El corregimiento de las diecisiete villas

IGNACIO DE LA ROSA FERRER

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EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA
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domingo, 20 de agosto de 2017

Vara de Rey, tierra de caballeros cuantiosos e hidalgos

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Vara de Rey
Era un nueve de mayo de 1478, la guerra del Marquesado entraba en su última fase, pero San Clemente y su aldea de Vara de Rey parecían ajenas al conflicto, que se desarrollaba con más virulencia en otros pueblos como Iniesta o Villanueva de la Jara. O eso parecía, porque el esfuerzo de la guerra exigía esfuerzos de todo el mundo; también de Fernando de Peralta, hidalgo de la aldea de Vara de Rey, que desde el mes de marzo era conminado a pagar los pechos reales y concejiles y al que se le requisó una mula valorada en siete mil maravedíes. No parece que se sacara utilidad a la bestia para la guerra, pues sería vendida en almoneda pública por el concejo vareño a un vecino llamado Mateo el Collado. Más que las necesidades militares acuciaba la misérrima situación que por aquel entonces presentaba Vara de Rey, conçejo e universidad donde auía biudas e huérfanos e menores e otras miserables personas; la aldea se quejaba de los desmanes del Marqués de Villena durante la guerra que la había dejado postrada en estado de necesidad, recibiendo munchos daños e rrouos e males e estauan muy ocupados en la guerra.

Esfuerzos pero también compromisos. Y si hay que hablar de comprometidos en la guerra del Marquesado, esos eran algunos hidalgos, o que se tenían por tales, de Vara del Rey, que se habían declarado enemigos del Marqués de Villena. Entre ellos destacaban tres. Juan López Rosillo, tal vez con solar en Pozoamargo, que levantó a la villa de San Clemente a favor de la Corona, y dos hidalgos vareños: Juan Alfonso de Palacios y Fernando Peralta. Juan Alfonso Palacios también había sido obligado a pechar y se le habían tomado prendas por valor de 1200 maravedíes. Defendiendo su hidalguía y su exención a todo pecho acudirá ante el Consejo Real, el 15 de junio de 1478, obteniendo ejecutoria de hidalguía dos años después. Parece, por las noticias vagas que tenemos de unos descendientes de la familia en Málaga, que Juan Rosillo actuó igual y obtuvo carta ejecutoria similar
Capilla de Santa Ana o de los Rosillo. Iglesia San Clemente
Juan Rosillo que vino de San Clemente, este fue nieto de Juan López Rosillo, llamado el Restaurador del Marquesado de Villena, por lo que los Reyes Católicos le dieron varios heredamientos, con privilegio executoriado, sobrecartando su nobleza en Segovia a 9 de mayo de 1503, y la de sus descendientes legítimos, declarándolos a todos por hijosdalgo de sangre de los de vengar 500 sueldos áureos a fuero de España, como dicho Juan López lo era, y que como a tales les guardasen sus preeminencias en todas partes donde hicieren asiento y morada, por lo que el dicho Juan Rosillo y sus descendientes ganaron su executoria de confirmación, de Felipe II en 9 de marzo de 1575 y 16 de abril de 1581. Son descendientes suyos como venidos de la villa de San Clemente a Málaga sus mayores, los Medina Rosillo (GARCÍA DE LA LEÑA, Cecilio: Conversaciones históricas malagueñas. Parte II. Málaga moderna. Imprenta Luis de Carreras. 1792)

Así el favor prestado a la Corona por estos enemigos del Marqués de Villena tuvo su contraprestación en el reconocimiento de su hidalguía. La duda nos quedará sobre si su hidalguía fue fruto del oportunismo o heredada de esos hidalgos de 500 sueldos, obligados a acudir al llamado del Rey para la guerra. Sobre la hidalguía de estos caballeros vareños se nos plantean muchas dudas. En algunos momentos se reconoce su obligación de poseer armas y caballo, al igual que los caballeros de cuantía, pero a la hora de presentarse en los pleitos lo suelen hacer como hidalgos en posesión, por tal se entendían aquellos hidalgos que gozaban los privilegios y preeminencias de tales, aunque no hubiera padrones de hidalgos (caso de esta zona), en esta posesión podía seguir durante generaciones mientras no se les molestase. Cosa que parece empezó ocurrir desde el mismo momento de la incorporación de Vara de Rey a San Clemente. Pero los hidalgos de Vara del rey también se llaman a sí mismos como hidalgos notorios de solar conocido de devengar 500 sueldos a fuero de España, tal consideración se ha entendido de forma diferente desde quienes quieren ver en los 500 sueldos la cantidad estimada para vengar sus injurias a otros que ven en los 500 sueldos la cantidad devengada por los hidalgos cuando iban a la guerra. En este sentido, ya se conocen algunas regulaciones desde la época de Alfonso X el Sabio, que marcan la evolución desde los caballeros villanos a estos nuevos hidalgos de soldada.

Entre los enemigos del alcaide de Alarcón ocupaba un lugar destacado Fernando de Peralta. Quizás porque en una tierra de hidalgos, como era Vara de Rey, resultaba muy difícil romper las fidelidades y lazos familiares con el marqués de Villena. ¿O quizás era más fácil? Pues los hidalgos de Vara de Rey se reivindicaban como una nobleza independiente del Marqués y sus criados y anterior en el tiempo. Creemos que, aunque estaríamos tentados de pensar en sus orígenes en tiempo de la Reconquista de Alarcón, es más plausible la hipótesis de su surgimiento en tiempo de los Trastámara. El caso es que los Pacheco intentaron ganarse la fidelidad de los hidalgos de Vara de Rey, con sueldos y dineros (y también con alguna alianza matrimonial, caso de los Montoya), pero las obligaciones de los caballeros de Vara de Rey eran anteriores a la presencia de Juan Pacheco en la zona. Los caballeros de cuantía de Vara de Rey (o tal vez hidalgos de devengar 500 sueldos según fuero de Castilla) tenían obligación de poseer armas y caballos, y tal como reconocía uno de ellos, Gómez García de la Serna, mantenían un trato diferenciado respecto al resto de vecinos, juntándose en ayuntamientos propios
que sienpre auía visto al dicho Fernando de Peralta e al dicho su padre e cada uno dellos en su tienpo ayuntarse con los otros homes fijosdalgo del dicho logar sus vezinos e en sus ayuntamientos así como fijosdalgo e que así oyeron deçir que se ayuntaua su ahuelo del dicho Fernando de Peralta e que sienpre los viera a todos hellos e en el dicho tienpo que los conoçiera andar y estar como homes fijosdalgo e en áuitos de homes fijosdalgo teniendo cauallos e armas

Fernando de Peralta era hijo de Fernán Sánchez, Caballero, y Elvira Sánchez, y nieto de Fernán Sánchez Calanzo, todos moradores de Vara de Rey. Fernán Sánchez Calanzo tenía tres hijos: Fernán, García y Juan. Fernando de Peralta había nacido dos años después de que su padre se casara en 1433, el cual había nacido hacia 1409 y el abuelo, en fecha indeterminada del último cuarto del siglo XIV. Pero todos los testigos los señalaban como naturales y vecinos de Vara de Rey. Incluso el abuelo era conocido por algún testigo anciano por ser hijo de Simón García, vecino del dicho lugar.

El problema era si los mencionados que se tenían por hidalgos, eran tales o caballeros de cuantía. El padre, Fernán Sánchez, que aparece intitulado como caballero, había participado en las guerras de Granada en tiempo de Juan II. Podemos seguir el itinerario de Juan II a través de las descripciones de Pedro Carrillo de Huete el Halconero (1). La participación en la guerra de Granada debió acaecer en junio o julio de 1431 con motivo de la presencia real en la vega de Granada y la aventura de Ariza la podemos datar a comienzos de agosto de 1429. Parece que se casó con Elvira Sánchez entre ambas aventuras militares según los testigos, aunque la fecha aportada por los mismos, 1433, nos indica que el matrimonio fue posterior. Su propio hijo lo haría en las mismas guerras de Granada en tiempo de Enrique II.
e que fuera el dicho Ferrán Sánchez a la dicha guerra en la conpañía de Martín de Alarcón e de otros fidalgos de aquella tierra
que el dicho Fernán Sánchez cauallero padre del dicho Fernando de Peralta que fuera en seruiçio del señor rrey don Juan nro. padre a la gerra de harriza a seruir por fijodalgo así como fijodalgo e dixo que lo sauía porque este testigo (Miguel Sánchez Temprado) lo viera yr a la dicha guerra e seruir en ella a su costa e misión como home fijodalgo por quanto este testigo estaua a la sazón en la dicha guerra con García Rruyz de Alarcón su amo
Escudo de los Peralta. En el segundo cuartel puede verse el haz de quince lanzas sobre la acequia
http://bdh-rd.bne.es/
Pero quien nos da especial detalle de estos hechos es un vecino de San Clemente, Rodrigo Martínez de Villar de Cantos, que había acompañado en las guerras a Fernán Sánchez de sobrenombre Caballero, narrándonos como el joven había sido nombrado caballero por el propio Juan II en las guerras de Granada, tras una gesta. El padre de Fernando Peralta, que es de imaginar que al igual que el abuelo, tenía la obligación como caballero de cuantía a acudir con su caballo y armas a las guerras (del texto se constata que luchaba a caballo y de otros textos, la obligación militar de costearse estos recursos), fue armado caballero, saltándose todo el cursus honorum que tal hecho implicaba
que este testigo uiera al dicho Fernán Sánchez cauallero padre del dicho Fernando de Peralta yr por el llamamiento del señor rrey don Juan a la vega de Granada e que allí biera este testigo como el dicho Fernán Sánchez fuera harmado cauallero porque el dicho Fernán Sánchez e otros fasta de ochenta honbres de armas entrando un día en la guarda del dicho señor rrey don Juan que los moros fiçieran una açequia e estauan en una viña más de mill e quinientos dellos e puesta paliçada e que los vallos desos dichos moros les tirauan e enclabauan los cauallos fasta tant que se apeaban los dichos honbres de armas del dicho señor rrey don Juan e asimismo el dicho Fernán Sánchez cauallero e asy apeados que juntaron fasta quinze lanzas de armas e las ataran juntas con tocas e las atravesaran en la dicha açequia e pasaron por ellas como por puente para conbatir a los dichos moros fasta que los dichos moros se acoxieran e mataran a munchos de los dichos moros los dichos homes de armas e que por aquello que fiçieron que el dicho señor rrey don Juan los armara caualleros por les dar más honra entre los quales armara asimismo al dicho Fernán Sánchez porque fue él uno de ellos e que asymismo sabía que el dicho Fernán Sánchez cauallero que fuera en seruiçio del señor rrey don Juan a la guerra de hariza e que a entramas las dichas guerras fue a servir como fijodalgo 

Tanto en la guerra de Ariza como de Granada había una obligación de acudir a los llamamientos del Rey. Ahora bien, también denunciaban los pecheros y concejo del lugar de Vara de Rey que el abuelo y el padre de Fernando de Peralta siempre habían pechado y que nunca habían cumplido con los requisitos de cualquier caballero cuantioso, que el dicho Fernán Sánchez sienpre pechara e contribuyera fasta que diz que fuera armado cauallero por el señor rrey don Juan e dende en adelante se escusara llamándose cauallero como quier que no tenía armas ni cauallo ni las otras cosas que deuía según ni cómo ni de la quantía que la ley manda. Se trataba de demostrar que el hecho incidental de la vega de Granada no otorgaba las libertades y franquezas de los fijosdalgo al hijo. De hecho, se acusaba a Fernán Sánchez el caballero de imponer su hidalguía por la violencia, negándose a empadronarse en los libros de pecheros. Se denunciaba que Fernán, junto a los Ruiz de Alarcón y el alcaide de la fortaleza, llamado Juan Villodre, formaban banderiza y habían hecho apalear a un regidor del lugar de Vara de Rey, que intentó empadronarlo para pagar pechos. Tal vez en el estado de necesidad de las guerras del Marquesado, Fernando de Peralta se viera imposibilitado para mantener el coste de un caballo y unas armas y los gastos de cualquier aventura militar. El hecho de que el conflicto viniera por el embargo de una mula de arada, hasta qué punto dependía el hidalgo de la explotación de su hacienda.

