tercer hermana llamada Mencía López, durante dieciséis meses y apartar del poder local a los hermanos Alonso y Cristóbal Rosillo.

Los Rosillo tardarían en reaccionar, mientras su deudo, el bachiller Alejo, letrado e hidalgo, veía pasar los días en la cárcel de Santa María del Campo sujeto con dos grillos. Solo en septiembre de 1584, convencidos de la inutilidad de las acciones del gobernador, acuden al Consejo Real pidiendo amparo, que obtendrán en marzo del año siguiente, cuando se le ordena al gobernador que saque al bachiller Rosillo de la cárcel de Santa María del Campo y lo traslade a la de Quintanar del Rey. La respuesta del licenciado González Gallego cuando se le notificó la provisión del Consejo Real ordenando el traslado del bachiller fue de altanería: puesto que se había cometido al gobernador para tal misión, que se presentará él mismo y no mandara alguaciles ni al alcalde mayor Jaramillo, recusado por no respetar la primera instancia de la villa. El bachiller Rosillo conseguiría salir de la cárcel un trece de marzo, pero con fianza de dos mil ducados, para ser trasladado a la cárcel de Quintanar. Era suficiente, desde Quintanar podía organizar su defensa, acusando a los Gallego de no obedecer las comisiones otorgadas por el Consejo Real a la justicia del Marquesado.

Los Gallego, acusados y condenados por la justicia, no parecían temerla en exceso, aunque prudentemente se habían ausentado de sus domicilios cuando los alguaciles hicieron acto de presencia en Santa María del Campo para llevarse al bachiller Rosillo a Quintanar y seguían llevando su vida cotidiana sin más alteraciones. Aparte de Pedro Coello y su familia que residía en Montalbanejo, lugar de la jurisdicción de Alarcón, el licenciado González seguía en Santa María del Campo con sus negocios y sus papeles de oficio de abogado, ahora centrados en el pleito del bachiller Rosillo, y Hernando Gallego había ido hasta Cifuentes a comprar trigo para el pósito de la villa. Pero para el 30 de marzo todos estaban en sus domicilios; un día antes el bachiller Rosillo era libre de la cárcel de Quintanar. El alcalde mayor Jaramillo ha decidido actuar de oficio en la causa del bachiller Rosillo y nombrar fiscal en la persona del alguacil mayor del Marquesado Cristóbal Coello. Considera que lo que se pone en duda es la misma justicia real. Los Gallegos guiados por el licenciado González habían decidido convertir el caso particular del bachiller Rosillo en un pleito centrado en la defensa de las libertades de la villa y su jurisdicción propia frente a la intromisión del poder y la justicia real.

En los años cincuenta los gobernadores del Marquesado habían fracasado en su intento de dotarse de un escribano de provincia ante quien pasaran los autos judiciales incoados en las villas donde se hallaran presentes dichos gobernadores. Su fracaso era el triunfo del reconocimiento de la primera instancia de las villas. Ahora en la década de los ochenta la figura de Francisco Pérez de Oviedo, escribano de comisiones del Marquesado se parecía bastante  a esa figura del escribano de provincia, más si tenemos en cuenta que las comisiones encargadas al gobernador o su alcalde mayor eran repetidas en el tiempo, hasta seis para la villa de Santa María del Campo, y sin término de plazo. Las intromisiones continuas del alcalde Jaramillo en los asuntos de la villa y que los pleitos se sustanciasen y juzgasen desde las vecinas villas de San Clemente y Villanueva de la Jara crearon un clima de odio y animadversión a la justicia real en Santa María del Campo. A la generación de ese odio contribuían hechos como el remate de cincuenta fanegas de trigo y cincuenta de cebada embargadas a Hernando Gallego Rubio para pagar los veinte mil maravedíes en que había sido condenado por el alcalde mayor Jaramillo. Trigo y cebada se remataron por valor de nueve reales y medio y tres reales y medio la fanega en favor de Francisco de Astudillo, que actuaba como escribano  en alguno de los juicios de Jaramillo. La subasta además de beneficiar a un hombre próximo a la justicia del Marquesado, Francisco de Astudillo, que nacido en 1560 por entonces contaba veinticinco años, se celebró en la Plaza Mayor de San Clemente, pues en Santa María del Campo no hubo quien se atreviera a pujar por el cereal embargado. Ya el año de antes, el de 1584, considerado como un año de excelente cosecha de cereal en Santa María del Campo (no así en San Clemente deficitaria de trigo por su monocultivo de viñas), el alcalde Jaramillo se había hecho traer para consumo de su casa diecisiete fanegas de trigo y más de cuarenta de cebada. El bachiller Rosillo citaba como curiosidad la calidad del trigo de Santa María del Campo frente al de San Clemente, cuyo trigo era rrubión de menos valor e no tan bueno para pan coçido.

El escribano Francisco de Astudillo es el ejemplo más claro de aquellos oficiales públicos sanclementinos que medraron y se enriquecieron a la sombra del poder. Es el modelo de la nueva élite que aprovecharon su cargo en beneficio propio. Cuando el concejo de Santa María del Campo acuse con ciento veinticinco capítulos en el juicio de residencia, obligado al finalizar su mandato, al alcalde mayor Jaramillo y al gobernador Mosén Rubí de Bracamonte, Francisco de Astudillo defenderá con ahínco la probidad del alcalde mayor en sus cuatro años y siete meses de ejercicio del oficio público. A su entender hombre de probada rectitud que no aceptaba nunca regalo alguno. Francisco de Astudillo hablaba con la autoridad, y complicidad de quien había acompañado al alcalde mayor como escribano durante cuatro años por las villas del norte del Marquesado. El testimonio de Astudillo sería corroborado por otros vecinos de San Clemente como los regidores  Francisco de Pacheco, de 50 años, y Juan de Oropesa, de 48 años, o gente principal como Andrés Granero y Alarcón, de 38 años, o Jerónimo Carrasco de Herreros, de 35 años, y por varios escribanos, entre los que destacamos a Miguel Sevillano, nacido en 1556,  y abogados de la villa como el licenciado Agüero o el licenciado Diego de Montoya. Otros testimonios favorables al licenciado Jaramillo eran parte interesado, como era el caso de dos santamarieños ya conocidos y no ajenos a los disturbios: Alonso Rosillo y el bachiller Alejo Rosillo, su sobrino. Los testigos declarantes, que debían su fortuna a su relación de servicio con el gobernador del Marquesado, constituían un partido de hecho favorable a la política de centralización de la Corona que chocaba con los particularismos de las oligarquías locales. Por supuesto que tal partido se alimentaba también de los miembros de esas mismas oligarquías alejadas del poder local.

