El corregimiento de las diecisiete villas

IGNACIO DE LA ROSA FERRER

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EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA
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miércoles, 30 de agosto de 2017

Fundación de los conventos franciscanos de Nuestra Señora de Gracia y de la Asunción de la villa de San Clemente

Claustro convento Nuestra Señora de Gracia. Detalle (1)
Pablo Manuel Ortega (1691-1767) nos regaló una historia de la orden franciscana de la provincia de Cartagena en su obra Chrónica de la Santa Provincia de Cartagena, de la Regular Observancia de N. S. P. S. Francisco. En ella se pueden encontrar noticias de la fundación y existencia de diversos conventos franciscanos de la provincia de Cuenca. Su obra fue continuada en los años setenta por el padre Messeguer, que visitó la villa de San Clemente en julio de 1971. Durante su estancia tuvo oportunidad de intercambiar confidencias con el cura Diego Torrente Pérez.

Nosotros nos detenemos en la fundación del convento masculino de monjes franciscanos y la del convento femenino de clarisas de la villa de San Clemente. De la lectura del padre Ortega nacen nuevos datos, a los ya aportados en su día, por don Diego, sobre el origen de estos conventos. Curiosidad especial nos merece las noticias sobre la Melchora y las Toledanas en la fundación del convento de clarisas. Ambos conventos son dos joyas de la arquitectura sanclementina y conquense, tan desconocidas como de difícil acceso.

Detalle de la Iglesia de San Francisco (2)
La fundación de estos dos conventos y su primera andadura fue tormentosa, pareciendo en algún momento que iban a perecer, apenas nacidos. El convento de Nuestra Señora de Gracia de frailes franciscanos; tuvo su carta de naturaleza en una bula papal de Eugenio IV en 1446, que autorizaba la construcción en tierras hispanas de quince conventos. El asentamiento de los franciscanos en San Clemente se retrasó hasta 1503. Era entonces la villa una población de apenas doscientas familias. Sus limitados recursos supusieron un reto para el desarrollo de la comunidad. La cesión del terreno para levantar el convento por Alonso del Castillo, hijo de Hernando del Castillo, alcaide de Alarcón, que por entonces era el mayor hacendado del pueblo, facilitó el asentamiento de los frailes, pero fue fuente de nuevos conflictos con el concejo de San Clemente sobre los derechos de patronazgo. El convento salió adelante por las aportaciones, algunas onerosas, pero muchas otras gratuitas de los vecinos de San Clemente. Los pocos hermanos que lo habitaban se multiplicaron hasta una cuarentena, de tal forma que fue necesario limitar su número de miembros. Convertido en estudio de Gramática, los sanclementinos recibirían en este convento su primera formación. Estudios que con el tiempo se convertirían en superiores. Aquí estudió el franciscano Patricio O'Hely, completando estudios en Alcalá de Henares; sus intentos, junto a otros compañeros por defender la fe católica en Irlanda frente a la reina de Inglaterra, Isabel I, concluyó con la muerte y martirio en 1578 del franciscano, que ya gozaba de la dignidad episcopal. Conserva la reliquia del cuerpo de San Faustino mártir. Sobre el convento de Nuestra Señora de Gracia ya hemos escrito en ocasiones anteriores. El convento de frailes o de Nuestra Señora de Gracia

Claustro convento clarisas. Detalle (3)
La fundación del convento de Nuestra Señora de la Asunción, o de monjas clarisas, fue incluso más dificultosa. Nacido de la devoción de una misteriosa viuda sanclementina, conocida por la Melchora, a la que siguieron en su ministerio dos beatas, llamadas las Toledanas; contó, en esta aventura, con el apoyo del Provincial de los franciscanos, que mandó a una religiosa desde Villanueva de los Infantes, sor Ana Sánchez, para formar al trío de las beatas en la Observancia franciscana. La decisión fue errada. Bien por diferencia de intereses bien por encontronazo de temperamento entre la Melchora y la religiosa de Villanueva, la primera convivencia terminó con la expulsión de Ana de la casa de la Melchora, primer lugar de residencia de las beatas. Se buscó un nuevo asentamiento, esta vez, sin la temperamental Melchora, en las casas cedidas por Martín Ruiz de Villamediana, un hidalgo llegado de Tierra de Campos. A pesar de esta morada y unas rentas cedidas de 30.000 maravedíes, la andadura del convento fue muy difícil. Por lo que nos cuenta el padre Ortega, las desavenencias continuaron posteriormente; quizás esa fuera la razón de la partida veinte años después de sor Ana Sánchez a Villanueva de los Infantes. El convento solo se consolidaría por el retiro y herencia aportada por doña Isabel de Pedrola, que permitió en el último cuarto de siglo la construcción de la Iglesia conventual. Mientras se desarrollaban las obras, las monjas se alojaron en el convento masculino, que de este modo se convirtió en un monasterio dúplice. Las monjas de ese periodo, salvo Isabel de Pedrola, cuyo cuerpo sería llevada en 1606 al nuevo convento, están enterradas en la Iglesia de San Francisco.

Claustro clarisas. Detalle (4) 
Reproducimos la narración del padre Ortega sobre la fundación de estos dos conventos sanclementinos como una pequeña aportación a la historia de la villa de San Clemente, pero asimismo como un aldabonazo de atención a quienes tienen la obligación de recuperar un patrimonio de todos. El precioso claustro del convento de clarisas nos hace soñar con recuperar algún día ese otro claustro tapiado y desvencijado del convento de frailes o de Nuestra Señora de Gracia, en riesgo de desaparición al igual que su iglesia.








Fundación del convento de N. P. S. Francisco de la Villa de San Clemente



Convento de Nuestra Señora de Gracia (5)

La Villa de San Clemente tiene su assiento en la Provincia de la Mancha; y es un pueblo de los de mayor autoridad, y reputación, en ella. Está honrado y ennoblecido, con muchas Familias muy Ilustres, enlazadas, por varios casamientos, con algunas Casas, de la primera graduación, y distinción, de todo el Reyno. En lo Espiritual, pertenece, este pueblo, al Obispado de Cuenca, y en lo temporal, al Real Patrimonio; aunque antiguamente fue de los Señores Marqueses de Villena: y esta es la ocasión, porque el Illmo. Señor Gonzaga, y el Venerable Analista, dicen, pertenecer, San Clemente, á dicho Señor Marqués. La fundación de este Noble Pueblo, no es muy antigua: la conjeturo de los tiempos, en que la Provincia de la Mancha, y Reyno de Toledo, se iban conquistando del poder de los Sarracenos: pero ya hace muchos años, que es Población de mucho nombre, y de copiosa vecindad: y al presente tendrá poco menos de dos mil vecinos. Ha producido muchos Hombres, Insignes, en Santidad, Letras, y Armas. En esta, pues, Ilustre, y Noble República, se fundó un Convento, á Nuestra Observancia, por el modo, y tiempo, que ya passo a referir.

En virtud de aquella referida Bula del Señor Eugenio Quarto, dada el año de 1446, por la qual, concedió al Rmo. Padre Vicario General; Fr. Juan Mahuberto, que pudiesse admitir, ó fundar, de nuevo, quince Conventos, para Nuestra Observancia, en las tres Provincias de España, se fundó este de San Clemente. Pero, aunque desde luego se dió principio a encaminar algunas diligencias, para la fundación, no pudo conseguirse, hasta en tiempos, que nos hallamos, con esta nuestra Chrónica. El sitio, todo, ó la mayor parte, dió para fundarlo, Alonso del Castillo, Hombre Noble, natural, y vecino, de la misma Villa de San Clemente: y el Concejo destinó algunas limosnas, que juntas con las que contribuyeron algunos otros particulares, bastaron para levantar un Conventico pequeño, porque no daba más lugar la cortedad, y estrechez del sitio. Sobre la cornisa, que forma la Puerta de la Iglesia, de este Convento, se leía una inscripción, que decía de este modo: "Este Monasterio se llama Santa María de Gracia: fundóse año de 1503". Esta es la antigüedad que se señala, a este Convento, el Illmo. Señor Gonzaga, fundado en la dicha inscripción, que pone el R. P. Laguna, N. Venerable Analista le alarga al año siguiente de 504, pero citando, como cita, a dicho Rmo. Gonzaga, se conoce, que fue, ó error de la prensa, ó equivocación de la pluma. Fundado ya el Convento, los Religiosos que le habitaban, lo fueron estendiendo, y ampliando con las limosnas, assí gratuitas, como onerosas, que adquirían los Fieles. 

Quando estaba, este Convento, en sus principios, habitado por un corto número de Religiosos, hizo Representación, el dicho Alonso del Castillo, de lo que avía obrado, en algunos Capítulos Custodiales, o Congregaciones de esta Custodia; y en virtud de esta representación, le dieron el patronato de la Capilla Mayor de la Iglesia. Salió, contra esto, el Concejo, o Ayuntamiento, de la misma Villa de S. Clemente, evidenciando, cómo el informe hecho por el referido Alonso del Castillo era siniestro, porque en él se obstentaba fundador único del Convento, lo qual no era assí; y que puesto, que los gastos que avía hecho el dicho Concejo, eran mucho mayores, él solo merecía el dicho Patronato. Esta contradicción se puso, por parte de dicho Concejo, en  el Capítulo Custodial, que celebró esta Custodia, en nuestro Convento de Murcia, el día 8 del mes de Diciembre, del año de 1515, y assimismo, se hizo información, por parte de dicho Capítulo, en la misma Villa de San Clemente. Vistos, pues, y examinados, con toda exacción, los fundamentos de ambas partes, por el dicho Capítulo Custodial, declaró, que el Patronato del Convento, ó Capilla Mayor, de la Iglesia, pertenecía á dicho Ayuntamiento: y al dicho Alonso del Castillo, le dieron el ochovo, que formaba la dicha Capilla Mayor de la Iglesia, de esquina, á esquina. Assí lo decretaron, y firmaron de sus nombres, los Reverendos Padres Capitulares, que lo fueron, Vicario Provincial, el M. R. P. Fr. Juan de Marquina, Custodio electo en el mismo Capítulo el M. R. P. Fr. Pedro de Molines, Custodio que dexaba, o finalizaba, el empleo, el M. R. P. Fr. Álvaro de Santiso, y Difinidores, los Reverendos Padres, Fr. Antonio del Puerto, Fr. Gonzalo de Soto, y Fr. Pedro de Ayala. Este Decreto pongo en mi Registro de Originales, el qual hallé inserto, en el mismo Registro de Provincia, entre las Actas del Capítulo Provincial, que se celebró el año de 1597, en la villa de Albacete: y en el mismo Capítulo se confirmó, aprobó y ratificó, dicho Decreto. No ignoro las diferencias, y litigios, que han tenido los Señores Marqueses de Valera, en los quales se halla oy el derecho que se le dio al dicho Alonso del Castillo; sobre el punto de dicho Patronato, pero en lo que dexo declarado, no perjudico al derecho de qualquiera.