Se denunciaba asimismo que Fernando de Peralta no había participado a favor de la Corona en las guerras contra el Marqués de Villena. Fernando de Peralta reconocía dicha inacción por el control que ejercían los Pacheco. Sabemos que en dicha decisión pudo pesar mucho más el miedo y los favores debidos. En el juicio de Hernando del Castillo, alcaide de Alarcón y hombre de confianza de los Pacheco, éste reconocía que Fernando de Peralta había obrado como un traidor con el Marqués de Villena por no servirle en las guerras, habiendo recibido sueldos y dineros de los Pacheco, que habían tratado de ganarse su lealtad. Es justamente la falta de esta lealtad la que había llevado al alcaide de Alarcón, Hernando del Castillo, a tomarle y prenderle los bienes. Además los hidalgos de Vara de Rey estaban divididos en la guerra del Marquesado. Pedro de Montoya, otro hidalgo de Vara de Rey, era fiel a los Pacheco. Estaba casado con una sobrina de Hernando del Castillo, alcaide de Alarcón. Fernando de Peralta acusó a esta mujer de judía. Su marido, Pedro de Montoya, respondió hiriendo en el brazo a Fernando de Peralta y dejándole manco (2).

Si San Clemente era villa de pecheros, que no admitía hidalgos, en Vara de Rey, el reparto de poder entre hidalgos y pecheros estaba más definido. En la aldea había una dehesa, la explotación de cuyas rentas iban a medias entre pecheros e hidalgos. Este reparto a partes iguales de la renta parecía remontarse a veintiocho años atrás, es decir, poco después de la incorporación de Vara de Rey como aldea de San Clemente
que auía una dehesa de yerua en el término del dicho logar, la qual dicha dehesa e la rrenta della dijo que era la mitad de los homes fijosdalgo del dicho logar e la otra mitad de los homes buenos pecheros e de ueynte e ocho años poco más o menos aquella parte e entonzes que los homes fijosdalgo del dicho logar auían leuantado e leuantauan la mitad de la dicha rrenta
Los alcaldes de los hijosdalgo darían la razón, y carta ejecutoria de hidalguía a Fernando de Peralta, obligando al concejo de Vara de Rey a devolverle las prendas tomadas y obligando a pagar unas costas judiciales que ascendía a 14456 maravedíes. Vara de Rey fue incapaz de cumplir la sentencia, por lo que se mandó ejecutor que embargó el horno de pan cocer de la villa y varias reses de ganado ovejuno y cabruno. Tras apelación, lo único que se consiguió fue aumentar las costas en 6820 maravedíes más. Fernando de Peralta obtendría carta de ejecutoria de hidalguía el 24 de noviembre de 1480. La derrota del concejo de Vara de Rey frente a sus hidalgos era total. Juan Alfonso de Palacios que también en 1478 iniciaba pleitos contra el concejo de Vara de Rey, obtendría sentencia favorable en 1494. Ambos vieron reconocida su hidalguía de padre y abuelo e devengar 500 sueldos.


Aunque quien realmente salió derrotada era la villa de San Clemente, que había ayudado a su lugar de Vara de Rey económicamente para llevar los pleitos. Cerrado su gobierno a los hidalgos desde 1445, vio como su aldea de Vara de Rey se convertía en caballo de Troya para romper esta norma: las hijas de los pecheros de San Clemente se casaban con los hidalgos de Vara de Rey, sus descendientes exigían su nueva condición hidalga y su exención tributaria (3). Así, los Castillo y Pacheco, criados del Marqués de Villena, y únicos hidalgos (discutidos en el primer caso) de la villa sanclementina, veían reforzado su núcleo nobiliario con los nuevos integrantes de Vara de Rey. pronto el grupo se reforzaría con hidalgos que, como Martín Ruiz de Villamediana, procedente de Tierra de Campos, venían de lejanas tierras. En el año de 1512, exigirían sus derechos ante la Chancillería de Granada. Pero el concejo de San Clemente no era tan débil como el de su aldea de Vara de Rey y resistiría veinticinco años para que dichos derechos se vieran reconocidos.



Testigos de Vara de Rey a favor de Fernando de Peralta en 1478

Juan López de Perona, morador de Vara de Rey, presenta los testigos
Pedro de Barriga, morador de Vara de Rey, presenta los testigos
Juan García Moreno, morador de Vara de Rey, hijo de Fernán García que Dios haya, alrededor de 63 años. Se llama asimismo hidalgo.
Gómez García de la Serna, morador de Vara de Rey, hijo de Juan Gómez de Cañada Juncosa. Se llama asimismo hijodalgo
Aparicio Sánchez, morador de Vara de Rey, hijo de Martín Sánchez de Meza
Martín García, morador de Vara de Rey, hijo de Martín García
Gonzalo Rodríguez, morador de Vara de Rey, hijo de Pedro Rodríguez; pechero
Miguel Sánchez Temprado, vecino de San Clemente, hijo de Miguel Sánchez Temprado; pechero de 90 años
Juan Sánchez de Albelda, vecino de San Clemente, hijo de Hernán Sánchez de Albelda
Rodrigo Martínez del Azoguejo, vecino de San Clemente, hijo de Lope Martínez del Azoguejo
Pascual García del Campillo, vecino de San Clemente, hijo de Juan García del Campillo
Rodrigo Martínez de Villar de Cantos, vecino de San Clemente, hijo de Pedro Rodríguez de Villar de Cantos; pechero de 67 años, había nacido y vivido hasta los treinta años en Vara de Rey, momento en que se pasa a vivir en San Clemente
Ruy López de Cañada Yncosa, vecino de Cañavate, hijo de Ruy López de Cañada Yncosa

Testigos presentados en segunda probanza por Fernando de Peralta

Miguel Martínez de Buenache, vecino de El Provencio
Miguel López de Perona, hijo de Juan López de Perona, vecino de Minaya
Alfonso de Montoya, hijo de Fernán Álvarez de Montoya, vecino de San Clemente
Alfonso López, hijo de Alfonso López de Garcilópez, vecino de San Clemente
Pedro Barriga, hijo de Martín Sánchez Barriga, morador de Vara de Rey
Gil Sánchez de Jávaga, hijo de Juan Sánchez de Jávaga, morador de Vara de Rey
Alfonso López Carrelero, vecino de Cañavate
Andrés Martínez de la Atalaya, vecino de Alarcón

Testigos presentados por el concejo de Vara de Rey, contra la hidalguía de Fernando Peralta

Pedro Sánchez de Enguidantes, hijo de Martín Sánchez de Herrera, vecino de Villanueva de la Jara
Pedro López, hijo de Alvar López, morador de Vara de Rey
Juan Martínez Collado, hijo de Juan Martínez Collado, morador de Vara de Rey
Juan de Sevilla, regidor y morador de Vara de Rey
Juan Sánchez Collado, hijo de Fernán Sánchez de Mateo Sánchez, morador de Vara de Rey
Antón López, hijo de Pedro López, morador de Vara de Rey
Pedro López de Huete, hijo de Pedro López, morador de Vara de Rey
Juan Gómez, hijo de Benito López, morador de Vara de Rey
Gil Sánchez de Jávaga, hijo de Juan Sánchez de Jávaga, morador de Vara de Rey

(1) CAÑAS GÁLVEZ, Francisco de Paula: El itinerario de la Corte de Juan II de Castilla (1418-1454). Silex. Madrid. 2007. pp. 245-246 y 264-265
(2) GARCIA MORATALLA, José Joaquín: La tierra de Alarcón en el señorío de Villena (siglos XIII-XV) IEA Don Juan Manuel. Albacete, 2003, p. 217
(3) dis que tyenen las dichas fidalguías en algunas personas syngulares de vos el dicho conçejo tenéys parte en el rregimiento e governaçión de la dicha villa e que tenéys casadas vuestras hijas e nietas con hijos e hermanos de las personas que tyenen las dichas fidalguías 
(Archivo General de Simancas, RGS, LEG, 148003, 248)
BNE. Mss. 11670. Hidalguía de Fernando de Peralta. Traslado de 1488
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domingo, 18 de junio de 2017

La destrucción de los pinares del suelo de Alarcón en la primera mitad del siglo XVI

Alarcón y sus pinares al fondo
http://www.turismocastillalamancha.es
A comienzos del quinientos el paisaje de la Mancha conquense distaba mucho de presentar el actual aspecto de un espacio agrario ininterrumpido de tierras de cultivo y viñedos. El monte y los pinares aún ocupaban espacios extensos y la espesura de los árboles formaba masas boscosas, herederas de la época del infante don Juan Manuel. Otras actividades económicas, ajenas a la agricultura, seguían teniendo un gran peso en la vida de los hombres. Actividades como la recolección de la grana, la piña y la bellota o el pastoreo se localizaban en las masas de pinares y carrascales que habían sobrevivido a comienzos del siglo. Destacaba un espacio forestal de pinares que se extendía en torno al Júcar, ocupando parte de los términos actuales de los pueblos de EL Picazo, Villanueva de la Jara y Sisante. Este espacio forestal estaba configurado por la continuidad de unos pinares a ambos lados del río Júcar; continuidad que no parecía respetar la delimitación de términos hecha por el licenciado Molina en torno a 1480. El pinar de la Losa llegaba desde la margen izquierda del Júcar hasta una legua de la villa de Villanueva de la Jara; el pinar de Azaraque, desde la margen derecha del río, se extendía por el término actual de Sisante, que por entonces dependía de San Clemente, y, por último, el pinar de la Vera de El Picazo se extendía por esta última población, perteneciente durante toda la Edad Moderna como aldea a la jurisdicción de la villa de Alarcón.

La explotación de estos espacios forestales venían regulados por las ordenanzas y estatutos dados por la villa de Alarcón para la regulación del aprovechamiento de sus montes, cuya letra sería trasladada a las ordenanzas y estatutos de las villas que se emanciparon durante la guerra del Marquesado. Básicamente los títulos recogidos eran éstos:
  • Prohibición de cortar pinos donceles de grosor inferior al brazo o la pierna, aplicando las viejas ordenanzas de Alarcón, so pena de 600 maravedíes
  • Prohibición de cortar pinos o carrascas sin licencia del concejo, acompañada su concesión de juramento sobre que dicha corta es para aprovechamiento personal de su casa o labores y que la madera no se dará ni venderá a otro vecino o forastero ni cortarán pino doncel sino solo pinos carrascos y rodenos. La pena impuesta en estos casos era de doscientos maravedíes
Con el movimiento roturador de comienzos de siglo XVI, el monte y los pinares se fueron angostando. El resultado fue que se pusieron más cortapisas a la concesión de licencias y albaláes para la corta y tala de árboles. Así, la villa de Villanueva de la Jara acabó imponiendo un gravamen de dos maravedíes por la concesión de licencia para la corta de cada pino carrasco o rodeno.
Al derecho igualitario que tenían todas las villas del antiguo suelo de Alarcón de difrutar de sus montes y pinares, pronto sobrevino un trato diferenciado entre las villas reducidas a la obediencia real. Si la comunidad de aprovechamientos regía para las villas de Villanueva y de El Peral, sometidas a ordenanzas comunes, no ocurría lo mismo con el acceso a los pinares de Villanueva por los vecinos de San Clemente. Los testigos declaraban que los vecinos de San Clemente nunca habían obtenido licencia para cortar madera en el pinar de Villanueva de la Jara, aunque se les suponía tal derecho por ser parte común del suelo de Alarcón. La rivalidad entre los vecinos de San Clemente y Villanueva dio un paso más, cuando los ganados sanclementinos que tenía libre acceso para abrigarse en el pinar de la Losa vieron negado, entrado el siglo, el pasto en dicho pinar.

