El corregimiento de las diecisiete villas

IGNACIO DE LA ROSA FERRER

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EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA
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domingo, 10 de septiembre de 2017

Santa María del Campo Rus en 1566: ¿delincuencia común o subversión social?

Santa María del Campo Rus, pueblo levantisco e ingobernable donde los haya, nunca aceptó el dominio señorial de los herederos del mayorazgo fundado por el doctor Pedro González del Castillo. Ya en 1521, con ocasión de las Comunidades de Castilla, don Bernardino del Castillo Portocarrero vio su casa saqueada;  ahora en 1566, parecían repetirse los altercados. La plaza de Santa María del Campo Rus estaba dominada por su Iglesia y las casas palacio de los Castillo Portocarrero. La casa principal de los Castillo Portocarrero, objeto de continuas amenazas, era muestra de la escasa integración de estos nobles en la villa. El castillo de Santiago de la Torre, por contra, era objeto de temor, y con sus mazmorras, símbolo de la opresión señorial.

Los Castillo Portocarrero habían formado un pequeño estado en la zona, formado por la villa de Santa María del Campo Rus y la villa, con su castillo, de Santiago de la Torre. Dicho estado estaba dirigido por un gobernador para la villa de Santa María del Campo y un alcalde mayor para Santiago de la Torre (que actuaba asimismo como alcaide de la fortaleza). Ambos pueblos, desde su concesión al doctor Pedro González del Castillo tenían la condición de villas y presentaban jurisdicciones propias e independientes.
que la dicha villa de Santiago de la Torre no está debaxo de la gouernaçión desta villa de Santa María del Campo porque es jurisdiçión de por sy y es alcalde mayor de la dicha villa el dicho Juan Cano
Un alguacil mayor, junto a un escribano, completaban la organización política establecida por los Castillo Portocarrero. Al mismo tiempo, se respetaba el gobierno local de Santa María del Campo, formado por dos alcaldes ordinarios y dos de la hermandad, regidores, alguacil mayor y otros oficios menores y también se respetaba la jurisdicción propia de Santiago de la Torre, aunque en este último caso, la organización concejil, pensamos que tendería a la desaparición por el poco peso de la villa, asumiendo las funciones de justicia y gobierno el alcalde mayor. Organización concejil tutelada y previamente aprobada por el señor de la villa. El mayorazgo fundado por el doctor Pedro González del Castillo en 1443, incluía como bienes la villa de Santa María del Campo Rus, el lugar de Santiago de la Torre, la heredad de Las Pedroñeras, otra del Robledillo, una casa en Castillo de Garcimuñoz y diversas posesiones en Salamanca: casas en la colación Santa Olalla, cuatro ruedas de aceña en el río Tormes y la heredad de Villorruela, en cuyo lugar se subrogó la heredad de Palacios Rubios.  Don Pedro González del Castillo siempre tuvo especial querencia por la villa de Santiago de la Torre, donde levantó el castillo tal como lo conocemos hoy, de indudables similitudes constructivas a la Torre Vieja, que en San Clemente levantó su hermano Hernán. En la iglesia de Santiago de la Torre pidió ser enterrado, aunque su cuerpo fue trasladado posteriormente a Castillo de Garcimuñoz.

El caso es que para 1566 los Castillo Portocarrero estaban cansados de unos santamarieños cada vez más díscolos. Los incidentes, aun siendo tratados como problemas de delincuencia común, eran desafiantes desplantes al poder señorial. Santa María del Campo Rus tuvo todo el siglo XVI fama de ingobernable. Actitudes agresivas como la de Miguel García arrancando de un mordisco la oreja al alguacil de don Antonio Castillo Portocarrero daban fe de ello. No tardarían los Castillo Portocarrero de deshacerse de los bienes patrimoniales de un mayorazgo en tierras manchegas, causa de molestias y quebraderos de cabeza.

Francisco Moreno, alguacil mayor de la gobernación  de las villas de Santa María del Campo Rus y Santiago de la Torre, llevaba varios días detrás de Miguel García, acusado de matar a uno de los principales vecinos del pueblo: Martín Chaves. Lo encontró una noche de junio, en la calle de la Puerta de la Villa, pero Miguel García, defendiéndose, arrebatándole la espada, se zafó del alguacil, ante la mirada cómplice de una plaza llena de gente. De nuevo, se volverían a encontrar días después, el doce de julio, en el lugar llamado el Pozo de Gil Martínez, camino de San Roque; esta vez, el alguacil sería más expeditivo a la hora de agarrar al fugitivo, pero éste, pasada la primera sorpresa, y ya en la plaza del pueblo, reaccionaría rompiendo la vara de justicia del alguacil y, en un gesto de rabia, arrancando su oreja izquierda de un mordisco. Al alboroto debió acudir el propio Antonio Castillo Portocarrero con sus criados; Miguel, temeroso, se refugió en la iglesia. La iglesia era lugar sagrado, donde la justicia no podía pasar. La iglesia de Santa María del Campo vio, como las de otras muchas villas, retraerse en ella a algunos de sus vecinos perseguidos por la justicia. De hecho, allí se refugiaba un tal Hernando Villagarcía. Poco pareció importar a Juan Fernández, teniente de alguacil y carcelero, a Francisco Moreno, sin oreja y ensangrentado y a otros hombres que pasaron a la Iglesia con intención de detener a Miguel García. Lo ocurrido en la iglesia es digno de aparecer en cualquier novela de aventuras. Juan Fernández, que agarró a Miguel García en la misma puerta de la iglesia e intentó sacarlo de forma violenta, recibió como respuesta un golpe con una piedra que llevaba el huido. El otro delincuente retraído invitaba a Miguel García a encerrarse con él en la sacristía, pero éste veía como se le echaba encima Francisco Moreno, que, entre lamentos y sin oreja, había acudido en persecución de Miguel. Entre refugiarse en la sacristía o hacer frente al alguacil mutilado, Miguel eligió lo segundo al grito de detente bellaco. Esta vez Francisco Moreno fue más expeditivo arrojando su daga, pero errando su blanco, pues la daga acabó clavada en las gradas del altar de Santiago. Miguel respondería, esta vez, tirándole la piedra que llevaba en la mano, sin alcanzar al alguacil.

Que el conflicto era algo más que un problema de delincuencia lo muestra los hechos que siguieron a continuación. Un tal Melchor Rubiales, presente en la iglesia, fue compelido por Juan Fernández a ayudar a detener a Miguel. Pero el mencionado Melchor se puso del lado del preso, gritando a voces favor a la corona, recordando el carácter sagrado del lugar. No era él único en la iglesia que favoreció a Miguel García; allí estaban su hermano Alonso, un tal Alejo Galindo, también refugiado en el templo, y otras personas que siguieron al dicho Melchor en los gritos de favor a la corona. Gritos que demuestran la oposición antiseñorial en el pueblo, que no respetaba los espacios con una jurisdicción privativa, en este caso uno religioso; frente a ellos, los dos alguaciles, Juan Hernández y Francisco Moreno, que contaban con la única ayuda de Juan Rodríguez, repostero de los Castillo Portocarrero, poco podían hacer. Miguel García acabaría encerrándose en la sacristía. Allí continuó hasta que don Antonio del Castillo Portocarrero, acompañado de varios criados, del alcalde ordinario, Francisco de Urriaga, del alcalde de la hermandad, Francisco de Torres, y del alguacil mayor de la villa, Juan del Toro, decidió poner fin a la situación. Con un hacha se derribó la puerta; ante un Miguel García acorralado, don Antonio del Castillo fue el más impetuoso a la hora de arrestarlo, pero fue contenido por el resto de los oficiales que le acompañaban. Miguel García sería conducido a la cárcel con las manos atadas, allí sería sujeto con una cadena y un par de grillos en los pies.

Miguel García fue llevado a la cárcel, primero, juzgado y condenado después, aunque su condena a azotes no se llevó a cabo por la defensa y oposición pública de su padre con la aquiescencia de sus vecinos santamarieños; para finalmente ser llevado a las mazmorras del Castillo de Santiago de la Torre. Hoy vemos esta fortaleza, levantada por el propio doctor Pedro González de Castillo, con cierta pesadumbre al verla en ruinas. Pero en aquel entonces únicamente inspiraba odio y temor. Aunque ni este símbolo de opresión señorial parecían respetar ya los santamarieños, pues por estas fechas la fortaleza era un espacio poco habitable y sin su primigenio uso militar.

Ocho días pasó encerrado Miguel García en las mazmorras del castillo, hasta que en una fuga envuelta en el misterio, y mucho más, en la complicidad de varios convecinos, algunos valedores cercanos, y otros eran hombres que por su oficio debían lealtad a don Antonio del Castillo. En los días sucesivos poco sabemos del paradero de don Antonio Castillo Portocarrero, ausente, mientras Miguel García y sus allegados se paseaban con sus arcabuces y mechas encendidas a plena luz del día, provocando el temor de la justicia del pueblo, que impotente imploraba al Consejo Real que pusiera orden en la villa.