Después de muchos años, fueron ampliando este Convento, los mismo Religiosos, con las limosnas comunes, hasta ponerse en estado de poderle habitar más de 40 moradores: y este mismo número se mantiene aora de presente, poco más, ó menos. Con el título de Santa María de Gracia, se fundó el Convento, según dexamos insinuado: pero aora,comúnmente, se entiende, por el de P. N. S. Francisco. En diversos tiempos, se ha leído, en este Convento, Artes, y Teología Moral: siendo uno, de los que en esta Casa, oyeron Filosofía, el Illmo Señor y Santo Martyr, Fr. Patricio Helio, como diremos en su lugar. Como este convento es tan antiguo,y su fábrica de tierra, está necesitadísimo de reparos, tanto que ninguno otro se halla con tanta necessidad, en toda mi Provincia: y ciertamente, que los que tanto questionan el Patronato, me parece á mí, que establecerían un grande artículo de su derecho, ocurriendo á tan grave urgencia, en su reparo. Una Reliquia notable, entre otras, tiene este convento, que es el cuerpo entero de San Faustino Martyr, dádiva que fué del Rvmo. Padre Fr. Julián Pérez, Vicario General que fué, de toda mi Seráfica Religión, honrossísimo Hijo de esta mi Provincia de Cartagena: cuya preciosa reliquia tiene el apoyo, y seguro, del Testimonial auténtico, dado en Roma, el día nueve del mes de Mayo, del año de 1650.  



Fundación del Monasterio de Religiosas de la Tercera Orden de Penitencia de N. P. S. Francisco, de la Villa de San Clemente (también llamado de las clarisas o de la Asunción)



Convento de Nuestra Señora de la Asunción (6)

La Fundación de este Monasterio de Religiosas Terceras, de N. P. S. Francisco, de la villa de San Clemente, la pone el R. P. Laguna, con mucha claridad, por aver tratado, y comunicado, á muchas Religiosas, que conocieron a las mismas Fundadoras; y passó en esta forma. Una Muger principal, vecina de este Pueblo, llamada la Melchora ( no sé si por nombre, apellido, ó cognominación), quedó Viuda, sin Hijos, y con una competente hacienda. Movida de aquellos primeros fervores, que suelen traer, solamente la apariencia, y sobreescrito de desengaño, y viene á ser efecto de un sentimiento natural, determinó, vestir el Ábito penitente de la Tercera Orden, de N. P. S. Francisco, y consagrar, su hacienda, á Dios, convirtiendo su Casa, en un Monasterio de dicha Orden. Comunicó, estos intentos, con el M. R. P. Fr. Pedro de Limpias, Provincial, que era, en la ocasión, de esta Provincia: y éste, prudente, y Doctíssimo Prelado, presumiendo, que su vocación era perfecta, le alabó mucho la resolución, de abandonar, de aquel modo, las aparentes delicias del mundo, aspirando a las inamissibles, y verdaderas, del Cielo. Vistióle, pues el Ábito de dicha Orden Tercera; y poco después, a otras dos Mugeres, que se le juntaron, y les llamaban las Toledanas: y supuestas las precissas diligencias, que corrieron á la dispossición de este Doctor Prelado, admitió baxo de su amparo, régimen y obediencia, dicha Fundación; porque assí fueron desde el principio, los intentos de esta Muger.

Para que dicha Fundación, se fuesse anivelando á la vida Regular, determinó. el mismo Prelado, que passasse, del Monasterio de Villanueva de los Infantes, que era del mismo Instituto, una Religiosa, de mucha virtud, y especialíssimo Don de govierno, llamada Sor Ana Sánchez; de la que á su tiempo, escriviremos, con alguna extensión. A esta Religiosa, nombró, el mismo Provincial, por Madre, y Prelada, del nuevo Monasterio, para que le governasse, y fuesse instruyendo, en las regulares Leyes, aquellas nuevas Racionales Plantas, para que, á su tiempo, diessen maravillosos frutos de virtudes. Aquí fue, donde se conoció aver sido muy bastarda la vocación de la referida Viuda: pues sintiendo, con notable extremo, el que no la huviessen nombrado á ella, por Prelada de la nueva Comunidad, cometió una baxeza, muy extraña de una Muger de sus prendas. Hechó, ignominiosamente, de dicha su Casa, a la referida Religiosa, Sor Ana Sánchez, como a algunas otras virtuosas Mugeres, que ya se le avían juntado, con ánimo de seguir aquella Santa Vida. Viendo el Guardián, que era, del Convento de N. P. San Francisco, de la misma Villa de San Clemente, que este desayre, no se quedaba en aquellas pobres Beatas, sí que se encaminaba, y dirigía, principalmente, a su Prelado Provincial, tomó la mano en el desempeño, explicándose éste, en dos diligencias, ayrosamente desenfadadas. La primera, fué quitarle el Ábito de la Orden á la dicha Viuda, con no menor ignominia, que ella, avía quitado la habitación, a aquellas pobres Religiosas. Y la segunda, buscarles una decente Casa, donde se mantuviessen, hasta que, por los Prelados Superiores, se tomassen otras providencias.

A este tiempo, murió un Hombre Noble, natural de la misma Villa de San Clemente, llamado Martín Ruiz de Villamediana: y en su testamento, que otorgó el día ocho del mes de octubre, del año de 1523 dexó determinado,que una Casa, muy capaz, que él avía heredado de un deudo suyo, y al presente, servía de Hospital, para recoger los pobres, ésta se convirtiesse en un Monasterio de nuestra Orden: añadiendo que si el Monasterio, fuesse de Santa Clara, dexaba también, de su misma hacienda, para ayudar a formarle veinte mil maravedís, y si fuesse de la Tercera Orden, diez mil. Como las referidas Beatas, se hallaban sin Casa, para su habitación determinaron, con parecer de los Prelados, admitir esta limosna, y aplicarse a poner, dicha Casa, en forma de Monasterio; lo que se consiguió, con ayuda, de algunas otras devotas Personas, y por la buena disposición, de la dicha Religiosa, Sor Ana Sánchez. Estuvo, esta Venerable Muger, governando este monasterio 20 años; en los quales padeció, indecibles trabajos, los más de ellos, ocasionados de la la repulsa de la dicha Melchora, la que, para esto, no olvido al Monasterio, ni á sus Habitadoras. Passados los dichos 20 años, se bolvió esta Religiosa, á su Monasterio de Infantes, en el qual acabó la carrera de esta mortal vida, con grandes créditos de Santidad, como bolveremos a escrivir, con más dilatada pluma, conformándonos al orden chronológico. La antigüedad de este Monasterio de S. Clemente, señalan, y determinan, assí el Illmo. Señor Gonzaga, como el R. P. Laguna, á este año referido, de 1523, en el qual otorgó su Testamento, el dicho Cavallero Villamediana; pero ciertamente, me parecía a mí, devérsele dicha antigüedad, desde el año, en que el M. R. P. Provincial, de esta Provincia, admitió, dicho Ministerio, á su obediencia: y á lo menos, desde que entró en él, la referida Religiosa, Sor Ana Sánchez.

Passados algunos años, vino este Monasterio, de San Clemente, á una notable, y lastimosa pobreza; á cuyo tiempo una Señora, muy principal, llamada Doña Isabel de Pedrola, hija del Comendador Tristán Ruiz de Molina, y, de doña Catalina Suárez, vecinos de la Villa del Castillo de Garcimuñoz; aviendo quedado Viuda, de un Hombre Noble, llamado Rodrigo Pacheco, vecino de la villa del Cañavate, despreciando quanto el mundo aprecia, se retiró a este Monasterio, a poner fin el curso de su vida mortal. Llevó esta Señora, consigo, como unos doce, ó catorce mil ducados, en diversas possessiones: y con esto, pudo repararse el Monasterio, y assimismo dar principio á la Iglesia, que aún no la tenían. Estas Religiosas o Beatas, como no guardaban clausura, por este tiempo, passaban todas, en Comunidad, al Convento de N. P. S. Francisco, que está muy cercano: y allí, recibían los Santos Sacramentos; y las que murieron, hasta aquel tiempo, se enterraron en nuestra Iglesia. Por esta razón, aviendo muerto la dicha Doña Isabel de Pedrola, antes que se finalizase la dicha Iglesia de dicho Monasterio, dexo dispuesto, que fuesse depositado antes que se finalizasse la Iglesia de dicho Monasterio, dexó dispuesto, que fuesse depositado, su cuerpo, en la de nuestro Convento, y finalizada la nueva de su Monasterio, se trasladasse á ella, como con efecto, se executó, el día 23 de Abril, del año de 1606. En el de 1586 siendo Provincial de esta Provincia, el M. R. P. Fr. Juan Malo, tomaron, estas Beatas, el Velo, y assimismo, hicieron el voto de clausura. El Título de este Monasterio, es la Assumpción de N. Señora: y suelen habitarle, ordinariamente, unas 30 Religiosas, aunque el tiempo, y otras circunstancias, varían este número. 