Hay dos momentos en el cierre de términos, que ponen fin al aprovechamiento común de los montes por las villas. La acción del licenciado Molina en torno a 1480, amojonando y cerrando el término de las villas recién eximidas, fue el aldabonazo de salida. La indefinición en que quedó el libre aprovechamiento de los montes y pinares del suelo de Alarcón chocaba claramente con el deseo de acotar el disfrute de los mismos a sus vecinos. Surgen entonces los primeros espacios acotados por las villas, que exigen licencias de sus concejos para el disfrute de la madera y pastos y garantizan el acceso con guardas y caballeros de sierra. Es en este momento cuando surgen las llamadas redondas. El nombre es debido al acotamiento o adehesamiento de un espacio forestal o montuoso alrededor de la villa. La primera que dio el paso fue la villa de Alarcón nada más acabar las guerras del Marquesado. La villa de Alarcón tenía un pinar vedado, tanto para sus vecinos como para los de otras villas, llamado la Redonda. Este espacio se extendía en círculo alrededor de una legua en torno a la villa. El libre aprovechamiento de los pinares, salvo pinos donceles, se tornó en la necesidad de obtener licencia para la corta de madera.

Aunque los pinares de Alarcón eran extensos en torno a la ribera del Júcar, la explosión demográfica y el rompimiento de tierras desde comienzos de siglo en las villas eximidas de la villa madre y en las propias aldeas dependientes, llevó al concejo de Alarcón a cerrar una nueva redonda, esta vez en su aldea de El Picazo. Para la corta de pinos carrascos y rodenos se hacía preciso obtener licencia del concejo de Alarcón, desde 1530. Fue el segundo momento clave, durante el cual, siguiendo el ejemplo de Alarcón, el resto de las villas también vedaron sus pinares. Las limitaciones venían impuestas porque hasta el pinar de El Picazo acudían los vecinos de Villanueva de la Jara a proveerse de madera cada vez más asiduamente. Los testimonios citan los casos de dos vecinos de Villanueva, llamados Pedro Monteagudo y Escobar, pero no deberían ser los únicos en desplazarse hasta Alarcón para pedir el albalá de tala de madera. El pinar de la Losa comenzaba a menguar y se acudía a las reservas de madera de los pinares de Alarcón, que era obligada a poner nuevas limitaciones. Desde Alarcón se veía como, en la explotación de sus montes, a los motillanos se unían ahora los jareños

en los tienpos pasados abrá çinquenta años o más tienpo los veçinos de la villa de la Motylla e todos los veçinos de los pueblos que son poblados en el suelo de Alarcón podían cortar e cortavan en todos los términos de la dicha villa de Alarcón todos los pinos carrascos o rrodenos que querían guardando los donzeles y este testigo y este veçino cortó mucha madera en aquel tienpo para labrar una casa que tyene en la dicha villa de la Motylla la qual se hazía sin liçençia del conçejo de la dicha villa de Alarcón y sin yncurrir en pena por ello e ya los pinares están todos destrozados e rrotos e urtados e de diez o quinze años a esta parte este testigo a oydo dezir por cosa pública en la villa de la Motylla que el conçejo justiçia e rregimiento de la dicha villa de Alarcón an hecho un bedado e rredonda en los pinares de la dicha villa para que ningún veçino della ni de fuera della no puedan cortar ni corten ningún pino rrodeno ni carrasco si no fuere con liçençia y espreso consentymiento de la dicha villa e que quando los toman cortando en la dicha rredonda syn la dicha liçençia luego los prendan e penan syendo hallados y les executan las penas que en sus hordenanças tyenen pública e notoria e usadas e guardadas a muchos veçinos de la dicha villa de la Motylla y de la dicha Alarcón y que demás desto este testigo se acuerda oyr que desde que los pueblos que están poblados en el suelo de Alarcón heran sus aldeas e se reduzieron y tornaron a la corona rreal que a más de setenta años porque este testigo no se acuerda dello aunque es viejo que en aquel tiempo avía hecho una rredonda la dicha villa de Alarcón con sus pinares que es la rredonda vieja y que aquella syenpre la an guadado y vedado para que no la corten syn la dicha liçençia ni la puedan comer con los ganados los vezinos de los pueblos del suelo y que después hizieron la dicha rredonda nueva

Alarcón simplemente seguía el ejemplo de otras villas. El pinar de Villanueva de la Jara, llamado de la Losa, estaba al otro lado del río Júcar, en el camino de San Clemente a Villanueva, y era de uso común por sanclementinos y jareños, aunque Villanueva intentó cerrarlo desde el primer momento. Esto provocó el litigio con San Clemente, pues sus ganados pacían y se abrigaban en dicho pinar, lindante con su aldea de Sisante. Tierra abrigada para algunos, fría e inhabitable para otros; hacia 1540 se había quedado pequeño para los aprovechamientos de los propios vecinos de Villanueva. Aunque era el principal pinar en diez leguas a la redonda, el crecimiento poblacional lo había hecho insuficiente. El valor de dicho pinar se hacía patente en invierno. Con las nieves, el pinar se convertía en lugar de abrigo para los ganados de los sanclementinos, de los jareños y de los ganados de otros pueblos comarcanos (entre ellos, La Roda y El Peral), que pacían allí como parte integrante de los comunes del suelo de Alarcón. Pero hacia 1550 el pinar estaba sobreexplotado  y el resultado era que, en voz de los vecinos, presentaba un aspecto roto, angostado y muy gastado

El pinar de Vara de Rey era el llamado de Azaraque. Se situaba junto a la ribera del río Júcar, en lo que hoy es término de Sisante. En la actualidad, la extensión de los campos de cultivo ha provocado su desaparición, al igual que el pinar de Villanueva de la Jara. Hasta 1537, que Vara de Rey era aldea de San Clemente, lo había poseído esta última villa, acotándo y limitando su aprovechamiento en beneficio propio y colocando para su custodia a sus caballeros de sierra. La petición para vedar dicho pinar se nos conserva hoy en día y está dirigida a la emperatriz Isabel un 28 de noviembre de 1530. Pero con la emancipación jurisdiccional de Vara de Rey en 1537, convertida en villa, el pinar de Azaraque pasó a ser un propio de esta villa. Entablándose conflicto entre Vara de Rey y San Clemente, que hacia 1540 se había resuelto a favor de la antigua aldea, obteniendo ejecutoria favorable de la Chancillería de Granada. Por los testimonios sabemos que la relación entre San Clemente y su aldea hasta 1537 había sido muy tirante. Todos ellos coinciden en señalar la emancipación jurisdiccional de Vara de Rey con una expresión significativa: la aldea de Vala de Rey se libertó de San Clemente. La relación de San Clemente con su aldea de Vara de Rey había sido de señorío; sus montes y pinares habían sido objeto de beneficio y aprovechamiento de los vecinos de la primera. En 1546, todavía se escuchaba el eco de las quejas de los vararreyenses por la acción de los caballeros de sierra sanclementinos y por la obligación que tenían de hospedarlos en sus casas. El rencor que los vecinos de Vara de Rey tenían a San Clemente por no poder aprovechar los pinos de su propia tierra era manifiesto. Un testigo aseguraba haber sido condenado a un ducado de multa, o sea trescientos setenta y cinco maravedíes, por cortar un pino carrasco para atajar una chimenea de su casa. La multa era una muestra de que San Clemente tenía sus ordenanzas propias para la guarda de sus montes, apartadas de las del modelo de Alarcón por el que se regían el resto de las villas. Esta autonomía sanclementina la soportaban los vararreyenses, a los que se imponían penas por las cortas de pinos carrascos o rodenos que duplicaban prácticamente los doscientos maravedíes  marcadas por las ordenanzas de Alarcón.

El pinar de Azaraque había sido de libre aprovechamiento por todos los vecinos de la villa de Alarcón hasta que en 1530 San Clemente cerró su disfrute e impuso la condición de licencias para la corta de madera. Fue un acto arbitrario del concejo de San Clemente, aunque bien que se procuró obtener provisión real favorable, y muy mal visto por los pueblos comarcanos, para cuyos vecinos el dicho pinar había estado mucho tiempo usurpado. La razón de tal usurpación radicaba en la necesidad de pasto y abrigo que tenían las entre ochenta y cien mil cabezas de ganado que poseían los ganaderos sanclementinos, que comprendiendo la insuficiencia de espacio proporcionado por los pinares, mandaban sus ganados a herbajar de invernada a Alcaraz y Chinchilla.

Sisante
Pero cuando en 1539 Vara de Rey consigue hacerse con el pinar, la decisión de la Chancillería de Granada sería funesta para toda la comarca. El concejo de San Clemente, viendo que perdía en el alto tribunal el pinar, dio libertad para la tala de pinos. Hasta el lugar de Sisante, próximo al pinar, acudieron los caballeros de la sierra de San Clemente para leer el edicto del concejo sanclementino que daba libertad para cortar madera a cualquier persona a su voluntad. El resultado fue que durante tres o cuatro días los vecinos de San Clemente y de los pueblos próximos al pinar cortaron cuanto árbol encontraron a su paso. El pinar de Azaraque quedó completamente esquilmado y destruido. Los habitantes de la zona no olvidaron este hecho; por eso, cuando a mediados de los cuarenta se entabló pleito entre San Clemente y Villanueva de la Jara por el uso del pinar de ésta última, los temores de su desaparición renacieron de nuevo. Así veía un testigo la destrucción del pinar de Azaraque
el conçejo de la dicha villa de San Clemente dio liçençia e facultad a todos los vezinos de la dicha villa e sus aldeas e a los vezinos de todos los otros pueblos del suelo de Alarcón que el pinar de l'Azeraque que hasta entonçes lo tenían guardado e vedado ... para que todos pudiesen yr y cortar todos los pinos que quisiesen a su voluntad syn que en ello oviere pena ni premio e para carbones y leña y otros aprovechamientos y luego este testigo vio que vinyeron mucha gente de la dicha villa de San Clemente e sus comarcas e començaron a cortar y talar el dicho pinar que avía mucho tienpo que tenían vedado e guardado con grandes penas y dieron tanta prisa a cortar en él que en quatro días no dexaron en el dicho pinar pino enhiesto que no lo cortasen y los pinos malos los cortaron para carbón y desta causa lo talaron y destruyeron en tanto grado que quedó muy perdido y asolado que era lástima vellos ... a pocos días que talaron el dicho pinar vino por provisión rreal de su magestad en que mandaron dar el dicho pinar al concejo de Vala de Rey y quando se lo dieron ya estaba talado e cortado e destruydo
Tala de pinos en el Pinar de San Clemente en 2010
Foto: ASECMA. Las Pedroñeras
En favor de los vecinos de San Clemente  se puede decir que no fueron los únicos en participar de esta rapiña. Hasta el pinar de Azaraque llegaron con sus hachas vecinos de la propia Vara de Rey y su aldea Sisante, pero también de La Roda, Villanueva de la Jara o Minaya. Dos testigos reconocían haber cortado más de cincuenta pinos cada uno. Fue tal el furor talador que hasta el concejo de San Clemente se arrepintió de su decisión y volvió a vedar el pinar, poco antes de entregarlo a Vara de Rey. Pero para entonces el pinar ya estaba destruido. El salvajismo de la acción quedaría posado en la memoria de los hombres, de modo que este antecedente sería presentado por Villanueva de la Jara para defender el derecho a vedar su pinar frente a los sanclementinos un quinquenio después.

Con la pérdida de su aldea de Vara de Rey en 1537, y los derechos sobre el pinar de Azaraque cuatro años después, la villa de San Clemente quedó sin pinar alguno para la corta de leña o abrigo como majada de sus ganados. Su intento de sustituir el pinar  de Azaraque por el de Villanueva de la Jara como lugar de abrigo de sus ganados fracasó y el nuevo pleito iniciado sería perdido por San Clemente. Aparte de encinares, la villa de San Clemente no disponía de pinar alguno. Como tampoco disponía de robledales o sabinares. Para la guarda de estas dehesas de carrascas, San Clemente siempre se mostró tan exclusivo y celoso como lo había hecho con el pinar de Azaraque. Aunque en un principio, San Clemente obtuvo sentencia favorable de la Chancillería de Granada para pacer con sus ganados en el pinar de Villanueva, la realidad era que Villanueva continuó con el pleito en el tribunal granadino, entorpeciendo y negando el acceso a su pinar de los ganados sanclementinos. La pérdida del acceso a los pinares de Vara de Rey y de Villanueva de la Jara obligó a San Clemente a nuevos pleitos interminables con Cañavate y La Alberca para intentar acceder a los pastos de estas villas. Pero al final la solución a las necesidades de pasto y abrigo de los ganados sanclementinos fue integrarlos en las rutas de las trashumancia y plantar pinares propios en los caminos de Munera y Villarrobledo.

