El corregimiento de las diecisiete villas

IGNACIO DE LA ROSA FERRER

HISTORIA DEL CORREGIMIENTO DE SAN CLEMENTE

EL CORREGIMIENTO DE LAS DIECISIETE VILLAS EN LA EDAD MODERNA
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sábado, 12 de noviembre de 2016

Motilla del Palancar y la peste de 1559

                                                 
Miguel de la Casa en nombre del conçejo alcaldes rregidores ofiçiales y omes buenos de la villa de la Motilla del Palancar me hiço rrelaçión diçiendo que nuestro señor Dios fue servido de dar pestilençia e mortandad en aquella tierra la qual duró desde el día de Santo Matía apóstol hasta el día de San Pedro e San Pablo que es en el mes de junio deste presente año e fue tan rresçia la enfermedad que demás huir las personas a los canpos porque en los pueblos no los querían admytir ni acoger y morir muchos y quedar la dicha villa despoblada se quemó mucha rropa y ajuar de las casas donde susçedió la dicha enfermedad de donde rresultó çesar las contrataçiones y ventas del pan e carne y otras cosas y las rentas desta dicha villa dimynuirse y quebrarse manera que en aquel tienpo no rrentaron ny valieron cosa alguna

De esta guisa se expresaba la real provisión que haciéndose eco de las súplicas de la villa de Motilla de Palancar ordenaba al escribano de San Clemente que pasara a la villa vecina para recoger testimonio de los destructores efectos de la peste, pudiendo obtener así la población el perdón del pago de rentas reales en los años siguientes.

La peste se había iniciado un 24 de febrero 1559, día se San Matías Apóstol, y se extendió en el tiempo durante cuatro meses hasta el 28 de junio, víspera de San Pedro y San Pablo. Los motillanos huyeron de su pueblo, pero se encontraron con el esperado repudio de los pueblos vecinos y comarcanos que se negaron a acogerlos, debiendo vagar lastimosamente por los campos. Pasados dos meses del fin de la enfermedad era tal el temor que los vecinos seguían refugiados en los campos. La villa estuvo durante seis meses despoblada; las medidas sanitarias adoptadas, desde el aislamiento a la quema de ropa que cita el texto, o la huida de los vecinos, seguros de que el mejor remedio contra la peste era el clásico cito, longe, tarde, provocaron la ruina del pueblo y el cese de los tratos. Sin llegar a la devastación de la peste de 1600, sus efectos se dejaron sentir en la mortandad, que alcanzó hasta un centenar de personas

murieron en la dicha villa hasta noventa personas pequeños e grandes y en los canpos murieron algunos en poca cantidad y allá los enterravan y otros en sus casas y en los corrales y en los poços porque no avya en la dicha villa quien los osase enterrar de temor de la dicha enfermedad e los vido llevar a enterrar rrastrando con una soga del pescueço e a los pies 


En 1559, antes de la peste iniciada para mediados de febrero, Motilla del Palancar, según daba fe el escribano de la villa Alonso de Córdoba, contaba con cuatrocientos setenta y cinco vecinos*, todos pecheros y ningún hidalgo, pues aunque aspiraciones de nobleza no cabe duda que existían, chocaron con un concejo pechero poco dado a admitir en el pueblo exenciones. Familias como los de la Casa reivindicarán esta condición noble treinta años después, pero ahora ocupan los cargos de alcaldes ordinarios, para cuyo ejercicio sin duda se requería la condición pechera o, al menos, faltaba la partición de oficios entre nobles y estado llano para delimitar su disfrute.

La explosión demográfica que sufrió la villa fue espectacular, solo hay que pensar en los doscientos setenta y un vecinos que nos presenta el censo de pecheros de 1528. La peste llegó sobre una villa en auge, aunque en torno a finales de los cuarenta afloraron los primero síntomas de crisis, con las malas cosechas y la langosta. Malas cosechas que se repitieron antes del brote epidémico estudiado aquí. En cualquier caso, Motilla estaba tocando techo en su población, y aunque se recuperó de la peste de 1559 y de la mortandad entre la población joven de la guerra de Granada de 1570, su vecindad no pasaría de 557 vecinos antes de fin de siglo, según censo de 1591. Luego llegó el cataclismo de cambio de siglo, la peste de 1600, las malas cosechas y las derivadas crisis de subsistencias. Es de imaginar que después, en el primer tercio del siglo XVII, la población se recuperó y alcanzó máximos, antes de la crisis de los años treinta y cuarenta, en que el reclutamiento militar mermó la población en edad de procrear. Aún así Motilla superó la crisis mejor que otros pueblos, el dudoso censo de 1646 muestra una población de 500 vecinos. No obstante la evolución demográfica de Motilla, que cuenta con unos excelentes registros parroquiales, está por estudiar desde la investigación de la historia local, pues para el estudio de la demografía histórica  de España dichos registros fueron utilizados por Jordi NADAL.