BNE, 2/1127-2/1129. ORTEGA, Pablo ManuelChrónica de la Santa Provincia de Cartagena, de la Regular Observancia de N. S. P. S. Francisco. Volumen I. Libros III y IV. Entre 1740 y 1753. Pp. 123 a 125 y 163 a 165


Imágenes:
(1) José García Sacristán
(2) Jesús Pinedo
(3) y (4) San Clemente: sus plazas y conventos
(5) Convento de San Francisco, http://www.descubrecuenca.com/
(6) Convento de Clarisas, http://cofrades.sevilla.abc.es/

martes, 29 de agosto de 2017

San Clemente (1920)

Diccionario enciclopédico Espasa-Calpe. 1922

                                                                               










domingo, 27 de agosto de 2017

Notas sobre la capilla de San José o de Pallarés de la Iglesia parroquial de Santiago en San Clemente

La capilla de Pallarés ocupa la parte suroeste de la iglesia parroquial de Santiago de San Clemente. Es una capilla que, en su arquitectura, rompe la traza gótica de la Iglesia. Al igual que la sacristía, y una de las capillas con bóveda casetonada, es un irrupción brusca, y marginal, del Renacimiento en el edificio. Artísticamente símbolo de novedades renacentistas de cubrición de la iglesia, mal aceptadas por unos canteros vascos que, en continuidad con tradiciones tardogóticas, preferían las bóvedas de nervaduras, menos costosas para un concejo que soñaba con grandes proyectos y no podía. Ni quería. La sesión del concejo de 3 de noviembre de 1554 es esclarecedora. A los problemas de costes se unían las preocupaciones relativas a que la prolongación de la iglesia rompiera el espacio urbano de la Plaza Mayor. Las quejas de los regidores eran interesadas, caso de Rodrigo Pacheco que puso voz a las protestas y al que el plan de Vandelvira afectaba notoriamente (hasta el punto de que la capilla de los Pacheco se debió levantar de nueva planta en 1573), pero sus quejas tienen asimismo un sesgo de modernidad en la defensa de un espacio urbano, la Plaza Mayor, al que amenazaba con comerse el macroproyecto de Vandelvira. Que el proçeder de la obra, que está traçada e començada a edificar . no se deve proçeder della. por ser en perjuyçio de la plaça pública desta villa, porque se a tomado mucha cantidad de la dha plaça (1). En nuestra opinión, las quejas de Rodrigo Pacheco difícilmente se entienden sin la existencia previa de un edificio ya levantado del ayuntamiento, dando carácter y uniformidad al espacio urbanístico. El patriciado urbano sanclementino impuso la primacía de unos espacios públicos que condenó a la Iglesia a cerrarse en su lado norte en lo que hoy vemos: un muro que asemeja un palacio renacentista en algunos de sus detalles. Pero un muro que en su interior encierra un templo que niega el Renacimiento y solo lo admite marginalmente. El dinero de la Iglesia fue a la reforma del ayuntamiento por Zalbide.

Sonia Jiménez Hortelano nos mostró cómo el proyecto de Vandelvira tuvo que claudicar ante los canteros vascos. El proyecto de una iglesia más prolongada en sus dos últimos tramos, rematada la capilla mayor por una cúpula oval con casetones, se olvidó en favor de una iglesia de tipo salón con bóvedas de crucería, que permitía alcanzar una mayor elevación pero con menor coste. Sí se encuentran reflejos de las trazas del arquitecto alcaraceño marginalmente en la bóveda oval de  la capilla de Pallarés, que fue un pequeño ensayo del proyecto de cúpula oval de la capilla mayor y que en nuestra opinión tiene similitudes con la bóveda oval que cubre la escalera del Hospital de Santiago de la ciudad jiennense de Úbeda. Creemos que la semejanza entre ambas bóvedas, a pesar de la mayor complejidad de la bóveda ubetense, es más evidente que las similitudes que se han buscado con otros proyectos de Jerónimo Quijano como la cúpula ovalada de Santa María del Salvador de Chinchilla, obra, por otra parte, realizada por Esteban Jamete, próximo a Vandelvira. En cualquier caso la proximidad estilística entre las tres obras es innegable. Nos faltan fuentes documentales sobre la construcción de la capilla de Pallarés, pareja en sus inicios a la construcción de la antigua iglesia. Pero la capilla con su cubrición renacentista corresponde a un proyecto posterior que, al igual, que otras capillas, caso de la capilla de los Pachecos, se levantaron de nueva planta sobre el solar de las originarias o se reformaron. Para el caso de la capilla de Pallarés sabemos que en 1565 estaba en obras (2).




Cúpula sobre la escalera del Hospital de Santiago de Úbeda


                 
Cúpula de la capilla de Pallarés de la Iglesia de Santiago Apóstol de San Clemente (Foto. JL Brox)
http://broxfotos.blogspot.com.es
                         
Iglesia Santa María del Salvador en Chinchilla

Monumento funerario de García Pallarés, fallecido el 17 de diciembre de 1523

Históricamente la capilla de Pallarés no se entiende sin conocer la figura de García Pallares y su mujer. María de Sotomayor, casada con García de Pallarés, era hija de Diego de Sotomayor de la baja nobleza de Alcaraz, y Catalina Monroy, posiblemente pariente de Alfonso de Monroy, maestre de la orden de Alcántara. Las propiedades aportadas al matrimonio, a partes iguales, estaban situadas en Lezuza y la actual Villarrobledo, así como propiedades urbanas en Alcaraz (3). La muerte temprana de su mujer, llevó a García Pallarés esta vez a casarse con la sanclementina María de Haro. La doble alianza matrimonial del alcaide de Chinchilla tendría sus consecuencias en los litigios de ambas ramas familiares por la capilla de San José.

García de Pallarés era alcalde de la fortaleza de Chinchilla, su servicio al Marqués de Villena no le impidió mantener una actitud templada en el conflicto, que abonó el terreno para su integración acabada la guerra. Lo vemos entre los personajes principales que aparecen en la recepción junto al puente del Arrabal a los Reyes Católicos un 8 de agosto de 1488. Su vinculación a los Haro la conocemos en un primer momento por el matrimonio de su hija Catalina con un miembro de la nobleza regional, un Coello. Los Haros aparecen como testigos del evento y García Pallarés como vecino de San Clemente. La muerte temprana de su mujer María de Sotomayor, el llevó a un segundo matrimonio con María de Haro. Con las dos mujeres tuvo descendencia, El mayorazgo fundado por García Pallarés recayó en Velasco Pallarés, alejado de San Clemente. Los intereses de la familia en la villa de San Clemente quedaban en mano de los Haro, pero la memoria de García y Pallarés y su mujer María de Sotomayor la conservó su hija Isabel de Monroy. Por eso hoy la capilla de Pallarés ( y también la fachada exterior) aparece presidida por los escudos heráldicos de la familia alcaraceña de los Sotomayor,

Isabel de Monroy, parece que se constituyó en albacea testamentaria para cumplir con la última voluntad de su padre. Pero la cumplió a medias, pues su padre aunque enterrado en San Clemente, no lo fue en el convento de Nuestra Señora de Gracia, sino en una capilla propia en la Iglesia de Santiago bajo la advocación de San José, pegada y con acceso al cementerio anejo a la iglesia. Los conflictos entre las ramas familiares por el patronazgo de la capilla surgirían pronto y ya para 1553 vemos litigando a Hernán Vázquez de Haro. El apellido se mantuvo en la villa de San Clemente, ligado a una de las ramas de los Pacheco, pero sobre todo en las figuras de Tristán Pallares el viejo y su sobrino Tristán Pallarés el mozo, ambos clérigos. El primero teniente de cura de la iglesia de Santiago hacia 1553, y el segundo un presbítero más apegado a los intereses mundanos.Nos queda la duda cuál de los dos es el Tristán Pallarés que funda un patronato de legos en la capilla para cumplimiento de las obligaciones religiosas. Aunque en alguna ocasión hemos apostado por Tristán Pallarés el joven, también se podría tratar de Tristán el viejo, que ya nos aparece en 1523, firmando como testigo en el codicilo que modifica el testamento de García Pallarés. Para fines de siglo, las que aparecen litigando por el patronato de legos vinculado a la capilla son las hijas de Hernán Vázquez de Haro como herederas del patronazgo de su padre, que sabemos es hermano del joven Tristán Pallarés. Esta vez el nuevo opositor al patronazgo del vínculo es un Rosillo de nombre Alonso.

Hoy la capilla de Pallarés es la más bella de todas las capillas de la parroquia de Santiago Apóstol. Un refugio de clasicismo ajeno al espíritu religioso del resto del templo. Un espacio, a la medida del hombre, que nos invita a hacer un receso para recordar la memoria del alcaide de Chinchilla García Pallarés, muerto el 17 de diciembre de 1523 (4). Un hombre que simbolizaba el espíritu de los sanclementinos de comienzos de siglo, orgullosos de sus logros que, antes que a Dios, se amaban a sí mismos



Testamento de García Pallarés (Es un traslado del siglo XVIII). 

In Dei nomine amen, sepan quantos esta carta de testamento vieren como yo García de Pallarés, alcaide que fue de la cibdad de Chinchilla, estando sano i libre de las enfermedades corporales que a los hombres suelen venir, con voluntad después de y aparejada para el seruicio de mi señor Jesu Christo temiendo el último y postrimero día de mi vida, ni me tome ocupado mi juicio para la dicha ación de mi conciencia, no siendo forzado ni costrinido sino estando con mi libertad, teniendo ante mis ojos a Dios todopoderoso, ordeno este mi testamento i última voluntad, el qual quiero que vala i otro no, tanto quanto de derecho testamentario puede baler y si valiere por testamento vala por codecillo y mi última voluntad y revoco todos los otros testamentos i codecillos que antes deste ya aya fecho así cerrados como abiertos de palabra i en escrito los quales derogo i anulo no embargante la cláusula o cláusulas que en ellos se fallaren derogatorias, porque es mi voluntad que este vala y otro no, el qual yo agora fago escribir que quiero que vala para agora y para siempre jamás como si yo mismo con mi propia mano lo escriviese salvo si en él se pusiere cláusula derogatoria, que se derogue este porque es mi voluntad agora ni en otro tiempo no facer otro testamento ni codecillo salvo éste, en el qual suplico a mi Dios me dé gracia que le sirva si más en esta vida viviere porque en él último día de mi vida mi ánima sea por su santíssima piedad colocada en su santíssima gloria e así suplico a la gloriosa Virgen Santa María Madre de Dios y Señora Nuestra con todos los Santos de la Corte del Cielo me sean abogados y intercesores ante el acatamiento de Dios todopoderoso

Primeramente mando que si muriere en Sant Clemente que mi cuerpo sea sepultado en el Monasterio de Sant Francisco donde mis fijos quisieren tomar sepultura y si muriere en este lugar Lezuza do agora vivo ruego a mi fija doña Isabel me haga tanto placer si posible fuere me mande llebar a la dicha villa de Sant Clemente y entierre como dicho es 

Yten mando que el día de mi enterramiento me sean dichos unos oficios de finado complidos i las misas que se pudieren decir

Yten mando que me digan mi nobena y que me sea lebado un añal complido sobre mi sepoltura i que lo llebe mi fija doña Isabel por mi ánima do fuera su voluntad 