La desaparición del monte y de los pinares en el suelo de Alarcón tuvo su hecho incidental en la actitud vengativa de San Clemente con su aldea de Vara de Rey, pero las causas profundas radicaban en el espectacular desarrollo agrario y roturador que habían vivido los pueblos del suelo de Alarcón desde comienzos del siglo XVI. En las probanzas de testigos que estudiamos, que aunque no fechadas, deben estar cerca del año 1546, todos los testimonios coinciden en lo mismo: el gran incremento demográfico de la zona en los últimos cuarenta y cinco años. Paralelo al aumento de hombres fue el de ganados, de tal modo que los comarcanos reconocían, a mediados de los cuarenta, que nunca habían visto los pinares tan gastados y arredondeados. A mediados de los cuarenta, un vecino reconocía que a día de oy hay más gente que nunca ovo en ningún tiempo. La expresión venía a confirmar la imagen de que el crecimiento demográfico había sido continuo e imparable desde comienzos de siglo. Aunque hemos de tomar con reservas los testimonios de personas ancianas que remitían sus declaraciones a los recuerdos de sus cuarenta o cincuenta años atrás, también hemos de considerar que estos mismos testimonios no tenían dificultad en apoyarse cuando era necesario en la tradición oral de sus ancestros. Así, a pesar de que se ha considerado a los Reyes Católicos como los grandes benefactores de las villas de realengo reducidas a su obediencia, el despegue o take off de la zona se produjo a su muerte, en el reinado de Juana la Loca, salvando los pueblos con relativa facilidad la crisis de comienzos del quinientos. La desaparición del monte en favor de las tierras de labor fue brutal; de modo, que con razón dirá un testigo que todo está rrompido e destroçado. Otro vecino nos dirá que él alcançó a ver pinares espesos y al presente está hecho tierra calma rrasa

Los testigos hablaban con datos concretos. Así uno de ellos reconocía que si el incremento poblacional de las villas había sido grande, no menor había sido el de sus aldeas; para el caso de Quintanar del Marquesado se reconocía una población de trescientos vecinos hacia 1546, cuando treinta años antes no llegaban los vecinos a setenta o setenta y cinco, tal como recordaba el mencionado testigo haber visto en los padrones. No es de extrañar que los pinares se cortaran para satisfacer la demanda de nuevas casas; son innumerables los testimonios de vecinos ancianos que habían construido en su mocedad o madurez sus casas de morada. Los pinares asimismo quedaron pequeños como abrigo y majadas para los ganados, que tuvieron que buscar, por su integración en la trashumancia y las rutas mesteñas, el pasto que no encontraban en los montes comunales del suelo de Alarcón.

A comienzos del quinientos entre Alarcón, Villanueva de la Jara y San Clemente había cierto equilibrio. Ese equilibrio era sobre todo demográfico. Las tres villas disponían de doscientos vecinos cada una, aunque en el caso de Villanueva, sus aldeas de Madrigueras, Tarazona, Gil García y Quintanar la población se incrementaba notablemente. Los desequilibrios pronto se hicieron palpables. Alarcón, tierra de pinares, que se extendía por diez o doce leguas de largura en torno a la ribera del Júcar (lo que le quedaba de su antiguo término que antaño iba desde la tierra de Cuenca a la de Alcaraz, antes de que las villas del Marquesado se redujeran  a la obediencia de la Corona) se estancó en población, en favor de sus aldeas, que sí contaban con un espacio roturable para el desarrollo agrario. Villanueva de la Jara y San Clemente redujeron el monte a campos de pan y viñedos, permitiendo un imparable crecimiento demográfico en la primera mitad de siglo. La brutal modificación del espacio agrario la habían visto los vecinos que poblaban los pueblos a mediados del siglo
este testigo alcançó a conosçer en los dichos términos hartos pinares e montes e al presente toda está arraseado e desmontado...e oyó dezir  a Garçi escrivano su padre vezino que fue de la villa de Villanueva de la Xara que abrá veynte años o más que murió e al tiempo que murió sería ombre de hedad de setenta y çinco años, ... que avía en el dicho término de Alarcón muy poca gente e ganado e avía muy grandes montes e pinares 
La desaparición de los montes vino acompañado de la extensión de los cultivos, sobre todo, tierras de pan llevar. El desmonte adquirió una veste salvaje y radical. La razón no fue otra que el vacío legal existente. La villa de Alarcón poseía un fuero que apenas si regulaba la explotación de los árboles, salvo en la explotación de sus frutos, piñas y bellotas y favorecía la roturación de tierras con una fórmula favorable a aquellos que rompían la tierra y que se aproximaba bastante a la aprisio medieval:  el vecino que rompe en el suelo de Alarcón a reja y yunta y pala de azadón, lo que rompe lo haze suyo en posesión y propiedad. Las condiciones para adquirir la propiedad de la tierra ya las hemos visto para el caso del rompimiento del espacio forestal de Barchín del Hoyo y de la aldea motillana de Gabaldón. La roturación de tierras, su labranza en el primer año y sembradura antes de pasados dos años conllevaba la titularidad de la propiedad de la tierra. Tenemos el testimonio de un vecino que corrobora nuestras afirmaciones, generalizando a todas las villas del suelo de Alarcón el caso ya estudiado de Barchín y Motilla del Palancar. La primera limitación que se puso para la corta de árboles, de hecho, venía marcada por la improvisación. No se podían cortar encinas superiores al tamaño del muslo de la pierna de un hombre
al tiempo que este testigo començó a conosçer e tener conosçimiento del término e campo de la dicha villa de Alarcón e su suelo que abrá dichos çinquenta años (es decir, desde poco antes de 1500) poco más o menos tiempo vio este testigo que avía muy grandes pinares y carrascales y hera menester que los cortasen y talasen para que los ganados los pudiesen atrabesar y para tener tierras en qué sembrar porque en aquel tiempo no avía tanta gente como al presente ay y lo susodicho se hazía e usava e cada vezino de los dichos pueblos podía cortar por donde quisiese ecebto que avía de guardar la enzina e carrasca que hera de gorda de un marco que para ello tenían e sería como el muslo de un ombre y aquel tal pie avían de dexar y lo demás lo podían rromper y rrompían y desta causa arrasaron y talaron toda la tierra e la panificaron e no quedaron más de aquellos pies que dexaban conforme al marco e después a visto que ni dexaron aquellos pies ni otros nyngunos porque todo an talado y destroçado y no ay monte ni enzinar ni pinar si no es lo que an vedado y aún aquello lo hurtan y talan y destruyen a escondidas aunque los penan y prendan
A diferencia de las ordenanzas de años después que prohibían la corta de pinos donceles y cualesquier pinos carrascos o rodenos y encinas para favorecer la regeneración del monte, la solución aportada en un principio iba en sentido contrario. Parece que la limitación a la roturación del espacio forestal venía limitada por la fijación de un marco de hierro. Los troncos que estaban por debajo de esta medida se podían cortar. Aunque como hemos visto, una vez cotados los árboles jóvenes, los viejos tampoco se respetaron. La pena por cortar árboles de mayor grosor del marco era de seiscientos maravedíes y la medida vino impuesta no tanto por el afán roturador como por la necesidad de abrir espacios libres para los ganados en el enmarañado bosque. La aparición de estos calveros fue la invitación para espacios más amplios destinados a la sembradura. Un testigo declaraba como se cortaban por los vecinos de Villanueva de la Jara de una mata sola de monte ocho carretadas de madera al día, que eran llevadas a vender hasta la localidad de Iniesta a precio de sesenta maravedíes cada carretada. El proceso roturador fue tan salvaje, que para mediados de siglo las villas del suelo de Alarcón ya acudían a la tierra de Cuenca a comprar la madera que les faltaba en su tierra. Aunque en otras ocasiones eran los carreteros, procedentes de la tierra de Cuenca, los que acudían a la feria de San Clemente a vender la madera. Alarcón se vio obligada a ganar provisión real para cerrar espacios dedicados a la crianza de pinos donceles, que no se podían cortar hasta alcanzar los diez años de antigüedad. Fue un intento que, aunque en parte malogrado, evitó la extinción de todos los pinares. Para los conservacionistas de la época, valga la digresión, fue su primera conquista, en sus propias palabras, consiguieron señalar espaçios deçentes.

Paralelo al fenómeno de roturación de tierras fue el incremento demográfico. Las cifras que ya conocemos para San Clemente (alrededor de ciento ochenta vecinos hacia 1495, según el regidor de Alarcón García Llorca) vienen corroboradas por múltiples testimonios. San Clemente contaba a comienzos de siglo con alrededor de doscientos vecinos. Cuarenta años después la cifra de vecinos ha aumentado a alrededor de mil, aunque algún testimonio la aproxima a los mil quinientos vecinos. No obstante, los testimonios más creíbles son aquellos que señalan una población de mil doscientos vecinos el año de 1546. Villanueva de la Jara, excluidas sus aldeas, contaba entre doscientos y doscientos cincuenta vecinos en 1500, que amplió hasta setecientos u ochocientos vecinos cuarenta años después. Alarcón, que tenía una población de doscientos vecinos también tuvo un crecimiento demográfico menor, aunque sus aldeas sí lo hicieron.

Hoy el espacio agrario domina el paisaje del antiguo suelo de Alarcón. Villanueva y Vara de Rey han perdido sus pinares y, sin embargo, la repoblación posterior de San Clemente en los pinares Viejo y Nuevo pervive, como continúan los viejos pinares de la villa de Alarcón allí donde la naturaleza agreste impidió la roturación de tierras.


ARCHIVO DE LA CHANCILLERÍA DE GRANADA (AChGr). 01RACH/ CAJA 5355, PIEZA 8. Proceso entre el Peral y Villanueva de la Jara por términos. Siglo XVI 

sábado, 18 de marzo de 2017

Vara de Rey: la justicia a fines del siglo XV

Cubo en Vara de Rey (http://www.varaderey.es)
Vara de Rey era desde 1445 lugar bajo la jurisdicción de la villa de San Clemente. La relación de subordinación nunca fue aceptada por el lugar de Vara de Rey. Como aldea, y siguiendo la tradición de las tierra y suelo de Alarcón, Vara de Rey contaba cierta autonomía para impartir justicia en causas menores (cuantía inferior a 60 maravedíes)  y relativas a los conflictos surgidos por la aplicación de las ordenanzas municipales; justicia que estaba a cargo de dos alcaldes pedáneos. Suplementariamente dos regidores administraban los bienes propios del concejo. Teóricamente en las causas criminales y civiles de mayor cuantía entendía la justicia de la villa de San Clemente, pero la realidad iba por otros derroteros. Es de creer que la resolución de los conflictos se hacían en el seno del lugar de Vara de Rey por su justicia, enfrentada a la de San Clemente.

Fe de lo anteriormente dicho es que las apelaciones a los agravios cometidos por la justicia de Vara de Rey, en causas que según fuero hubiera debido entender la justicia de San Clemente, eran resarcidos por la acción judicial del Marquesado de Villena. El caso que traemos a colación es testimonio de ello. Juan de Alcocer, vecino de Vara de Rey, se queja ante el Consejo Real, que los alcaldes pedáneos de Vara de Rey actúan parcialmente a favor de algunos de sus convecinos. El caso muestra el control de la vida municipal por un pequeño grupo de principales del pueblo que controla los cargos y justicia municipal, que procuran que las causas se sustancien a su favor. Aquí se denuncia el monopolio del poder a favor de los intereses privados de dos regidores: Gil Sánchez de Jávega y Gonzalo Yus Toledano.

¿Por qué razón se acude ante el Consejo Real? Posiblemente porque se temía de la actuación parcial de la justicia de San Clemente o quizás, con más razón, porque se esperaba el interés de la propia justicia real de saltarse la primera instancia de los alcaldes ordinarios de San Clemente. ¿Qué mejor forma de negarla que acudir al Consejo Real para que el gobernador del Marquesado de Villena, Ruy Gómez de Ayala, entendiera en el caso recibiendo una comisión sin término de plazo?