El mal pestífero se había importado por el puerto de Barcelona en 1557. Tal como ha estudiado PÉREZ MOREDA**, la enfermedad fue precedida por crisis de subsistencias, ligadas a los desastres naturales y adversidades climatológicas, destacando el intempestivo invierno de 1557 que arruinaría las cosechas del verano. Es una pena que se haya perdido el testimonio del médico bachiller Segovia, porque seguramente nos hubiera dado alguna luz sobre la naturaleza de la enfermedad.

El cirujano Juan Catalán, un joven de veinticinco años, que se contagió y superó la enfermedad, aunque perdió su mujer y su hija, elevaba la mortandad hasta noventa y siete personas. Quizás el dato sea el más fiable de todos, pues llevaba un registro de las muertes y fue de los pocos que en un primer momento atendió a los enfermos. Otra persona que arriesgó su vida en tan amarga situación fue el clérigo Andrés García, de cincuenta y tres años y pariente lejano del alférez mayor de la villa Pedro Lucas, dando la extrema unción y amortajando a los que murieron y visitando en los campos a los vecinos huidos. En su tarea le auxilio el teniente de cura Alonso Martínez, que procuró dar una sepultura digna a algunos muertos.

e vesitaba los enfermos e los confesava e amortajava e los enterrava porque no quedó clérigo en esta villa

 Los motillanos enterraban a sus seres queridos,como Alonso Jaén que enterró a su mujer en el corral de su casa, arrastrando los cadáveres atados al cuello y a los pies con sogas para evitar el contagio directo. No faltaron las buenas obras. Hemos hablado del apoyo espiritual del clérigo Andrés García; la ayuda material la proporcionó un principal de la villa llamado Alonso de la Jara.

El temor que provocó la peste desencadenó la huida de los vecinos de la villa, tal como narraba Juan Barchín, uno de los cinco o seis vecinos (hasta diez o doce elevaba el mencionado cirujano la cifra) que únicamente permanecieron en la villa todo el tiempo que duró la peste. Casi todos pobres de solemnidad que no tenían donde ir. La huída a los campos, que, como se ha dicho, duró seis meses fue definitiva para cuarenta vecinos que no volvieron nunca más al pueblo. A la intemperie los vecinos levantaron chozas donde cobijarse. El mismo testigo afirmaba que el valor de la ropa y ajuares quemados en las casas de los apestados para evitar el contagio se evaluaba en doscientos ducados. Sumados los ajuares quemados y otros bienes perdidos, el daño ascendía a mil ducados. Aunque se reconocía el cese de la actividad en la villa, centrada en el cultivo de cereales y viñas, en el cuidado de los ganados y la fabricación de paños, los vecinos procuraron coger la cosecha de ese año para tener con que sustentarse una vez pasado el mal. El cese de los tratos y actividades cotidianos fue expresado en palabras del teniente de cura Alonso Martínez muy acertadamente

y rresultó de la dicha enfermedad que çesaron las contrataçiones y ventas y tratos de paños en la dicha villa y otras ni avía panadería ni tienda de pescado y açeite y muchas veçes este testiguo mandó como theniente de cura de la yglesia de la dicha villa que el mayordomo della proveyese de açeite para la lánpara de la dicha villa porque el más tienpo no estava ençendida por falta de açeite y el dicho mayordomo dava por descargo que en los pueblos comarcanos no los quería hoír ni dar açeite y ansí la dicha lánpara no ardía ni ardió en mucho tienpo e tomavan por rremedio que ardiese çera delante del santísimo sacramento