Ya en junio, la situación era muy tensa. Igual que se buscaba a Miguel García, que parecía más ocupado en sus menesteres del campo, otros de los García, como el joven Francisco su sobrino, parecían dispuestos a tomarse la justicia por su mano en la villa. Una noche de junio, haciendo el alcalde Juan Cano de Buedo, el mismo que era alcaide de la fortaleza de Santiago, la acostumbrada ronda nocturna para pacificación y sosiego desta dicha villa, se encontró de bruces con Francisco. El encuentro no respondió a la tranquilidad que buscaba el alcalde, ni se respetaron las pragmáticas que prohibían el uso de armas a partir del tañir de las campanas por la noche ni, lo que era mucho más grave, se respetó la justicia
yendo por la calle donde vive Pero Cano e Martín Blanco, vecinos desta dicha villa en la dicha calle después de aver tañido la canpana de la yglesia desta villa de la queda a Françisco García de Mingo Martín el moço y otro que iva en su conpañía del dicho Françisco Garçía llevavan un arcabuz cargado de polvora e pelota con su mencha ençendida

El clima de tensión que vivía el pueblo lo conocemos por tres testigos, ellos mismos son una muestra de la realidad del momento. Alonso de Rosillo, alcalde de la hermandad, en sintonía con la familia, será un apoyo seguro de los intereses reales en los graves sucesos que la villa vivió por el año de 1583; Pedro de Mondragón es aquel joven sanclementino, hijo de un platero vasco, que vimos enfrentarse a la justicia de su villa en el incidente ya narrado del prostíbulo, y Felipe Vélez, a pesar de su apellido, es uno de esos maestros de cantería vizcaínos que por entonces residían, sin que sepamos por qué, en el castillo de Santiago de la Torre. Francisco García el mozo vivía en casa de su padre, en la llamada calle Nueva; en el incidente de junio, había puesto el arcabuz en los pechos del alcalde Juan de Cano Buedo. Solo la intervención decidida de Pedro Mondragón evitó que el incidente fuera a más. Juan de Cano había iniciado diligencias contra Francisco el mozo, pero llevado por el miedo, había renunciado a proseguirlas, mientras Francisco el mozo seguía en actitud provocadora por el pueblo. Hubo unos días, hasta que Don Antonio Castillo Portocarrero, decide llevar hacia el 23 de julio él mismo la práctica de diligencias para el castigo de culpables, en que el pueblo está sometido a las bravuconadas y a la ley de los García. Incluso el arresto de Miguel García se produce el doce de julio en una situación que, sabiéndose perseguido por la justicia, no parece preocuparle lo más mínimo y realiza sus labores en el campo con toda normalidad. Dicho arresto tiene su causa inmediata en el hecho de que Francisco el mozo se persona en la casa del alguacil Francisco Moreno, arcabuz en mano, a recuperar la espada que previamente el alguacil le ha requisado. Sobre la contumacia de Francisco García el mozo nos da fe el escribano Pedro Gallego; en su testimonio nos presenta a Francisco como un envalentonado que se encomienda a los infiernos, amenaza a sus enemigos con dejarlos muertos a sus pies y con gestos de desafío, tal como hizo delante del teniente de alguacil Juan Hernández, en coger un ascua con la mano para encender la mecha de su arcabuz.

La familia García era temida en el pueblo, especialmente por don Antonio Castillo Portocarrero, al que habían amenazado de muerte varias veces. Razones tenía para ello, pues los oficiales que él mismo ponía eran objeto de las iras de los García de Mingo Martín, que era como les gustaba llamarse al clan.  Miguel García tenía mala fama, ya no solo por matar hacía año y medio a Martín Chaves, también como estuprador de doncellas y provocador de altercados, así cuando apaleó tiempo atrás a un cobrador de la limosna de Nuestra Señora de Monserrate. Junto a su sobrino Pedro, ya había herido al alcalde Pedro Martínez Rubio, y no se echaba atrás en sus insultos y amenazas de muerte contra don Antonio Castillo Portocarrero. Con fama de bravucones, los García se habían convertido en la bestia negra de la nobleza regional. Se jactaban de haber liberado a un santamarieño llamado Andrés Rubio, retraído en la iglesia de Castillo de Garcimuñoz, por una pendencia con un Melgarejo. La hazaña de los hermanos Francisco y Miguel García fue reivindicada por ambos como ejemplo de que únicamente dos santamarieños valían tanto como todos los vecinos de Castillo de Garcimuñoz. Si Miguel García era bravucón no se quedaba atrás su madre, Francisca Redonda, que reconocía que su hijo salía por las noches a practicar el tiro y amenazaba al alguacil mayor de la villa, Juan del Toro, el día que bajaba con el asno por la calle del licenciado González para someter a vergüenzas públicas y azotar a su hijo, que quien osara meterse con su hijo no quedara coxón de ellos. 

Aunque más que de altercados hay que hablar de insubordinación a la autoridad de Antonio del Castillo Portocarrero. En opinión de Ruy González de Ocaña, gobernador del señor en la villa, Miguel García y sus próximos eran un mal exemplo de la rrepública y sus actos iban contra la lealtad e rreverencia que como vasallos deven. Y es que a mediados de julio se había producido un conato de rebelión en la villa. Al conocerse la noticia que don Antonio,el mismo día de la detención de Miguel García, había hecho traer una bestia, a cuyos lomos iba a someter a verguenzas y escarnios públicos al preso; los García, acompañados de otros amigos y valedores, provocaron grandes escándalos, amenazando a su señor y a sus justicias. Amenazas de palabra, pero también se les veía con los arcabuces en la mano rondando por la villa en busca de su señor y de las justicias del pueblo para matarlos. Don Antonio Castillo no se arredraba: formalizó un proceso judicial contra Miguel García de doscientas noventa y ocho hojas, lo encerró con grillos y cadenas e intentó azotarlo después de someterlo a escarnio público. Pero eran muchos los que en el pueblo se le oponían y muchos los que intervinieron en la liberación de Miguel García. Don Antonio Castillo decidió abandonar Santa María del Campo, mientras sus afines permanecían escondidos y encerrados en sus casas. No era para menos, los García se movían en Cuenca para conseguir la excomunión de Antonio Castillo y sus justicias por haber profanado el espacio sagrado de la iglesia y su jurisdicción privativa. La justicia del lugar había sido sustituida por paisanos que rondaban las calles, armados con arcabuces.

Castillo de Santiago de la Torre
La liberación de Miguel García de las mazmorras del castillo de Santiaguillo, tal como la conocemos hoy, fue novelesca. El preso había sido llevado, encadenado en un carro, desde la cárcel de Santa María del Campo al castillo de Santiago de la Torre por el alguacil Juan del Toro y varios guardas, que lo entregaron al alcaide de la fortaleza Juan Cano de Buedo. Allí quedó encerrado en una mazmorra, con dos pares de grillo y la vigilancia de un guarda llamado Juan de Torres. Aunque, contraviniendo las órdenes de don Antonio Castillo, se le quitó la cadena. Miguel García fue encerrado en la mazmorra, sita en lo hondo de la torre de la fortaleza, que era un habitáculo con un único agujero en la parte superior, desde donde se bajaba al preso con una cuerda. Sobre el techo de la mazmorra había una primera pieza y desde aquí por unas escaleras se accedía a una piso superior, la cámara de armas, encima de la sala de armas había otras piezas superiores, aunque no se dice cuántas, todas ellas sin puertas y de libre acceso. Los testigos decían que para sacar a un hombre de la mazmorra eran necesarios otros tres o cuatro hombres tirando de una soga. Difícilmente podía escapar de allí el preso, aparte que el acceso exterior a la torre donde se hallaba era por una puerta con llave y un guarda de vigilancia. Sin embargo, la vigilancia del preso parecía relajada, pues recibió la vista de sus padres y cuñada al menos dos veces, que le llevaban comida, en la que no faltaba la carne y el vino, ropa, sábanas y un almadraque (colchón pequeño) y almohada de lana. Las visitas eran habituales, sobre todo, de la madre y su cuñada, que acudían hasta Santiago con un cherrión (carro de la época). Para el día de Santiago, el preso recibió la visita de su padre y una sobrina llamada Cristina Redonda. Desplazados hasta la fortaleza en un macho y un pollino, llevaron al preso una camisa limpia, una pierna de carne y un pan de una libra. Posiblemente en el pan, esta vez, iba una lima para serrar los grillos de sus pies. Tal vez la lima entró escondida en el pequeño colchón o la almohada, al igual que una soga, o, sencillamente, lima y soga se pasaron al preso a través de una lumbrera en la torre, a poca altura, y que daba luz a la mazmorra. Dicha lumbrera era de cierta anchura, pues por ella metía la cabeza Cristina Redonda, la joven sobrina del reo, de dieciocho años.