En cualquier caso, la expresión no se atreuen a faser justiçia nos delata el control del poder municipal de unos pocos vecinos de forma compulsoria. Por una reunión del concejo de Vala de Rey de 3 de octubre de 1493 sabemos que las reuniones del ayuntamiento tenían lugar en la iglesia y que estaba compuesto por dos alcaldes, dos regidores y un jurado, pero que asistían también varios hombres buenos (entre ellos Juan de Alcocer), que cercanos o en colisión con el presente poder concejil, sin duda estaban en situación de intentar acceder a dicho poder o en enfrentamiento con él por su marginación. En realidad, la configuración en 1494 del poder concejil permanecía inmutable del establecido por el marqués de Villena en 1445, que venía a respetar la tradición iniciada a comienzos del siglo XV: dos alcaldes pedáneos, dos regidores, un jurado y varios hombres buenos. La duda es si el jurado estaba asumiendo la funciones en defensa de los intereses del común del procurador síndico que se estableció por estas fechas en las villas del Marquesado y si los hombres buenos ya actuaban como los diputados del común que se establecerán poco después, en lo que era un reflejo de las tensiones en el seno de las comunidades locales. Nosotros creemos que sí.

Don Fernando e doña Ysabel, Ruy Gómez de Ayala, nuestro gobernador del marquesado de villena, salue e graçia sepades que juan de alcoçer veçino de vala de rrey ques juredición de la villa de san clemeynte nos fiso rrelaçión por su petiçión que ante Nos en el nuestro consejo presentó disyendo que él dio queja a los alcaldes de la dicha villa de gil sánchez de xavala e gº yus toledano vesinos e rregidores del dicho lugar de vala de rrey e que los dichos alcaldes han sido nigligentes e no le querían faser conplimiento de justiçia por ser las personas de quien el quexa  rregidores e personas de quien no se atreuen a faser justiçia


Archivo General de Simancas, RGS, Leg, 149402, 97.  Que el gobernador del marquesado de Villena, juzgue en la acusación presentada por Juan de Alcocer, vecino de Vara de Rey, jurisdicción de San Clemente, contra la actuación de los alcaldes y regidores del citado lugar. 1494, febrero, 8

lunes, 2 de enero de 2017

Un concejo de Vara de Rey en 1493

La reunión del concejo del lugar de Vala de Rey de 3 de octubre de 1493, por entonces aldea dependiente de la villa de San Clemente, se celebró para obedecer una real provisión de los alcaldes de la Sala de los Hijosdalgo en el pleito que Juan Alfonso Palacios mantenía con este lugar y la villa de San Clemente por ver reconocida su hidalguía. Por supuesto, el actual edificio del ayuntamiento no existía y los concejos se celebraban en la iglesia. La composición del ayuntamiento estaba formada por un alcalde, que entendía en causas menores, dos regidores y un jurado. Este último cargo, de raigambre medieval se conservaba todavía era un defensor de los intereses de la comunidad. Por la misma época, en otras villas del Marquesado, se nombraban con el mismo fin procuradores síndicos. La organización concejil era propia de todas las antiguas aldeas de Alarcón. Los concejos adquirían la veste de concejos abiertos reducidos donde acudían los llamados hombres buenos, expresión que pierde su significado medieval para confundirse con los vecinos principales. El acceso a los cargos municipales, al igual que en San Clemente, todavía está ligado a la condición pechera. No obstante, hay vecinos presentes que pronto litigarán el reconocimiento de su hidalguía como los Montoya o reconocerán cien años después haberse visto obligados a renunciar a ella como López Perona. Sobre la hidalguía de Juan Palacios y su oposición a pagar pechos, por esa razón se inició el pleito, ya hemos tratado y volveremos sobre ello

En vala de rrey logar e jurediçión  de la vylla de san clemente en tres días del mes de otubre año del nasçimiento de nuestro salvador ihesu christo de myll e quatroçientos e noventa e tres años este dicho día estando juntos el conçejo del dicho logar en la yglesia juntamente segund que lo an de vso y costunbre el honrrado juan martínez collado alcalde en el dicho logar e gil sánchez de xávaga e gonçalo martínez rregidores e pedro de marçilla jurado en el dicho logar e juan dalcoçer e juan de sevylla e antón lópez e miguel sánchez del rramo e bartolomé sánchez e juan lópez de perona e miguel sánchez de ayuso e rrodrigo moreno e con los otros muchos buenos honbres de los del dicho conçejo deste dicho logar paresçió presente alonso moreno otrosy vesino deste dicho logar e fiço presentaçión de una carta de sus alteças el rrey e rreyna nuestros señores ante mi pedro de xávaga scriuano público en el dicho lugar el thenor de la qual es este que se sigue... la qual se leyó e notificó en presençia del conçejo juntamente alcalde rregydores e jurado e otros buenos onbres como dicho es, testigos que fueron presentes a todo lo que dicho es ferrando de montoya e pedro de montoya e julián descalante vesinos del dicho logar e yo el sobredicho scriuano

ARCHIVO DE LA CHANCILLERÍA DE GRANADA (AChGr). 01RACH/ CAJA 14589, PIEZA 1. Sobre guarda de privilegios de hidalguía de Juan Palacios y consortes. 1493

domingo, 24 de julio de 2016

De un hidalgo de Vara de Rey (1478)

Iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción
Juan Alfonso de Palacios, morador en Vara de Rey, era hombre hijodalgo de padre y de abuelo y de devengar 500 sueldos según fuero de Castilla. Así se presentaba él mismo en el pleito con los concejos de San Clemente y Vara de Rey para ver reconocida su hidalguía y tildar su nombre en el repartimiento de los pechos.

Las expresiones hijodalgo de padre y abuelo y de devengar 500 sueldos no eran palabras huecas, sino que Juan Alfonso de Palacios las utilizaba intencionadamente para hacer valer una hidalguía de tiempo inmemorial. Era la suya una hidalguía de sangre, por aquello que el Rey puede fazer cavalleros más no fidalgos, fundada en tres generaciones, que la memoria oral de la familia remontaba al abuelo sesenta años más atrás.

syéndole e debiéndole ser guardadas todas las honras e franquezas e livertades e habían e deuían aver e heran guardadas al dicho su parte e a los dichos su padre e ahuelo de diez e veynte e treynta e quarenta e sesenta años aquella parte e más tienpo de tanto tienpo aquella parte que memoria de onbres no era en contrario

 Era también una hidalguía de fuero, además de inmemorial, de los que devengaban 500 sueldos, es decir, de los que tenían el derecho a cobrar 500 sueldos en caso de injurias, según costumbre que se remontaba al derecho visigodo y que sería recogida por el Fuero Juzgo. Aunque hay autores que creen que los 500 sueldos hacen referencia a la paga que recibían de los Reyes los hidalgos por acudir y servirle en la guerra.

A decir de don Juan, su hidalguía y la posesión de la misma nunca había sido discutida, pero ahora desde que en 1445, Vara de Rey había caído bajo la jurisdicción de San Clemente, se le había incluido en los padrones para los repartimientos como un pechero más. Su oposición a pagar pecho alguno, había sido respondido por la justicia de Vara de Rey, y hemos de suponer que por la de San Clemente, con la toma de prendas o secuestro de bienes. Por la cuantía de las prendas, 1200 maravedíes, es indudable que la justicia de San Clemente andaba detrás, pues aunque Vara de Rey, contaba con alcaldes pedáneos desde 1445, éstos no tenían jurisdicción más allá de las causas civiles de 60 mrs.

El concejo de Vara de Rey tenía una visión diferente, que es difícil discernir si se movía entre la verdad o las tópicas alegaciones de las villas en estos casos. Según el concejo de Vara de Rey, la familia de Juan Alfonso de Palacios era un ejemplo más de aquéllos que se hacían pasar por hidalgos por aquellos lugares que pasaban o bien procedían de lugares que por privilegios tenían otorgadas ciertas exenciones y franquezas para no pechar. No obstante, a Juan Alfonso de Palacios, los alcaldes de la Sala de los Hijosdalgo acabarían dándole la razón catorce años después, el 30 de mayo de 1492, condenando al concejo de Vara de Rey a 450 maravedíes de costas y a devolver las prendas tomadas por un valor de 1200 maravedíes. Provisto de su carta ejecutoria con su correspondiente sello pendiente de hilos de seda se presentaría Don Juan ante los concejos de San Clemente y Vara de Rey, que, lejos de impresionarse, ignoraron la ejecutoria, obligando al hidalgo a pedir nueva carta de emplazamiento para ver reconocidos sus derechos. El concejo de Vara de Rey respondería consiguiendo un interlocutoria para que las partes presentarán nuevas probanzas, aportando una probanza de testigos en contra de la hidalguía de Juan Alfonso de Palacios, que sería desechada. La sentencia definitiva reconociendo la hidalguía sería dada en Valladolid un 10 de mayo de 1494. El concejo de Vara de Rey tuvo que aceptar la condición de hidalgo de don Juan, pero quien realmente claudicó era el concejo de la villa de San Clemente.

Vara de Rey es un pueblo de hidalgos. Los apellidos Alfonso y Palacios nos aparecen citados cien años después en las relaciones topográficas de Felipe II, junto con otros, hasta reconocer que en la villa había ochenta familias de hidalgos. La cifra viene corroborada por las declaraciones de testigos de un año antes. Pero lo llamativo es que la presencia de hidalgos en Vara de Rey se adivina en sus inicios más numerosa y significativa que en San Clemente. Es llamativo que cuando Vara de Rey (junto con Pozoamargo y Sisante) pasa a depender de San Clemente y se han de contar los vecinos que pasan a jurisdicción señorial del Marqués de Villena, solo se cuentan diecinueve vecinos pecheros (por ciento treinta de San Clemente). La cifra no parece irrisoria, y más comprendiendo tres lugares, si la comparamos con los 156 vecinos de 1528 o los 210 vecinos que tiene Vara de Rey en 1537, cuando obtiene el título de villa e infravalorada con la población que debía tener el pueblo en 1445. Hemos citado el caso de los vecinos principales y pecheros de San Clemente que hacia 1480 casaban sus hijas con los hidalgos de Vara de Rey; el ejemplo de Juan Alfonso Palacios es un temprano ejemplo de la defensa de los hidalgos de Vara de Rey de sus exenciones y franquezas frente a la pechera San Clemente. Pero lo significativo es que la defensa de la hidalguía se hace desde la justificación de una condición inmemorial, que el concejo de Vara de Rey no pudo rebatir con la probanza de testigos presentada, y que don Juan Alfonso Palacios pedía simplemente lo que era algo común en el lugar: el respeto a las franquezas y exenciones de que gozaban otros hidalgos, sus vecinos. Hidalgos de tiempo inmemorial de los que devengaban 500 sueldos y podían mostrar con orgullo su nobleza, tal como nos recordará don Quijote de sí mismo muchos años después:

Bien, es verdad que yo soy hijodalgo de solar conocido, de posesión y propiedad, y de devengar quinientos sueldos




Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, REGISTRO DE EJECUTORIAS, CAJA 69,16. Ejecutoria del pleito litigado por Juan Alonso de Palacios, vecino de Vara del Rey (Cuenca), con el concejo, justicia y regimiento de Vara del Rey, sobre hidalguía. 1494

domingo, 3 de julio de 2016

San Clemente en 1445: una villa de pecheros, excluyente de hidalgos

Torre Vieja
A la altura de 1494, algunos hidalgos de San Clemente consideraban el año 1445 como una desgracia para la historia de la villa. San Clemente había conseguido el título de villa y su exención de Alarcón (a costa de pasar a jurisdicción señorial), pero su gobierno había pasado a manos de pecheros. A cambio de 18.000 maravedíes anuales pagados al Marqués de Villena, los pecheros consiguieron excluir de los oficios concejiles a los hidalgos.