El mejor testimonio de lo acontecido en la villa de Motilla se corresponde con el escribano Alonso de Córdoba el viejo, de sesenta y dos años, que haciendo virtud de su oficio detalló fielmente los hechos

e començó la dicha enfermedad a diez e nueve días del mes de hebrero del año pasado de mill e quinientos e çincuenta e nueve, aunque en la dicha villa no hovo escándalo por rrazón de la dicha enfermedad hasta el día de Santo Matía que fue a veynte e quatro días del dicho mes de hebrero del dicho año porque en aquel día murió un vezino de la dicha villa del dicho mal de peste aunque ya avían muerto otras personas y el dicho día de Santo Matía ovo muchas personas heridas del dicho mal de peste y aquel día ovo muy grande escándalo en la dicha villa y sabe que murieron del dicho mal hasta la vijilia de San Pedro e San Pablo que es a veynte y ocho días del mes de  junio de dicho año y en todo el dicho tienpo tuvo cuenta este testigo que murieron noventa e tres personas de la dicha enfermedad
... se despobló la dicha villa de la Motilla e se fueron todos los vezinos della a los canpos porque no los querían acoger y en los pueblos comarcanos de la dicha villa e que oyó deçir que con ser el pueblo de quinientos vezinos no avían quedado en la dicha villa syno hasta veynte vezinos e que los más dellos heran personas pobres que no tenían con que salirse y este testiguo estuvo fuera de la dicha villa con toda su casa çinco meses poco más o menos fuera della en el canpo y ansí vido muchos vezinos de la dicha villa estar en el canpo y en choças e rreszibían grandes fatigas de hambre de frío y de otras nesçesidasdes e por estar como estavan en los canpos e no quererles dar las provisiones e mantenimientos en los pueblos comarcanos padesçían muy grande nesçesidad y algunos vezinos de la dicha villa que estavan en los dichos canpos e les hoyó este testiguo que por padesçer tanta nesçesidad en el canpo estavan determinados de volver a la dicha villa de la Motilla porque deçían que tenían por mejor morir de pestilençia que no de hanbre
... e la dicha villa no está tan poblada de vezinos ni proveyda como antes... estuvieron mas de mes y medio después que çesó la dicha muerte que no bolbieron a la dicha villa los vezinos que se avían salido della que muchos dellos estuvieron más de dos meses e medio que no hosaron bolber a la dicha villa por temor de la dicha enfermedad de peste e pasaron más de tres meses y aún quatro que en los pueblos comarcanos  a la dicha villa no acogían a los vezinos della
... çesaron las contrataçiones de la dicha villa de paños e vino e carne y otras cosas porque los forasteros no hosavan entrar en la dicha villa y a los vezinos della (no) dexaban entrar en otras partes y ansí çesó el trato de la dicha villa y quebraron las rentas della... los dichos propios valieron una terçia parte menos que valían antes... las rrentas rreales cree este testiguo que no valieron la quinta parte que solían valer

Si comparamos esta peste con la de San Clemente de 1600, la nota dominante fue la anarquía y la improvisación. En Motilla ni se habilitó un espacio propio para el tratamiento de enfermos ni vinieron médicos de la Corte ni hubo ayudas de otras villas comarcanas. El desprecio hacia los motillanos fue clamoroso. Acudieron hasta la villa de El Peral en busca de comida y ayuda, pero fueron rechazados y expulsados del pueblo a pedradas, como serían rechazados, aunque sin tanta inquina, en el resto de pueblos comarcanos. En Gabaldón, aldea de Motilla, sus vecinos exigieron que los motillanos que hasta allí habían acudido, dirigidos por sus alcaldes, mantuvieran una distancia de ochenta pasos para intercambiar unas palabras en una comunicación que resultó infructuosa. En Buenache un vecino rechazaba acoger a su hermana, que acabó muriendo, y a su marido. El trato, una vez pasada la peste, no fue mejor y desde San Clemente y Cuenca, cabezas de partido, se mandaron alguaciles para ejecutar las deudas por las rentas reales y servicios no cobrados. Los arrendadores de las rentas y sus fiadores fueron encarcelados. Las alcabalas y tercias de la villa obligaban a los motillanos por valor de doscientos mil maravedíes, incapaces de pagar en estas condiciones a la cabeza de partido de San Clemente, donde solía residir por estas fechas el gobernador del Marquesado de Villena y se centralizaba el cobro en las arcas de Diego de Ávalos. Igual incapacidad para pagar se presentaba con las obligaciones del servicio ordinario y extraordinario que se cobraba desde Cuenca. Si arrendadores de rentas y fiadores habían sido encarcelados, no fueron mejor tratados los alcaldes, regidores o vecinos principales, cuyos bienes fueron embargados para hacer frente a las deudas. Algunos vecinos huyeron, pero esta vez no de la peste sino del miedo a ver embargadas sus bienes y haciendas y presas sus personas. La villa se vio obligada a tomar préstamos con dineros a censo, sus vecinos empeñaron sus tazas de plata, pero más que las pérdidas materiales lo que ofendió a los motillanos fue el maltrato recibido en forma de constantes vexaçiones y molestias.