El bachiller Alejo Rosillo tenía veintisiete años en 1586 y su testimonio, aunque parcial, nos acerca un poco más al pasado histórico de Santa María del Campo en aquellas fechas. A su juicio la villa estaba tiranizada por el licenciado González sus deudos, enfrentados a la justicia del gobernador del Marquesado de Villena y con tratos en la Corte, donde se había mandado a Diego Baíllo, para tratar que la villa fuera lugar de behetría con posibilidad de elegir quién debía ser su nuevo señor

que fue cosa muy açertada açer contradiçión en corte de su magestad para que no se hiçiese la dicha beetría como en efeto lo pretendían porque si se hiçiera lo que ansí pretendían hera acauar con el pueblo y destruirse los vezinos della si no fuera a los deudos del dicho liçençiado gonçález e consortes como dicho tiene y que llanamente conbino e fue muy nezesaria la contradiçión que fue echa por los demás veçinos de la dicha villa e ansimesmo conbino açerse el gasto que se hizo en la dicha contradiçión para la paz de la dicha villa 

La versión de los Rosillo era totalmente opuesta  a la del licenciado González y parientes, que se presentaban como paladines de los privilegios y primera instancia de la villa. Consideramos que la versión de los Rosillo es más verdadera y, a falta de pruebas, creemos que en el momento que don Antonio del Castillo Portocarrero trocó esta villa por la de Fermoselle, en la Corte se planteó la venta de Santa María del Campo a jurisdicción señorial, si no se hizo fue porque la villa compró su libertad por dieciséis mil ducados, una cantidad demasiado elevada que no evitó que la villa cayera bajo jurisdicción señorial en 1608 de nuevo. Pero a la altura de 1583, una vez comprada la libertad, el debate no estaba en elegir entre jurisdicción real o jurisdicción señorial; a decir del regidor Juan de Toro Remírez lo que los Gallego planteaban era desgajar Santa María del Campo de la gobernación del Marquesado de Villena y su incorporación al partido de Cuenca. Sabemos que hubo una reunión de oficiales y vecinos de Santa María del Campo en la ermita de San Roque para mayo de 1583 en la que se decidió dar poderes a un procurador para acudir a la Corte  a solicitar que la villa se hiciera de behetría y se incorporara al corregimiento de Cuenca

que la dicha villa de santa maría del canpo fuese lugar de beetría e ponello en el partido de quenca

La continuidad de Santa María del Campo Rus en la gobernación del Marquesado de Villena la defendió en Madrid Alonso de Rosillo. En opinión de su hermano Cristóbal, el licenciado González y los Gallegos pretendían exonerarse de la cercana justicia del gobernador y alcalde mayor para aprovecharse en beneficio propio de los propios y alhorí de la villa. La razón que pudieran tener los Rosillo como defensores de la villa de Santa María del Campo la perdieron por su alianza con la justicia del Marquesado. Los errores que cometió el alcalde mayor Jaramillo entrometiéndose en cualquier conflicto de la villa, ya fuera político, de disputas banderizas, o moral era visto como una negación de las libertades de un pueblo cuyo recuerdo de sojuzgamiento señorial bajo los Castillo Portocarrero estaba muy presente. A ellos se sumaba el alto coste que tuvieron para la villa y los inculpados las costas judiciales y salarios llevados por los alguaciles y escribanos enviados por la justicia del Marquesado, vistos por los santamarieños como una lacra cuyo único fin era el enriquecimiento de los oficiales reales. De hecho, la mayoría de los ciento veinticinco capítulos iban en este sentido y las pocas sentencias condenatorias del juez de residencia Noguerol se centraban en los abusos de los alguaciles. Por eso, dada la generalidad de los abusos, en el juicio de residencia contra el gobernador Mosén Rubí de Bracamonte quien se presentó como querellante fue el concejo santamarieño y no personas concretas. Al margen de los Rosillos, siempre fieles a la Corona, firmando los ciento veinticinco capítulos acusatorios estaban juntos los viejos enemigos. Basta enumerar sus nombres para verlo: Pedro de Ortega Montoya y Pedro de Campos, alcaldes ordinarios, y los regidores Alonso Montejano, Fernando Gallego Patiño, Pedro Redondo, Cristóbal de Chaves, Juan Rubio, Andrés Redondo, Francisco de Villagarcía Salas, el síndico Francisco Galindo y el bachiller Jerónimo de Mendiola. Entre los apellidos sólo echamos de menos a Martín de la Solana y su hijo. Sus nombres desaparecen de esta historia tras la actitud gallarda del padre el día de San Mateo de 1582, guiando al pueblo para hacer frente al alcalde mayor. Creemos que su desaparición en los papeles no es casual y que su actitud desinteresada de defender las libertades de la villa la pagaron  con algo más que su marginación.

Poco importa que Mosén Rubí de Bracamonte y su alcalde mayor, el licenciado Jaramillo, salvo alguna pena pecuniaria menor, fueran absueltos de casi todos los capítulos acusatorios, pues su fracaso como gobernantes era evidente. Fracaso doble, pues Santa María del Campo Rus tuvo una integración tan precaria como corta en la gobernación del Marquesado de Villena y la propia institución de la gobernación de lo reducido del Marquesado de Villena desaparecía para siempre. Los gobernadores fallaron como reclutadores militares en la guerra de las Alpujarras y fallaron como recaudadores de las rentas reales, sustituidos por el administrador Rodrigo Méndez. Ahora fallarían como garantes de la paz social y de la prerrogativa regia a la hora de impartir justicia. La gobernación estaba muerta: su división en dos corregimientos con respectivas sede en San Clemente y, de hecho, en Albacete (la capital oficial era Chinchilla), venía a reconocer una realidad ya presente desde hacía años: ¿acaso no reconocía el gobernador Mosén Rubí de Bracamonte, con residencia entre Albacete y Almansa, que desconocía el quehacer diario de su alcalde mayor Jaramillo, residente en San Clemente y distante catorce leguas?