Esta medida a juicio de los hidalgos iba en perjuicio de los intereses de la república. Las acusaciones eran las típicas en este caso: venta de los términos de la dehesa boyal, disposición de los bienes comunes y de los fondos municipales. Incluso los hidalgos se quejaban de la pérdida del carácter democrático del gobierno de la época del reinado Juan II, acusando a los pecheros de no celebrar concejos abiertos y

faser lo que quieren syn llamar ni faser junta sobre ello

La exclusión de los hidalgos del gobierno municipal ya había sido otorgada por don Juan Pacheco, maestre de Santiago y I Marqués de Villena, el 10 de diciembre de 1445 con motivo de las capitulaciones con la villa de San Clemente, que condujeron al otorgamiento del título de villa. Aunque la villa se había asegurado ante el enviado Gonzalo del Soto, criado del Marqués, el respeto del fuero de Alarcón, se iba más allá de esta ley, no restringiendo el uso de oficios municipales a los caballeros villanos y abriendo su acceso a los pecheros y posteros. La capitulación número dos explicitaba que

e los que fueren puestos por tales oficiales (alcaldes, regidores y alguacil) sean buenos hombres posteros e pecheros

Se excluía pues de los oficios concejiles a los hidalgos (no olvidemos que los más significados eran criados del marqués de Villena), que sabemos que disfrutaban de los mismos en el periodo anterior, cuando San Clemente era simple aldea y, que, aunque desconocemos la estructura de gobierno, es presumible que contara con alcaldes pedáneos o jurados para causas menores y quizás algunos regidores. El fuero de Alarcón reservaba el gobierno municipal a caballeros  cuantiosos con casa y caballo. Pero la solución dada en San Clemente no tomaba como referencia la villa de dependencia: el gobierno municipal quedaba en manos de pecheros, es decir, aquellos que tributaban en los repartimientos de impuestos, a diferencia de los hidalgos exentos. Junto a ellos aparecen los posteros; éste término suele ser de más dudosa interpretación. La categoría de postero (o también medio postero o baladí) venía delimitada por la cuantía de los bienes poseídos, que implicaba una menor contribución en los repartimientos de pechos. No obstante, para autores como García Valdeavellano posteros serían los que tenían sus ascendencia en el propio concejo, descendientes de los primitivos pobladores del lugar y que se distinguían de los que habían llegado en un segundo momento de la repoblación. Así su menor tributación vendría por su privilegio de primer poblador y no por su menor hacienda. No obstante parece más acertada la primera acepción de la palabra.

El título de villa para San Clemente, concedido el mismo 10 de diciembre, a continuación de las capitulaciones, fijaba la estructura de gobierno local, estructurado en torno a alcaldes, con jurisdicción propia, y regidores, excluyendo por omisión a los hidalgos. Se establecía ademas un sistema de gobierno para las aldeas de San Clemente (Vala de Rey, Perona, Villar de Cantos y Villar de Caballeros), que no debería diferir del que gozaba la propia San Clemente cuando era aldea de Alarcón, pues se fundaba en la misma costumbre y fuero

Pero quiero y es mi uoluntad que en las dichas mis aldeas e en cada una dellas, se ponga alcaldes en cada uno año para que puedan levar e conosçer de los pleitos que montaren fasta en quantía de sesenta mrs. e de los mrs.  de los pechos e derechos pertenesçientes al rrey nro señor, e de los derecho e de los panes e viñas, según que conosçían e usaban en el tienpo quando eran aldeas de la villa de Alarcón

A pesar de este reconocimiento, el gobierno de las aldeas podía adquirir más complejidad en lugares como Vara de Rey, a quien un mes antes, el dos de noviembre de 1445, se delimitó su término con mojones propios, incluido Sisante, y se le otorgó una estructura de gobierno formada por un alcalde, dos regidores y un alguacil. Aunque más bien habría que hablar de reconocimiento de un régimen de gobierno preexistente. En el concejo celebrado el dicho dos de noviembre con motivo del recuento de vasallos cedidos al Marqués de Villena se nos dice

E luego, el dcho concejo e yglesia e ayuntamiento, los dichos regidores e jurado e omes buenos de la dha Vala de Rei

Hasta tal punto estaban asimilados los usos de justicia propia en Vara de Rey, que el representante de San  Clemente tuvo que recordar que Vara de Rey era aldea que le pertenecía, dependencia que sería reconocida un mes después.

La estructura previa de gobierno a la concesión del título de villa en 1445, la conocemos por el recuento de vecinos que se hizo previamente en el mes de septiembre al pasar a depender del Marqués de Villena. Los concejos abiertos que se celebraban en el pórtico de la Iglesia de Santiago nos hablan de una estructura de gobierno formada por un jurado y cuatro regidores. Incluso conocemos sus nombres; el jurado era Rodrigo Martínez, y los regidores Benito García Catalán, Andrés López, Miguel López de Perona y Antón López de Fuentelespino. La existencia de un jurado y cuatro regidores como rudimento de gobierno local, debía venir de apenas unas pocas décadas atrás. Estos oficios acompañados de algunos omes buenos, es decir vecinos principales del pueblo, se hacían cargo de la administración municipal y mostraban un cerramiento del gobierno local en manos de cuatro regidores. En cuanto a la función del jurado, era una figura defensora de los intereses concejiles y fiscalizadora de los otros oficiales locales, sin que tengamos constancia de la asunción de funciones judiciales menores. El caso es que por 1445 el gobierno municipal de la aldea de San Clemente estaba en transición entre el concejo abierto, al que podían asistir sus 130 vecinos, y lo que era más habitual un concejo tendente a cerrarse con presencia de un jurado, cuatro regidores (uno de ellos por la aldea de Perona) y algunos notables del pueblo. Por la misma época, Vara de Rey tenía su gobierno propio con dos regidores. Se trae esto a colación porque Vara de Rey no debió aceptar de buen grado su sometimiento a San Clemente. Es más, cuando San Clemente amojona sus términos, desde el trece de octubre, se cuidó bien de respetar los de Vara de Rey (y el resto de las tres aldeas) y sólo lo hizo un veinte de noviembre, es decir unos días después que Vara de Rey hubiera fijado sus términos.

El gobierno local de la villa de San Clemente tendía a cerrarse en pocas manos. Tal hecho se presentó ya desde la primera elección de oficios, bajo sometimiento de la villa al Marqués de Villena. Ésta tuvo lugar el 14 de octubre de 1445, bajo la autoridad y supervisión de Gonzalo de Soto, el hombre del Marqués. La elección nos muestra el momento dubitativo que se vivía. Todavía no se había asentado el sistema de elección por suertes, pero los cuatro regidores existentes, a los que correspondió la elección de los nuevos, sí eran conscientes de la necesidad de dotar al pueblo de un nuevo gobierno local propio, donde se reconociera la jurisdicción de primera instancia de la villa. La propuesta sanclementina de establecer un gobierno local formado por dos alcaldes, un alguacil y cinco regidores, sería vista por Gonzalo de Soto como motivo de escándalo, reduciéndola a un único oficio de alcalde y cuatro oficios de regidores; era una estructura que se asemejaba bastante al primitivo organigrama de un jurado y cuatro regidores. Las divergencias iban más allá del número e incluso de la personas nombradas. Como primer alcalde, y alguacil, de la villa sería nombrado Sancho López de la cal çerrada, pero llama más la atención el rechazo por Gonzalo de Soto de un segundo alcalde que debía recaer en una persona con cierto conocimiento en leyes, el bachiller Gonzalo Sánchez Lucas y también el rechazo de la existencia de un alguacil diferenciado en la persona de Martín Sánchez de Aparicio López. Se resistía el representante del Marqués a ceder la jurisdicción que había tomado posesión el día de antes y de la que había hecho uso en un primer juicio de Hernán González del Castillo contra el escribano Pedro Ruiz de Valdolivas. Esta primera sentencia debió sentirse como una ofensa en el pueblo; tanto por el tema tratado de primer orden, los molinos de la ribera del Júcar, como por darle la razón a Hernán González del Castillo, quien era tenido por un extranjero en el pueblo con ínfulas de señorialización en el lugar.

Decimos lo de extranjero intencionadamente pues Hernán González del Castillo, que pasaba por bisnieto de Clemén Pérez de Rus, quien erigió la llamada Torre Vieja y enterrado en la capilla de San Antonio de la iglesia mayor de Santiago, era, ante todo, el hermano del doctor Pedro González del Castillo. Ambos alcanzaron notoriedad y poder a la sombra de don Álvaro de Luna, que se traduciría en un proceso de patrimonialización en la zona, convirtiendo al doctor Pedro González del Castillo en señor de Santa María del Campo y Santiago el Quebrado. Es de presumir que el intento de señorialización del hermano, el corregidor Hernán, o Hernando, en la villa de San Clemente se traduciría en un fracaso, no obstante reconocerse en la crónica de Juan II el poder económico alcanzado en la villa (1). Claro que tal vez el Hernán González del Castillo que nos aparece en el citado juicio no sea el hermano del doctor Pedro González del Castillo, tal como creía don Diego Torrente, sino el hijo natural del doctor y del mismo nombre que su tío, que le proveyó en su testamento de un importante poder económico en torno a la villa de San Clemente. Si es así, tendríamos que dar la razón a los hermanos Castillo, pues cuando en 1548 defendieron su hidalguía en la Chancillería de Granada veían a su abuelo Hernando del Castillo, alcaide de Alarcón, como descendiente directo del doctor Pedro. Así el hijo natural del doctor Pedro y el alcaide de Alarcón serían la misma persona (2). Se iniciaba con este pleito una relación de odio y tirantez entre esta familia y la villa de San Clemente que se extendería a lo largo de los dos siglos siguientes. San Clemente podía admitir la genealogía del doctor Pedro como bisnieto de Clemén Pérez de Rus, pero no de esos otros Castillo cuya bisabuela Violante González, pasaba por judía conversa.

Pocas oportunidades más tendría el Marqués de Villena para ejercer la justicia en San Clemente a través de sus criados, pues el mismo día 13 de octubre los regidores sanclementinos que,aún no han depuesto el cargo en sus sucesores, protestan y exigen el nombramiento de un segundo alcalde, por ser uso y costumbre que los alcaldes y regidores se nombren en la propia villa y solo en segundo término se pida licencia para usar de su oficio al juez de Alarcón y ahora a la nueva autoridad del Marqués de Villena. Curiosamente se habla de alcaldes y no de jurados, con lo que es creíble que ya existía la figura con algunas atribuciones judiciales.

En cualquier caso para el 10 de diciembre, en las capitulaciones entre el Marqués y la villa de San Clemente, el primero cede y otorga la segunda petición de la villa, renunciando la elección de oficios en favor de la villa, recogiéndose dicha petición en el título de villazgo otorgado. La reserva que se arrogaba el Marqués de elegir alcaldes, alguacil y regidor entre cuatro, dos y dos personas respectivamente propuestas por la villa de San Clemente, intentando hacer suyo el derecho de la villa de Alarcón de confirmación de cargos sobre sus aldeas quedaba en papel mojado

E do vos liçençia e abtoridad, poderío e facultad, para que por mí, en cada un año, en el día de Sant Migell de setienbre, podades poner e elegir por suertes alcaldes e alguasil e rregidores, que sean buenos onbres pecheros o posteros, ydóneos e pertenesçientes, vesinos e moradores desa dicha mi villa, para que por mi usen los dichos oficios de alcaldes e alguasiladgo e rregimientos fasta uno año conplido

La elección por suertes restaba protagonismo a toda intervención señorial, y en el mismo sentido iba la exclusión de los hidalgos de la dicha elección. ¿Pero había hidalgos en la villa de San Clemente? En el recuento de vecinos de San Clemente de 1445, solo hay dos hidalgos que prestan juramento de sumisión al Marqués de Villena: Diego Fajardo de Vivero y Hernán Gutiérrez. Se extrañaba don Diego Torrente que solo hubiera por esas fechas dos hidalgos en San Clemente, cuando cien años después había treinta y tres. Pero seguramente era así y es posible que el tal Hernán Gutiérrez corresponda a una mala transcripción de Hernán González (del Castillo), un hidalgo ajeno a la villa, aunque asentado en ella por las posesiones que en usufructo poseía. El cambio a favor de los pecheros es visible en la sustitución de Hernán González del Castillo como testigo privilegiado de estos documentos por el bachiller Gonzalo Sánchez Lucas, el candidato a alcalde rechazado anteriormente.