De los pueblos comarcanos Motilla solo contó con la solidaridad de Villanueva de la Jara. Hasta allí acudieron los motillanos con su dinero dispuestos a comprar algo de comida para su sustento. Fueron rechazados en un primer momento hasta que la justicia de Villanueva de la Jara  movida por la compasión,  o tal vez aceptando el dinero rechazado en un primer momento, decidió prestar cierta cantidad de trigo a los huidos en los campos. Ello remedió en parte las calamidades, lo que de otra forma hubiera sido una tragedia mayor.

El estado calamitoso en que quedó el pueblo se intentó remediar con un memorial ante los Contadores Mayores solicitando la rebaja del encabezamiento del pueblo, es decir, una rebaja en el pago de las rentas reales de los próximos años. La reunión del concejo tuvo lugar en fecha indeterminada de enero de 1560. Estaba presidida por los alcaldes ordinarios Benito Martínez Cejalbo y Miguel de la Casa y asistían Pedro Lucas, alférez mayor, el regidor Juan de Valverde y los diputados del común Pedro García Rubio, Antón Hernández y Juan de Valverde. Hasta la Contaduría Mayor de Hacienda se enviaron los procuradores Juan de Orea y Julián de Monteagudo pidiendo la rebaja de rentas. Las peticiones de los procuradores fueron apoyadas por los testimonios aportados por vecinos de Motilla del Palancar y otros testigos de pueblos comarcanos como Villanueva de la Jara, El Peral, Gabaldón y Campillo. Desconocemos si se rebajó el cabezón, pero gracias a que se envió al escribano Ginés Sánchez  a recibir informaciones de los testigos presentados por los motillanos sobre la conveniencia de aliviar la penosa situación de la villa, hoy se nos conserva esta fuente documental para conocer un poco más del pasado de la villa de Motilla y de las solidaridades y temores, más que desprecios, de los pueblos vecinos en aquellas circunstancias de necesidad. La peste volvió cuarenta años después a Motilla. Poco sabemos de ella en Motilla, aparte de un descenso de la natalidad en los registros parroquiales de 1597 a 1601. Nos debemos pues contentar por el momento para rellenar estas lagunas con los datos más detallados de pueblos de la comarca como San Clemente. A diferencia de la peste de 1559, la enfermedad alcanzaría un gran número de pueblos de la provincia de Cuenca.



AGS, CRC, 667,7  Parte de una información de testigos, se habla de la peste habida en La Motilla en 1559


* Belén López, citando un padrón de 1552, da la cifra de 469 vecinos, siete de ellos clérigos. LOPEZ NAVARRO, Belén y NAVARRO MARTINEZ, Eduardo Silvino: Una pizca de Historia de la Motilla del Palancar. 2015. p. 48
**PEREZ MOREDA, Vicente: Las crisis de mortalidad en la España interior, siglos XVI-XIX. Madrid. 1980. Siglo XXI ed. pp 249-250

jueves, 10 de noviembre de 2016

La peste de Motilla del Palancar de 1559

Miguel de la Casa en nombre del conçejo alcaldes rregidores ofiçiales y omes buenos de la villa de la Motilla del Palancar me hiço rrelaçión diçiendo que nuestro señor Dios fue servido de dar pestilençia e mortandad en aquella tierra la qual duró desde el día de Santo Matía apóstol hasta el día de San Pedro e San Pablo que es en el mes de junio deste presente año e fue tan rresçia la enfermedad que demás huir las personas a los canpos porque en los pueblos no los querían admytir ni acoger y morir muchos y quedar la dicha villa despoblada se quemó mucha rropa y ajuar de las casas donde susçedió la dicha enfermedad de donde rresultó çesar las contrataçiones y ventas del pan e carne y otras cosas y las rentas desta dicha villa dimynuirse y quebrarse manera que en aquel tienpo no rrentaron ny valieron cosa alguna