El trato de Miguel García en la mazmorra del castillo fue bueno. La mazmorra se limpió antes de meter al preso. Además de sus familiares,que le aportaban compañía, alimentos, vestido e incluso algunos enseres (un escriño y una estera), recibió la visita de otros parientes de El Provencio, tres mujeres y dos hombres que le llevaron melones, agraces y dulces, y la de un clérigo para cumplir con las obligaciones religiosas. Su carcelero Juan de Torres mantenía conversaciones con él hasta pasada la medianoche y su comida era preparada en casa del alcaide Juan Cano. El castillo ya por aquel entonces estaba bastante desangelado. Aparte del preso en la mazmorra y su carcelero, que dormía en el patio de armas, los únicos moradores eran unos vizcaínos, que no estuvieron presentes durante el cautiverio de Miguel García. El alcaide se pasaba durante el día, pero por la noche se quedaba en su casa, permaneciendo en el castillo su hija, durmiendo con un ama vizcaína. Quizás por esta misma existencia sórdida, Miguel García fue sacado de la mazmorra un rato al día siguiente de llegar, que aprovechó para jugar a los naipes con los dos hombres que le sacaron y el propio alcaide Juan Cano, el cual, perdiendo la partida, debió pagar dos ducados al preso. Con el tiempo la vigilancia se relajó, muestra de ello es que los familiares de Miguel García accedieron a la primera pieza de la torre para tratar con él por la apertura superior de la mazmorra y volvieron a hacerlo pero esta vez con total libertad, pues la puerta de la torre estaba abierta, mientras carcelero y alcaide estaban escuchando misa.

Torre en la que estaba encerrado Miguel García,
 delante una parte del lienzo de la muralla desplomada en 2011
Miguel García escapó de su cárcel el día siguiente a la festividad de Santiago, logrando evadirse a través de la lumbrera de la torre con la ayuda de los jirones anudados de una sábana que previamente hizo trizas, o quizás su huida fuera simplemente por la puerta de la torre a la vista de todos. Aunque el alcaide de la fortaleza no dudaba en describir la fuga del preso con un matiz novelesco, cuyo fin no se sabía si era bien para eximirse de toda culpa o bien para realzar la proeza del retenido. Con una soga había ascendido desde el fondo de la mazmorra y utilizando la misma soga, atada al pilar de una ventana geminada de la sala de armas, y una sábana hecha jirones se había descolgado por la pared de la torre. A los testigos, especialmente a los más incrédulos, asombraba la habilidad de Miguel García para lanzar desde el fondo de la mazmorra la soga con un palo atado y más que hubiera quedado atravesado, para hacer de apoyo, en la apertura del techo de la mazmorra y subir hasta él. El tema era objeto de discusión entre los vecinos, aumentando la aureola de Miguel García como un héroe
que el palo que diçen que travesó en la dicha boca de la dicha mazmorra, avía de ser por milagro e no por fuerça echándolo desde abaxo para que se trabesase en la dicha boca, porque syno fue puesto por mano
Así para no aumentar la leyenda de Miguel García se optó por buscar cómplices en la fuga y éstos sólo podían ser los familiares y el guarda de la torre. A falta, pues, de presidiario, le tocó pagar las culpas a su anciano padre, Pedro García. Si su mujer tenía genio, este hombre no lo había perdido a pesar de su vejez. Hasta su casa fue el fiel Juan del Toro a cumplir con las órdenes del señor: pago de cincuenta reales, o embargo de bienes en caso de impago, y prisión del padre del fugitivo. El anciano juramentó a Dios que ni iba a pagar ni a ir a la cárcel, y mucho menos a dejarse arrebatar unas fanegas de cebada como pretendía el alguacil; además sacó a relucir un viejo asunto, maldiciendo a los bellacos y malsines que le habían llevado ochenta reales por echar un asno a las yeguas. Amenazante se mesó las barbas diciendo que ni el alguacil ni su teniente eran hombres para él y que si tuviera las barbas prietas como las tengo blancas aún fuera el diablo. El gobernador ordenará después al alcalde de la hermandad de la villa, Francisco de Torres, para que acompañado de los alguaciles llevaran preso a la cárcel a Pedro García. De nuevo los alguaciles se personaron en la casa de Pedro García para embargar unos costales de cebada, encontrándose con la oposición de su mujer que atrancó las puertas y agredió al alguacil Juan Hernández. Francisca Redonda seguiría a su marido en el mismo destino. Uno y otro, dos ancianos, serían atados con grillos y una cadena. Era un cinco de agosto de 1566. Diligencias similares se llevaron a cabo en la casa del hermano de Miguel, en busca de su sobrino Francisco, pero éste ya se hallaba huido y ni siquiera aparecía amenazante por el pueblo, tal vez había ayudado a la fuga de su tío. Aunque más bien su huida responda al temor a las represalias, pues en un primer momento se refugia con su padre, también en fuga, en el convento de frailes trinitarios. Posteriormente ambos, junto a otro hermano, Alonso García, abandonarán la villa.

Pero hasta ese momento, el pánico se apoderó del pueblo. A los García, bien al fugitivo Miguel o bien a su hermano Francisco y a su sobrino Francisco el mozo, se les veía por las calles con arcabuces o perjurando que iban a matar al señor de la villa o profiriendo sus amenazas en el monasterio de trinitarios de Nuestra Señora de la Concepción, donde se solían esconder, hasta que los frailes atemorizados los echaron. Por un momento la historia de estos días de Santa María del Campo es un anticipo de la España del bandolerismo del siglo XIX, donde los delincuentes tienen cierta aureola de defensores del bien común frente a los poderosos. Ahora, la colisión de intereses es más simple: los agricultores acomodados aguantan cada vez menos las presiones señoriales de los Castillo Portocarrero.

Si la figura de Miguel García es la del campesino afrentado que se ve inmerso en un proceso judicial, visto por el interesado y su padre como un escarnio público, ante sus convecinos, que mancha el buen nombre y honor de la familia. La figura de Francisco García el mozo sobrepasa a la de su tío y su abuelo, va más allá, pues pretende simple y llanamente matar al señor de la villa, como única forma de reparar el honor familiar. Con él, arrastra a toda la familia. Es entonces, cuando don Antonio del Castillo Portocarrero, consciente del peligro subversión que corre la villa, publica su edicto contra Francisco el mozo; el mismo edicto es pregonado en la plaza pública. Va contra el delincuente pero va dirigido a todos los vecinos, como señal de advertencia
Sepan todos los veçinos y moradores abitantes en esta villa de Santa María del Campo y a los parientes, amigos y valedores de Francisco García de Mingo Martín el moço veçino desta dicha villa cómo el Illre. señor don Antonio del Castillo Portocarrero çita, llama y enplaça por primero pregón a Françisco García de Mingo Martín el moço, veçino desta villa, hijo de Françisco Garçía de Mingo Martín sobre rraçón del delito que cometió contra Juan Cano de Buedo, alcalde hordinario desta villa, que andando rrondando a veynte y dos días del mes de junio topó con el dicho Juan Cano de Buedo alcalde y le puso el arcabuz a los pechos... e lo quiso matar ... y le manda que dentro de los nueve días primeros syguientes se venga a presentar en la cárçel pública... y mando poner sus cartas de heditos en la audiençia pública desta villa donde manda que esté los dichos nueve días ... en veynte e nueve días del mes de julio

Lo preocupante era las complicidades con las que contaba Miguel García y sus deudos en el pueblo. El arresto de Miguel García no se nos antoja como el de un perseguido de la justicia. De hecho, se produjo en el pozo de agua, mientras daba de beber con un caldero a sus mulas, cargadas de mies. Según narraba Juan de Toro Ramírez, alguacil mayor de la villa, de treinta y cinco años, el incidente del mordisco había ocurrido a plena luz del día, en la plaza pública y ante varios vecinos, todos ellos en actitud pasiva y de complacencia. Juan de Toro, había ayudado a don Antonio a sacar de la iglesia a Miguel García, pero antes tuvo que escuchar de un vecino llamado Agustín Segovia, que no se entrometiera en el asunto si quería seguir teniéndole como amigo y fueron varios los vecinos que prestaron su apoyo al retraído en la iglesia. Incluso el alguacil Juan del Toro sospechaba que alguien había ayudado a escapar al preso del castillo de Santiago de la Torre. Es más, el carcelero Juan de Torres acabó en presidio.

El carcelero del castillo, Juan de Torres era el que más sabía y así lo demostró en su confesión. Su defensa fue torpe, este hombre reconocía haber cenado la víspera de la fuga con Miguel García, charlando amigablemente hasta la una de la noche, pero después se había quedado dormido profundamente junto a la lumbrera de la mazmorra. Reconocía que Miguel García confesaba querer irse de su prisión, y lo contaba como algo natural, aunque siempre procuraba implicar a Juan Cano como último responsable. Esto era demasiado, pues desbarataba la historia romántica del prófugo Miguel García, para concluir que todo era una componenda del alcaide de la fortaleza, un hombre de confianza de los Castillo Portocarrero.