La marginación de los hidalgos era un hecho constatado en la persona de Hernán González del Castillo, que había sido también testigo privilegiado de la entrega de la vara de justicia a Gonzalo de Soto. En aquel momento, junto a él, había dos hombres suyos (onbres del dho Hernán González) llamados Diego Montoya y Martín de Poyatos, aunque no vecinos de San Clemente. Apellidos que coinciden, en el segundo caso, con un escribano de confianza que daría fe y legalidad al traspaso de jurisdicción a favor del Marqués de Villena, y, en el primer caso, con una de las familias de hidalgos de Vara de Rey que nos presentan las Relaciones Topográficas de más de cien años después. Resaltamos este hecho porque cuando se produce el primer enfrentamiento entre hidalgos y pecheros, los primeros no son naturales de San Clemente sino de Vara de Rey, desde donde intentar controlar el poder sanclementino vía matrimonial con las hijas de los regidores y patriciado de esta villa. Estamos hablando del año 1480. Pero sin duda Vara de Rey se había convertido en refugio de las familias hidalgas rechazadas en San Clemente, o mejor  dicho, en el solar originario del que les costaba salir y proyectarse hacia la vida política sanclementina. Esto nos lleva a plantear que la prohibición de 1445 de acceso de los hidalgos de los oficios concejiles iba dirigida contra los hijosdalgo de Vara de Rey, donde a diferencia de San Clemente sí que tenían una presencia notoria y que ahora fruto de su unión a San Clemente tenían vía libre para acceder a los cargos municipales de esta villa.

Igual les sucedería a los hidalgos procedentes de Castillo de Garcimuñoz, con mala fama de conversos. Tal es el caso de Pedro Sánchez de Origüela, obligado a renunciar a la hidalguía cuando llegó a San Clemente en 1455, hecho que facilitaría a sus hijos el acceso a los cargos municipales. Algo parecido le debió suceder a Miguel Sánchez de los Herreros, de origen segoviano, y a quien vemos como figura destacada en la vida sanclementina hacia 1490.

Otros no renunciarían a su hidalguía, es el caso de Pedro de Oma, vasco que había llegado con su hermano hacia fines de siglo, al calor de la oportunidad presentada por la fiebre edificadora, y que litigaría su nobleza con la villa de San Clemente hasta conseguir ejecutoria en 1535. Otro tanto, acaeció con los Valenzuela, procedentes de Córdoba. Entre este grupo, que incluye a los recién encumbrados Rosillo por la guerra del Marquesado y a otros apellidos bien procedentes de Vara de Rey como Montoya o Abengoça, bien procedentes de Ocaña, donde recientemente se habían afincado, como los Haro o bien los Castillos originarios del pueblo homónimo, se formará un núcleo que litigara en la Chancillería de Granada desde 1512 el derecho de los hidalgos a ejercer oficios concejiles y entrar en suertes.

Ya antes en 1494 se sentirán lo suficientemente fuertes para discutir el monopolio del poder local por los pecheros en nombre del bien común de la república y denunciando que ese monopolio estaba fundado en el compromiso periclitado que se había hecho en 1445 de pagar una renta anual de 18.000 maravedíes al Marqués de Villena. Además el ejercicio del poder por unas pocas familias pecheras permitía toda una serie de atropellos; algunos iban contra la condición hidalga, como el repartimiento de cargas impositivas, pero otros eran fruto del ejercicio del poder en favor de intereses privados, como la intromisión de los ganados en las viñas y panes sin aplicación de pena alguna o que los regidores se habían doblado los salarios o eran parte favorecida en los repartimientos de alcabalas. La crítica principal, intentaba ocultar bajo la apariencia del mal gobierno, el control del poder por unos pocos**:

e que en el dicho conçejo ay dos onbres que están conçertados con otros seys para que dellos a una salgan los ofiçios y  a esta cabsa elegir con ellos onbres synples que tengan abonos porque continuamente puedan faser lo que quisieren 

(AGS. RGS. Leg., 149410, 325. Para que el gobernador del marquesado de Villena informe a petición de los hijosdalgo de la villa de San Clemente, sobre que en esta villa antes de ser enajenada y de pertencer al maestre don Juan Pacheco, ya difunto, los hijosdalgo eran admitidos a los oficios; y después se mandó que los dichos oficios se repartiesen por los pecheros en perjuicio de los mencionados hijosdalgo. 30 de octubre de 1494)

Las quejas venían a reproducir aquellas otras de seis años atrás. Entonces la comunidad y hombres buenos de San Clemente hacían llegar sus quejas al Consejo Real. Detrás de esa expresión se escondía una amalgama de opositores a los quince o veynte onbres rricos que dis que mandan en la dicha villa, que pedía se concediese la facultad de elegir un procurador síndico que pudiera expresar el malestar de la dicha villa e que mire por las cosas tocantes a la dicha comunidad. Los problemas de 1488 serán los mismos de 1494: la dehesa boyal de uso comunitario se ha arrendado a un vecino que la aprovecha a favor de sus ganados, olvidando su finalidad primaria de servir de pasto para los bueyes de los vecinos destinados a la labranza y la distribución y repartimiento de los impuestos se hacía de forma injusta y desigual. Pero las denuncias, aunque de ellas se hace eco el Consejo Real, son anónimas. ¿Qué cambia en 1494? pues que los hidalgos, fruto de la exclusión de los oficios municipales, comienzan a dar voz a esa mayoría marginada.

Entre los ganaderos que debían imponer su voluntad (tal vez beneficiario del aprovechamiento de la dehesa boyal) debía estar Alonso López Perona. Junto a él había otros ganaderos como Alonso Sánchez Barriga, Miguel Sánchez de los Herreros o Diego de Alarcón. Al lado de estos intereses ganaderos los omnipresentes Origüela, un Rosillo, Alonso López Rosillo, casado con una Origüela, y Juan López Tendero, el enemigo declarado de Juan Rosillo y también emparentado con los Origüela.

En tierra de nadie, están los Castillo, Alonso y Diego, los hijos de Hernando, el alcaide de Alarcón, que había apoyado los intereses del Marqués de Villena y había perdido en su intento de señorialización de Perona. Ahora recomponen su hacienda arruinada vía matrimonial, como hace Alonso del Castillo al casarse con María de Hinestrosa.

Enfrente una heterogénea coalición de opositores, que apoyándose en su hidalguía, y cómo no en su riqueza, comienza a pedir paso en el gobierno de la villa en nombre del bien común y dando voz a los marginados, aunque con el objetivo de defender sus intereses propios. Muchos ellos son los perdedores de la pasada guerra del Marquesado, como los Castillo; son los Ludeña, Pacheco o Pallarés. Otros simplemente quieren ver reflejada su riqueza en la detentación social del poder político. En este grupo están Rodrigo de Ortega, Hernán Vázquez de Haro, Antón García o Pedro de Oma.

Lo que nos parece evidente es que las luchas de bandos eran muy complejas e iban más allá de las disputas que García Moratalla nos presenta entre Almagrados y el grupo de de conversos llamados los Sebosos***, aunque el odio que manifestaba Juan Rosillo contra los Origüela surgen en esta época. No obstante, el enfrentamiento entre ambos bandos aparece muy mitigado comparado con otras villas como Iniesta o Villanueva de la Jara.
Aunque quizás detrás de estas acusaciones estuvieran los Rosillo, emparentados con Juan el reductor del Marquesado de Villena. Los Rosillo habían visto muy contestado su poder en la villa en los últimos quince años del cuatrocientos. Serán los miembros de la familia que, a diferencia de Alonso, no habían renunciado a su recién adquirida hidalguía para desempeñar cargos municipales, los que actuarán como portavoces del común de la villa de San Clemente. Pero a día de hoy nos quedan muchos hilos sueltos por unir y poder dar sentido a este periodo que se extiende en el cambio de los siglos XV al XVI.



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(1) Casa de Hernán González del Castillo, hermano del doctor Pedro Gonçález del Castillo, hijo de Lope Martínez y de Teresa Martínez su mujer. De este cauallero hace mención la corónica del Rey don Juan el segundo en el capítulo 155 del año de 29 donde dice que viendo el maestre de Santiago don Álvaro de Luna que el castillo de Montánchez que estaua por el Ynfamte don Henrique no se podía sin largo tiempo tomar dejo ende un cauallero de su casa que se decía Hernán Gonçález del Castillo, hermano del doctor Pedro Gonçález del Castillo con harta gente de armas y uallesteros para que no diesen lugar que los del castillo robasen como solían ni pudiesen tener más mantenimientos del que tenían, en el capº 27 del año 42 dicela dicha corónica que el rey entregó la llaue de la torre al corregidor que entonces en Ábila tenía que se decía Hernán Gonçález del Castillo, hermano del doctor Pedro Gonçález del Castillo del conxejo del Rey.
No se pone la sucesión de este cauallero porque no la tuuo aunque fue casado con Mencia López de Mendoza señora de mucha calidad y christiandad y viuieron en la Clemente en la Mancha donde edificaron unas casas muy principales con una torre que llaman la torre uieja, tuuieron muchos heredamientos, bienes y haciendas y fundaron una capilla en la iglesia maior de San Clemente la más principal que ay en ella de la aduocación del señor San Antonio en la qual se mando enterrar en su testamento el dicho Hernán Gonçalez y que metiesen consigo los güesos de su padre el patrón de la capellanía es don Francisco Pacheco señor de Minaia, dexó ansimismo una memoria y dotación en la cofradía de Nuestra Señora de los Coronados de la dicha villa donde él y su mujer fueron cofadres como parece por la tabla de las memorias que se an de hacer y decir en aquella iglesia por los cofadres dellas donde el primero capítulo dice desta manera: primeramente por Hernán Gonçález del Castillo y por su dueña se a de decir una uigilia de seis liciones cada año e el mismo capítulo está en el libro de las memorias que la dicha iglesia tiene. (BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA, Mss. 3251, Linajes de España, fols 304-312)

(2) otrosy por quanto quando el liçençiado Fernánd González mi fijo casó, yo le di el vsufruto de la parte que yo he de los molinos que dizen de pero ferrnández que son en el rrío de Xúcar en el término de la dicha villa del castillo que son la meytad mios e la otra meytad de lope de Alarcón* e asymesmo la heredad de sant clemente e las huertas e viñas del castillo e las dehesas del loluuilla e del galapagar que son en término de alarcón de lo qual no le di la propiedad saluo solamente el usufruto dello para con que se matouiese  mientra fuese mi volintad todavía quedando en mi la propiedad como oy día la tengola qual sabe bien mi dicho Fernand González mi hermano e aun el dho liçençiado aver pasado asy el qual yo nunca legitimé pero que agora es mi voluntad que de aquí adelante asy los dichos molinos y heredades como todo lo otro susodicho de que yo le di el usufruto que lo aya enteramente todo el dicho liçençiado Fernand González  mi fijo e sea suyo (AHN. SECCIÓN NOBLEZA. LUQUE. C.112, D. 1. Escritura de mayorazgo fundado el 3 de noviembre de 1443 por el doctor Pedro González Castillo, conteniendo su testamento de 8 de agosto de 1448. fol. 20). Los hijos legítimos del doctor Pedro González del Castillo, habidos de su matrimonio con Isabel Portocarrero, eran el heredero del mayorazgo Juan del Castillo Portocarrero y Alonso Puertocarrero, Diego del Castillo y Beatriz. En la sucesión del mayorazgo se incluían todos ellos y el corregidor Hernán González del Castillo, pero no su hijo bastardo el licenciado Hernando González del Castillo. El licenciado heredaría el título de alcaide de corte del doctor Pedro, la presencia en el pleito mencionado de Hernán González del Castillo, como guarda del Rey, nos lleva a equiparar ambos términos, alcaide y guarda. Se trataba en cualquier caso de criado y hombre de confianza del Marqués de Villena, don Juan Pacheco.

*La familia Alarcón aprovecharía las vicisitudes favorables de la guerra del Marquesado para intentar hacerse con la totalidad de la propiedad de los molinos. Para entonces quien defenderá los intereses de la familia Castillo será Alfonso (del Castillo) Puertocarrero.