Yten mando que entre el año de mi finamiento dos pares de misas reveladas por mi ánima y de mis mugeres que ayan santa gloria

Yten mando que sean dichas por mi ánima y de las dichas mis mugeres veinte misas de la cruz

Yten mando me sea dicho un treintenario abierto

Yten mando que en cabo del año de mi finamiento me sean dichos otros oficios complidos y que todo esto sea complido de pan i vino i cera 

Yten dejo por mis hijos y legítimos herederos e sucesores a Velasco de Pallarés y a Dª Catalina de Pallares y a Dª Ysabel de Monroy mis hijos e de mi primera muger Doña María de Sotomaior y a mis hijos Diego López de Haro y a Dª María de Pallarés y a Dª Urraca i a Dª Beatriz hijos ansimismos de mi segunda muger Dª María de Haro, los que les quiero y es mi voluntad que ayan y hereden mis bienes, así como legítimos herederos y sucesores

Yten mando a mi hija Dª Isabel las tercia parte de mis bienes y quiero y mando que sea mejorada en quinta parte de los dichos mis bienes, a la qual mando so pena de mi maldición que en tanto que las dichas mis fijas Dª Urraca y Dª Beatriz estubieren doncellas sin casar y ellas quisieren estar en su compañía, que las tenga y ampare y les dé lo necesario y que si ansí no lo hiciere la dicha manda y mejora sea en sí ninguna, salvo que sea repartida entre las dichas Dª Urraca y Dª Beatriz

Yten mando que esta mejora y manda que a la dicha mi hija Dª Isabel hago, que le sea dado en la parte que yo en el molino de Enmedio tengo, y esto por los buenos y leales servicios  que me ha fecho

Yten mando que le sea dado a mi fija a Violantica que la a criado y a Dª Beatriz mi hija mando que le sea dada Anita, la qual está está en poder de Dª Catalina mi hija

Yten aclaro que tiene recivido la dicha Dª Catalina mi hija ochenta mil mrs. para en parte de su legítima

Yten aclaro que debo a los herederos de Miguel Sánchez de los Herreros quinze mil mrs., mando que le sean pagados de mis bienes

Yten mando que qualquier otra debda que se fallare por buena berdad que yo deba, que sea pagada de los dichos mis bienes 

Y dejo por mis albaceas testamentarios a Francisco de Hermosa mi hijo y Dª Isabel y Dª Urraca mis hijas a los quales y a cada uno de ellos in solidum doi otorgo todo mi poder complido para que sin licencia de ningún juez eclesiástico ni seglar puedan entrar y entren por todos mis bienes muebles y raizes y facia dellos todo aquello que cumpliere para complimiento de mi testamento. Y esta es mi voluntad y quiero que vala por mi testamento según dicho es. Y pido a qualquier juez o juezes eclesiásticos o seglares ante quien este mi testigo fuere presentado, que lo reciva por tal testamento y lo mande cumplir, esecutar i guardar según que en él es contenido, el qual yo dejo firmado de mi nombre cosido y cerrado y sellado con el sello de Juan Martínez escriuano de este lugar de Lezuza ante quien me obligo de lo tener por firme, rato y grato y valedero para que agora y par siempre jamás. Fecho en Lezuza en 12 días del mes de junio de 1521 años. Pallarés.

Se añade un codicilo de 12 de septiembre de 1523, por el cual se vincula un palomar y una huerta al mayorago que hereda el hijo mayor Velasco. Hasta la muerte del García Pallarés estos bienes van a sostener a sus hijas Isabel y Urraca. Firmando el codicilo aparece un tal Tristán Pallarés como testigo (5).


(1) TORRENTE PÉREZ, Diego: Documentos para la Historia de San Clemente Tomo I, 1975, p. 371

(2) Sobre el proyecto de Vandelvira y su modificación u olvido en la construcción de la Iglesia se puede ver:
JIMÉNEZ HORTELANO, Sonia: "La iglesia parroquial de San Clemente Cuenca. Nuevos datos para su estudio" en Ars Longa,nº 22, 2013, pp. 119-129
HERRERA MALDONADO, Enrique; ZAPATA ALARCÓN,Juan. “Andrés de Vandelvira en la Mancha”. En PRETEL MARÍN, Aurelio (coord.). Andrés de Vandelvira. V Centenario.  Albacete: Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”, 2005, pp. 47-69

(3) María Sotomayor recibiría en herencia de su padre Diego: un ajuar de 40.000 maravedíes, 20.000 maravedíes en dineros, viñas, tierras y  las casas y molinos de Lezuza, valorados en 90.000 maravedíes (AYLLÓN GUTIÉRREZ CARLOS: "Lectura de caballerías y usos familiares en el siglo XV" en Miscelánea Medieval Murciana. XXIX-XXX. 2005-2006, pp. 39-56

(4)
 Inscripción de García Pallares, fallecido el 17 de diciembre de 1523: Esta urna, aunque pequeña, la que estás viendo, caminante, guarda los huesos de un varón conocido por su nobleza, llamado Pallarés, de familia ilustre, a quien la virtud le concedió abandonar el reino de Nápoles (?). Murió en Lezuza , el día 17 de diciembre, año del nacimiento de Cristo de 1523 (Transcripción de Diego Torrente Pérez). Este epitafio también ha sido estudiado por José Manuel Cañas Reillo, en la Revista Lope de Barrientos. Nº 12
Imagen: http://sanclemente.webcindario.com

(5) RAH, Colección Salazar y Castro, M-171, fol. 1-3. Testamento otorgado por García de Pallarés, alcaide de Chinchilla. 12 de junio de 1521

miércoles, 23 de agosto de 2017

Los Oma, canteros vascos, y el San Clemente de comienzos del quinientos

Casa palacio de Oma
No fue don Pedro de Oma quien inició el pleito un 28 de febrero de 1531 ante la Chancillería de Granada por ver reconocida su hidalguía, fue el propio concejo de San Clemente quien se presentó ante el alto tribunal, cansado de ver cómo un conjunto de hidalgos venidos de tierras lejanas de la villa, a comienzos del quinientos, había dejado de pechar rentas reales o concejiles, se negaban a alojar soldados en sus casas y se presentaban con cédulas de refacción en las carnicerías para librarse del pago de la sisa.

Eran los llamados hidalgos en posesión, su nobleza les venía de tiempo inmemorial, la habían disfrutado sus padres y abuelos, pero el concejo sanclementino parecía dispuesto a molestar el derecho libre y quito de estos hidalgos al disfrute de su condición. Ahora, desde 1526, en tiempo de señorío sobre la villa de la emperatriz Isabel, los hidalgos habían sacado pecho. Ya no se trataba de aquellos hidalgos de la vecina Vara de Rey o los caballeros de la fortaleza de Alarcón que pelearon su hidalguía con el concejo sanclementino nada más acabar las guerras del Marquesado; a la altura de de la década de los veinte y los treinta, los que exigían su hidalguía era un nuevo estrato social que, llegados a la villa a comienzos del siglo en busca de las oportunidades que les negaban sus tierras de origen, habían hecho fortuna. Esa fortuna la habían conseguido ejerciendo trabajos viles y mecánicos; pero conseguida, sus propietarios exigían el correspondiente reconocimiento social. Entre esos extranjeros a aspirantes a hidalgos estaban los Herreros, procedentes de Segovia, los de la Fuente, de Zamora, los Ruiz de Villamediana, de Tierra de Campos, y sobre todo, los vizcaínos. Los vascos eran hombres habilidosos en el trabajo de los metales y de la piedra e imprescindibles en una villa que levantaba sus edificios civiles y religiosos, embelleciendo lo que hasta ahora era simple pueblo de labriegos. Los primeros apellidos vascos, Oma o Garnica, un maestro cantero y un soldado, comenzaron a aparecer a comienzos de siglo, pero pronto les siguieron otros en una sucesión sin fin: Orbea de Mondragón, Meztraitua, Legarra, Andute, Orzollo, Zalbide, ... y otros maestros de cantería que darían continuidad a la presencia vasca en estas tierras.

No tardó en responder don Pedro de Oma a la demanda del concejo de San Clemente de 1531, mandando procurador a la Chancillería de Granada a defender sus derechos. Su razonamiento era simple: estaba en posesión de hidalgo, como su padre y su abuelo, desde hacía veinte, treinta, cuarenta, cincuenta años y más, disfrutando las franquezas y preeminencias de tal hidalguía, siempre habían sido exentos de pechar y su familia había servido al rey en las guerras. Pidió ser considerado como hidalgo notorio e devengar quinientos sueldos según fuero de España, e que le fuesen guardadas las preuinencias e ecepciones que a los hombres hijosdalgo de los nuestros reynos se guardauan.

Aparte de su palabra, don Pedro de Oma aportó el testimonio personas ancianas que ratificaban su declaración, tanto en la villa de San Clemente como en tierras vascas. Eso implicaba que entenderían en el litigio dos tribunales. La Chancillería de Granada para el examen de testigos de aquende los puertos, enviándose al escribano Alonso de Cáceres a la villa de San Clemente a recibir los testimonios, y la Chancillería de Valladolid, para recibir testimonios de allende los puertos, allá en Vizcaya. Desgraciadamente, la villa de San Clemente no presentó probanzas de testigos contrarios, quedándonos oculto el pasado de don Pedro de Oma como cantero, que para nosotros tiene más interés que su naturaleza hidalga.

De los testimonios presentados por don Pedro de Oma en la villa de San Clemente, la ejecutoria sólo recoge dos: el del escribano Ruiz del Castillo y el del hidalgo Antonio Rosillo. Quizás el valor de ambos testimonios radica en que emanan de dos apellidos que habían mantenido fuertes diferencias a comienzos de siglo. En 1500, Juan López Rosillo, el reductor del Marquesado y posiblemente padre de Antonio, se opuso infructuosamente a que se concediera una escribanía del número de la villa de San Clemente a Alvar Ruiz del Castillo, que ya venía ejerciendo como escribano del ayuntamiento, aunque a decir de Juan Rosillo, actuando como un tirano y llevando derechos superiores a los fijados por el arancel. Juan Rosillo se quedó solo en las acusaciones al escribano, que contó con el apoyo del resto de oficiales y obtuvo del Consejo Real el título escribano del número el 27 de octubre.