Archivo General de Simancas. Cámara Real de Castilla. Juicio de Residencia de mosén Rubí de Bracamonte. Exp. 311. Pieza 8 bis y pieza 9. 1586

lunes, 12 de septiembre de 2016

Situado de Juan Rosillo en las rentas reales del Marquesado de Villena

El apunte mostrado en la imagen inferior muestra el situado o la pensión que anualmente disfrutaba, a cargo de las rentas reales, Juan López Rosillo, vecino de San Clemente, llamado el reductor del Marquesado de Villena. El montante total ascendía a 15.000 maravedíes.
Moneda de dos mrs., época de los RRCC
Juan Rosillo se nos presenta en esta época como un defensor de los intereses y patrimonio de la corona en la zona. Sus denuncias e informes dan lugar a que se expidan cartas reales comisionando al gobernador del Marquesado de Villena o al corregidor de Murcia para que entiendan en diferentes situaciones en defensa del patrimonio regio.





Juan Rrosyllo, quinze myll mrs.        xv (mil)





AGS, EMR, leg. 70. Relación de las rentas reales del Marquesado de Villena y Reino de Murcia. 1499-1500

sábado, 4 de junio de 2016

La infame memoria de Luis Sánchez de Origüela.

Mencionar el nombre de Luis Sánchez de Origüela y recordar las gotas de su sangre judía que podía llevar cualquier sanclementino era la mayor afrenta que podía sufrir cualquier vecino de la villa. Una sola gota de su sangre en las venas podía acabar con las aspiraciones de cualquiera que quisiera ocupar una posición principal en la villa, pero también un golpe a su buen nombre, a su honra y a su consideración de cristiano viejo. Y sin embargo eran muchos los que participaban de esta sangre; incluso los descendientes de Juan López Rosillo, el reductor del Marquesado, se hallaban contaminados. No es extraño, que cuando Juan de Rosillo, alcalde ordinario el año 1641, lanzó un furibundo ataque contra Francisco de Astudillo Villamediana, sacará a colación una retahíla interminable de parientes judíos del susodicho, penitenciados y relajados, pero evitará mencionar el maldito nombre de Luis. Sí lo hará con motivo del expediente para la obtención del hábito de Santiago de don Rodrigo de Ortega, pero para decirnos que a Luis Sánchez de Origüela lo quemaron por soberbio no por hereje. Todos conocían su historia y su nombre, pues su sambenito colgaba de la puerta principal de la Iglesia Mayor de Santiago. El sambenito denunciaba la herejía, pero ante todo la mezcolanza de una sociedad en rápido crecimiento demográfico, donde todos, adquirido cierto poder, se intentaban presentar como cristianos viejos y donde siempre había enemigos dispuestos a recordar los turbios orígenes sociales de cada cual.

Hoy menospreciamos el valor de los símbolos en aquélla sociedad del seiscientos, pero para los contemporáneos eran muy importantes. Recuerdo que el primer documento que leí sobre la villa de San Clemente, allá por el año 1985, fue un testamento que hoy sería incapaz de situar en los protocolos notariales del Archivo Histórico Provincial de Cuenca, por aquel entonces en la Casa de la Cultura. Inmerso en los estudios de las mentalidades y los cambios en la religiosidad, me encontré con este documento tan curioso y su protagonista tan singular. El protagonista era un hombre que, como última voluntad testamentaria, mandaba se le enterrara cubierto por una estera en el suelo de la entrada principal de la Iglesia mayor de Santiago para ser pisoteado por todos los feligreses; pretendía así redimir su principal pecado en vida: su vanidad en el vestir.

Valga la digresión para entender cómo impresionaban en aquella sociedad las imágenes visuales o los simples gestos rituales. Todavía en 1641, ciento veinticuatro años después de su muerte, se conservaba colgado a la entrada de la Iglesia de Santiago el raído sambenito del quemado Luis Sánchez Origüela. Hasta allí fueron los comisarios del Consejo de Órdenes, don Antonio Pimentel y Sarmiento y don Andrés de Nieva y Salazar, un veinticuatro de abril de 1641, con motivo de la pruebas para el hábito de Santiago del III señor de Villar de Cantos, encontrando fijado en la puerta principal de la Iglesia el mencionado sambenito:

sambenito que está fixado sobre la puerta principal de la iglesia mayor de esta billa que mira a medio día ... 
"Luys Sánchez de Origüela vecino de San Clemente hereje y judaiçante quemado año de mil i quinientos i diez i siete"

(AHN. ÓRDENES MILITARES. CABALLEROS DE SANTIAGO. Exp. 6008. Don Rodrigo de Ortega y Monteagudo. 1641, fol. 182)*

¿Sería aventurado decir que la construcción de la fachada norte de la Iglesia de Santiago esconde la intención de ocultar la infame memoria de Luis Sánchez de Origüela y su sambenito? Ese lienzo de muro corrido de la Iglesia de Santiago que da su espalda a la plaza del ayuntamiento nos parece el símbolo de una construcción celosa de sus secretos que quiere ocultar su pasado a la modernidad.

Las dudas nos surgen a la hora de determinar la verdadera razón del proceso inquisitorial que acabaría con Luis Sánchez de Origüela en la hoguera. La versión de la figura del judío falsamente convertido, que se burlaba de las imágenes de Semana Santa y comía carne los viernes, rivalizaba con la propia versión de los Origüela y sus aliados, que recordaban a su antepasado en la viva memoria oral como víctima de las rivalidades políticas de aquellos años de comienzos del quinientos. Nosotros nos quedamos con esta segunda versión, sin dudar de los orígenes judíos de la familia Origüela.

La presentación de Luis Sánchez de Origüela como víctima de las rivalidades políticas fue recordada por Miguel Sevillano en 1641. Miguel Sevillano, que había nacido hacia 1579 y contaba por entonces sesenta y dos años, fue uno de los hombres más influyentes de la vida sanclementina de la primera mitad del seiscientos. Escribano y regidor del ayuntamiento de la villa, era hijo de forasteros que habían llegado a la villa en la segunda mitad del siglo XVI y ejemplo de hombre hecho a sí mismo. Su proximidad al poder local y al corregidor, su propio oficio de escribano, que le permitía controlar todas las transacciones económicas, y su habilidad para mantener un equilibrio entre las rivalidades de las familias le había servido para medrar personalmente. No faltó alguna afortunada alianza matrimonial. Su padre del mismo nombre, había recibido una rica herencia de su suegra María de Montoya; era hijo de Martín Sánchez de Posadas, que de Socuéllamos había ido a vivir a San Clemente, donde casaría con Elvira Sainz Sevillana, que a su vez, como delatan los apellidos era hija de dos foráneos: Clemén Sainz Sevillano y María Catalana. El caso es que Miguel Sevillano, el hijo, consolidará una gran fortuna personal, en la que no faltará el negocio ganadero, y será determinante en la política sanclementina de la primera mitad del siglo XVII, apoyando la política central del corregidor y ayudando al encubramiento de las dos familias que dominarán los años centrales del seiscientos: Astudillos y Ortegas.