**En 1484 el gobierno local está en mano de cuatro regidores: Juan López Tendero, Miguel Sånchez de los Herreros,  Juan López de Perona y Juan Sánchez de Andrés Sánchez.

*** Entre los denunciados como Almagrados por Hernando del Castillo, alcaide de Alarcón y camarero del Marqués de Villena, está Juan López Rosillo, reductor del Marquesado de Villena, y sus hijos y parientes, Martín Granero el mozo, Fernando de Peralta y Juan Alonso de Palacios (éstos dos últimos hidalgos de Vara de Rey); entre los aliados de Hernando del Castillo, llamados los Sebosos: Pedro Sánchez de Origüela y el hidalgo Pedro de Montoya, de Vara de Rey.
Véase GARCIA MORATALLA, P. : La tierra de Alarcón en el señorío de Villena (siglos XIII-XV). I.E.A. Don Juan Manuel. Albacete, 2003. pp. 188 y ss.

domingo, 12 de junio de 2016

Partida de Bautismo de Rodrigo de Ortega y Ortega, III señor de Villar de Cantos

Presentamos la partida de bautismo de don Rodrigo de Ortega y Ortega (o Monteagudo), III señor de Villar de Cantos y Vara de Rey, que casaría con Catalina Guerrero y Cárcamo (hermana del I Marqués de Valdeguerrero). De este matrimonio nacería don Gabriel Ortega y Guerrero, II Marqués de Valdeguerrero y IV señor de Villar de Cantos y Vara de Rey, con quien continuaría la línea sucesoria.

Acompañamos una genealogía de los ascendientes del III señor de Villar de Cantos para una mejor comprensión del linaje.


Partida de Bautismo

En la villa de San Clemente a diez y seis días del mes de junio de mil y seiscientos catorce años yo el doctor Christóbal de Tebar cura propio de esta dicha villa bauticé a un niño hijo de don Rodrigo Ortega y de doña Inés Ortega, púsele por nombre Rodrigo nació a tres de mayo fue su compadre de pila Christobal García Monteagudo declarósele el parentesco fueron testigos Pedro Díaz y Esteban Sánchez y lo firme= el doctor Tébar=

(Es traslado de la partida original sacado el 27 de abril de 1641 por Francisco de Iranzo, presbítero y teniente mayor de cura de la Iglesia de Santiago de San Clemente)


AHN. ÓRDENES MILITARES. CABALLEROS DE SANTIAGO. Exp. 6008. Don Rodrigo de Ortega y Monteagudo. 1641, fol. 196 rº







Genealogía de don Rodrigo de Ortega y Ortega, III señor de Villar de Cantos

Padres

Don Rodrigo de Ortega y doña Ynés de Ortega, vecinos y naturales de la dicha villa de San Clemente

Abuelos paternos

Don Rodrigo de Ortega y doña Ana Rosillo*, vecinos y naturales de la dicha villa de San Clemente

Abuelos maternos

Bautista García Monteagudo y doña Catalina de Ortega**, vecinos y naturales de la villa de San Clemente

En Madrid, a diez y ocho de enero de hebrero de mill y seiscientos y quarenta y uno

Gregorio de Tapia (rúbrica)

*En realidad, es natural de Vara de Rey
**En realidad, natural de la villa de Cañavate


AHN. ÓRDENES MILITARES. CABALLEROS DE SANTIAGO. Exp. 6008. Don Rodrigo de Ortega y Monteagudo. 1641, fol. 5 rº

lunes, 4 de abril de 2016

El ocaso de los Buedo y el ascenso social de Francisco de Astudillo (III)

La elevación de la segunda puja de don Rodrigo de Ortega obligó a Francisco de Astudillo y a Martín de Buedo Gomendio a un nuevo concierto de 8 de marzo de 1612, firmado ante el escribano Bartolomé de Celada. La puja subiría hasta los 12.050 ducados, haciéndose necesaria la colaboración y aportación financiera del capitán Francisco Rodríguez Garnica para que Astudillo ganara la subasta. Aún así don Rodrigo de Ortega por medio de Bautista García Monteagudo se haría con los bienes de la cañada del Abad. Astudillo se haría con el oficio de tesorero elevando su precio en 1.700 ducados más y la viña y olivares de la cañada de Sisante, elevando su precio en 194.110 maravedíes sobre los 425.000 ofrecidos por don Rodrigo.

El concierto o pacto entre Astudillo y Buedo incluía la aceptación por éste último que los bienes se remataran en Astudillo o su cuñado el capitán Rodríguez Garnica. El oficio de tesorero que sería rematado en el capitán por 9.700 ducados, sería cedido inmediatamente en Astudillo, que a su vez daba la posibilidad de revertirlo en Buedo a los seis años, si estaba dispuesto a pagar un precio de 8.000 ducados, inferior al remate. De ese dinero del precio del oficio de tesorero, se descontaron 3.800 ducados a pagar a los fiadores del censo de Juana de Guedeja (Diego de Agüero y sus consortes Cristóbal Galindo y Miguel García Macacho), y que Astudillo debía abonar a la Real Hacienda en un plazo de seis meses. En cuanto a los bienes raíces, treinta mil vides, 1.500 olivos, molino de aceite, casas, mulas y aperos de labranza, que se remataron en Astudillo por 2.350 ducados,  serían cedidos a Martín de Buedo Gomendio, según escritura posterior de 12 de agosto de 1612, que para recuperarlos se comprometía a pagarle a Astudillo 4.000 ducados en un periodo de cuatro años de 1613 a 1616, a razón de mil ducados anuales. El propio Buedo reconocía que la hacienda que se le iba a ceder rentaba alrededor de 600 ducados. Contaba, además, Martín de Buedo para recuperar sus bienes con el cobro de diversas deudas: de las rentas reales, 70.000 maravedíes de San Clemente, 560.000 maravedíes de Iniesta y diversas deudas particulares, 1.000 ducados del concejo de Vara de Rey como cesionario que era de un censo del convento de monjas de San Antonio el Real de Segovia, 100 ducados de Gómez de Valenzuela y el dinero de las mulas que Martín de Buedo había vendido a su familiar Pedro de Buedo.

Pero cuando se cumplió en marzo de 1613 el primer plazo del remate, Martín de Buedo no pudo pagar, por lo que Astudillo pidió la ejecución de bienes del tesorero. Aprovechando para quedarse de forma definitiva con el oficio de tesorero (aunque el título sólo sería expedido dos años más tarde por la Contaduría de Mercedes) y para el remate del resto de bienes de Martín, que de prenda predatoria pasarán a plena propiedad, ya no sólo de Astudillo, sino de don Rodrigo de Ortega. Ambos habían llegado a un acuerdo para rematar el proceso ejecutivo de un año antes. Así acuerdos y conciertos se mudaban según los intereses de las partes y, porque no decirlo, las ambiciones y egoísmos personales. Francisco de Astudillo, que tenía facilidad para los conciertos, era hombre que no perdonaba los incumplimientos. Por eso, esta vez humillaría a Martín de Buedo, incluyendo en la ejecución de los bienes tres esclavos, de nombres Lucas, María y Beatriz, a los que Buedo tenía especial cariño. Astudillo, que en todo procuraba mantener las formas legales, había convenido con Buedo en 1612, hacer postura por dichos esclavos para cedérselos a continuación a Buedo a cambio del ganado lanar de éste. Apenas un año después Astudillo pedirá también los esclavos con la excusa de que el remate de los esclavos había caído en Juan de Araque, a quién había comprado los esclavos, dejando sin valor el concierto.

Francisco de Astudillo, mientras tanto, llevaba un doble de juego con Martín de Buedo. Antes de la ejecución de bienes había sido apoderado por Buedo para la cobranza de las rentas reales de Iniesta; ahora, Astudillo, en posesión de la tesorería consideraba que los 560.000 maravedíes cobrados correspondían a su ejercicio como tesorero y, de hecho, fueron destinados inmediatamente al pago del asentista Gerónimo Serra, privando de esta forma a Buedo de los 1.500 ducados que pretendía recaudar en Iniesta para hacer pago de sus obligaciones. Además, Astudillo, que como escribano que era, daba muestras de pulcritud en cuestiones legales, reducía las buenas formas a la plasmación por escrito de los compromisos, pero no a los medios para conseguir sus objetivos y la firma de escrituras de renuncia de Martín de Buedo:

y para que no le pidiese los demás bienes referidos con el poder que tiene con las justicias y vecinos de la dicha villa de San Clemente, desde que usa el dicho oficio procuró perseguir al dicho Martín de Buedo, buscándole calumnias para prendello y buscándole con gente de a cauallo y de a pie por los campos y en su casa, y cercándola muchas veces para el dicho efecto, solo a fin de obligallo a que otorgase en su favor dos escrituras, una en que hiciese dexación del oficio,y otra en que aprobase los dichos remates y posesiones, y se apartase de qualquiera derecho que tuviese contra él. Y el dicho Martín de Buedo compulsó y apremiado contra su voluntad, otorgó las dichas escrituras ante Francisco Rodríguez escriuano de la villa de San Clemente la escritura en que hizo dexación del dicho oficio de Tesorero y ante Bartolomé de Celada escriuano asimismo la escritura en que aprobó el dicho remate, y hizo apartamiento de los dichos derechos

Astudillo, muy dado a los equívocos, había sabido dar una nueva lectura a las concertaciones de 1612. Se suponía que los 4.000 ducados que Buedo se había obligado a restituir a Astudillo, pertenecían al censo de la memoria de Juana Guedeja, pues Buedo hacía frente a un pleito ejecutivo contra su fiador en dicho censo Diego de Agüero, que había conseguido salvar con los cuatro mil ducados cedidos por Astudillo a Buedo, destinados a pagar el principal de dicho censo, pero del que no reconocía que se hubiera dado la propiedad de sus bienes raíces como garantía, sino que sólo se había cedido su uso para pago de los mil ducados anuales. No lo entendía así Francisco de Astudillo, que por vía ejecutiva decidió quedarse con un olivar y 30.000 vides.

Martín de Buedo había tejido toda una serie de alianzas para garantizar la posesión de sus bienes. No cabe duda que su principal aliado era Francisco de Astudillo, pero en la almoneda habían acudido otros hombres de paja, familiares de Martín, para hacerse con los bienes y evitar que cayeran en manos de Rodrigo de Ortega. Así Pedro de Buedo había adquirido las mulas y Juan de Araque, los esclavos. Ahora todo este entramado de intermediarios se hundía.

En este enrevesado juego no debía permanecer pasivo don Rodrigo Ortega. Enseguida exigiría a Astudillo que le entregará los frutos de la explotación de la hacienda de Buedo como pago de sus deudas, cosa que Astudillo hizo. Además, sabemos que don Rodrigo Ortega había prestado dinero al concejo de Vara del Rey, que incapaz de devolverlo tendrá que vender su jurisdicción en favor de aquél. Desde entonces, la justicia de Vara de Rey, y por varios siglos, quedará en mano de Rodrigo Ortega y sus sucesores los Marqueses de Valdeguerrero. Hemos de suponer que para mantener su independencia jurisdiccional el concejo de Vara de Rey lucharía hasta el límite, y la forma más a mano que tenía era cobrar 37.000 reales que Martín de Buedo debía al pósito de esa villa. Incapaz de pagar, Martín de Buedo se vio inmerso en un pleito con el concejo de Vara de Rey, ante el Consejo Real; Astudillo, que se había constituido en fiador de Buedo para garantizar su presencia en el juicio y que no huyera, fue traicionado por Buedo, que no se presentó ante el Consejo Real, obligándose Astudillo a entregar la fianza dada para evitar su prisión y verse embarcado en un pleito ante el Consejo Real por tiempo de dos años, que le costaría más de tres mil ducados. Desde ese momento, cualquier compromiso entre Astudillo y Buedo fue imposible.

Firma de Francisco de Astudillo








ARCHIVO DE LA CHANCILLERÍA DE GRANADA (AChGr). 01RACH/ Caja 2854, PIEZA 7. Martín de Buedo Gomendio, vecino de Vara de Rey, con Francisco de Astudillo, tesorero de rentas reales del Marquesado de Villena, vecino de San Clemente sobre el oficio de tesorero. 1620