Sin esas complicidades no se entiende que lo que a simple vista parece un problema de delincuencia común se convirtiera en una subversión social. El momento clave se produjo cuando Miguel García fue humillado a vergüenza pública a lomos de un asno. El primero en protestar, al ver a su hijo ante tal humillación, fue Pedro García. Sus palabras eran las de un padre herido en su orgullo, pero ante todo la negación de cualquier subordinación a cualquier señor, pues, reivindicándose como hombre, defendía la valía personal de cada cual, independientemente de las subordinaciones sociales que a cada uno la vida le deparaba. Pedro García, que se presentó como un hombre de verdad y conciencia, lanzó sus palabras valientes y subversivas en medio de la plaza repleta de vecinos, diciendo que no debía nada a su señor y que él era
mejor que el dicho don Antonio e de mejor casta e que él lo provaría sy hera menester e que no lo estimava en lo que pisava arrastrando los pies por el suelo a manera de puntillaços e tornó a desçir otra vez que no lo tenía ny estimava al dicho señor don Antonio en dos marauedís e que no lo afrentavan a su hixo por traidor y por ladrón
El alcalde Francisco de Urriaga mandó echar a Pedro García, que maldiciendo abandonó la plaza. Pero sus palabras eran expresión de un malestar generalizado, que condujo a Antonio del Castillo Portocarrero a suspender la sentencia. Pedro García no estaba solo, un vecino le acompañó en su salida de la plaza; una vez en casa, intentó que un vecino de La Alberca llamado Isidro Sanchez, pariente de la familia, llevará un mensaje hasta Cuenca para censurar allí la conducta de don Antonio del Castillo, aunque, según él mismo, el fin de su viaje era acudir hasta un rastrojo próximo para avisar a Francisco García de las vergüenzas públicas que iba a padecer su hermano Miguel. Es en este contexto, de temor a una reacción violenta de la familia García, en el que Miguel García es trasladado al castillo de Santiaguillo.

Hoy se nos escapa el simbolismo de estas demostraciones de justicia pública, como no llegamos a entender el sentido del honor o el orgullo de los vecinos de Santa María del Campo Rus en aquellos tiempos. Pero hemos de entender que estos escarmientos públicos reducían a la condición de apestados en su comunidad a aquellos que los padecían. A ellos y a sus familias; de ahí la reacción orgullosa del anciano Pedro García, defendiendo su casta personal o denostando a su señor, comparando la valía de don Antonio del Castillo con el escaso valor de una moneda de dos maravedíes. Hemos de imaginar la escenificación de un acto judicial como eran las vergüenzas públicas: una plaza del pueblo a rebosar de vecinos, presidida la ejecución de la pena por el señor del pueblo y sus justicias en un estrado, mientras un pregonero, en altas voces enumeraba los delitos, acompañado, todos ellos a caballo, por el alguacil mayor de la villa y el escribano para dar fe. En el polo opuesto, la humillación de un reo desnudo y atado a lomos de un burro, escuchando las acusaciones, junto a la columna del rollo o picota que estaba situada en medio de la plaza del pueblo. Era una representación que condenaba al reo a la exclusión de su comunidad y a la reprobación de sus paisanos, que condescendían en el acto con la complicidad de su silencio. Fue justamente ese silencio, muestra de obediencia y sumisión a la autoridad, el que se rompió con las valientes palabras del anciano Pedro García. Un hombre herido en su orgullo por la humillación de su hijo. Antes de declamar contra la autoridad de su señor, el pobre anciano, atemorizado, apenas si mascullaba entre bufidos una ininteligibles palabras, mientras se daba valor a sí mismo dando patadas en el suelo. Y lo hace defendiendo su integridad y la de su familia con el enaltecimiento de los valores de la época, entre ellos, y el principal, el de la casta. Es decir, de quien es cristiano viejo libre de toda mancha de casta mora o judía, frente a un señor y nobleza regional, cuyos antecedentes conversos pervivían en la memoria colectiva de la comunidad. La omnipotencia y riqueza del señor de la villa frente a la pureza de la casta de un campesino no valía ni dos maravedíes. De la defensa personal se pasaba a continuación a justificar el asesinato del señor como simple tiranicidio. La suspensión de la condena de vergüenzas del reo, por don Antonio Castillo Portocarrero, deslegitimaba su autoridad ante la comunidad de sus vasallos.

Tras la huida de Miguel García y el arresto de su padre, el clima en el pueblo es de subversión social. Las amenazas de los García, y sus valedores, contra don Antonio ya son de muerte, e que avía de ser la más pequeña tajada el oreja. Amenazas reales, pues un huido Miguel García se paseaba por el pueblo con su hermano Francisco y sus dos sobrinos, Alonso y Francisco, todos ellos armados con sus arcabuces. La confrontación era abierta y directa. Hasta Santa María del Campo Rus acudió Juan del Castillo, tío de don Antonio, con el fin del apaciguar la tensión en el pueblo. Francisco García, hermano de Miguel, se le enfrentó cara a cara a Juan del Castillo en las casas de un vecino del pueblo llamado Andrés Redondo, espetándole que su hermano Miguel era un hombre de bien y que lo único que había que temer no era por su hermano sino por el señor don Antonio si le venía algún mal al reo. La respuesta de Juan del Castillo fue débil: los García no tenían hacienda para sostener un pleito en la Chancillería de Granada. Era darle la razón a los García, cuya única culpa era no disponer de los recursos para defenderse ante la justicia.

Entretanto la tensión crecía en la calle, la cárcel se llenaba de familiares y valedores de Miguel García. El último en llegar un diez de agosto fue el propio carcelero de Santiago de la Torre, Juan de Torres, acusado de complicidad en la fuga de Miguel García. Juan de Torres tenía poco de cómplice, más bien de buena persona, ocupándose que el preso comiera todos los días a través de la lumbrera de la mazmorra que daba al patio de la fortaleza. Aunque hay que reconocer que se excedía en sus obligaciones pues se desplazaba media legua hasta El Provencio para comprar allí pan, vino y pescado. Pronto le seguiría en la cárcel Cristina Redonda, la sobrina de Miguel, aunque logró salir con fianzas. Luego siguieron el destino carcelario otros, como Melchor Rubiales, Martín Blanco, fiador de Francisco hermano de Miguel, Andrés Redondo, fiador de Isidro Sánchez, el pariente de La Alberca. El régimen carcelario se hacía más riguroso, prohibiéndose visitas y llevar alimentos o ropas a los presos.

¿Quiénes eran estos García? Era una familia extensa, a Francisco, hermano de Miguel, se le conocían seis hijos. Sabemos de parientes en La Alberca y en El Provencio. Era una familia muy estructurada y jerarquizada en torno al patriarca de la familia, Pedro, de setenta y ocho años, y su mujer Francisca, de sesenta y seis años. Era asimismo una familia de campesinos, Miguel llevaba mies en sus mulas cuando se enfrentó con el alguacil Francisco Moreno; su sobrina Cristina Redonda estaba trillando en la era a comienzos de agosto y el secuestro de bienes de Pedro García comienza por trece fanegas de cebada y él mismo llega, en el preciso momento del secuestro de bienes, procedente de la era con una horca. Pero es de suponer que era una familia campesina acomodada. Labradores ricos, pero analfabetos. Se dedicaban al cultivo de campos de cereal, cultivo con tierras muy aptas en Santa María del Campo Rus frente a las poblaciones del sur dedicadas a la vid. Los vestidos de Miguel García, encontrados en una arca y embargados, demostraban una posición social: dos calzas, unas plateadas y otras blancas, capa y sayo de velarte, gorra de terciopelo y jubón de telilla. El colchón y almohada que su padre le llevó a la mazmorra estaban rellenados de lana, no de paja. Pedro García es rico; sabemos por su mujer, que en la arenga de la plaza, Pedro le recordó a su señor haberle dado ya once mil maravedíes; muestra que intentó una solución de conciliación en las muertes provocadas por su hijo y muestra de su riqueza. Además, Pedro García estaba metido en el lucrativo negocio de echar las yeguas al garañón; creemos que los problemas que aquí tuvo están relacionados con la orden real de facilitar la reproducción de caballos para la guerra frente a lo más común en la época que era la cría de mulas, un animal que estaba sustituyendo de forma acelerada a los bueyes para la labranza, alcanzando precios astronómicos. Y para ser simples campesinos, eran campesinos muy bien armados. Aunque, como siempre, las armas llegan después, los conflictos de intereses son anteriores.