Traemos a colación a estos dos personajes porque son un ejemplo de San Clemente a principios de siglo, cuando el vizcaíno Pedro de Oma llegó a la villa. Un pueblo que apenas si llegaba a los doscientos vecinos y se quedaba lejos de los mil habitantes, incapaz todavía de dar ese salto cualitativo que dará en el cambio de la centuria. Pero San Clemente no es sólo la villa sino también sus aldeas, la principal Vara de Rey, pero asimismo Sisante, Pozoamargo, Perona o Villar de Cantos. Salvo Vara de Rey son núcleos de escasa población, pero caso de la propia Vara, Perona o Villar de Cantos tienen sus concejos propios. Pero el control de San Clemente es abrumador y la relación que mantiene con sus aldeas es de señorío. Sería injusto hablar de relación feudal y menos en una villa que, como San Clemente, era víctima de los Castillo y los señores de Minaya. Tal vez sería acertado hablar de una sensación de desgobierno en la que participaban las aldeas. Las rivalidades por el poder se tradujeron en la formación de ligas y monipodios en lucha por el control del poder local. Contribuía a esta situación las cartas de seguro otorgadas desde los años ochenta y las correspondientes licencias de armas otorgadas. La sociedad sanclementina era una sociedad armada, fundada en la fuerza. Esa estructura mafiosa de poder se hacía extensible a las aldeas, tratadas tiránicamente como simples vasallos. La situación llegó a oídos de la Corte
que vos los dichos rregidores e caualleros de la dicha villa tenéys por allegados a muchos ofiçiales e veçinos della los quales vos aguardan los días de fiestas e vos acuden en vuestras quistiones e diferençias que unos tenéys con otros e que vosotros los ayudays e favoreçéis en las suyas lo qual diz que es cabsa de muchos rruydos e escándalos e males e diferençias en la dicha villa e que muchos dexan sus ofiçios e lavores por andarse vagamundos e faziendo muchos males e que aún no contento desto diz que tenedes por allegados conçejos de la tierra de la dicha villa porque vos sirvan e presenten como sy fuesen vuestros vasallos en lo qual la dicha villa e su tierra e veçinos e moradores della son muy fatigados e dello se pueden rrecreçer muchos ynconvinientes
San Clemente parecía tener poco futuro. Ahogado en disputas internas, luchando por el reparto de la riqueza ya existente y con el único horizonte de implementar sus recursos a costa del despojo de sus aldeas sometidas a exacciones disfrazadas de dádivas y presentes. La reacción del Consejo Real fue enérgica. Se impuso el destierro de los alborotadores y se cortó de raíz el expolio de las aldeas
mandamos... que no biuieren de continua biuienda con vos como vuestros familiares e contino comensales que no sean vuestros allegados ni vos aconpañen para tal diferençias ni salgan con armas ni syn ellas a los rroydos que en la dicha villa houieren e vengan a vuestras casas a vos aconpañar en tienpo de los dichos rruydos so pena seays desterrados de la dicha villa e su tierra por un año... e paguedes cada uno tres mill mrs. por cada vez que seays desterrado de la dicha villa e su tierra por seys meses e sy no tuuiere la tal persona de pagar los dichos tres mill mrs. que le sean dados çinquenta açotes públicamente por las plaças e mercados de la dicha villa; otrosy no tengades por allegados a los dichos conçejos de la dicha tierra ni alguno dellos ni reçibáys dádivas ni presentes por las fiestas ni en otro tienpo ni de otras personas por los dichos conçejos directa ni yndirecta so las dichas penas
No sabemos si la decisión del Consejo Real dio sus frutos, pues ya llevaba varios años intentando democratizar el gobierno municipal con la creación de procuradores del común y síndicos que evitaran el gobierno monopolizado por quince familias de ricos. No hemos de negar las acciones reales en pro del bien común, pero esos años los vecinos comienzan a  adquirir una identidad grupal que les une como pueblo. Esa identidad grupal nació en primer lugar de la unidad frente a los intentos de dominio de la nobleza regional. Se defendieron los términos; en los tribunales, frente a los Pacheco de Minaya, o con las armas en la mano, frente al señor de El Provencio, don Alonso de Calatayud. Pero la villa también se sometió, hipotecando su futuro con un préstamo de 600 fanegas de trigo, bajo condiciones draconianas, otorgado por don Alonso del Castillo. La sumisión de una villa hambrienta por las malas cosechas de 1502 fue el revulsivo que actuó como acicate de unos vecinos humillados. La llegada de los observantes franciscanos un año después y la construcción del convento de Nuestra Señora de Gracia. el elemento cohesionador de esa sociedad rota y doblegada. Los proyectos comunes exigen participación en las decisiones. El pórtico sur de la iglesia de Santiago se queda pequeños para la celebración de unos concejos que son abiertos y cuentan con la participación de todos los vecinos. Ya desde comienzo de siglo se abandona el espacio sacro por otro civil para las reuniones. El abandono del lugar es simbólico, dándose la espalda a un pórtico que aparece flanqueado en su lado oeste por las tumbas de los antepasados en el cementerio y en el oeste por la casa fortificada del fundador de la villa. Parece como si la villa se liberara de las ataduras del pasado para iniciar un nuevo proyecto común, que acogerá tanto a los naturales de la villa como a los venidos de fuera, tal como se ha acogido a los franciscanos.

Es en este contexto de integración, cuando llega a la villa don Pedro de Oma, tal como lo hacen otros extraños. Era un hombre mayor, un treintañero, cuando decide residir, que no tomar vecindad, en la villa de San Clemente. Su llegada a la villa había ocurrido, a decir de los testigos que declararon en 1531, hacía veinticinco o treinta años, o sea, hacia 1505. La presencia de este vasco se dejó notar en el pueblo; según el escribano Alvar Ruiz, hablaba habla de vizcaíno, mala lengua castellana y peor vizcaína, nos dirá Cervantes, cien años después. Pedro de Oma había nacido alrededor de 1469 en las casas solares llamadas de Oma, pertenecientes a la anteiglesia de Cortézubi. Era hijo de Juan Pérez de Oma y una tal doña Gracia (tal vez apellidada Loyola) y nieto de Juan Pérez Balza y María Martínez. Todos ellos hijodalgos notorios y por tales eran tenidos, que en sus tiempos se vengaran los quinientos sueldos, que ellos e cada uno de ellos los vengaran como todos los otros fijosdalgo aunque a sus personas pusieran a todo peligro por no reciuir vergüença. Los dos hijos varones, Juan y el propio Pedro, habían abandonado la casa solar paterna en Oma. Allí había quedado una hermana, que mantenía el linaje familiar
que el dicho solar de Oma era e se llamaua solar ynfançonado e conosçido e señalado de omes fijodalgo notorio esento de pagar qualquier tributo o pecho que los otros solares que no eran ynfançonados pagauan
La diferencia entre solares infanzonados y no infanzonados venía porque antiguamente en los llamamientos de los reyes para la guerra, a los miembros de las casas solares que no habían acudido a los llamamientos se les obligó a pagar un tributo, a pesar de su condición hidalga. No ha mucho tiempo, en la última guerra de Granada, que dio fin a la Reconquista peninsular, los hermanos Oma, Juan y Pedro, habían estado presentes. Aunque para otros testigos el que había estado presente era el padre. Cosa que nosotros damos por más creíble. Pero a partir de su llegada a la Mancha se conoce muy poco de Pedro de Oma, las declaraciones de Alvar Ruiz del Castillo y de Antonio Rosillo son interesadas, su insistencia en que no pagaba pechos es continua, Alvar Ruiz fue escribano del secreto del concejo, o sea, del ayuntamiento, en el periodo que va de 1500 a 1511, y decía que por sus papeles no había pasado asiento alguno de Pedro de Oma en repartimiento alguno. Pero por noticias que tenemos de otros expedientes Pedro de Oma, aunque con residencia en la villa, donde está casado prácticamente desde su llegada, no aparece como vecino en sus inicios. En cualquier caso, sí que posteriormente procuró estar allí donde había juntamiento de hidalgos, tal era la elección de dos hidalgos para el control de los cogedores de la alcabala y sobre todo interviniendo en los años veinte en el colegio de electores de alcalde de la hermandad por los hijosdalgo, llegando a ser alcalde de la hermandad el año de 1529. A partir de aquí todo son conjeturas, que podemos asentar bien es verdad sobre datos fidedignos.

Los hermanos Pedro y Juan debieron llegar a la Mancha juntos, pero mientras Juan se asentó en Belmonte, Pedro lo hizo en San Clemente, donde casó con  Juana de Valderrama. Ambos eran maestros canteros y esa es la verdadera razón de su presencia en la Mancha. Pero antes de llegar a tierras conquenses han estado en Jumilla, villa murciana. A partir de aquí las noticias son muy aisladas. En 1514, Pedro de Oma aparece como maestro de obras de las casas de los molinos del concejo, que se están construyendo en la ribera del Júcar, lleva consigo una cuadrilla de veinte hombres. Por su declaración sabemos que es un hombre de 45 años, ocupado en la obra de los molinos en régimen de iguala con el concejo de la villa, es decir, predeterminando un precio único y fijando los periodos de pagos y finalización de los trabajos. En 1520, su hermano Juan de Oma, entonces en Belmonte, donde acaba de construir la capilla de la Inmaculada de la Colegiata, es llamado para las proseguir las obras inacabadas desde 1500 de la Iglesia de Santiago en Jumilla, y hacia 1530 aparece acompañado por su sobrino Pedro, les vemos allí los hasta el año 1537, año que muere Juan, continuando Pedro.

Hay quien quiere ver la presencia de los hermanos en Jumilla desde finales del siglo XV (2), lo cual parece bastante plausible por las citas de autores antiguos y la existencia de documentos. La presencia de los Oma se quiere ver en otros templos, pero hemos de pensar en ellos como maestros canteros sin que nunca alcanzarán un nivel superior de teóricos o tracistas, aunque Pedro de Oma nos aparece dirigiendo las obras de la nave única de la iglesia de Santiago de la villa de Jumilla, hasta que las obras se interrumpen en el cambio de centuria. La finalización de los trabajos en Murcia le obligarían a desplazarse y buscar trabajo en la villa de San Clemente. Pero todo se nos queda en la penumbra, pudiendo únicamente afirmar que la llegada y asentamiento de Pedro de Oma en San Clemente coincide con el levantamiento de la Iglesia franciscana de Nuestra Señora de Gracia, y poco más que aseverar, pues de momento tenemos un vacío documental en el período que recoge los tres primeras décadas del siglo.