Peste de Sevilla de 1649
                                 

De esta guisa se expresaba la real provisión que haciéndose eco de las súplicas de la villa de Motilla de Palancar ordenaba al escribano de San Clemente que pasara a la villa vecina para recoger testimonio de los destructores efectos de la peste, pudiendo obtener así la población el perdón del pago de rentas reales en los años siguientes.

La peste se había iniciado un 24 de febrero 1559, día se San Matías Apóstol, y se extendió en el tiempo durante cuatro meses hasta el 28 de junio, víspera de San Pedro y San Pablo. Los motillanos huyeron de su pueblo, pero se encontraron con el esperado repudio de los pueblos vecinos y comarcanos que se negaron a acogerlos, debiendo vagar lastimosamente por los campos. Pasados dos meses del fin de la enfermedad era tal el temor que los vecinos seguían refugiados en los campos. La villa estuvo durante seis meses despoblada; las medidas sanitarias adoptadas, desde el aislamiento a la quema de ropa que cita el texto, o la huida de los vecinos, seguros de que el mejor remedio contra la peste era el clásico cito, longe, tarde, provocaron la ruina del pueblo y el cese de los tratos. Sin llegar a la devastación de la peste de 1600, sus efectos se dejaron sentir en la mortandad, que alcanzó hasta un centenar de personas

murieron en la dicha villa hasta noventa personas pequeños e grandes y en los canpos murieron algunos en poca cantidad y allá los enterravan y otros en sus casas y en los corrales y en los poços porque no avya en la dicha villa quien los osase enterrar de temor de la dicha enfermedad e los vido llevar a enterrar rrastrando con una soga del pescueço e a los pies 


(Continuará)


AGS, CRC, 667,7  Parte de una información de testigos, se habla de la peste habida en La Motilla en 1559

sábado, 16 de julio de 2016

La peste de Irlanda (1650)

Apenas si hacía dos años, en 1648, que la peste había sacudido Andalucía y el Reino de Murcia; tenemos testimonios de que las villas de Iniesta y San Clemente cerraron sus puertas y establecieron cordones sanitarios, así como de las medidas tomadas contra aquellos vecinos que se saltaron estas medidas de prevención. Ahora el corregidor debe comunicar a todas las villas y lugares de su partido la necesidad de tomar nuevas medidas para evitar el contagio. La amenza de peste esta vez viene de Irlanda.


Por diferentes noticias que Su Magestad Dios le guarde y el consejo an tenido, se a entendido que en el Reyno de Yrlanda se padece enfermedad de contagio de peste y procurando remediar que este mal no se comunique a estos Reynos después de hauerse extinguido el que se padeció en algunas provincias dellos sea acordado que en los puertos de mar no se dé probea ni entre a los navíos persona ni mercaderías que binieren de Yrlanda y que en los puertos secos y de tierra no se dé paso a ninguna persona ropa ni mercaderías de aquel Reyno, guardando con particular cuidado y desbelo como pide la materia según las hórdenes prouisiones y ynstruziones remitidas antes de aora para la guarda del contagio que se padeció en Murcia, Andalucía y otras partes hasta que otra cossa se os mande hareislo publicar y executar assí en esa villa y juridizión hauissando al consejo de lo que en razón desto obrare y fuere sucediendo para que ordene esto que conbega. Madrid, nobienbre 24 de 1650

(rúbricas)

por mandado del consejo Francisco Espadaña


AMSC. CORREGIMIENTO. Leg. 4/32. Prevenciones contra la peste de Irlanda. 1650.