El veinticinco de agosto don Antonio del Castillo Portocarrero, que ha desaparecido de escena tras la fuga de Miguel García, ya está de nuevo en Santa María del Campo; asiste a la declaración de Melchor de Rubiales, se muestra conciliador y se apiada de este hombre para que quede libre, pues es padre viudo de siete hijos. Pero su misericordia es interesada, Melchor es aquel hombre que gritó en la iglesia lo de favor en la corona, palabras cuyo significado es la defensa de la jurisdicción privativa de la iglesia y la inmunidad de los espacios religiosos y los clérigos coronados. Es más, Melchor debía ser el mensajero para llevar la misteriosa carta que Hernando de Villagarcía, el otro retraído en la iglesia con Miguel García, escribió a Cuenca. Dicha carta denunciaba sin duda la intromisión de don Antonio Castillo Portocarrero en la jurisdicción eclesiástico y le conducía a ser sometido a juicio ante el provisor de Cuenca o, lo que era más posible, a su excomunión y expulsión de la iglesia.

Para el veintiocho de agosto, la situación en el pueblo parece más tranquila. Se toma declaración a Pedro García y su mujer Francisca Redonda. Si Francisca parece más conciliadora, aunque midiendo sus repuestas, negando cualquier respuesta que pueda comprometer a su familia, Pedro García, ya próximo a los ochenta años, no ha perdido un ápice de su orgullo. Niega de forma tajante todas las preguntas una por una. La testarudez del viejo contrasta con la mayor benignidad de la justicia del gobernador, que va dejando en libertad bajo fianza a los presos, acabando con el rigor carcelario. Poco a poco se busca una solución pecuniaria. El primero en salir de la cárcel es Juan Torres, el carcelero de Santiago, con la excusa de unas calenturas. Para el matrimonio de ancianos las posiciones son más enconadas. Es natural, los hermanos Miguel y Francisco el viejo, junto a los hijos de éste, Francisco el mozo y Alonso, y Hernando Villagarcía siguen huidos; según las noticias, en la localidad de Lezuza. Hasta allí se manda carta requisitoria para la entrega de los fugados.Con pocos resultados.

Por fin, ya el cinco de octubre, el que cede es Pedro García, que manda una petición suplicatoria a don Antonio Castillo Portocarrero. Pedro García, acepta a don Antonio como su señor (beso las manos de v.m.), pero no reconoce culpa alguna y pide su libertad y la de su esposa por motivos de edad y por estar enferma su mujer. Su estancia en prisión ya va para dos meses. La solución dada es monetaria, obligación de dar fianza, y política (reconocimiento del vasallaje debido), aunque presentada como solución humanitaria, atento a su edad ya que sus delitos no lo meresçen, dirá don Antonio. El paso del tiempo convierte el potencial conflicto social en hechos de delincuencia común. Solo entonces, el veinte y uno de noviembre de 1566 se pronuncia el Consejo Real, comisionando al gobernador del Marquesado de Villena para actuar contra los huidos. Es una comisión de veinte días de plazo de término y, por tanto, aunque lo desconocemos, poco creíble que diera frutos. Poco importa, pues lo fundamental es que las cosas habían cambiado radicalmente en Santa María del Campo Rus.

¿Quién había ganado y quién había perdido en este enfrentamiento? Ni don Antonio del Castillo Portocarrero había ganado ni los García habían perdido. Los Castillo Portocarrero abandonaron definitivamente Santa María del Campo Rus y Santiago de la Torre en 1579. Santa María del Campo Rus fue permutada, en un acuerdo con la Corona, por don Antonio Castillo Portocarrero por la villa zamorana de Fermoselle. Pero el precio fue alto para los vecinos de Santa María del Campo, que debieron comprar su libertad por 16.000 ducados. El 17 de marzo de 1579 se les reconocía el derecho de villazgo y jurisdicción propia. La villa de Santiago de la Torre fue comprada por don Alonso Pacheco y Guzmán, que la recuperaba de nuevo para la familia. Don Alonso fundaría mayorazgo con estas propiedades, que de este modo, con sus avatares y disputas familiares, que quedaron convertidas en la finca de los Pacheco de San Clemente y, circunstancias del destino,integrada en el término de esta villa en nuestros días. Los Castillo Portocarrero, que habían adquirido ambas villas de don Rodrigo Rodríguez de Avilés en 1428, perdían definitivamente Santiago de la Torre en favor de los Pacheco.

Si cabe hablar de un gran fracaso, este es el de los García. No es un fracaso personal, es el fracaso de una capa de agricultores acomodados que soñaron hacer de Santa María del Campo Rus una república de labradores ricos. Con el villazgo de 1579, el poder de la villa acabó en manos de escribanos y abogados, la alianza circunstancial de estos advenedizos con los agricultores fue interesada y temporal. Por eso, en los sucesos de 1582, de nuevo un labrador, Martín de la Solana, al igual que el anciano Pedro García, defendió las libertades de la villa ante el gobernador del Marquesado de Villena, Mosén Rubí de Bracamonte. Fue el primer apartado del poder, como lo serán después los advenedizos licenciado González o los Gallego. Cuando en las fiestas de San Mateo de 1582, el gobernador Rubí de Bracamonte se rodea de la vieja nobleza regional en aquel banquete que es respondido por los santamarieños con una rebelión popular, está anunciando el futuro. La rebelión de 1582 sí tiene ahora ese fuerte matiz social que faltaba a los altercados de los García. Sofocada, los agricultores ricos son los perdedores definitivos; el poder local cae de nuevo en manos de los viejos aliados de la familia Castillo Portocarrero, los de Toro y los Rosillo. Pero es algo pasajero, la nobleza regional se está recomponiendo, como lo hacen sus propiedades agrarias,  nuevos actores aparecen en escena como los Piñán Castillo o los sempiternos Ruiz de Alarcón. En 1608, Santa María del Campo pierde su libertad y es vendida a Diego Fernando Ruiz de Alarcón. Cinco años antes, Santiago de la Torre ha devenido en una propiedad integrada en el mayorazgo de los Pacheco.

 AGS. CRC, Leg. 492, Exp, 5. Don Antonio del Castillo Portocarrero frente a Miguel García y consortes. 1566

sábado, 19 de diciembre de 2015

Genealogía de los señores de Minaya

Introducirse en la villa de Minaya es fundamental para conocer un poco más de la historia de la villa de San Clemente y una de las familias dominantes del poder local, los Pacheco, que vía matrimonial con los Castillo se introducirían en la vida de esta última villa, con un claro afán dominador desde el último tercio del siglo XVI y primera mitad del siglo XVII. La alianza de los Castillo y los Pachecos se forjaría en la alianza de Alonso Pacheco, hermano del señor de Minaya con Juana de Toledo. Una alianza de segundones de ambas familias que, por azares sucesorios, tendría un segunda alianza entre ambas familias por el casamiento de Juan Pacheco y Guzmán con doña Elvira Cimbrón, o del Castillo; matrimonio que marcaría el apogeo de los Pacheco en la vida local sanclementina de fines del quinientos y comienzos del seiscientos.

Ese afán de dominación se tradujo en un fracasado proceso de señorialización sobre la villa de San Clemente, cuyo episodio más conocido es el pleito por Perona, y de patrimonialización con la fundación del mayorazgo de esta rama autónoma de los Pacheco.
Aquí reproducimos la genealogía de los señores de Minaya desde su comienzos en la época de la Reconquista. El apellido Pacheco tardará en aparecer, siendo los primeros en aparecer los Ortega.