Iglesia Santiago de Jumilla
Iglesia de los franciscanos San Clemente
Aunque nos movemos en el plano de las conjeturas, podemos plantear la posibilidad de que Pedro de Oma, con la experiencia adquirida en Jumilla, pudo construir la iglesia de Nuestra Señora de Gracia, también de planta única, con capillas laterales o nervaduras cromadas, y que presenta similitudes con la iglesia de Santiago de Jumilla, modificada brutalmente en su planta original por la cúpula y testero ideados por Jerónimo Quijano. Pero no deja de ser una hipótesis. Otra hipótesis es si Pedro de Oma se movió únicamente en las trazas góticas o fue capaz de evolucionar como lo hizo en su estilo la iglesia franciscana.

Pedro de Oma, pudo alternar el trabajo de la iglesia franciscana con otros encargos del concejo, tenemos constatada la presencia, ya mencionada, con su cuadrilla de veinte hombres construyendo los molinos del concejo de San Clemente en el campo del Picazo, término de Sisante, desde  febrero o marzo de 1514. La villa había recaudado previamente entre sus vecinos mil escudos de oro. La construcción de la iglesia y convento de los frailes se hizo gracias a las aportaciones, limosnas, de los sanclementinos, sobre un terreno aportado por Alonso del Castillo. En 1523, se funda un nuevo convento de clarisas. Desde comienzos de siglo los oficiales del ayuntamiento se reúnen en unas casas, que aparecen ya descritas de dos plantas y con una galería superior en 1526, al llegar el representante de la Emperatriz Isabel. Intentamos decir que no hay que esperar a mediados de siglo para escuchar esa saga de canteros vascos que parecen renovar el espacio urbano que, eso sí, imponen su voluntad y tendencias al gran Vandelvira. Ya desde comienzos de siglo los Oma, Juan, en Belmonte, y Pedro, en San Clemente, y luego sus hijos, son protagonistas de una actividad edificadora, que prepara la explosión de mediados de siglo.

De lo que sí tenemos constancia, por las declaraciones de Alvar Ruiz del Castillo y Antonio Rosillo, es que Pedro de Oma se asentó y vivió regularmente en San Clemente hasta su muerte, aunque parece que volvió a Jumilla para la construcción del crucero y la cabecera de la Iglesia de Santiago, pero el concejo jumillano claudicaría ante la ruptura estilística de Quijano.

Pedro de Oma, obtendría sentencia favorable de 17 de junio de 1532, reconociendo su hidalguía, confirmada por carta ejecutoria de 3 de julio de 1535. La saga familiar de los Oma, la continuó Martín de Oma, hijo de Pedro, que casó con Juana de la Fuente. Su hijo, de nombre Antonio de Oma Zapata cambio su residencia a Belmonte, siendo reconocido como hidalgo un 19 de diciembre de 1575, como mayordomo del marqués de Escalona. Con Antonio se pierde la tradición de canteros de la familia. En Belmonte, nacería Pedro de Oma Arteaga, nacido en 1598 y que en 1626 volvió a San Clemente para dar de nuevo continuidad a la familia en esta villa.




(1) Archivo General de Simancas, RGS, LEG,  150010, 179. Prohibición a los regidores de San Clemente de tener allegados entre los vecinos y oficiales de la villa y su tierra. 1500.

(2) De Pedro de Oma, se nos dice: Arquitecto director de la fábrica de la iglesia de Santiago, de Jumilla, a fines del siglo XV.  Consta, del padrón del concejo de Jumilla, el cual lo registra, determinando de ese modo su personalidad. Y hasta consigna su salario: dos reales y medio. "Pedía tres (añade) y se le ofrecieron dos. Oma era vizcaíno, lo mismo que un hermano suyo Juan, que también figura en el padrón como "maestro de cantería" (BAQUERO ALMANSA, A. : Los profesores de las Bellas Artes murcianos. Imprenta sucesores de Nogués. Murcia. 1913
Ya en 1800, el canónigo Juan Lozano Santa sitúa a Pedro de Oma como arquitecto de la obra a fines del siglo XV y a Juan de Oma como maestro de cantería a sus órdenes (LOZANO SANTA, J.: Historia antigua y moderna de Jumilla. Manuel Muñiz. Impresor de la Marina. Murcia. 1800)

Véase un resumen de la bibliografía sobre la iglesia de Santiago de Jumilla en: 
DELICADO MARTÍNEZ, Francisco Javier: "La Iglesia mayor de Santiago apóstol, de Jumilla (Murcia)espacio arquitectónico, patrimonio artístico y liturgia (I)", Archivo de arte valenciano, nº 90, 2009, pp. 103-128


BNE, Mss. 11727, papeles genealógicos. Ejecutoria de hidalguía de Pedro de Oma, vecino de San Clemente, 1627 (h. 110-140v)


Testimonios favorables a Pedro de Oma en 1631

Marco Terléguiz, vecino de la anteiglesia de Cortézubi, 75 años
Juan Manuel de Itunendo, vecino de la anteiglesia de Gautiguiz, 85 años
Martín de Iturrieta, vecino de la anteiglesia de Santiago de Cortézubi, 77años
Juan Ochoa de Gaceaga, vecino de la anteiglesia de Santa María de Gautiguiz, 85 años
Alvar Ruiz del Castillo, escribano del concejo y del número, vecino de San Clemente, 75 años
Antonio Rosillo, natural y vecino de San Clemente, hidalgo, 67 años

domingo, 20 de agosto de 2017

Vara de Rey, tierra de caballeros cuantiosos e hidalgos

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Vara de Rey
Era un nueve de mayo de 1478, la guerra del Marquesado entraba en su última fase, pero San Clemente y su aldea de Vara de Rey parecían ajenas al conflicto, que se desarrollaba con más virulencia en otros pueblos como Iniesta o Villanueva de la Jara. O eso parecía, porque el esfuerzo de la guerra exigía esfuerzos de todo el mundo; también de Fernando de Peralta, hidalgo de la aldea de Vara de Rey, que desde el mes de marzo era conminado a pagar los pechos reales y concejiles y al que se le requisó una mula valorada en siete mil maravedíes. No parece que se sacara utilidad a la bestia para la guerra, pues sería vendida en almoneda pública por el concejo vareño a un vecino llamado Mateo el Collado. Más que las necesidades militares acuciaba la misérrima situación que por aquel entonces presentaba Vara de Rey, conçejo e universidad donde auía biudas e huérfanos e menores e otras miserables personas; la aldea se quejaba de los desmanes del Marqués de Villena durante la guerra que la había dejado postrada en estado de necesidad, recibiendo munchos daños e rrouos e males e estauan muy ocupados en la guerra.

Esfuerzos pero también compromisos. Y si hay que hablar de comprometidos en la guerra del Marquesado, esos eran algunos hidalgos, o que se tenían por tales, de Vara del Rey, que se habían declarado enemigos del Marqués de Villena. Entre ellos destacaban tres. Juan López Rosillo, tal vez con solar en Pozoamargo, que levantó a la villa de San Clemente a favor de la Corona, y dos hidalgos vareños: Juan Alfonso de Palacios y Fernando Peralta. Juan Alfonso Palacios también había sido obligado a pechar y se le habían tomado prendas por valor de 1200 maravedíes. Defendiendo su hidalguía y su exención a todo pecho acudirá ante el Consejo Real, el 15 de junio de 1478, obteniendo ejecutoria de hidalguía dos años después. Parece, por las noticias vagas que tenemos de unos descendientes de la familia en Málaga, que Juan Rosillo actuó igual y obtuvo carta ejecutoria similar
Capilla de Santa Ana o de los Rosillo. Iglesia San Clemente
Juan Rosillo que vino de San Clemente, este fue nieto de Juan López Rosillo, llamado el Restaurador del Marquesado de Villena, por lo que los Reyes Católicos le dieron varios heredamientos, con privilegio executoriado, sobrecartando su nobleza en Segovia a 9 de mayo de 1503, y la de sus descendientes legítimos, declarándolos a todos por hijosdalgo de sangre de los de vengar 500 sueldos áureos a fuero de España, como dicho Juan López lo era, y que como a tales les guardasen sus preeminencias en todas partes donde hicieren asiento y morada, por lo que el dicho Juan Rosillo y sus descendientes ganaron su executoria de confirmación, de Felipe II en 9 de marzo de 1575 y 16 de abril de 1581. Son descendientes suyos como venidos de la villa de San Clemente a Málaga sus mayores, los Medina Rosillo (GARCÍA DE LA LEÑA, Cecilio: Conversaciones históricas malagueñas. Parte II. Málaga moderna. Imprenta Luis de Carreras. 1792)

Así el favor prestado a la Corona por estos enemigos del Marqués de Villena tuvo su contraprestación en el reconocimiento de su hidalguía. La duda nos quedará sobre si su hidalguía fue fruto del oportunismo o heredada de esos hidalgos de 500 sueldos, obligados a acudir al llamado del Rey para la guerra. Sobre la hidalguía de estos caballeros vareños se nos plantean muchas dudas. En algunos momentos se reconoce su obligación de poseer armas y caballo, al igual que los caballeros de cuantía, pero a la hora de presentarse en los pleitos lo suelen hacer como hidalgos en posesión, por tal se entendían aquellos hidalgos que gozaban los privilegios y preeminencias de tales, aunque no hubiera padrones de hidalgos (caso de esta zona), en esta posesión podía seguir durante generaciones mientras no se les molestase. Cosa que parece empezó ocurrir desde el mismo momento de la incorporación de Vara de Rey a San Clemente. Pero los hidalgos de Vara del rey también se llaman a sí mismos como hidalgos notorios de solar conocido de devengar 500 sueldos a fuero de España, tal consideración se ha entendido de forma diferente desde quienes quieren ver en los 500 sueldos la cantidad estimada para vengar sus injurias a otros que ven en los 500 sueldos la cantidad devengada por los hidalgos cuando iban a la guerra. En este sentido, ya se conocen algunas regulaciones desde la época de Alfonso X el Sabio, que marcan la evolución desde los caballeros villanos a estos nuevos hidalgos de soldada.