sábado, 12 de marzo de 2016

El doctor Tébar y la peste de 1600

La España del siglo XVII era cada vez menos una sociedad del mérito y un poco más el fruto de la delación. La acusación anónima en el momento oportuno podía hundir la vida de una persona o, en su inoportunidad, acabar con las ambiciones propias. En la sociedad sanclementina de comienzos del seiscientos, el doctor Cristóbal era una figura respetada en una villa muy abierta. Especialmente por el papel central que debió tener la Iglesia en la peste del año seiscientos, auxiliando a muchos vecinos. Pero el doctor Tébar era un hombre también muy rico, muy bien relacionado en la corte y con importantes conexiones con el mundo indiano a través de su hermano Diego de Tébar. Ambos hermanos, Cristóbal y Diego (que vuelve del Perú por estos años), ampliarán su hacienda con la compra de múltiples tierras entre los años 1605 y 1607. No es de extrañar que en este contexto las envidias afloraran y, con ellas, las acusaciones de judaísmo contra una familia cuyos antecedentes eran conocidos por todos en la villa de San Clemente.

La ocasión se presentará propicia cuando un sobrino del doctor Cristóbal de Tébar pase a Indias y deba obtener la preceptiva información de testigos sobre limpieza de sangre. Jerónimo de Herriega y Carrera pasará a Santo Domingo en la Española en 1609, acompañado de un criado llamado Pedro Ruiz de Alarcón, pero antes sufrirá una grave acusación sobre sus antecedentes familiares judaicos.

La acusación contra el bachiller Jerónimo de Herriega (o Arriaga) y Carrera, presbítero y teniente de cura de la iglesia de San Clemente, vino el año de 1607 del licenciado García Ángel, notario del Santo Oficio, haciéndose eco de una acusación de un clérigo llamado Juan del Campo que reconocía haber visto en un breviario propiedad del mencionado Jerónimo los nombres de los meses escritos en lengua hebraica. La acusación, que ya se había formulado con poco éxito dos años antes, no era falsa, pues la página del breviario con los meses en hebreo hoy nos aparece en el expediente conservado entre los papeles del Consejo de la Inquisición. Como acusación complementaria el licenciado García Ángel aportaba los antecedentes familiares de Jerónimo, que se remontaban a Luis de Orihuela:
Meses en hebreo

Gerónimo de Herriega y Carrera, clérigo de la dicha villa, se hordenó de missa abrá siete o ocho años con ynformación que hiço de limpieça con comissión del prouissor, la qual entiendo está en los papeles de Pedro de Pedrosa, notario que fue en la audiencia episcopal desta ciudad y por ella constará de los testigos los quales qualificaron al susodicho falsamente porque es hijo de Bernardina del Castillo y nieto de Juan de Origüela y bisnieto de Luis de Origüela relaxado por el Sancto Officio.

Jerónimo Herriega había mentido dos veces, sosteniendo su limpieza de sangre, en el momento de ordenarse sacerdote y, recientemente, el 10 de marzo de 1608, con motivo de la información de testigos necesaria para pasar a las Indias. Era notorio en el pueblo que su bisabuelo Luis Orihuela había sido quemado en 1517 por judaizante y su sambenito estaba colgado en la iglesia parroquial de Santiago. Uno de los testigos de la información de 10 de marzo de 1608, había sido el doctor Cristóbal de Tébar, cura de la villa y futuro fundador del Colegio de la Compañía de Jesús. García Ángel centrará ahora las acusaciones en el parentesco de Herriega con el doctor Tébar.

Cristóbal de Tébar era amigo de Fray Cristóbal Rodríguez, que recientemente había sido nombrado Arzobispo de Santo Domingo en la isla de La Española. Valiéndose de esa amistad el doctor Tébar vio la oportunidad de colocar a su deudo Jerónimo Herriega como vicario y provisor en el mencionado arzobispado. García Ángel vería el momento de cortar tan fulgurante carrera eclesiástica de Herriega en la información de testigos que sobre la limpieza de sangre se había de realizar a comienzos de marzo de 1608, y de paso, apuntar a su principal objetivo, el doctor Tébar. No dudó en denunciar cómo esa información se estaba preparando falsamente por el doctor Tébar en su propia casa con ayuda de testigos, parientes y amigos de la familia Origüela, entre los que incluía a la justicia que tramitaba los autos:

cómo se hacía en esta villa la dicha información y el juez ante quien era Pedro Sánchez de Santacruz alcalde hordinario que es al presente primo hermano del dicho doctor Téuar y primo segundo o primo hermano de la madre del dicho Gerónimo de Herriega, los quales son todos del linaje de los origüelas