Descendencia y Genealogía de la Casa y Mayorazgo  de la villa de Minaya que es en la Mancha que diçen de Aragón. El solar de los Abileses es en las Asturias de Obiedo a la ribera de la mar cerca de la villa de Gijón y Villabiçiosa y no lejos de nuestra señora de Cobadonga, así que lo que se alla de linaje de los caualleros hijosdalgo de Abilés es que aunque ay muchos en muchas partes como en Murçia, Málaga, Velmonte y Alcaraz en fin, la caueza de todos es oy la casa de Minaya, que es en la Mancha que diçen de Aragón= Juan de Ortega de Abilés fue el primero que entró con los Reyes de Castilla conquistando el obispado de Cuenca, el qual pobló el Rey Don Alfonso el nono dejó allí los caualleros Jarabas, diçiendo poblada el lugar de los mejores caualleros que pudo hauer hijosdalgo, este cauallero vino viudo diçen casó con doña Theresa de Castro, Rodrigo Rodríguez de Abilés hijo mayor fue adelantado del Reyno de Murçia hasta que su Magestad probeyó el ofiçio en fulano de Ribera, en este término vinieron los moros de Granada a zerrar un castillo y fortaleza que está abajo de Lorca junto a un aldea y su Magestad mandó a Rodrigo Rodríguez de Abilés socorriese al dicho Adelantado Ribera y hauiéndolo hecho y socorrido el Castillo y sustentádolo sesenta días por falta de vastimentos se dieron al capitán moro que lo tenía cercado con tres mill hombres y entre los demás cautibos lo llebaron  a él cauallero con grande veneración como a hombre tan principal auiendo estado muchos días preso por no poder el rey rescatallo vendió para ello a Santiago el Quebrado y a Martín de Veco y otros lugares que heran suyos, se casó con Doña María de Peralta hermana del señor de la Puebla de Almenara que entonces hera, tubieron por hijo a Don Rodrigo Rodríguez de Abilés que llaman el mozo, casó con doña Beatriz Fernández Pacheco primero señor de Velmonte tubieron por hijos a Juan de Ortega de Abilés que fue el maior murió sin hijos, Rodrigo Rodríguez de Abilés hijo segundo mas como los maestres sus primos le tomaron y criaron en la corte e hiçieron mayordomo del Prinçipe de Asturias que se llamó después Enrique quarto Rey de Castilla lo llamaron Pacheco que fue en la casa de Minaya el primer señor y Pacheco el susodicho Rodrigo Rodríguez Pacheco que con este apellido continuaremos la descendencia de esta casa, casó con doña Cathalina Ruiz de Alarcón, hija del señor de Valberde, tubieron por hijos a Juan Pacheco que casó con doña Leonor de Guzmán de los buenos de Toledo cuyo Mayorazgo tiene oy en su casa el conde de Alba de Liste tubieron por hijo a don Rodrigo Pacheco, señor de Minaya de Mendoza nietta del Marqués de Mondéjar tubieron por hijos a Juan Pacheco que casó con doña Juana de Alarcón murió sin hijos, hereda la casa don Françisco Pacheco hijo segundo casó con doña Juana de Alarcón y murió sin hijos hereda la casa don Françisco Pacheco hijo segundo casó con doña María de Alarcón, siruió este cauallero a la Magestad Cathólica del emperador Carlos Quinto en todas las guerras de Alemania e Italia y se halló en su coronación en Volonia, siruiendo de capitán de los entretenidos cerca de la persona real y después fue siruindo en la jornada de Argel a su costa en que consumió y gastó la mayor parte de su hazienda y en otras muchas partes y ocasiones tubo un hermano en la Osa de Velmonte del háuito de Calatraua tubieron por hijo a don Rodrigo Pacheco que casó con Doña María Ramírez hermana de Don Seuastián Ramírez del háuito de Calatraba en Villaescusa de Haro, sobrina de don Diego Ramírez obispo que fue de Cuenca, tubieron por hijoa don Juan Pacheco del áuito de Santiago señor de Minaya, Jentil hombre de la casa y corte del rey Phelipe Segundo embiólo con otros seis caualleros a sentarlos caualleros de quantía del Andalucía fue corregidor de Segobia y de Granada y Mayordomo de la Reyna casó con doña Theresa Jaraba, hija única del lizençiado don Gaspar de Jaraba que fue del Consejo y Cámara de su Magestad e vistó los Consejos y la Universidad de Salamanca fue albaçea de la Magestad del Emperador Carlos quinto y últimamente presidente y virrey de Méjico en comisión particular contra los hijos de Cortés y su mujer tuvieron por sus hijos a don Rodrigo Antonio Pacheco del háuito de Santiago fue a la jornada de Yngalterra y siruió en otras ocasiones fue capitán de Ynfantería española y conserbador del Patrimonio real en Sicilia casó con doña Marina de Córdoba y Carrillo hija de don Gerónimo de Valenzuela y Córdoua alcayde que fue de la real fortaleza de Baeza tuvieron por hija única y heredera en la casa y mayorazgo de Minaya que oy posee a doña Josepha Pacheco y Córdoua señora de Minaya como pareçe y consta todo lo referido del dicho árbol que volví a entregar a dicho don Françisco Antonio de Lityo (?) a que me refiero y para que conste doy el presente en la villa de Minaya a treinta y un días del mes de diciembre de mill seisçientos y nouenta y siete años

De la misma forma se conserva en el documento, que al presente tratamos como referencia, una descripción de los señores propietarios de Minaya. Se trata de las conclusiones de la  probanza hecha en el pleito mantenido a mediados del siglo XVIII entre el dueño de Minaya, don Diego Mesía y Pacheco, y ochenta y cinco vecinos de Minaya. En favor de las alegaciones del señor de Minaya acudieron treinta vecinos, siete de ellos de la villa de San Clemente.

... pues lo que aparezía de todos los instrumentos presentados era que la villa de Alarcón y San Clemente hizieron una donazión de un pedazo de tierra y en otra ocasión la misma villa de Alarcón por sí sola hizo otra, ambas en lo antiguo que presentadas a los señores Reyes confirmaron estas donaziones a dos hijos del primer adquiriente yncluiendo en la confirmación la merced que el Infante don Juan hauía hecho a dicho primer adquiriente de que pudiese poblar en la puebla de Minaia zien probladores y así mismo le conzedió la jurisdición ziuil y criminal para dichos dos hixos y los que de ellos viniesen por juro de heredad su fecha en veinte y seis de abril, era de mil quatrozientos y ocho(año 1370) y prosiguiendo otras confirmaziones de diferentes señores reyes a instancia de Francisca Alonso hija que se dize y heredera de Diego Fernández de Cuenca primer adquiriente y a instancia así mismo de Aldonza Suárez de Figueroa y Juan de Ludeña su marido que era en el año de mil quatrocientos y veinte hauían comprado según referían a Minaya de los antezedentes y posteriormente los dichos Ludeña y Aldonza su mujer la vendieron a Rodrigo Pacheco según también se refería en la confirmazión del año de mil quatrozientos y zinquenta y nueve que aunque no se menziona la fecha de la venta se quería aplicar la que se hauía presentado y se llamaba orijinal del año de mil quatrozientos y quarenta y quatro en que por nobenta mil mrs. de la moneda entonces corriente se vendía la jurisdicción y demás derechos que pertenecían a los posehedores de Minaia y finalmente la última confirmazión fue del año de mil quinientos sesenta y tres y que aun quando fuese zierto que el único título fuese el de la venta presentada se descubría de ella y del tetimonio de las confirmaziones referidas que ni la villa su parte pudo tener notizia para usar de su derecho el tiempo de la venta ni hauía podido nunca estar en otro conzepto el derecho de los posehedores en el común sentir del vezindario que el de poseer la jurisdicción señorío y vasallaje en virtud de la merced que de esta hizo el señor rey don Enrique a los dos hijos de Diego Fernández de Cuenca que fueron los primeros adquirientes y por deszendiencia de ellos, aunque su parte lo fuese en virtud de las donaziones de Alarcón y San Clemente de la tierra que le donaron con que se ebidenziaba la ygnoranzia justa de las referidas compras expezialmente en quanto a la jurisdiccióny también de reconozimiento que esta se conzedió a dichos dos primeros adquirientes  y a los que de ellos prozediesen por juro de heredad todo lo qual se auía narrado en las confirmaziones con tanta limitazión que hauía sido imposible que se descubriese el derecho asta que a fuerza de diligenzias se hauía reconozido por venta y no por nuestra estaba poseiendo la contraria


(de las conclusiones de la probanza solicitada por don Diego Manuel Mesía y Pacheco, vecino y alférez mayor perpetuo de la ciudad de Ubeda y dueño de la villa de Minaya, en el pleito con ochenta y cinco vecinos de esta villa)

FUENTE

AHN. CONSEJOS, Legs. 37776, 37621, 37678, 37783. Pleito entre el Marqués de Bedmar y la Marquesa de Villena y Aguilar, Duquesa de Escalona sobre la sucesión en propiedad de los estados y mayorazgo de Belmonte, Villena, Escalona y otros. 1771

domingo, 29 de noviembre de 2015

El mayorazgo de los Castillo Portocarrero: Santa María del Campo Rus y Santiago de la Torre (1443)

El 3 de noviembre de 1443, en Tordesillas, el doctor Pedro González del Castillo y su mujer Isabel de Puertocarrero fundan mayorazgo en favor de su hijo Juan del Castillo. El mayorazgo era una figura jurídica que tenía por finalidad evitar la dispersión del patrimonio familiar, garantizando su transmisión al primogénito y excluyendo al resto de los hermanos. La escritura de fundación de mayorazgo se nos ha conservado en el Archivo Histórico Nacional, en su sección nobleza, desde algunos años en Toledo, y, concretamente, en la casa de los condes de Luque.