Miguel Sevillano, conocedor como nadie de las rivalidades por el poder, supo presentarnos a Luis Sánchez de Origüela, como una víctima más de las mismas. Exagerando en su defensa como cristiano viejo, acertaría en la valoración política de los hechos ocurridos ciento veinte años antes, aprovechando para lanzar una clara acusación de mestizaje no deseado contra los Rosillo y dudando así de la limpieza de sangre de una familia de las rancias y de abolengo, que hacía de su capilla de Santa Ana el símbolo de su pureza:

preguntado si sabe que Luys Sánchez de Origüela fue relaxado al braço seglar por el Santo Oficio de la Ynquisición y por qué= dixo que el dicho Luys Sánchez de Origüela siendo como era christiano biejo e noble abía tenido algunos enemigos e conspiraron contra él diciendo auía dicho mal de los monumentos de la Semana Santa y abía comido carne en biernes y otras cosas que en aquellos tiempos debieron de sonar mal e por ello fue relaxado y quemado en esta villa año de mill e quinientos e diez y siete y sabe este testigo que el dicho Luys Sánchez de Origüela era como tiene dicho christiano viexo e hidalgo porque era nieto por baronía de Juan González de Origüela caballero de la banda y espuela dorara en tiempo del rey don Juan el segundo e porque era ermano de don Gonçalo de Origüela que casó una hija con hijo de Juan López Rosillo  por donde entró el apellido en casa de los Rosillo

(AHN. ÓRDENES MILITARES. CABALLEROS DE SANTIAGO. Exp. 6008. Don Rodrigo de Ortega y Monteagudo. 1641, fol. 174)

Ser hidalgo, y más en esta zona, no significaba ser cristiano viejo. En San Clemente contaba más la segunda condición que la primera. San Clemente no aceptaba a los hidalgos: nunca tuvo, a diferencia de otras villas, un padrón de hidalgos. Cuando un jovenzuelo llamado Pedro Sánchez de Origüela, el primero de los Origüela, llegó con pretensiones nobiliarias a la villa de San Clemente el 30 de junio de 1455, tuvo que renunciar a ellas para ser aceptado como vecino, además de pagar dos mil maravedíes:

Pedro Sánchez de Origüela el qual fue reçiuido por veçino hidalgo y hauiendo pedido en su petiçión que le metiesen en los ofiçios deste conçejo no se le conçedio hasta que rrenunçiase su hidalguía y él la rrenunçió y con esto fue rresçiuido con condiçión que diese dos mill mrs. para el dicho concexo 

(de la copia de ejecutoria e hidalguía de Pedro González Galindo, folio 12 vº, inserta en el expediente del hábito de Santiago de Francisco de Astudillo Villamediana. AHN. ÓRDENES. CABALLEROS DE SANTIAGO. Exp. 2798)

La renuncia a su hidalguía posibilitó el ascenso de los Origüela a los oficios municipales. Su acceso a las alcaldías está constatada. La participación de esta familia en los cargos municipales en los años previos a la condena de Luis fue muy activa. Dos hijos del primer Origüela accedieron a los cargos de alcaldes ordinarios en 1514 y 1515, Pedro Sánchez de Origüela y Alonso Hernández de Origüela. Por aquella época la lucha banderiza entre familias era el pan de cada día. Don Diego Torrente Pérez ya atisbó algo de esta situación. Los documentos que nos aporta sobre Lope Rodríguez, macero real, nos hablan de la familia Origüela, de los hijos de Pedro, como aliados y hemos de suponer defensores oportunistas de los intereses políticos de los Reyes Católicos. Pero también de las luchas de dos hombres defensores de los intereses reales, Alonso López Rosillo, hermano del reductor del Marquesado, Juan López Rosillo, y Juan López Tendero. No olvidemos que con la hija de este López Tendero, de nombre Elvira, casaría el primogénito de los Origüela, Pedro. Por eso la situación de los Origüela cambia. De perseguidos y solicitadores de seguro y amparo real en 1478, pasan a triunfadores de la vida municipal de la villa de San Clemente en 1491. La situación tras la muerte de Isabel la Católica en 1504 y las dos décadas siguientes desataría las rivalidades. Perona o Herreros y también los Rosillo, en un bando, y Tendero y Origüela, en otro.

Las alianzas y las rencillas entre Rosillo, Origüelas y otras familias se fraguaron en esta época, en la que alternan los odios y matrimonios según los intereses de cada momento. Pero, los odios de los Rosillo (que vienen de estos años ochenta del siglo XV, embarcados en pleitos con los vecinos de Castillo de Garcimuñoz y con la comunidad judía), pudieron más que las alianzas matrimoniales. Y es de suponer que renacerán en la segunda década del quinientos con Alonso López Rosillo, el hijo de Juan, alternando y rivalizando en la alcaldía del pueblo con los Origüela. Dicho de otro modo, Alonso López Rosillo, casado con la hija de un Origüela, rivalizaba y compartía el poder municipal.

En las rivalidades intervino un segundo factor, como fue la marginación del poder local de los hidalgos. Estos en su mayoría se había refugiado en la aldea de Vara de Rey, pero ya en 1480, habían intentado participar en el poder local de San Clemente con matrimonios con las hijas de los vecinos principales sanclementinos. Aunque fueron rechazados en aquel momento, por la exención fiscal que pretendían, los sanclementinos llegados por vía matrimonial a la nobleza.

El conflicto se plantearía años después en la Chancillería de Granada. En los años que van de 1512 a 1519, los hidalgos de San Clemente intentarán vía judicial el acceso al poder local. Curiosamente los Rosillo harán valer su condición hidalga en el pleito, pero no los Origüela ni Alonso López Rosillo, casado con una Origüela, que prefieren seguir controlando el poder municipal desde su condición pechera. La sentencia no vendría hasta 1537, en una época que ya no tenía mucho sentido, pues pocos años después el acceso al poder se haría a través de regidurías perpetuas. Ese mismo año los hidalgos de Vara del Rey conseguían una parcela propia de poder con el título de villa de este lugar y la exención jurisdiccional de la villa de San Clemente. El hecho es que durante todo el primer tercio del siglo XVI, se impidió el acceso al poder, al menos sobre el papel, de varias familias principales, tentados de acceder a él vía matrimonial. Eran los años del inicio de la pujanza de la villa, que recibía numerosos inmigrantes, vecinos de las villas comarcanas o de lejanas tierras.