Entre los enemigos del alcaide de Alarcón ocupaba un lugar destacado Fernando de Peralta. Quizás porque en una tierra de hidalgos, como era Vara de Rey, resultaba muy difícil romper las fidelidades y lazos familiares con el marqués de Villena. ¿O quizás era más fácil? Pues los hidalgos de Vara de Rey se reivindicaban como una nobleza independiente del Marqués y sus criados y anterior en el tiempo. Creemos que, aunque estaríamos tentados de pensar en sus orígenes en tiempo de la Reconquista de Alarcón, es más plausible la hipótesis de su surgimiento en tiempo de los Trastámara. El caso es que los Pacheco intentaron ganarse la fidelidad de los hidalgos de Vara de Rey, con sueldos y dineros (y también con alguna alianza matrimonial, caso de los Montoya), pero las obligaciones de los caballeros de Vara de Rey eran anteriores a la presencia de Juan Pacheco en la zona. Los caballeros de cuantía de Vara de Rey (o tal vez hidalgos de devengar 500 sueldos según fuero de Castilla) tenían obligación de poseer armas y caballos, y tal como reconocía uno de ellos, Gómez García de la Serna, mantenían un trato diferenciado respecto al resto de vecinos, juntándose en ayuntamientos propios
que sienpre auía visto al dicho Fernando de Peralta e al dicho su padre e cada uno dellos en su tienpo ayuntarse con los otros homes fijosdalgo del dicho logar sus vezinos e en sus ayuntamientos así como fijosdalgo e que así oyeron deçir que se ayuntaua su ahuelo del dicho Fernando de Peralta e que sienpre los viera a todos hellos e en el dicho tienpo que los conoçiera andar y estar como homes fijosdalgo e en áuitos de homes fijosdalgo teniendo cauallos e armas

Fernando de Peralta era hijo de Fernán Sánchez, Caballero, y Elvira Sánchez, y nieto de Fernán Sánchez Calanzo, todos moradores de Vara de Rey. Fernán Sánchez Calanzo tenía tres hijos: Fernán, García y Juan. Fernando de Peralta había nacido dos años después de que su padre se casara en 1433, el cual había nacido hacia 1409 y el abuelo, en fecha indeterminada del último cuarto del siglo XIV. Pero todos los testigos los señalaban como naturales y vecinos de Vara de Rey. Incluso el abuelo era conocido por algún testigo anciano por ser hijo de Simón García, vecino del dicho lugar.

El problema era si los mencionados que se tenían por hidalgos, eran tales o caballeros de cuantía. El padre, Fernán Sánchez, que aparece intitulado como caballero, había participado en las guerras de Granada en tiempo de Juan II. Podemos seguir el itinerario de Juan II a través de las descripciones de Pedro Carrillo de Huete el Halconero (1). La participación en la guerra de Granada debió acaecer en junio o julio de 1431 con motivo de la presencia real en la vega de Granada y la aventura de Ariza la podemos datar a comienzos de agosto de 1429. Parece que se casó con Elvira Sánchez entre ambas aventuras militares según los testigos, aunque la fecha aportada por los mismos, 1433, nos indica que el matrimonio fue posterior. Su propio hijo lo haría en las mismas guerras de Granada en tiempo de Enrique II.
e que fuera el dicho Ferrán Sánchez a la dicha guerra en la conpañía de Martín de Alarcón e de otros fidalgos de aquella tierra
que el dicho Fernán Sánchez cauallero padre del dicho Fernando de Peralta que fuera en seruiçio del señor rrey don Juan nro. padre a la gerra de harriza a seruir por fijodalgo así como fijodalgo e dixo que lo sauía porque este testigo (Miguel Sánchez Temprado) lo viera yr a la dicha guerra e seruir en ella a su costa e misión como home fijodalgo por quanto este testigo estaua a la sazón en la dicha guerra con García Rruyz de Alarcón su amo
Escudo de los Peralta. En el segundo cuartel puede verse el haz de quince lanzas sobre la acequia
http://bdh-rd.bne.es/
Pero quien nos da especial detalle de estos hechos es un vecino de San Clemente, Rodrigo Martínez de Villar de Cantos, que había acompañado en las guerras a Fernán Sánchez de sobrenombre Caballero, narrándonos como el joven había sido nombrado caballero por el propio Juan II en las guerras de Granada, tras una gesta. El padre de Fernando Peralta, que es de imaginar que al igual que el abuelo, tenía la obligación como caballero de cuantía a acudir con su caballo y armas a las guerras (del texto se constata que luchaba a caballo y de otros textos, la obligación militar de costearse estos recursos), fue armado caballero, saltándose todo el cursus honorum que tal hecho implicaba
que este testigo uiera al dicho Fernán Sánchez cauallero padre del dicho Fernando de Peralta yr por el llamamiento del señor rrey don Juan a la vega de Granada e que allí biera este testigo como el dicho Fernán Sánchez fuera harmado cauallero porque el dicho Fernán Sánchez e otros fasta de ochenta honbres de armas entrando un día en la guarda del dicho señor rrey don Juan que los moros fiçieran una açequia e estauan en una viña más de mill e quinientos dellos e puesta paliçada e que los vallos desos dichos moros les tirauan e enclabauan los cauallos fasta tant que se apeaban los dichos honbres de armas del dicho señor rrey don Juan e asimismo el dicho Fernán Sánchez cauallero e asy apeados que juntaron fasta quinze lanzas de armas e las ataran juntas con tocas e las atravesaran en la dicha açequia e pasaron por ellas como por puente para conbatir a los dichos moros fasta que los dichos moros se acoxieran e mataran a munchos de los dichos moros los dichos homes de armas e que por aquello que fiçieron que el dicho señor rrey don Juan los armara caualleros por les dar más honra entre los quales armara asimismo al dicho Fernán Sánchez porque fue él uno de ellos e que asymismo sabía que el dicho Fernán Sánchez cauallero que fuera en seruiçio del señor rrey don Juan a la guerra de hariza e que a entramas las dichas guerras fue a servir como fijodalgo 

Tanto en la guerra de Ariza como de Granada había una obligación de acudir a los llamamientos del Rey. Ahora bien, también denunciaban los pecheros y concejo del lugar de Vara de Rey que el abuelo y el padre de Fernando de Peralta siempre habían pechado y que nunca habían cumplido con los requisitos de cualquier caballero cuantioso, que el dicho Fernán Sánchez sienpre pechara e contribuyera fasta que diz que fuera armado cauallero por el señor rrey don Juan e dende en adelante se escusara llamándose cauallero como quier que no tenía armas ni cauallo ni las otras cosas que deuía según ni cómo ni de la quantía que la ley manda. Se trataba de demostrar que el hecho incidental de la vega de Granada no otorgaba las libertades y franquezas de los fijosdalgo al hijo. De hecho, se acusaba a Fernán Sánchez el caballero de imponer su hidalguía por la violencia, negándose a empadronarse en los libros de pecheros. Se denunciaba que Fernán, junto a los Ruiz de Alarcón y el alcaide de la fortaleza, llamado Juan Villodre, formaban banderiza y habían hecho apalear a un regidor del lugar de Vara de Rey, que intentó empadronarlo para pagar pechos. Tal vez en el estado de necesidad de las guerras del Marquesado, Fernando de Peralta se viera imposibilitado para mantener el coste de un caballo y unas armas y los gastos de cualquier aventura militar. El hecho de que el conflicto viniera por el embargo de una mula de arada, hasta qué punto dependía el hidalgo de la explotación de su hacienda.

Se denunciaba asimismo que Fernando de Peralta no había participado a favor de la Corona en las guerras contra el Marqués de Villena. Fernando de Peralta reconocía dicha inacción por el control que ejercían los Pacheco. Sabemos que en dicha decisión pudo pesar mucho más el miedo y los favores debidos. En el juicio de Hernando del Castillo, alcaide de Alarcón y hombre de confianza de los Pacheco, éste reconocía que Fernando de Peralta había obrado como un traidor con el Marqués de Villena por no servirle en las guerras, habiendo recibido sueldos y dineros de los Pacheco, que habían tratado de ganarse su lealtad. Es justamente la falta de esta lealtad la que había llevado al alcaide de Alarcón, Hernando del Castillo, a tomarle y prenderle los bienes. Además los hidalgos de Vara de Rey estaban divididos en la guerra del Marquesado. Pedro de Montoya, otro hidalgo de Vara de Rey, era fiel a los Pacheco. Estaba casado con una sobrina de Hernando del Castillo, alcaide de Alarcón. Fernando de Peralta acusó a esta mujer de judía. Su marido, Pedro de Montoya, respondió hiriendo en el brazo a Fernando de Peralta y dejándole manco (2).

Si San Clemente era villa de pecheros, que no admitía hidalgos, en Vara de Rey, el reparto de poder entre hidalgos y pecheros estaba más definido. En la aldea había una dehesa, la explotación de cuyas rentas iban a medias entre pecheros e hidalgos. Este reparto a partes iguales de la renta parecía remontarse a veintiocho años atrás, es decir, poco después de la incorporación de Vara de Rey como aldea de San Clemente
que auía una dehesa de yerua en el término del dicho logar, la qual dicha dehesa e la rrenta della dijo que era la mitad de los homes fijosdalgo del dicho logar e la otra mitad de los homes buenos pecheros e de ueynte e ocho años poco más o menos aquella parte e entonzes que los homes fijosdalgo del dicho logar auían leuantado e leuantauan la mitad de la dicha rrenta
Los alcaldes de los hijosdalgo darían la razón, y carta ejecutoria de hidalguía a Fernando de Peralta, obligando al concejo de Vara de Rey a devolverle las prendas tomadas y obligando a pagar unas costas judiciales que ascendía a 14456 maravedíes. Vara de Rey fue incapaz de cumplir la sentencia, por lo que se mandó ejecutor que embargó el horno de pan cocer de la villa y varias reses de ganado ovejuno y cabruno. Tras apelación, lo único que se consiguió fue aumentar las costas en 6820 maravedíes más. Fernando de Peralta obtendría carta de ejecutoria de hidalguía el 24 de noviembre de 1480. La derrota del concejo de Vara de Rey frente a sus hidalgos era total. Juan Alfonso de Palacios que también en 1478 iniciaba pleitos contra el concejo de Vara de Rey, obtendría sentencia favorable en 1494. Ambos vieron reconocida su hidalguía de padre y abuelo e devengar 500 sueldos.