Las acusaciones de García Ángel iban más allá, acusando de judaizantes al escribano y otros testigos, que aparecían en la información que ahora en su poder remitía al tribunal de la Inquisición de Cuenca

la información original que se hiço ante Fernando de Iniesta escriuano, muy deudo del sobredicho y advierto a v.s. que Miguel Cantero testigo presentado es descendiente de Diego Sánchez de Valdoliuas y Teresa Rodríguez, él relaxado en estatua y ella reconciliada con ábito perpetuo y es hombre que hará dos años por la octaua de Corpus Christi que se está excomulgado de participantes y sólo a estado absuelto algunas veces por ocho o diez días o por la solenidad de las pascuas 


La mencionada información de testigos de Herriega fue preparada por el doctor Tébar. Los testigos se limitarían a firmar. La ascendencia del futuro pasajero a Indias no fue más allá de los padres, Bernardina del Castillo y el doctor Francisco Carrera; se resaltaron sus estudios en Derecho por la Universidad de Salamanca, su servicio como teniente de cura durante siete años en la iglesia parroquial de Santiago junto a su tío, y, sobre todo, su compromiso y riesgo personal en la peste que sufrió el pueblo en 1600. Fueron testigos el propio doctor Tébar, Pedro Sánchez Carnicero, Miguel López de Lope el viejo, Roque de Salcedo, escribano público, Miguel Cantero y Agustín Valenzuela. La información remitida por García Ángel al Tribunal de la Inquisición de Cuenca, sería reclamada desde Madrid por el Consejo de la Suprema, donde el expediente quedaría archivado y olvidado. Jerónimo Herriega pasaría a Indias a ocupar su puesto de provisor en el arzobispado de Santo Domingo (1).

Todos los testigos repitieron los mismos argumentos, empezando por el doctor Tébar, y todos recalcaron la labor arriesgada y desprendida del joven Herriega durante la peste de 1600, que en palabras de su tío se expresaba así

Firma del doctor Tébar
el qual administra los sacramentos en su iglesia mayor con mucha aceptación de toda esta villa, especialmente en el año de seiscientos pasado que ubo enfermedad de peste en la que murieron más de tres mill personas y enfermaron más de ocho mill y entonzes fue tan buen obrero de la viña de Dios que administró los santos sacramentos sin adventurar a el peligro de su vida a todos los enfermos de suerte que causó gran devoción que un clérigo tan mozo anduviese tan diligente



El testimonio del doctor Tébar, que por entonces contaba 56 años (lo que nos permite fijar el año de su nacimiento hacia 1552), fue ratificado por el resto de los testigos, haciendo especial hincapié en el valor durante el contagio de 1600 de aquel joven recién ordenado. Lo llamativo son las cifras, el mal había afectado a más de ocho mil personal, de las que más de tres mil murieron. Diego Torrente Pérez estudió este contagio que asoló la villa de San Clemente durante seis o siete meses, confirmando las cifras mencionadas; el propio ayuntamiento reconocía para el 27 de diciembre de 1600 alrededor de 2800 muertos y cuatro mil enfermos. A pesar de los esfuerzos por establecer un cordón sanitario a finales de mayo, el ayuntamiento reconocía que la peste había alcanzado el 20 de junio el pueblo en una calle cerca de la Cruz Cerrada. Los intentos por aislar este foco fueron baldíos. De cara al exterior, se intentaba negar el problema en las contestaciones que se daban al corregidor de Cuenca; hasta que a finales de julio se reconoció la gravedad del contagio, la necesidad de echar mano de las provisiones y dinero del pósito de don Alonso de Quiñones y pedir ayuda urgente a la Junta de Salud constituida en la Corte. La villa se hizo con los servicios de un cirujano, el licenciado Muñoz, que complementó los servicios del licenciado Villanueva, mientras se mandaba a Pedro de Tébar a Madrid para solicitar ayuda a los hermanos del Hospital de Antón Martín y la llegada de un médico entendido de la corte llamado Diego Núñez. Los enfermos fueron trasladados al hospital de Santa Ana y a una casa aneja que en la Celadilla había cedido el alférez mayor de la villa, don Juan Pacheco. Como siempre en estas ocasiones, los gestos más nobles fueron acompañados de los más ruines. La solidaridad de Villarrobledo, cediendo 4.000 fanegas de trigo, escondía la oportunidad del negocio, por contra, el ofrecimiento de La Roda fue desprendido; Vara de Rey, cerró sus puertas a los sanclementinos; mientras los pobres eran hacinados en el hospital, a los ricos se les permitía ser atendidos en su casa; el alférez mayor Juan Pacheco huyó del mal, refugiándose en su lugar de Perona. Para finales de octubre la peste empezaba a remitir y ya el cuatro de enero de 1601 se daba por desapestada la villa. El coste económico del contagio fue desorbitado, alrededor de 6.000 ducados; una villa endeudada entonces ya por los gastos heredados de las suntuosas edificaciones en torno a la plaza y las obras que se llevaban a cabo desde 1593 en la cárcel por Joaquín de Obieta y Juan de Zuri y la nueva construcción del puente de Santa Ana, echó mano de las ganancias del pósito (2).