Es en ese contexto, de una sociedad temerosa de perder su identidad por la avalancha de recién llegados, donde se dan los procesos inquisitoriales contra los Origüela, no sólo en San Clemente, también en su tierra solar del Castillo de Garcimuñoz. Ya en 1510, el presbítero Alonso González de Origüela había sido penitenciado por decir misa sin guardar el ayuno. Los procesos inquisitoriales entre 1518 y 1521 persiguieron a los Origüela tanto en San Clemente como en su villa natal de Castillo de Garcimuñoz. En la Iglesia mayor de esta villa, la de San Juan Bautista, colgarían varios sambenitos de esta familia condenados en esas fechas. La condena de Luis Sánchez de Origüela vino precedida por un cambio en los cargos municipales en San Clemente. que, aparte de la natural rotación del poder, mostraba la marginación de los Origüela: Francisco de los Herreros sustituiría a Alonso González de Origüela como alcalde ordinario en 1516.

Los intentos de aproximación al poder de los Origüela a mediados de siglo, serían respondidos con nuevos procesos inquisitoriales. Entre las condenas de ese momento destaca la de Pedro González de Origüela en 1561, el nieto del quemado Luis, acusado de palabras contra el Santo Oficio e inhabilitado para desempeñar oficios públicos. Conocedor de la inhabilitación y temeroso del Santo Oficio, se hallaba en Córdoba ejerciendo de alguacil.

Hoy planteamos muchas de las rivalidades citadas como hipótesis, el tiempo y la consulta de los documentos de la época nos dará o nos quitará razones. Pero creemos que estamos obligados a plantear hipótesis que animen a la investigación del pasado histórico olvidado de la villa de San Clemente. Las luchas banderizas en las ciudades y villas en Castilla a la muerte de Isabel Católica fue algo común en todas ellas; la lucha por el poder de las oligarquías locales a costa de los recién encumbrados conversos también. Si conocemos estas disputas quizás lleguemos a saber qué fue de San Clemente en 1521 con ocasión de la guerra de las Comunidades.

 Mientras, olvidado y esperando nuestra curiosidad, permanece en una de las estanterías del Archivo Diocesano de Cuenca el proceso de Luis Sánchez Origüela. Su infame memoria que sería recordada durante ciento cincuenta años por las familias rivales sanclementinas como la mancha y raíz infecta de la que había que huir, hoy reposa plácidamente junto a un puñado de legajos. Es un reto y una obligación moral recuperar la memoria de este hombre, víctima de sus ideas y sus ambiciones personales y políticas.

* También en el expediente para la obtención del hábito de la orden de Santiago de Francisco de Astudillo, se puede leer sobre el mencionado sambenito:
hallamos uno con llamas que es el primero de la segunda ilera que dice ansí= Juana Hernández de Astudillo, muger de Pedro Hernández de Hellín vecina de San Clemente hereje judaiçante quemada año 1521= iten hallamos otro sambenito con llamas que es el quinto de la primera hilera y dice ansí= Luis Sánchez de Origüela vecino de San Clemente hereje judaiçante quemado año de 1517 (fol. 123 vº)

viernes, 3 de junio de 2016

La ascendencia conversa de los Ortega y los Marqueses de Valdeguerrero

El licenciado Juan Villanueva Merchante era hacia mediados de siglo XVII comisario del Santo Oficio de la villa de San Clemente. Por el mismo oficio que desempeñaba era muy dado a los árboles genealógicos de los vecinos de la villa y, en concreto, parecía tener especial obsesión por la ramificación del apellido Origüela entre los diferentes linajes de San Clemente. La difusión de estas genealogías entre los contemporáneos era auténtica munición contra aquellos que pretendían llegar al poder local en manos de sus enemigos. Los conocimientos que el licenciado Villanueva tenía del pasado de Francisco de Astudillo Villamediana convirtió su camino para lograr el hábito de Santiago en calvario. Algo parecido le sucedió a don Rodrigo de Ortega y Monteagudo, III señor de Villar de Cantos. Pero don Rodrigo, que participaba del apellido Avilés, contó con el apoyo de los Pacheco, no de todos, en la defensa de su limpieza de sangre e hidalguía; Francisco de Astudillo Villamediana solo contó con su dinero.

En una sociedad con unas familias ricas tan mezcladas, donde primaba más el dinero que la limpieza de sangre, no tardaría en encontrar nuestro licenciado Villanueva sangre judía en la bisabuela paterna de don Rodrigo, Jimena de Llanos Tébar, y en el abuelo materno, Baustista García de Monteagudo. Otros apellidos que daban gloria al linaje, como el de Avilés que los entroncaba con los siglos de la reconquista también fueron objeto de debate. Ocasión tendremos para hablar de ello Reproducimos el testimonio de Juan de Villanueva por su interés para el conocimiento de la participación Origüela en la familia Ortega y, por ende, en sus sucesores, los marqueses de Valdeguerrero. La declaración del licenciado Villanueva nos acerca también a la sucesión familiar de los Rosillo:

En la dicha villa dicho mes i año para la dicha información recibimos juramento en forma de derecho al comisario Joan de Villanueba vecino i natural de esta villa i lo hiço de decir verdad i guardar secreto i dixo lo siguiente

Preguntado si en años pasados a tenido algún pleito con don Rodrigo de Ortega, padre del pretendiente vecino de esta villa i sobre qué materia i de que se originó: dixo que abrá cinco o seis años poco más o menos que don Fernando Rosillo natural i vecino de la villa de Leçuça diócesis de Toledo capituló a este testigo en el Consejo Supremo de la Inquisición imputándole abía echo áboles de  genealogías de todos los linages de esta villa de San Clemente i veinte leguas en su contorno quiándoles la onrras y este pleito debió de fomentar don Rodrigo de Ortega padre del pretendiente por ser primo segundo del dicho don Fernando u el origen fue según piensa este testigo por auer ellos entendido que este que declara auía dispuesto contra la limpieza de don Alonso de Rosillo pretendiente residente en Indias hermano entero del dicho don Fernando Rosillo que pretendía ser comisario del Santo Oficio