El mayorazgo incluía como bienes la villa de Santa María del Campo Rus, el lugar de Santiago de la Torre, la heredad de Las Pedroñeras, otra del Robledillo, una casa en Castillo de Garcimuñoz  y diversas posesiones en Salamanca: casas en la colación Santa Olalla, cuatro ruedas de aceña en el río Tormes y la heredad de Villorruela, en cuyo lugar se subrogó la heredad de Palacios Rubios. Además de 8.000 maravedíes por juro de heredad concedido por Juan II, situados sobre rentas del obispado de Salamanca.
La escritura de mayorazgo, precedida de un albalá de Juan II reconociendo la emancipación del hijo del doctor Pedro González del Castillo, Juan del Castillo, por entonces un menor de siete años, hacía donación de los siguientes bienes:

otorgaua e otorgo e porque el dicho juan del castillo su fijo sea más honrado e tenga más bienes para su prouisyón e mantenimiento el dicho doctor dixo que era su voluntad de le façer e façía donaçión de la villa de santa maría del campo e del su lugar de santiago de la torre e de la heredat de las pedroñeras e de la heredad del rrobledillo e de las casas e cueva e vaxillas quél ha en la villa del castillo en la calle de la corredera e de las casas que tiene en la çibdad de salamanca de lo que a él pertenesçe a la collación de santa olalla e de las quatro rruedas de açeña que el tiene en el rrío de tormes que llaman de la piñuela e de la heredad de villoruela con todo lo que el tiene e posee en la dicha villoruela

Además se incorporaba en aquel momento un juro de diez mil maravedíes, propiedad de Isabel Portocarrero, sobre las alcabalas del vino de Salamanca. El mayorazgo sería modificado una primera vez el 1 de agosto de 1447:

dixo que por quanto él auía dado  a vuelta de las otras heredades e cosas de que él auía fecho mayoradgo al dicho juan del castillo puertocarrero su fijo las sus casas e heredad que él tenía e poseya en villoruela e su término aldea de la çibdad de salamanca que agora quería dar e façer mayoradgo otra heredad de más valía e mejor e de más rrenta quél assymesmo tenía e poseya en palaçios rruuios lugar de la dicha çibdad de salamanca e en su término en lugar de la dicha heredad de villoruela

En el documento estudiado aparece inserto también el testamento del doctor Pedro González del Castillo, fechado el 7 de mayo de 1448, donde manifiesta su deseo de ser enterrado en la iglesia del lugar de Santiago de la Torre, aunque abría la posibilidad de otro enterramiento si así lo decidían su mujer, su hermano Fernando González del Castillo y su padre espiritual fray Martín de Logroño. Sabemos, como ya hemos referido en otro artículo, que el lugar final de enterramiento sería en una capilla del convento de San Agustín del Castillo de Garcimuñoz, donde había fundado una capellanía provista  de 2.250 maravedíes sacados de las rentas de Santa María del Campo, y hecho diversas donaciones. Disponía el traslado del cuerpo de su primera mujer, enterrada en Ocaña, al lugar de Santa María de la Vega en Salamanca. Su desprendimiento era paralelo a su riqueza, haciendo donaciones a sus parientes, allegados y criados en la interminable relación que aparece en el testamento. El gran beneficiado era su hijo Juan, heredero universal y en quien recayó la posesión del mayorazgo, cuyos bienes ya conocidos se detallan, añadiéndose el oficio de la escribanía mayor del obispado de Palencia y otras rentas. A continuación legaba diversos bienes a su mujer y 700 florines de oro.

Nos interesa, por su interés para nuestra zona, el legado usufructuario que hizo en vida a su hijo natural, el licenciado Fernando González, y al que ahora reconoce la plena propiedad:

yo le di el vsufruto de la parte que yo he de los molinos que dizen de pero ferrnández que son en el rrío de Xúcar en el término de la dicha villa del castillo que son la meytad mios e la otra meytad de lope de alarcón e asymesmo la heredad de sant clemente e las huertas e viñas del castillo e las dehesas del loluuilla e del galapagar que son en término de alarcón

El testamento en sí merecería un estudio más amplio; su extensión, personas, bienes y rentas son suficiente materia para un estudio más detenido.

FUENTE

AHN. SECCIÓN NOBLEZA. LUQUE. C.112, D. 1. Escritura de mayorazgo fundado por el doctor Pedro González Castillo, 28 de mayo de 1487.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Linajes de Santa María del Campo: Los Castillo, descendientes de Clemen Pérez de Rus

Presentamos, dentro de la serie linajes, la genealogía de los Castillo de Santa María del Campo. Como ya vimos en otro artículo,  se hace mención al fundador de la villa de San Clemente, Clemen Pérez de Rus, antecesor de la familia, a la edificación del castillo de Santiago de la Torre por el doctor Pedro González del Castillo, la construcción de la Torre Vieja de San Clemente por su hermano Hernán González del Castillo y otras curiosidades.


Genealogía de los señores de S. María del Campo, que tienen por sobrenombre y apellido del Castillo los quales procedieron del buen cauallero Clemen Pérez de Rus, que fue el primer hombre que edifico casa en la villa de San Clemente en la Mancha, de quien asimismo, procede don Lope Guzmán como hixo de doña Catalina de Aragón y nieto de doña Luisa de Aragón, visnieto de Juan del Castillo Puertocarrero, señor de la billa de Santa María del Campo, e rebisnieto del doctor Pedro Gonçalez del Castillo, del consexo Real del Rey don Juan el segundo e trasrebisnieto de Lope Martínez del Castillo Macacho, hixo de Alonso Martínez Macacho, el qual fue hijo del dicho Clemen Pérez de Rus, por manera que el dicho Clemen Pérez es otauo agüelo del dicho don Lope de Guzmán.

Clemen Pérez de Rus fue natural de Rus que era un castillo pequeño (una legua de la villa de San Clemente encima del río) cuios edificios aún ahora permanecen aunque mui derribados en la Mancha, fue cauallero e hixodalgo según parece por un letrero y epitafio que está en su enterramiento en la capilla maior de la villa de San Clemente del qual ansimismo parece que el dicho Clemen Pérez fue el primero fundador de la dicha villa, el qual letrero y epitafio dice de esta manera:
         Aquí yace el honrrado cauallero Clemén Pérez de Rus, el qual fue el primer hombre que fundo casa en este lugar=

Coprueuase esto ansimismo con el dicho testimonio de Florián de Ocampo coronista del emperador nro. sr. el qual entre otros libros dexo un librito escrito de su letra y mano, que tiene el Sr. licenciado Fuenmayor del conxejo de su magestad en el qual por una copla antigua que hiço en tiempo y en la persona de don Bernardino del Castillo Puertocarrero trasrebisnieto del dicho Clemen Pérez de Rus, el qual dice de esta manera;
                                                     copla
          El doctor Pedro Gonçález nieto
          que su casa vinculo
          y el sol del moro gano
          a qualquier reuisnieto
          Clemén Pérez el Perfecto
          a quien espuela calço
          el rey y en el campo dio
          a el castillo más efeto

Junto a esta copla puso el dicho Florián de Ocampo de su misma mano y letras las palabras siguientes:
        fue el doctor Pedro Gonçález del Castillo de noble sangre  hixo de Lope Martínez del Castillo Macacho que fue muy buen cauallero de os Reyes don Henrique segundo y don Juan primero y don Henrique tercero, fue Lope Martínez hijo de Alfonso Martínez el que según algunos fue hixo de Clemen Pérez natural del Castillo de Rus del Castillo de Garcimuñoz hixodalgo, a quien el rey don Alonso armó cauallero y le dio por diuisa un sol demás del castillo que el tenía por armas, porque mató un moro en presencia del rey que traía por armas un sol.

Clemen Pérez de Rus. El dicho Clemen Pérez según algunos y según los testimonios arriua escritos parece que fue padre de Alfonso Martínez del Castillo Macacho.

Alfonso Martínez del Castillo Macacho. Alfonso Martínez Macacho sirbió al Rey don Alonso onceno en el cerco sobre las Algeciras donde sucedió que como un moro que se llamaua Macacho hiciese gran daño en el real de los christianos, el dicho Alfonso Martínez Macacho con licencia del rey don Alonso salió en campo con él y le cortó la caueça y la truxo al rey don Alonso como parece por una escritura e memorial que el Rey don Juan el segundo hiço y otorgó en fauor del doctor Pedro Gonçalez del Castillo oydor del consexo real que fue nieto del dicho Alonso Martínez del Castillo Macacho. Su fecha en la villa de Cuéllar a treynta y un días del mes de agosto del año de mill y cuatrocientos y treynta y seis y por este fecho, el sr. rey armó cauallero al dicho Alfonso Martínez e porque el moro se llamaua Macacho mando el rey que se llamase de oy adelante Alfonso Martínez del Castillo Macacho y porque el moro traya por divisa un sol le dio por dibisa un sol demás de las armas del castillo que tenía y así los señores de Santa María del Campo que son los que uerdaderamente decienden dél traen por armas un castillo y un sol.

Lope Martínez del Castillo Macacho. Tuuo el dicho Alfonso Martínez un hixo que se llamó Lope Martínez del Castillo Macacho.

Deste Lope Martínez hacen mención algunas escrituras auténticas que están en mi poder por el tenor de las quales parece que era muy principal cauallero siruió en la corte del rey don Enrique el segundo y del rey don Juan el primero y del rey don Henrique el tercero como parece por las escritura del rey don Juan el segundo arriua referida que está en mi poder es por la pública uoz y fama que desto se halla en la villa de Ocaña donde sus hixas fueron casadas como luego se tratará y por el dicho testimonio de Florián Ocampo de quien hicimos mención.