Aunque quien realmente salió derrotada era la villa de San Clemente, que había ayudado a su lugar de Vara de Rey económicamente para llevar los pleitos. Cerrado su gobierno a los hidalgos desde 1445, vio como su aldea de Vara de Rey se convertía en caballo de Troya para romper esta norma: las hijas de los pecheros de San Clemente se casaban con los hidalgos de Vara de Rey, sus descendientes exigían su nueva condición hidalga y su exención tributaria (3). Así, los Castillo y Pacheco, criados del Marqués de Villena, y únicos hidalgos (discutidos en el primer caso) de la villa sanclementina, veían reforzado su núcleo nobiliario con los nuevos integrantes de Vara de Rey. pronto el grupo se reforzaría con hidalgos que, como Martín Ruiz de Villamediana, procedente de Tierra de Campos, venían de lejanas tierras. En el año de 1512, exigirían sus derechos ante la Chancillería de Granada. Pero el concejo de San Clemente no era tan débil como el de su aldea de Vara de Rey y resistiría veinticinco años para que dichos derechos se vieran reconocidos.



Testigos de Vara de Rey a favor de Fernando de Peralta en 1478

Juan López de Perona, morador de Vara de Rey, presenta los testigos
Pedro de Barriga, morador de Vara de Rey, presenta los testigos
Juan García Moreno, morador de Vara de Rey, hijo de Fernán García que Dios haya, alrededor de 63 años. Se llama asimismo hidalgo.
Gómez García de la Serna, morador de Vara de Rey, hijo de Juan Gómez de Cañada Juncosa. Se llama asimismo hijodalgo
Aparicio Sánchez, morador de Vara de Rey, hijo de Martín Sánchez de Meza
Martín García, morador de Vara de Rey, hijo de Martín García
Gonzalo Rodríguez, morador de Vara de Rey, hijo de Pedro Rodríguez; pechero
Miguel Sánchez Temprado, vecino de San Clemente, hijo de Miguel Sánchez Temprado; pechero de 90 años
Juan Sánchez de Albelda, vecino de San Clemente, hijo de Hernán Sánchez de Albelda
Rodrigo Martínez del Azoguejo, vecino de San Clemente, hijo de Lope Martínez del Azoguejo
Pascual García del Campillo, vecino de San Clemente, hijo de Juan García del Campillo
Rodrigo Martínez de Villar de Cantos, vecino de San Clemente, hijo de Pedro Rodríguez de Villar de Cantos; pechero de 67 años, había nacido y vivido hasta los treinta años en Vara de Rey, momento en que se pasa a vivir en San Clemente
Ruy López de Cañada Yncosa, vecino de Cañavate, hijo de Ruy López de Cañada Yncosa

Testigos presentados en segunda probanza por Fernando de Peralta

Miguel Martínez de Buenache, vecino de El Provencio
Miguel López de Perona, hijo de Juan López de Perona, vecino de Minaya
Alfonso de Montoya, hijo de Fernán Álvarez de Montoya, vecino de San Clemente
Alfonso López, hijo de Alfonso López de Garcilópez, vecino de San Clemente
Pedro Barriga, hijo de Martín Sánchez Barriga, morador de Vara de Rey
Gil Sánchez de Jávaga, hijo de Juan Sánchez de Jávaga, morador de Vara de Rey
Alfonso López Carrelero, vecino de Cañavate
Andrés Martínez de la Atalaya, vecino de Alarcón

Testigos presentados por el concejo de Vara de Rey, contra la hidalguía de Fernando Peralta

Pedro Sánchez de Enguidantes, hijo de Martín Sánchez de Herrera, vecino de Villanueva de la Jara
Pedro López, hijo de Alvar López, morador de Vara de Rey
Juan Martínez Collado, hijo de Juan Martínez Collado, morador de Vara de Rey
Juan de Sevilla, regidor y morador de Vara de Rey
Juan Sánchez Collado, hijo de Fernán Sánchez de Mateo Sánchez, morador de Vara de Rey
Antón López, hijo de Pedro López, morador de Vara de Rey
Pedro López de Huete, hijo de Pedro López, morador de Vara de Rey
Juan Gómez, hijo de Benito López, morador de Vara de Rey
Gil Sánchez de Jávaga, hijo de Juan Sánchez de Jávaga, morador de Vara de Rey

(1) CAÑAS GÁLVEZ, Francisco de Paula: El itinerario de la Corte de Juan II de Castilla (1418-1454). Silex. Madrid. 2007. pp. 245-246 y 264-265
(2) GARCIA MORATALLA, José Joaquín: La tierra de Alarcón en el señorío de Villena (siglos XIII-XV) IEA Don Juan Manuel. Albacete, 2003, p. 217
(3) dis que tyenen las dichas fidalguías en algunas personas syngulares de vos el dicho conçejo tenéys parte en el rregimiento e governaçión de la dicha villa e que tenéys casadas vuestras hijas e nietas con hijos e hermanos de las personas que tyenen las dichas fidalguías 
(Archivo General de Simancas, RGS, LEG, 148003, 248)
BNE. Mss. 11670. Hidalguía de Fernando de Peralta. Traslado de 1488
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viernes, 18 de agosto de 2017

Los Rosillo de Santa María del Campo

María Rosillo, era natural de Santa María del Campo, estaba casada con don Miguel de Ortega, vecino de San Clemente. Era mujer de carácter, pero su vida en San Clemente no fue fácil. Su marido estaba enfrentado, más bien habría que decir, enemistad visceral, con Francisco del Castillo e Inestrosa, y estas diferencias las sufriría la propia María Rosillo, cuyos ancestros eran originarios de San Clemente y su aldea de Vara del Rey. Así, la descendiente de Juan Rosillo, el reductor del Marquesado de Villena, sería acusada de tener sangre mora. Se le relacionaba con Hernando Sanclemente, un regidor sanclementino de comienzos de siglo que había sido quemado por moro y apóstata y de otro moro conocido por Macacho.

Sin embargo, doña María era hija de hijodalgo, don Cristóbal Rosillo, que había sido alcalde de la villa por este estado, y podía exhibir muchos actos positivos, entre ellos que un primo hermano suyo, el doctor Pedro García de Campos, era colegial mayor en la Universidad de Alcalá, donde estaban vigentes los estatutos de limpieza de sangre (otros, estaban obligados a estudiar en Salamanca, donde no tenían que responder por su sangre judía o pasado converso). Además tenía otros dos primos hermanos familiares de la Inquisición, Miguel Galindo de Campos, en Santa María del Campo, y Juan de Mena Ortiz, en Las Pedroñeras. La misma María Rosillo había pasado por dos pruebas de limpieza de sangre, como mujer y madre de Miguel y Diego de Ortega, que aspiraban a una familiatura del Santo Oficio. Ambos se investirían con el título de familia, a pesar de las trabas para empatar el proceso de Francisco del Castillo, que trajo a colación algunos matrimonios no muy limpios y cuando los Ortega andaban de críos a pedradas con los oficiales de la Inquisición.

No obstante, la acusación más grave contra María Rosillo es que su hijo Diego de Ortega había mudado de bisabuela para obtener el título de familiar. Es decir, la abuela de doña María Rosillo había sido permutada por otra. Quien traía a colación estas acusaciones era don Francisco de Alarcón Fajardo, vecino de San Clemente, aunque la acusación venía de treinta años atrás, con motivo del expediente de limpieza de sangre del mencionado Diego de Ortega. Los acusados eran Diego del Castillo e Inestrosa, Pedro González de Tébar y Pablo Cuenca. Pero los papeles acusatorios que estaban en el oficio de este último se habían perdido o, pasados ya treinta años, nadie quería saber nada de ellos. Pero la acusación era muy grave, pues el sambenito de Hernando Sanclemente, quemado en 1517, colgaba en la iglesia parroquial de San Clemente.

María Rosillo de Mendoza era hija de Cristóbal Rosillo, alcalde de los hijosdalgo en varias ocasiones en Santa María del Campo. Del papel protagonista de los Rosillo, como defensores de la causa real, en los tumultos de la década de los ochenta del siglo anterior ya se ha hablado.



ANEXO I: Testigos a favor de la limpieza de sangre de María Rosillo en Santa María del Campo Rus en 1641

Don Fernando Ruiz de Alarcón, caballero del hábito de Santiago y señor de la villa, 63 años.
Licenciado Francisco de Mendiola, cura de la villa reservativo, 87 años.
Miguel López de Alarcón, notario del Santo Oficio, 51 años
Don Rodrigo de Ortega, 40 años.
Jerónimo Rubio, 64 años
Jerónimo de Toro Ramírez, 70 años
Juan de Mendiola Ramírez, 61 años
Licenciado Pedro Sánchez de Villamayor, 57 años
Licenciado Juan de Toro Ramírez, 66 años
Licenciado Fernando Gallego Patiño, 71 años
Juan García, 65 años
Juan Ruiz de la Fuente, 66 años
Juan Rubio Carralero, 65 años
Francisco Rubio, 74 años
Jerónimo Galindo, 61 años
Francisco de Chaves, alguacil mayor de la villa, 65 años
Juan Herranz Fromista, 58 años
Jerónimo Patiño, 51 años
Nicolás Martínez Patiño, 72 años
Esteban Rubio, escribano, 51 años
Licenciado Gil García de Campos, 63 años
Francisco de la Solana, 70 años
Pedro Rubio Carralero, 61 años
Miguel Ruiz, 54 años
Martín López de la Torre, 60 años
Domingo Sánchez de Rus, 78 años
Juan de Castro, 75 años
Blas Martínez Bermejo, 81 años
Martín Blanco Muñoz, escribano del ayuntamiento, 56 años
Antonio de Villagarcía y Salas, 70 años
Pedro Pérez, 65 años
Andrés de Vieco, 50 años
Juan de Castro, 64 años
Bachiller Blas Martínez, prebítero, 58 años
Diego Esteban Rubiales, 70 años
Pedro Cano, 70 años
Alejo Martínez, 70 años
Miguel Saiz Jareño, 77 años
Juan Herrainz Patiño, 56 años
Alonso de la Casa, 60 años
Jerónimo de Toro el mozo, 50 años
Juan Rubio Agraz, 58 años
Miguel Redondo Marzo, 67 años
Juan de Requena Galindo, 37 años
Juan de Alarcón, 66 años
Alonso Nieto, 64 años
Pedro Esteban, 66 años
Juan de Castro Gómez, 58 años
Tomé de Vita, 75 años
Licenciado García González de Arrieta, médico, 65 años


Archivo Histórico Nacional, OM-CABALLEROS_SANTIAGO, Exp. 6009.  Ortega Guerrero, Diego de. 1640