Preguntado si sabe obtuviese el dicho Alonso Rosillo el título de comisario i que se despachasen las pruebas en su fabor dixo que Alonso Rosillo natural de esta villa i abuelo del dicho  Alonso Rosillo pretendiente de la dicha comisiatura casó en Alcaraz con Veatriz Cano abuela ansimesmo del dicho Alonso Rosillo pretendiente de comisiatura i a entendido que este testigo que se probó por dicha Veatriz Cano tenía ascendientes penitenciados con sanbenitos en la dicha ciudad de Alcaraz i que no saldría con su intento el dicho Alonso Rosillo demás que por auer de hacerse el despacho en Murcia i residir como dicho tiene en Indias puede auer salido sin que este testigo lo sepa i que dicho don Rodrigo Ortega pretendiente no es descendiente de dicha Veatriz Cano y preguntando por donde tienen el parentesco de primos segundos que lleba de esto dixo que Joan Rosillo que llaman el reductor del Marquesado de Villena tuvo entre otros hijos a Fernando Rosillo que casó con Elvira González en San Clemente i estos entre otros tubieron a Alonso Rosillo i Fernando Rosillo y este Fernando Rosillo casó en Bara de Rei con María de Gabaldón= y estos tubieron entre otros a doña Ana Rosillo abuela paterna del pretendiente i dicho Alonso Rosillo abuelo i dicho Alonso Rosillo abuelo del dicho Alonso Rosillo que pretendiente de la comisiatura que como dicho es casó con Beatriz Cano era hermano de Fernando Rosillo padre de la dicha doña Ana Rosillo i así por lo Rosillo son primos segundos como lleba dicho sin tocarle nada de la dicha Veatriz Cano=

Preguntado si al dicho don Rodrigo de Ortega le toca el apellido de Origüela i si tal apellido es limpio sin raça ni mezcla de moro judío ni converso en ningún lado por remoto i apartado que sea= dixo que el dicho pretendiente don Rodrigo de Ortega es hijo de don Rodrigo de Ortega i doña Ines de Ortega i nieto de don Rodrigo de Ortega i de doña Ana Rosillo: y dicho abuelo fue hijo de Francisco de Ortega i Joana Ximénez de Llanos i esta Joana Ximénez fue hija de Cristóbal de Tébar i de Ginesa de Llanos: i dicho Cristóbal fue hijo de Pedro Sánchez de Origüela i de Ana de Tébar natural de la villa del Castillo i dicho Pedro Sánchez de Origüela fue hijo de Pedro Sánchez de Origüela el primero de este apellido que vino a esta villa de la del Castillo i allí que es su origen se sabrán las calidades a que por aora  se remite=

Preguntado si por otra parte toca al pretendiente dicho apellido de Origüela dixo= que Bautista García abuelo materno del pretendiente fue hijo de Antón García i de María de Tébar i esta fue hija de Cristóbal de Tébar i de Ginesa de Llanos de manera que el abuelo paterno y materno del pretendiente eran primos hermanos por lo Origüela: y la decendencia del dicho Cristóbal de Tébar ya la tiene dicha= y preguntado si los apellidos de Tébar, Llanos  Origüela i Rosillo es limpio dixo que los Rosillos y Llanos son de esta villa i los tiene por limpios de toda raça: i que para los Origüela y Tébar se remite al Castillo donde son originarios donde se podrá probar la verdad= i preguntado si del dicho Pedro Sánchez de Origüela de quien deciende el pretendiente ay algunos decendientes con actos positivos de limpieza dixo= que Pedro González Galindo vecino de Madrid i natural de esta villa fue familiar del Santo Oficio i este tiene un nieto hijo de Francisco María Piquinoti del háuito de Alcántara: i fray Pedro de Tébar religioso franciscano i fray Bartolomé de Tébar de la orden de San Agustín consultores del Santo Oficio i lo fue don Gaspar de Garnica prior de Santiago i don Francisco de Montoya vecino de esta villa es familiar: i un hijo suyo don Diego de Montoya fue del háuito de San Joan i don Alonso de Montoya sobrino del dicho don Francisco es Inquisidor de Murcia todos los cuales son descendientes de Pedro González de Origüela el primero que vino a esta villa i Aldonça Sánchez su muger cada uno en grado diferente pero todos dentro del sesto y el pretendiente es quinto nieto del dicho Pedro Sánchez de Origüela que para que conste de los grados y actos positiuos le pedimos hiciese un árbol y lo dixo lo daría firmado de su nombre i juro sería cierto i verdadero leyósele lo ducho ratificóse en él i lo firmó

Don Antonio Pimentel i Sarmiento (rúbrica)
Licenciado Juan de Villanueva Merchante (rúbrica)
Don Andrés de Nieba Salazar (rúbrica)


Árbol genealógico

1.-Pedro Sánchez de Origüela natural de la villa de Castillo de Garcimuñoz vino a San Clemente y casó con Aldonça Sánchez

     2.- Gonzalo de Origüela casó en Albacete con Leonor González

                   3.- Gonzalo de Origüela casó en el Castillo casó con Francisca Fernández de Valenzuela
                          4.- Hernando de Avilés casó en San Clemente con doña Juana de Valderrama
                                 5.- Don Gaspar de Garnica, prior de Santiago y calificador Sto. Oficio

    2.- Pedro Sánchez de Origüela casó iº en San Clemente con Elvira López Tendero i 2º en el Castillo con Ana de Tébar

                    3.- Gonzalo González de Tébar casó en el Castillo con María de Araque Valenzuela
                           4.- Diego de Tébar casó con doña María Aldana
                                 5.- Fray Pedro de Tébar religioso franciscano calificador Sto. Oficio

                    3.- Christóbal González de Tébar casó en San Clemente con Xinesa de LLanos
                          4.- Bartolomé Llanos de Tébar casó en S. Clemente con Dª Gerónima de Garcilópez
                                 5.- Fray Bartolomé Llanos de Tébar religioso agustino calificador Sto. Oficio 
                          4.- Joana Ximénez de Llanos casó en S. Clemente con Francisco de Ortega
                                 5.- Don Rodrigo de Ortega casó con doña Ana Rosillo
                                        6.- Don Rodrigo de Ortega casó en San Clemente con doña Inés de Ortega
                                              7.- Don Rodrigo de Ortega que pretende un hábito de Santiago