Nos son llamativas las cifras de enfermos y mortandad. Fueron más de ocho mil los vecinos afectados. Los datos de población que tenemos para San Clemente son para 1591 de alrededor de 1570 vecinos o familias, esto supondría que la práctica totalidad de la población de la villa se vio afectada por la peste y que el índice multiplicador de cuatro para hallar la población de la villa se quedaría corto, siendo preciso multiplicar el número de vecinos por cinco o seis para calcular el número habitantes. Más sorprendente es la capacidad de recuperación de la villa que en poco más de una o dos decenas de años ya contaba con más de dos mil vecinos. ¿Son reales estas cifras?. Quizás el número de victimas esté exagerado, pero también es verdad que la población de San Clemente debió crecer rápidamente, y lo haría desde comienzos del siglo XVII, motivado por el establecimiento en esta villa de la sede del corregimiento, que la convertía oficialmente en capital de la comarca. Se puede añadir como explicación que la villa tenía una población flotante muy importante, especialmente para el verano por las cosechas, vendimias y transacciones comerciales que culminaban en la feria de septiembre; quizás esa fue la causa de no querer reconocer la gravedad del problema, en un momento de máxima actividad y flujo de personas, hasta finales de julio, o que en agosto todavía se negara el mal. En cualquier caso, la villa salió exhausta y endeudada después de la peste; dan fe de ello los registros municipales de comienzos de 1606, con más de mil familias pobres y un cuarto de viudas entre la composición total de vecinos del pueblo.

La peste de 1600, vino precedida por las malas cosechas de los dos años anteriores, que dejaron a la población muy debilitada y propensa al mal. La peste no sólo afectó a la villa de San Clemente; Pérez Moreda (3), que ha delimitado esta peste en los años 1596-1602, la ha definido como peste exclusivamente castellana y ha estudiado como incidió en diversas poblaciones del Sur de la provincia de Cuenca: mortalidad elevada en Belmonte desde 1599, año en que cae la natalidad en El Cañavate y en Motilla del Palancar, caída que se prolongó en esta villa durante 1601. Sobre los estragos de la peste contamos además con el testimonio del médico de la villa de Cañete más al norte, citado por el mismo autor. En suma, se puede dudar de la exactitud de las cifras pero no de la virulencia del mal en algunos pueblos de la Manchuela, cuyo estudio futuro vendrán a complementar y confirmar los datos que disponemos de la villa de San Clemente.




(1) Archivo General de Indias,CONTRATACION,5313,N.9
(2) TORRENTE PEREZ, Diego: Documentos para la Historia de San Clemente. Ayuntamiento de San Clemente. 1975.  Tomo II, pp. 326-330
(3) PEREZ MOREDA, Vicente: La crisis de mortalidad en la España Interior. Siglos XVI-XIX. Siglo XXI. Madrid. 1980. pp. 257-265


Archivo Histórico Nacional, INQUISICIÓN, 1924, Exp. 21 Proceso criminal de Gerónimo de Herriega Carrera, 1607-1608