Este Lope Martínez casó con Teresa Martínez como parece por una escritura de maiorazgo que fundó el doctor Pedro Gonçález del Castillo su hixo, el qual ynstituió por sucesor de su casa a Juan del Castillo Puertocarrero su hijo mayor, su fecha en Tordesillas en tres días del mes de noviembre de mill y cuatrocientos y quarenta y tres años, donde dice desta manera: y a fallecimiento de los dichos mis hixos y descendientes quiero y mando y es mi uoluntad que aia las dichas mis uillas y lugares el pariente más propinquo uarón nacido de ligítimo matrimonio y de más edad que del linaje e tronco de mi el dicho Pedro Gonçalez del Castillo, ouiere en el dicho tiempo por parte de mi padre Lope Martínez alcayde que fue del rey don Juan e don Henrique en su corte y de Teresa Martínez mi señora madre que Dios aya.

Los dichos Lope Martínez y Teresa Martínez marido y muxer tubieron de su matrimonio tres hixos que fueron:
          - El doctor Pedro González del Castillo del consexo del rey don Juan el segundo
          - Hernán Gonçález que anduuo en las guerras en seruicio del rey don Juan el segundo fue corregidor de Auila
          - Ynés Martínez que casó en Ocaña con Juan Chacón alguacil maior del maestre de Santiago don Albaro de Luna.
Y que estos tres fueron hermanos se comprueua por la escritura de mayorazgo arriua referida en muchas partes della y en la escritura de testamento del dicho doctor Pedro Gonçález del Castillo porque en la escritura de el mayorazgo llama a la sucesión dél a los hixos y decendientes de Juan Chacón marido de Ynés Martínez su hermana y después dellos llama a García de Bustos y a Hernando de Bustos, tanuién se prueua en la escritura del testamento del doctor Pedro Gonçalez del Castillo.

El doctor Pedro Gonçalez del Castillo. El doctor Pedro Gonçález del Castillo fue doctor en la uniuersidad de Salamanca y gran letrado y después alcalde en la corte y casa del rey don Juan el segundo y después fue de su real consexo, i del hace mención la corónica en el capº 155 del año ueyntinueue y en el capº 3 y del de quarenta y dos fue fauorescido el dicho rey don Juan el segundo y mui cabido y amigo del maaestre de Santiago don Albaro de Luna hiçole el rey don Juan mucho fauor y mercedes con que pudo edificar dos fortaleças una en Santiago de la Torre en la diócesis de Quenca y otro en la ciudad de Salamanca que se llaman las Torres del Castillo, fue señor de Santa María del Campo y de otros muchos heredamientos  y bienes como por las dichas escrituras parece, casó con doña Ysabel Puertocarrero y deste matrimonio procrearon  a Juan del Castillo Puertocarrero y Alonso Rodríguez Puertocarrero.

Juan del Castillo Puertocarrero. El segundo que fue Alonso Rodríguez Puertocarrero casó con doña Catalina de Oualle y vivieron en Salamanca y en Villeruela aldea de aquella ciudad tubieron un hixo que se llamó Alonso Puertocarrero del qual no quedó sucesión.
Juan del Castillo fue el maior en quien quedó el mayorazgo de su padre, casó con doña Catalina de Aragón y de Guzmán hixa de parte de madre de doña Violante  de Aragón y de Guzmán condesa de Niebla y nieta de don Martín de Sicilia y de parte de padre fue hixa de don Martín de Guzmán y nieta de don Aluar Pérez de Guzmán alguacil maior que fue de Seuilla que fue hijo segundo de don Aluar Pérez de Guzmán conde Orgaz lo qual se comprueua por una carta de dote que otorgó don Martín de Guzmán en fauor de la dicha doña Violante de Aragón su mujer fecha en Toledo por ante Esteuan López notario a ocho de mayo de mill y quatrocientos y quarenta y dos, y por otra escritura matrimonial de la dote e arras que lleuó doña Catalina de Aragón hija de los dichos don Martín de Guzmán y doña Violante de Aragón a poder de
 Juan del Castillo, su fecha Sonseca a dos de hebrero mill y quatrocientos y sesenta y quatro años los dichos Juan del Castillo i doña Catalina de Aragón su mujer procrearon de su matrimonio a don Bernardino del Castillo y a doña Luisa de Aragón.

Don Bernardino del Castillo. El dicho Bernardino del Castillo casó con doña Beatriz de Albornoz, dama de la Reyna católica del qual matrimonio obieron por hijos a don Antonio del Castillo i a don Juan del Castillo e a otras muchas hijas y nietos y descendientes.
La dicha doña Luysa de Aragón casó con Juan Ramírez de Guzmán vecino de Toledo engendraron de su matrimonio una hixa a la que llamaron doña Catalina de Aragón.

La dicha doña Catalina de Aragón casó con don Francisco de Guzmán hijo de Juan de Guzmán y de doña Teresa vecinos de Yllescas y de su matrimonio huuieron los hijos siguientes: don Lope de Guzmán ....(cita nueve hermanos más).
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Casa de Hernán González del Castillo, hermano del doctor Pedro Gonçález del Castillo, hijo de Lope Martínez y de Teresa Martínez su mujer.

De este cauallero hace mención la corónica del Rey don Juan el segundo en el capítulo 155 del año de  29 donde dice que viendo el maestre de Santiago don Álvaro de Luna que el castillo de Montánchez que estaua por el Ynfamte don Henrique no se podía sin largo tiempo tomar dejo ende un cauallero de su casa que se decía Hernán Gonçález del Castillo, hermano del doctor Pedro Gonçález del Castillo con harta gente de armas y uallesteros para que no diesen lugar que los del castillo robasen como solían ni pudiesen tener más mantenimientos del que tenían, en el capº 27 del año 42 dicela dicha corónica que el rey entregó la llaue de la torre al corregidor que entonces en Ábila tenía que se decía Hernán Gonçález del Castillo, hermano del doctor Pedro Gonçález del Castillo del conxejo del Rey.

No se pone la sucesión de este cauallero porque no la tuuo aunque fue casado con Mencia López de Mendoza señora de mucha calidad y christiandad y viuieron en la Clemente en la Mancha donde edificaron unas casas muy principales con una torre que llaman la torre uieja, tuuieron muchos heredamientos, bienes y haciendas y fundaron una capilla en la iglesia maior de San Clemente la más principal que ay en ella de la aduocación del señor San Antonio en la qual se mando enterrar en su testamento el dicho Hernán Gonçalez y que metiesen consigo los güesos de su padre el patrón de la capellanía es don Francisco Pacheco señor de Minaia, dexó ansimismo una memoria y dotación en la cofradía de Nuestra Señora de los Coronados de la dicha villa donde él y su mujer fueron cofadres como parece por la tabla de las memorias que se an de hacer y decir en aquella iglesia por los cofadres dellas donde el primero capítulo dice desta manera:
       primeramente por Hernán Gonçález del Castillo y por su dueña se a de decir una uigilia de seis liciones cada año e el mismo capítulo está en el libro de las memorias que la dicha iglesia tiene.

Y como no tuvieron hixos de su matrimonio los dichos Hernán Gonçález y su mujer Mencia López acordaron de criar en su casa un sobrino de la muxer que se llamó Francisco de Mendoça y una sobrina del marido que se llamó doña Catalina de Bustos, hixa de doña Ysabel Mejía y de García de Bustos y nieta de doña Ysabel Martínez del Castillo hermana del dicho Hernán Gonçález a los quales los sobrinos prohijaron y los casaron por horden de Gonçalo Chacón de quien arriua hemos tratado que fue sobrino del dicho Hernán Gómez, hijo de su hermana Ynés Martínez. La carta de prohijamiento está en poder de don Francisco Pacheco, señor de Minaya, porque goça del patronazgo y uienes que quedaron del dicho Hernán Gonçález del Castillo y su mujer como descendiente de Mencia López y de don Francisco Mendoça y doña Catalina de Bustos su mujer, la qual descendencia es desta manera...... (sigue descedencia señores de Minaya)

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En el Castillo de Garcimuñoz en el convento de San Agustín  ay una capilla fundación del doctor Pedro Gonçález del Castillo con la Ynscripción siguiente

Esta capilla del honrado cauallero el doctor Pedro Gonçález del Castillo del consexo secreto del Rey don Juan el segundo y chanciller mayor de Castilla y criado de la Reyna doña Blanca, está enterrado en ella, fue hixo de Lope Martínez del Castillo Macacho y nieto de Alonso Martínez del Castillo que mató al moro Macacho y uisnieto del honrado cauallero Clemen Pérez de Rus que fue el primer hombre que fundo en la uilla de San Clemente, es sucesor en su casa y mayorazgo don Antonio del Castillo Puertocarrero vecino y regidor de la ciudad de Salamanca señor de la uilla de Fermosel y su tierra y después de él los sucesores en su mayorazgo, el qual mando poner este epitafio y se puso en veynte de enero del año de MDXCI; y es patrón de esta capilla


BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA, Mss. 3251, Linajes de España, fols 304-312. El manuscrito ya fue estudiado por Diego Torrente Pérez.