                     3.- Pedro Sánchez de Origüela casó en Santa María de Campo con María Galindo
                          4.- El licenciado Pedro González Galindo casó en San Clemente con Isabel García de Monteagudo
                                  5.- Pedro Galindo familiar del Sto. Oficio casó con doña María de Tébar
                                        6.- Doña Antonia González de Tébar casó en Madrid con Francisco María Piquinoti
                                              7.- Don Benito Piquinoti del hábito de Alcántara

    2.- María Sánchez del Origüela casó en el Castillo con Gabriel Caballón

                     3.- María Sánchez de Origüela casó con el Castillo con Gabriel de Caballón
                          4.- Juan de Caballón casó en el Castillo con Inés Sánchez
                                 5.- Isabel de Caballón casó con Juan de Montoya
                                         6.- Don Pedro de Montoya casó en el Castillo con doña Ana Fernández   Cobos
                                               7.- Don Francisco de Montoya familiar del Santo Oficio casó en   Cuenca con doña Isabel de Salazar
                                                        8.- Don Diego de Montoya del hábito de San Juan
                                               7.- Don Pedro de Montoya casó en Cuenca con doña María Ana de Salazar
                                                       8.- Don Alonso de Montoya inquisidor de Murcia
                       
     2.- Alonso de Origüela
                              .... Rama de los Astudillo.


AHN. ÓRDENES MILITARES. CABALLEROS DE SANTIAGO. Exp. 6008. Don Rodrigo de Ortega y Monteagudo. 1641, fols. 62-64 vº. (Árbol geneálogico del licenciado Villanueva en folio 258 rº)

miércoles, 20 de abril de 2016

Martín Rosillo Cano: las memorias de la capilla de Santa Ana (II)


Martín Rosillo Cano añoraba su villa natal de San Clemente, pero también deseaba que su memoria y recuerdo perseveraran en su pueblo y, en especial en la capilla familiar de Santa Ana, para ello dispondrá que allí se coloque una figura devocional de San Martín y diversos objetos y ornamentos religiosos para dar mayor brillo y ornato a la capilla de los Rosillos; tampoco se olvidó en su testamento de sus familiares:

Ansimismo el dicho licenciado Martín Rosillo mandó se impusiesen otros dos mil pesos para que los cumplimientos que resultasen fuesen para el tal el patrón= más se remitiesen otros tres mil y setecientos y cinquenta pesos todo ello horro de costas y se distribuyesen en la forma siguiente = quinientos pesos para una imagen de San Martín obispo de bulto estofado y dorado que se pusiese en la capilla de los Rosillos, un cáliz dorado con su patena y un ornamento, casulla, dalmáticas, frontal y manteles= cien pesos para alcançar el jubileo y altar priuillegiado= ducientos y cinquenta pesos para mil misas reçadas y se digan en el señor San Francisco de San Clemente quinientas; otras quinientas el padre Mº  fray Martín de Zaluide su sobrino de la orden de Santo Domingo y en falta suia se digan todas en San Francisco= iten manda se den ducientos pesos a doña María Rosillo hija del dicho difunto y por su muerte se le digan de misas en San Francisco de San Clemente= yten se den trecientos pesos al dicho padre fray Martín de Zaluide para libros= iten se den mil pesos a doña Catalina Çaluide Rosillo sobrino del dicho difunto y por muerte de ellas a sus herederos= iten trezientos pesos a don Fernando Rosillo hijo de Fernando Rosillo= y otros trezientos pesos a su madre doña Isauel Manuel y por su muerte a sus herederos= iten se den a Blas Cano de Buedo seiscientos pesos, los quinientos para él y los ciento para su hermana y siendo muerto el dicho Blas Cano lo ayan sus erederos: y los cien pesos de su hermana se digan las misas para su ánima y las de sus padres

Las dos memorias constituidas en la capilla de los Rosillos sufragarían sus obligaciones con las constitución de diversos censos instituidos por su patrón Juan Cano Manuel, por entonces alcalde ordinario del estado de los hidalgos en la villa de Lezuza:
  • Un censo contra el licenciado Carretero y el licenciado Matías Carretero y a Isabel Gómez del Abad, vecinos del Bonillo, de 700 ducados y réditos de 12.825 mrs.
  • Un censo contra Pablo el Rubio, vecino del Bonillo, de 5.000 reales y réditos de 250 reales
  • Un censo contra don Gabriel de Encinas y doña Ana Gabaldón, vecinos de la villa de la Roda, de 4.400 reales y réditos de 200 reales.
  • Un censo contra Juan de Aragón Mejía y Joaquín de Aragón y sus mujeres Juana Y Catalina Díaz, vecinos de la Roda, de 7.700 reales y réditos de 13.090 mrs.
  • Un censo contra Bartolomé Jiménez de Contreras y Juana Gómez su mujer y Sebastián Jiménez Cisneros y María de las Casas su mujer, vecinos de la Roda, de 2.200 reales y de réditos 3740 mrs.
  • Un censo contra Diego Vázquez y Catalina Sánchez su mujer, vecinos del Bonillo, de 3.000 reales y 5.000 mrs. de  réditos.
  • Un censo contra Pedro Morcillo y Eufemia Muñoz, vecinos del Bonillo, de 3.300 reales y 5.610 mrs, de réditos.
  • Un censo contra Juan Martínez de la Iglesia y su mujer doña Teresa, vecinos del Bonillo, de 12.000 reales y 20.400 mrs. de réditos
  • Un censo contra Pedro Rubio y su mujer doña Ana de la Hoz, vecinos del Bonillo, de 4.400 reales y 220 reales de réditos.
  • Un censo contra Pascual López Moreno y Juan López Moreno, vecinos de la Roda, de 1.400 reales y 70 reales de réditos.
  • Una carta de pago a favor de doña Catalina Rosillo, vecina de San Clemente, de 9.000 reales
  • Una carta de pago a favor de Mariana Rosillo monja profesa francisca en San Clemente de 1.800 reales
  • Una carta de pago a favor de Bartolomé de Atienza, síndico del convento de San Francisco de San Clemente, de 1800 reales por el pago de 1.200 misas y otra carta de pago de 1.125 reales a favor del mismo Bartolomé de Atienza por 500 misas.
  • Una carta de pago a favor del padre fray Blas Cano, prior del convento de San Agustín de Castillo de Garcimuñoz, de 900 reales por las misas a favor del alma de don Antonio Cano.
  • Dos cartas de pago a favor del padre maestro fray Martín de Zalbide, prior del convento de predicadores del convento de Jaén, de 2.400 reales y 1.000 reales por el pago, en el último caso, por el pago de 500 misas.
  • Dos cartas de pago a favor del presbítero Melchor Cano Manuel y su hermana doña Luisa Cano de 1328 reales cada una 
Las dos memorias fundadas en la capilla de Santa Ana pervivirían en el siglo XVIII y darían a lugar pleitos por la posesión del patronato. Así el pleito entre Tomás Cano de Buedo con otros interesados por el patronato de dichas memorias el año de 1678.


Archivo General de Indias, CONTRATACION, 398B, N. 1, R. 7. Bienes de difuntos: Martín Rosillo Cano. 1639-1643

lunes, 18 de abril de 2016

Martin Rosillo Cano: las memorias de la capilla de Santa Ana de la Iglesia de Santiago

El licenciado Martín Rosillo Cano era de los pocos sanclementinos que podía jactarse de pertenecer a la nobleza más rancia, pues era descendiente del capitán Juan López Rosillo, conocido durante las guerras de la Beltraneja e Isabel la Católica como el reductor del Marquesado.
Pero como tantos otros había escogido el camino de las Indias, tal vez llevado por su vocación religiosa o simplemente obligado por las circunstancias. Otros familiares le acompañarían en la aventura americana y a ellos encargará como albaceas su última voluntad.

El presbítero Martín Rosillo Cano, natural de San Clemente, había fallecido en el Puerto de la Magdalena de Pisco, en el Perú, en 1631, donde había ejercido como cura y comisario del Santo Oficio. Dejara una fortuna de 15.850 pesos de a ocho reales (128.757 reales), que destinará a la dotación

 de dos memorias de misas rrezadas para que por vía de patronadgo de legos se sigan seis misas rrezadas cada semana con su rresponso por su alma y la de sus padres, ermanos, sobrinos, parientes, bienhechores y se an de seruir para siempre jamas en la Yglesia Mayor de la dicha villa (de San Clemente) en la parte y lugar que el difunto lo ordena (en la capilla de Santa Ana de la familia de los Rosillos) y para los demás, efetos, limosnas y obras pías que el dicho difunto ordena por cláusula de su testamento

Además se añadían otras trece misas anuales, una por la festividad de cada apóstol y otra por el día de San Martín, dejando señalada una renta anual de cuatrocientos pesos.

La fundación de capellanías era algo corriente en la época, a través de ellas, el testamentario segregaba la totalidad o parte de su patrimonio para formar con ellos un vínculo destinado a la manutención de un clérigo, obligado por ello a decir un cierto número de misas por su alma o las de otros familiares y cumplir con ciertas obras pías. El patronato de estas capellanías recaía en algún familiar del difunto, nombrado patrón en el testamento, con facultad para nombrar capellán. Dentro de las capellanías se distinguían dos tipos: las eclesiásticas, integradas como beneficios en el patrimonio de la iglesia, y las memorias de misas o patronatos de legos. A este último tipo pertenecía la fundada por Martín Rosillo en la capilla familiar de Santa Ana, pero también otras como la fundada por Tristán Pallarés en la capilla de San José.

Martín Rosillo Cano nombraría de las dos capellanías fundadas vía testamentaria como patrones a don Fernando Rosillo Manuel y, en caso de muerte, le sucedería Fernando Rosillo Ramírez; como tercero en la sucesión aparecía Blas Cano de Buedo, vecino de Lezuza. Los tres morirían antes de recibir la herencia. Para ejecutar su última voluntad nombraba como albaceas a varios familiares, que también habían emigrado a Indias, los licenciados Alonso Rosillo, Francisco Rosillo y Juan López de Torres.

El derecho de sucesión en el patronato sería exigido en 1639, que es cuando se depositaría en la caja de difuntos de la Casa de Contratación de Sevilla, por Juan Cano Manuel, hijo de Blas Cano. Como fiadoras se presentaban las dos viudas de los dos primeros patrones: Catalina Rosillo Zalbide y Luisa Cano Manuel, cumpliendo la voluntad testamentaria de Martín que obligaba a depositar fianza que garantizase que el dinero legado, antes de ser entregado (y que por entonces ascendía a 16.500 pesos de plata) se daría en censo a personas legas, llanas y abonadas.

Se hizo una información de testigos para certificar que ambas viudas eran personas abonadas. Gracias a ello, conocemos el montante de la hacienda de las viudas, a caballo entre San Clemente y Lezuza, pero también las alianzas que se forjaban en torno a los Rosillo:

como la dicha doña catalina rrosillo çalbide y doña luisa cano manuel mis fiadoras son abonadas en más cantidad de treinta mill ducados, que tienen en casas, viñas, cebadales, heredades, censos, güertas, ganados y o menaxes de casas muy considerables

Más llamativo eran los principales de la villa de San Clemente que acudieron con testigos para certificar la riqueza de las dos viudas: el regidor don Lope de Vera y Alarcón, depositario de la villa, don Rodrigo de Ortega, señor de Villar de Cantos y regidor perpetuo, don Pedro Ortega Montoya, don José Francisco Rosillo Ramírez y Arteaga, alcalde de la hermandad por los hijosdalgo. Era la manifestación política del poder económico logrado a través de la fundación de un mayorazgo por la unión matrimonial, una generación antes, de los antecesores don Rodrigo de Ortega y doña Ana Rosillo.

Los cuatro testigos mencionados reiteraron, ante el alcalde ordinario de San Clemente Juan Rosillo, la calidad de personas abonadas de Catalina Rosillo Zalbide, viuda de Fernando Rosillo Remírez, y de Luisa Cano Manuel, viuda de Fernando Rosillo Manuel. Pero además José Rosillo Remírez y Arteaga, un joven de 21 años, que detentaba el cargo de alcalde de la hermandad, y don Rodrigo Ortega, segundo señor de Villar de Cantos, alguacil mayor de Vara del Rey y regidor perpetuo de San Clemente, pusieron por escrito su propio patrimonio como garantía de ambas viudas. Rodrigo Ortega el mayor, contaba por entonces 46 años, y estaba entrando en el cénit de su posición social, consiguiendo para su hijo dos años después, en 1641, el hábito de caballero de la Orden de Santiago.


Archivo General de Indias, CONTRATACION, 398B, N. 1, R. 7. Bienes de difuntos: Martín Rosillo Cano. 1639-1643